Lina Faria

En la escala del bolsillo y la escala del ojo


Lina Faria
Cajas intervenidas, 2002
El artista, en la expresión de su obra, considera ser original. Es de él que surge aquella verdad, que se siente única, por más lecturas que se pueda atribuir los que de ella hablen o traten. La influencia, muchas veces surge de inconsciente, ya diluida  en la vestimenta que se quiere exhibir en aquella hora.
 
En mi trabajo, es frecuente la preocupación de la relación del ser humano con los espacios en que ocupa. El espacio privativo del hombre, garantizado por ley, esta cada vez más reducido, debido a la gran cantidad de seres que lo demanda. Con todo, es en la igualdad que florean  las diferencias. Es de ese tema que trato, utilizando ahora las prosaicas cajitas de fósforo, ya visitadas como soporte, en varias expresiones artísticas. Pero esa es la mía. La de hacer mostrar decenas de casitas, con plantas y mobiliario iguales, ocupados por cerca de 100 artistas, en un taller residencia de dos semanas, en el Faxinal del Cielo. Mi fotografía, que trató del tema con ciudadanos anónimos, en moradas populares y presidios, se vio delante de personas que estaban  allí  por haber dado pruebas a la sociedad de poseer una verdad, si no es original, es especial, a través de su obra. Como sería el embate de esos artistas con el espacio impuesto, fue el motivo de mi trabajo. Ya el soporte que utilizo para las fotos, se me ocurrió al observar el conjunto de pequeños chalés, idénticos en su material, proceso constructivo y mobiliario, dispuestos en un trazado íntimo  de calles, en la escala humana, engastado en un bloque de araucarias centenarias y estructuras urbanas discretas y elegantes.
 
Sin ansiedad, con criterio aleatorio que utilizo siempre en mi trabajo, caminé por las pequeñas calles, entrando en los talleres que se mostraban receptivos a mi visita fotográfica, pudiendo así captar la lucha de los ocupantes con el espacio. Cambios en la diagramación de los muebles o  la expulsión de ellos para las afueras de la casa, y transmitían la impregnación del artista más allá de los chalés. Volviendo a las cajitas, al saber del origen de las casas y su vocación para el reciclaje, aumentó mi compromiso con la sencillez y la creatividad. Mirando las pruebas de las decenas de películas que revelé, en los días que me quedé allá, sentí que las fotos estaban en la escala de las cajitas de fósforos que, en dos llegaban cerca de la proporción de los chalés geminados. En defensa de la utilización de poco espacio físico y poco costo financiero, opté por utilizar las propias pruebas que respetaban la escala de mi bolsillo, sin agredir el límite de mi ojo. Todo compenetrado, allá está la muestra que intenta seguir el concepto despojado y al mismo tiempo avanzado del Faxinal de las Artes.

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