Comenzó la Cuarta Guerra Mundial
Luis Britto García

1. Los habitantes de la ciudad desarmada y desprevenida apenas advierten el zumbido del avión. Luego sienten la luz, el estrépito, la explosión. Otro aeroplano ya enfila hacia el segundo blanco indefenso. Miles de víctimas mueren sin comprender lo que pasa. Así son incineradas Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Culmina la estrategia del comando de bombardeo aliado que ha reducido a piras funerarias otras ciudades igualmente desprovistas de objetivos militares, como Bremen, Dresden, Hamburgo y Dortmund. Termina la Segunda Guerra Mundial, conflicto donde 9 de cada 15 bajas son aportadas por la inerme población civil.

2. Cada nueva contienda redefine los conceptos de enemigo, campo de batalla, objetivos, estrategia y táctica. La bomba atómica, al elevar a su cumbre absoluta la orgía de linchamiento de civiles indefensos de la Segunda Guerra Mundial, sienta las bases de la Tercera. Aquella había sido un juego suma cero, en el cual lo que ganaba una parte lo perdía el adversario. Esta era un juego de suma menos cero, en el cual todos podían perderlo todo. La Guerra Fría, como se llamó a la Tercera Guerra Mundial, desplazó la hecatombe de civiles hacia pequeñas guerras "limitadas" y hacia la aniquilación masiva de bienes económicos. Durante casi medio siglo las dos potencias más poderosas de la tierra dilapidaron su Producto Interno Bruto en una agotadora carrera armamentista. La Unión Soviética la costeó con ingentes sacrificios en la inversión interna y en el nivel de vida. Estados Unidos la financió -o logró que los países occidentales se la financiaran- mediante la emisión de dólares inorgánicos y una pesada deuda externa. Exhausta en esta inmolación planetaria al gasto armamentista, la Unión Soviética sufrió todas las humillaciones de potencia derrotada: desmembramiento territorial, desarme unilateral, devaluación, rebatiña de sus riquezas entre mafias, pérdida para su población de todas las conquistas sociales.

3. Estados Unidos, por el contrario, asume la postguerra con toda la prepotencia de nación vencedora. Como rectora de la OTAN y dueña de la primera industria armamentista del globo, monopoliza el mercado de la coacción masiva. La ejerce a través de un gobierno global, el de la ONU. Impone su hegemonía financiera mediante el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Bajo la amenaza de esta "pax americana", casi todos los países de Occidente descienden a la condición de Estados postsoberanos. Al que ejerza la más mínima autonomía se le trata como Estado díscolo: se lo bloquea como a Cuba, se lo desestabiliza como a Chile, se lo invade como a Panamá, se le ocupa como a Haití, se lo acosa como a Libia, se lo calcina con bombas, como a Irak. Los Estados postsoberanos operan así como gendarmes locales ejecutores de las políticas financieras y estratégicas del Policía del Globo. Al igual que los ratkamp, alcaldes de los campos de concentración nazis, los mandatarios postsoberanos son elegidos por los reclusos. A la manera de aquellos, ejercen el terrorismo económico contra sus administrados. Actúan como sanguijuelas que garantizan la transferencia de riqueza y trabajo barato a los países más desarrollados mediante políticas de apertura económica unilateral o de pago de la deuda externa. El objetivo de la nueva contienda es traspasar la totalidad de la riqueza planetaria a la veintena de multinacionales que ya acaparan más de la mitad de las propiedades de globo.


4. Al igual que la Segunda Guerra Mundial, la Cuarta se ceba en la población civil. Registra la Unicef que cerca de medio millón de niños perecen cada año en los países subdesarrollados como consecuencia de la crisis de la deuda. Como en los campos de trabajo forzado nazi, los mandatarios postsoberanos fuerzan a sus gobernados a aceptar remuneraciones inferiores al nivel de supervivencia, y los despojan de sus derechos sociales a la educación, a la salud, a la seguridad, a la estabilidad laboral. Abruptas devaluaciones de las monedas locales abaratan el trabajo y la transferencia de valores al exterior. De repente la población comprende que ni el gobierno ni los partidos postsoberanos la representan, se rebela contra la farsa, y es masacrada durante una semana entera. Así revienta la Cuarta Guerra Mundial en Caracas, el 27 de febrero de 1989, como popularazo que se extiende a todo el país, e inicia el reguero de sublevaciones que se enciende intermitentemente en Miami, en Chicago, en Quito, en Buenos Aires, en Seattle, en Génova.

5. Los Estados Mayores intentan librar toda nueva guerra con las reglas de la anterior, y la pierden cuando el adversario les impone sus nuevas leyes. En la Cuarta Guerra Mundial hay todavía un bando organizado en estados hegemónicos, que defiende objetivos territoriales precisos mediante ejércitos y armas convencionales. Pero sus antagonistas ya no son los estados postsoberanos, sino clases, castas, etnias, marginalidades, excluidos, deudores, credos, movimientos de liberación nacional, ecologistas: lo que otros llamarían Organizaciones no Gubernamentales, sociedad civil, o simplemente Humanidad. El armamento tampoco es convencional: las armas se inventan, se improvisan o se expropian al enemigo. El campo de batalla no queda segregado en fronteras ni en áreas estratégicas: ocupa toda la extensión del globo. En la misma medida en que el poder financiero se extiende por el planeta, es penetrado por el adversario. En vano postula escudos nucleares contra agresores extracontinentales o extraterrestres. El enemigo está en sus entrañas: en sus propias entrañas.

6. La Cuarta Guerra Mundial, como la Segunda, también se trae entre manos una solución final: esta vez la del Problema de la Humanidad. Cuando la concentración de capitales y la automatización acumulen toda la propiedad del planeta en pocas docenas de propietarios, todos los demás seres humanos serán desechables. Adivine usted en cuál grupo quedará comprendido, y sabrá qué bando le corresponde en la última Guerra Mundial.

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