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Itala Scotto Domínguez |
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María Lionza alquímica |
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Ante mí vi el despliegue de la diosa por las aberturas de estas cajas de luz. Tuve entonces que desasirme del cuerpo textual que traté de imponerle a la experiencia, descartar las interpretaciones, invocar el espíritu de la palabra para darle voz a la silente, la esquiva, la que anda entre el monte, invisible, impalpable como un ruido del viento.[1] En el tercer acertijo del libro de los libros del Chilam Balam se nos dijo que subiéramos sobre YAHAU SASAC TZIMIN, el tapir de vestiduras blancas. Yo, guardiana de los tapires, la que podría destrozar mis ollas de chicha hundiendo y anegando la tierra. Yo, RUTAYÓ la que controla agua, fuego y huracán. Yo, que con mi amado sostengo el árbol del universo. Los chamanes amazónicos me vieron desnuda, cubierta con una pelambre que de lejos parece vello púbico pero es en realidad una retícula arbórea. Yo, la que tiene las caderas como un río. Yo, la del ombligo como un surco. La de la vulva florida. Yo, la que indaga los misterios, el descenso, la muerte y la resurrección, nigredo, rubedo, albedo. Yo, la del tiempo de retoñar, la que anticipa los temblores del suelo. Yo, la que reverbera junto al pozo, la expectante, la María Lionza de Colina, diosa de luz y oscuridad, Señora de las Bestias. Madre de agua. Notas [1] Alfredo Armas Alfonso, Otro cielo aún más cerca, Ediciones Fundación AAA/Fundación Bigott, Caracas, 2003 |
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La Señora de las Bestias, 2004 Fotografía a color |
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