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El
artista, en la expresión de su obra, considera
ser original. Es de él que surge aquella verdad,
que se siente única, por más lecturas que se
pueda atribuir los que de ella hablen o traten.
La influencia, muchas veces surge de
inconsciente, ya diluida en la vestimenta
que se quiere exhibir en aquella hora.
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En mi
trabajo, es frecuente la preocupación de la
relación del ser humano con los espacios en que
ocupa. El espacio privativo del hombre,
garantizado por ley, esta cada vez más reducido,
debido a la gran cantidad de seres que lo
demanda. Con todo, es en la igualdad que
florean las diferencias. Es de ese tema que
trato, utilizando ahora las prosaicas cajitas de
fósforo, ya visitadas como soporte, en varias
expresiones artísticas. Pero esa es la mía. La
de hacer mostrar decenas de casitas, con plantas
y mobiliario iguales, ocupados por cerca de 100
artistas, en un taller residencia de dos semanas,
en el Faxinal del Cielo. Mi fotografía, que
trató del tema con ciudadanos anónimos, en
moradas populares y presidios, se vio delante de
personas que estaban allí por haber
dado pruebas a la sociedad de poseer una verdad,
si no es original, es especial, a través de su
obra. Como sería el embate de esos artistas con
el espacio impuesto, fue el motivo de mi trabajo.
Ya el soporte que utilizo para las fotos, se me
ocurrió al observar el conjunto de pequeños
chalés, idénticos en su material, proceso
constructivo y mobiliario, dispuestos en un
trazado íntimo de calles, en la escala
humana, engastado en un bloque de araucarias
centenarias y estructuras urbanas discretas y
elegantes.
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Sin
ansiedad, con criterio aleatorio que utilizo
siempre en mi trabajo, caminé por las pequeñas
calles, entrando en los talleres que se mostraban
receptivos a mi visita fotográfica, pudiendo
así captar la lucha de los ocupantes con el
espacio. Cambios en la diagramación de los
muebles o la expulsión de ellos para las
afueras de la casa, y transmitían la
impregnación del artista más allá de los
chalés. Volviendo a las cajitas, al saber del
origen de las casas y su vocación para el
reciclaje, aumentó mi compromiso con la
sencillez y la creatividad. Mirando las pruebas
de las decenas de películas que revelé, en los
días que me quedé allá, sentí que las fotos
estaban en la escala de las cajitas de fósforos
que, en dos llegaban cerca de la proporción de
los chalés geminados. En defensa de la
utilización de poco espacio físico y poco costo
financiero, opté por utilizar las propias
pruebas que respetaban la escala de mi bolsillo,
sin agredir el límite de mi ojo. Todo
compenetrado, allá está la muestra que intenta
seguir el concepto despojado y al mismo tiempo
avanzado del Faxinal de las Artes.