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La luz de la selva amazónica traspasa el
tupido techo vegetal y se despliega en forma de haces de misterio.
Incluso antes de abalanzarse sobre el espeso detritus botánico que cubre
la tierra, la luz se ensancha como una bruma coloidal habitada por
enigmas mitológicos y toda clase de miedos. Solo las destrezas
inmanentes de la zoología y sus criaturas, y la imaginación inagotable
de las culturas Pemón,Ye´Kuana, o Kayapó, para nombrar solo a algunos de
sus habitantes originarios, pueden hacer simbiosis con esta frondosa
luminosidad y transformarse con ella en señales eternas y espíritus de
supervivencia.
De vez en cuando llega de otros parajes un fotógrafo iluminado como
nuestro Antonio Briceño y sucumbe sin remedio a la hipnosis de esta luz
mágica en la que se desplazan, intermitentes, el niño dios de los peces,
el espíritu de las aguas y cascadas, el dueño del fuego, el hombre
águila, el hombre de la yuca, Odosha el maligno, o Kuamashi el lucero de
la tarde. El fotógrafo los intuye en la mirada de los niños y los
ancianos, en los tatuajes policromáticos de las jóvenes, en las
grandes avenidas acuáticas que atraviesan las espesura vegetal de la
Amazonia brasileña y venezolana.
Antonio Briceño, representante venezolano en la última Bienal de
Venecia, y uno de nuestros artistas más importantes y sensibles de la
actualidad presenta esta exposición de sus trabajos fotográficos más
recientes en torno a las culturas Pemón y Ye´Kuana, en Venezuela, y
Kayapó, en Brasil.
En su presentación al público, El Instituto Cultural Brasil-Venezuela
se ha aliado, en esta oportunidad, a la Fundación CELARG, ambas
instituciones orientadas devotamente al conocimiento y divulgación de
los más altos valores culturales de la región, su historia y su
mitología. |