La funesta invención de Lucy
Peli Caracas |
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En primer lugar, nunca he creído que las condiciones en que discurre nuestra vida sean consecuencia a largo plazo de las conductas pecaminosas de nuestros primeros antecesores, aunque el catastrófico resultado haya sido la inicua expulsión del Paraíso y el consiguiente encontronazo con la tosca materialidad del planeta Tierra. No olvidéis que mucho más adelante hubo un gigantesco diluvio universal, debido a la tozuda reincidencia en el mal de los sucesores de Adán y Eva pero, al igual que otras especies todo terreno tales como las cucarachas, las hormigas, los escorpiones y las amebas, sobrevivimos el castigo celeste. Personalmente creo que Yahvé, Jehová o como-quiera-que se-llame tiró la toalla hace unos cuantos millones de años, derrotado en todos los frentes por los efectos de la entropía en la conducta humana. El pobre Ser Supremo constató una y otra vez que el libre albedrío tiende invariablemente al desorden y, por tanto, hacia la satánica y anárquica preeminencia del Reino del Mal. Bien interpretada, la Biblia es un recuento minucioso de la seguidilla de estruendosos fracasos de Yahvé con el homo sapiens sapiens, culminados con la rendición incondicional firmada el 3 de junio de 3.345.678 A.C. sobre el monte Ararat. El libro sagrado le llama compasivamente Pacto de la Nueva Alianza, pero desde aquel entonces los templos urbi et orbi han cobijado sólo ídolos falsos. El verdadero se dedica a pasear por el Jardín del Edén sin preocuparse para nada de los descendientes de la raza de víboras. Sé de muy buena fuente que iniciativas fallidas posteriores, vbg:
fueron por cuenta propia. En segundo lugar, creo que nuestras pequeñas y grandes miserias de anónimos ciudadanos periféricos tampoco proceden particular e inmediatamente de, por ej.:
Creo que la culpa procede directamente de Lucy. Considere que, gracias a un diente y otros fragmentos de huesos, el antropólogo Laskey pudo determinar que esta agraciada adolescente africana murió hace nada menos que tres millones de años. ¡Tres millones de años es mucho tiempo! ¿Le doy una referencia onda divulgación científica? Tres millones de años equivalen al tiempo necesario para que usted vaya en bicicleta en un viaje ida y vuelta a la estrella Aldebarán. Otra: se pueden escribir unas cuantas Biblias y Ramayanas en un período tan largo y pueden nacer y morir miles de imperios egipcios completos. Ni le digo cuántas repúblicas. Sostengo públicamente que estamos metidos en un zapato chino histórico fabricado por las opciones del libre albedrío de Lucy, parientes y relacionados con respecto a qué hacer en el día a día, cuando los temas sociales eran bastante más restringidos y precarios que ahora, ya que la jornada se organizaba un poco al azar entre dormir, buscar alimentos, pecar de la cintura para abajo y, en general, ser trashumantes a lo loco, sin rumbo fijo y muertos de miedo. En descargo de Lucy puedo decir que, en cuanto víctima, probablemente ella lo fue a su turno de algún oscuro predecesor que no consta en ningún depósito fósil todavía, ni siquiera a nivel de molar. De hecho, el antecedente más remoto podría ser una gelatina lodosa de aminoácidos electrocutada por un rayo. En todo caso, estoy convencido que la caterva inmemorial de adanes y evas anónimos, soldados desconocidos de la causa humana, tienen la culpa de que seamos víctimas, en el mundo de hoy, de personajes como George W. Bush, de los delirios del american way of life, de los talibanes, de Chávez, de nuestros vecinos y....de nosotros mismos. Teorema del Eterno Retorno: sea un miembro cualquiera de la especie h en un espacio s y un tiempo p; se encuentra que, independientemente de su credo, raza, o nacionalidad puede ser alternativamente y sin solución de continuidad:
Horario convencional, pero no me negará que víctimas y victimarios fulltime son escasos como las perlas. La selección natural ha preferido ampliamente la variedad mezclada. En realidad, Lucy y sus secuaces son responsables de cualquier gobierno que ejerza el poder en el mundo porque inventaron infinitos recursos para controlar el miedo individual y colectivo. Dije cualquiera ¿ah?, incluido el suyo en la escuela, el taller y el hogar, como rezaba La Internacional:
La cosa es complicada, porque en lugar de inscribirme en el item víctimas podría hacerlo igualmente en el de victimarios, y lo mismo digo de usted. Considere que George W. Bush ha decretado la dictadura universal del american dream, de manera que tiene la potestad de declararle inconsultamente miembro de la Lista Universal de Sospechosos de Terrorismo Satánico, y convertirle de la noche a la mañana en fugitivo perseguido por el FBI, la CIA, la INTERPOL y sus vecinos, aunque tenga cincuenta fotos a color abrazado a Mickey Mouse en Disneyland. Apuesto lo que sea a que un buen interrogatorio le sacaba unos cuantos trapitos sucios al sol. Consecuencias nefastas e inmediatas de las iniciativas de los millones de lucys sucesoras de Lucy, también responsables de haber echado bases minuciosas y sólidas para cientos de miles de organizaciones, instituciones, cofradías, sectas, empresas, movimientos revolucionarios espeluznantes y sátrapas crueles tales como: q la Intifada palestina q Napoleón q la revolución bolchevique q el gobierno israelí q la Sagrada Congregación para la Defensa de la Fe (a) La Inquisición q la Junta Directiva del Banco Bilbao Viscaya q la prensa libre pero responsable q Pedro de Valdivia q Pinochet, Videla y Teodoro Rooselvet q el emperador Huang Ti q Bin Laden q Joao Da Costa de la panadería Brisas de Madeira ¿Le parece descabellado? No es así. En el fondo ¡sufrimos los efectos a largo plazo de la decisión de Lucy & compinches de ponerse a ordenar un mundo que ya estaba ordenado suficientemente por el Big Bang original, hasta el punto que había funcionado sin fallas durante más de diez mil millones de años! ¿Necesita entender qué significan diez mil millones de años? Es el mismo viaje a Aldebarán ida y vuelta pero a pié en lugar de en bicicleta. Gracias a la iniciativa gratuita de Lucy ahora todo el tinglado arriesga irse al diablo. Mi idea obsesiva con respecto a estas malas decisiones remotas es que ponerse a ordenar el mundo y ejercer alguna forma de poder son equivalentes, hasta el punto que toda la cultura humana podría ser entendida como una gran acumulación de la teoría y la práctica universal del poder social, que ha sido y será siempre monopolio del libre albedrío humano. Un volcán, un tigre y el océano no tienen poder alguno. Alejandro Marcano tiene poder y lo ejerce, hasta el punto que los romanos, especialistas en la construcción de agudos aforismos en latín, acuñaron homo homini lupus como una penosa pero certera conclusión de lo acontecido en los millones de años de condición humana ejerciendo el poder que los habían precedido. ¡El hombre es el lobo del hombre! Ángel y demonio, murmuró el acongojado Blaise Pascal, elevación y abismo, se atrevió a acotar. De algún modo Yahve, Júpiter Tonante, Bhrama, Big Bang o como-quiera-que-se-llame parecen insidiosas metáforas ad hoc para definir las aspiraciones más recónditas y a gran escala de cualquier Johnny Bimba Junior o Stephen Hawking común y corriente paséandose por el prado, big stick en ristre. Definiciones concretas o virtuales del chivo que más mea, en aforismo tropical hispano parlante, con todas sus equivalencias regias: emperador celeste, rey, inca, toqui, dalai lama, faraón, presidente constitucional, vanguardia proletaria, general, prior, papa, jefe de hogar o hermano mayor y todo el séquito burocrático sagrado y profano correspondiente. ¿Recuerda la frase “si la naturaleza se opone lucharemos contra ella”? No fue acuñada por Bolívar. O por lo menos su autora intelectual fue Lucy, respaldada por sus remotos compinches hasta llegar a lucys de ahorita mismo tales como Einstein y Heinsenberg, que además concretaron a gran escala el descomunal error contenido en esta pragmática filosofía, inventando toda clase de implementos de tortura para el mundo y el hombre tales como el martillo, las tenazas, las poleas y las bombas nucleares, con la absurda finalidad de torcerle la nariz a natura y establecer el Reino del Hombre con base sólo en dos o tres mandamientos: q Cualquier cosa antes que el miedo q El Otro es sospechoso q Time is money De aquí resulta que el capitalismo es exitoso porque sintetiza y articula eficazmente todos los inventos perpetrados por la estirpe de Lucy desde la noche del tiempo. Este computador Pentium III es una combinación de martillos, tenazas, flechas, catapultas y poleas que responde a la misma filosofía básica y a los millones de inventos perpetrados por millones de lucys que nos han legado la multitud de dispositivos contranatura que conforman nuestro ámbito cultural anti-miedo tales como los cubiertos, la cama, los motores de explosión, la energía nuclear y las guerras, la Biblia, el Corán, la ciencia y la tecnología, la infidelidad, las papitas fritas y las vacunas. Cuidado. Mi protesta, amables bebedores, mamadores de gallo, mentirosos, artistas, puntofijistas, republicanos, televidentes, probables corruptos que me leéis, músicos elevados, graciosos clowns tristones, no tiene que ver para nada con la defensa de Green Peace o cualquier movimiento destinado a concretar proyectos de preservación de la naturaleza o afines: ecologistas, naturistas, macrobióticos. En realidad, me parece que a la naturaleza le tiene sin cuidado que hayan árboles o chiguires, o que el cielo sea azul o verde tipo radiación gama aguda. En realidad, a la naturaleza le importa un soberano pito si la tierra existe o no. O el sol. En su unidad primigenia, nada puede afectarla. La defensa de las ballenas o del helecho tropical es sólo otra manera insidiosa y encubierta de ejercer el poder, otro truco del inefable homo sapiens sapiens para mantener el sartén de los acontecimientos suscitados por el Big Bang por el mango. Es un producto de la inteligencia humana para decir que si no nos preocupamos del piojo rojo de la mangosta siberiana, vamos a alterar el ecosistema hasta un punto tal que impedirá absolutamente que sigamos presentes en el concierto universal, con el abnegado propósito de ordenar todo lo creado azarozamente por una mediocre explosión fuera de nuestro control y planificación. Me temo que nuestro nuevo orden ecosistemático sería viable si domináramos todas las variables que intervienen por lo menos en la parte de expansión del universo que está en el vecindario, pero cuando aniquilamos los benditos piojos siberianos para que la mangosta se coma los ratones que se comen nuestro trigo, ni siquiera tenemos idea que estamos descalabrando 1.456.789 estrellas al otro lado del universo. ¡Así de grave es la cosa! Estoy totalmente de acuerdo con el buen y socarrón Chuang Zi cuando afirmó, hace más de dos mil años, por cierto en pleno y tenebroso período de los Reinos Combatientes, que la inteligencia humana podría ser una sindactilia, un dedo supernumerario inútil, una excrecencia fortuita sin ton ni son que, aunque producida en el azarozo taller oculto de la naturaleza, era no obstante acto fallido destinado a una pronta desaparición en la escala del tiempo universal. En todo caso, su principal utilidad ha sido orientar nuestro clanes hacia rumbos humanos, demasiado humanos, y haber perdido, tal vez para siempre, el vínculo obvio, por tenerlo siempre frente a las narices, de nuestra vida con la naturaleza. Por el contrario, la cultura humana es una formidable colección de prótesis fabricadas durante millones de años para ponernos en la acera del frente de natura o, por lo menos, suplantar nuestra parte de naturaleza terrestre lo más posible. Un horno convertidor de acero Bessemer y un avión son prótesis producidas por el ingenio humano, con el tozudo propósito de multiplicar nuestras capacidades básicas, o subsanar incapacidades estratégicas, tales como tener uñas que no sirven para rascar piedras, volar o vivir eternamente. Por cierto, el hecho de que ya dispongamos del código del inmenso libro genético enrollado en el ADN podría posibilitar que algún científico partidario del progreso indefinido le añada alas a nuestro material genético, generando la nueva especie homo sapiens pterodactilus. Unos cuantos genes de murciélago bien precisados y administrados in vitro a alguna célula madre ociosa pueden lograr el despropósito. Claro, se corre el riesgo de regenerar por equivocación al vampiro Nosferatu, que según Murnau era eterno y murciélago, pero son los riesgos implicados en la conquista del universo por el Rey de la Creación. Rey de la Creación quiere decir usted, en el caso de que sea anglosajón o por lo menos europeo. Oiga, si no se siente cómodo con el remoquete “rey de la creación” no es culpa mía, fue inventado por el positivismo iluminista europeo; es decir, incubado en la proverbial soberbia de la especie, en este caso elevada al pragmático cuadrado caucásico anglosajón. En cuanto a lograr la vida eterna, es pan comido, aunque la verdadera dificultad será encontrar suficientes programas de televisión para televidentes haciendo zaping por los tiempos de los tiempos. ¿Se imagina un panorama casero para unos diez mil millones de años más? Aquí, entre nosotros, ¿toleraría a su vecino durante todo ese tiempo sin darle por lo menos un mamonazo con su reserva estratégica “porsia” de big sticks? Además, Hollywood dixit, fuera del sistema solar sólo medran grandes aliens, OTROS amenazantes parecidos a enormes cucarachas brillantes y babosas, doctrinariamente comunistas o fundamentalistas islámicos. En todo caso, malévolamente antinorteamericanos. ¿Para qué diablos ir por allá y recomenzar con el absurdo cuento del miedo y sin ninguna posibilidad de morirse? En este punto recomiendo creerle a pie juntillas a los guionistas californianos, porque predijeron en numerosas parábolas, y con una exactitud digna de mejor causa, la catastrófica e inicua incursión del terrorismo suicida contra el centro del imperio. En fin, tal vez toda esta parafernalia cultural inclinada peligrosamente hacia el mal con la excusa del miedo tenga su origen en la constatación, por parte de la genealogía de Lucy, de que nuestro cuerpo y, por tanto, el espacio y el tiempo de nuestra vida es limitada, en tanto que nuestra inteligencia es ilimitada. Paradoja angustiosa e intolerable, porque nuestra conciencia puede contener tanto la propia muerte como una idea insoportable para un alma cuanto que, al mismo tiempo, varias alternativas de eternidad bajo la forma de universos, Dios o Big Bangs surtidos con todos sus efectos a corto, mediano y largo plazo. Conste que cuando digo “largo plazo” estoy hablando de algo así como quince o veinte mil millones de años que, en lenguaje de divulgación científica, equivale a la cantidad total de salchichas polacas dispuestas en una tira que rodee Júpiter en espiral, desde el Polo Norte al Polo Sur. Grandes números, pues. Todo esto lo escribo a propósito del atentado terrorista perpetrado en Nueva York recientemente, porque nosotros: africanos, latinoamericanos, talibanes, chinos, canadienses, esquimales, sub-saharianos, patagones, indonesios, norteamericanos, cuáqueros, derviches, y taoistas existimos comprando el pan y caminando por la calle pensando en pagar las cuentas, ir al cine, tomar té verde, fumar un narguile, bailar la raspa popular, conquistar los favores de Vestalia, especulando la magnitud del universo, pensando en pajaritos preñados o planificando el asalto a la vida eterna, hasta que un día cualquiera de primavera y sin previo aviso cuatro espantosos jinetes del apocalipsis se precipitan sobre nuestras cabezas cabalgando cuatro caballos bermejos fabricados por Boeing World Wide y súbitamente el Big Bang implosiona y es absorbido por un black hole. Hasta que la sabiduría genética del siglo XXI modifique nuestro libro genético haciéndonos eternos pase lo que pase, existe la certidumbre que todos vamos a morir y de pronto sólo tomamos conciencia que lo único que falta por saber es cuándo. Séneca dice que nadie tiene la potestad de medir su vida. Luego, el problema no es la muerte, siempre inminente aunque no queramos, sino el hecho de que alguien se abrogue el derecho de determinar el fin de la vida de otro y utilizar la muerte como instrumento para sus propios fines. ¡Igual que un malandro asesinando un transeúnte! ¡El viejo truco del homo homini lupus! 5000 asesinados a sangre fría sumados El atentado terrorista en Nueva York es parte del kit social inventado por Lucy y perfeccionado por sus obsecuentes seguidores de los últimos tres millones de años. ¿Es muy fuerte si le digo que usted, yo y todos los seres humanos vivos somos fieles seguidores de la preconización de la libertad del destino humano escogido por Lucy blandiendo una piedra apretada en su puño hacia el cielo? ¡Dije hacia el cielo? ¡Hacia el prójimo! ¡Que el que esté libre de la mano alzada contra su prójimo que lance la primera bomba fragmentaria! La libertad humana consiste en escoger entre crear la Novena Sinfonía de Mahler, pilotar un avión cargado de pasajeros para estrellarlo contra un edificio lleno de gente, ser empleado de banco toda la vida o mendigo, por mencionar cuatro profesiones al azar. No sólo eso. Timothy Mac Veigh, el terrorista norteamericano que voló un edificio federal en Oklahoma, citó un poema sobre la libertad del espíritu humano antes de la inyección letal, del mismo modo que los pilotos kamikazes japoneses caligrafiaban haikus en los cintillos que adornarían su cabeza en el momento del desplome hacia el navío enemigo. Tal vez alguien recitó un piadoso sutra de El Corán conduciendo la enorme máquina hacia la torre. Libre albedrío con veleidades artísticas o místicas. Marx, que era positivista de los auténticos del siglo XIX, decía que nuestra elevación y abismo fue diferenciar la construcción de la historia social humana de la historia natural del mundo, y afirmaba que para hacerlo tuvimos que crear, con base en los sentidos naturales, el sentido humano de los sentidos, acumulando toneladas de orden humano versus orden natural en depósitos extragenéticos, sedimentados en las incontables capas del pensamiento creador heredado de generación en generación. ¡Y Herr Karl lo veía como una liberación! Ahora viene Osama Bin Laden a decirnos que descubrió la pólvora y asumió el mismo propósito definido por Lucy hace tiempos, tiempo y la mitad de un tiempo: ¡la justicia humana ordenando el mundo, pero con base en un antiguo manual alternativo a la Biblia y a la Declaración de los Derechos del Hombre de la ONU, llamado El Corán! En dos cucharadas, lo mismo que hicieron Mahoma desde La Hégira, Buda bajo su árbol y San Pablo viajando a Roma. Ahora bien, la culpa de sus desmanes no es del libro sagrado musulmán, sino de su porfiado leninismo estalinista ultraizquierdista o ultraderechista redivivo. La culpa la tiene su manifiesta intolerancia contra la intolerancia. Resulta que el inflexible exégeta de Alah y Mahoma, su único profeta, está premunido de un ominoso big stick militante, aplicando la antiquísima premisa pedagógica la letra con sangre entra. Virginia Betancourt dijo una vez que nadie había demostrado lo contrario, y Bush piensa lo mismo con sus portaaviones en ristre. Si todos los manuales sagrados y profanos creados desde Lucy hasta ahora hubieran tenido una eficacia de sólo 0.5% para marcar la conducta y las relaciones humanas, la Biblia occidental también sería exitosa, todos los big sticks del mundo habrían desaparecido y habríamos retornado hace un tiempo largo al Paraíso, evitando que veinte militantes hayan buscado sus setenta vírgenes de una forma tan escabrosa. No habría ni sabios ni bandidos. Edgar Morin se preguntaba alarmado, en los tiempos del mayo del 68, por qué los seres humanos siempre escogíamos las vías absolutamente opuestas a la solidaridad y la fraternidad, con la consecuencia que ni El Corán ni la Biblia ni la Declaración Universal de los Derechos del Hombre podían concretar nunca su idea de la felicidad en las comunidades humanas. Que yo sepa, no encontró ninguna respuesta plausible. De hecho, la Biblia produjo la Inquisición occidental, del mismo modo que el Corán produjo la Jihad. Los libros de Marx, sin ser sagrados, fueron invocados como tales por constructores de regímenes socialistas dictatoriales, tan aberrantes y desquiciados como El Castillo de Kafka: ¡absolutamente todo lo contrario de lo preconizado por Herr Karl y su socialismo positivista científico! ¿pero acaso es menor la distancia entre el producto social histórico logrado por los herederos de los piadosos peregrinos del Mayflower en Norteamérica y la colección de manuales sagrados y profanos que traían consigo entre las lechugas y los pollos? Considere, televidente consuetudinario, que en Palestina, aquí y ahora, convergen los resultados sociales históricos de unos cuantos grandes manuales de instrucciones sagrados y profanos: la Biblia israelí, el Corán musulmán, el Nuevo Testamento cristiano, El Capital de Marx, El Origen de la Riqueza de las Naciones de Adam Smith y las Obras Completas de Mao Zedong editadas por Guozi Shudian, y tal vez pensamientos de Bolívar si es que Chávez anda por ahí promoviendo la tercera vía de la tercera vía. El resultado a la vista es humano, demasiado humano: una infinita cadena de malos entendidos intolerantes resueltos táctica y estratégicamente por la vía más utilizada de todos los tiempos: a patadas, zarpazos, cañonazos y polvos de carbunclo intolerantes. No obstante, estos crueles y soberbios lobos sanguinarios, de garra en ristre y zarpazo malévolamente intencional, son los mismos corderos que acarician el hijo en casa, que alaban los suaves matices del crepúsculo, que dan su manto al mendigo, que escuchan arrobados la Novena Sinfonía de Mahler escrita por Mahler, se conmueven con Bacon o ríen a carcajadas con una película de Charlie Chaplin. ¡Carlitos, Charlot denunciando los abusos de Sharon y Arafat, los desmanes de Bin Laden y Bush, los excesos tuyos y míos! Angel y demonio somos, insiste Messir Blaise. Elevación y abismo. Tal vez el gran pecado de Lucy, heredado por Sharon, Bin Laden, Bush padre e hijo y Arafat, por usted y por mi, es haber roto la unidad primigenia del mundo intentando ordenarlo a nuestra imagen y semejanza; es decir, poniendo de por medio las aficiones del corazón humano. No se haga demasiadas ilusiones. Son básica y hegemónicamente las aficiones de los corazones humanos de aquellos con el coroto por el mango. Los demás medio copiamos. Para la construcción de este demencial espejo de la condición humana, Lucy tuvo que diferenciar al mundo concreto indivisible nombrándolo, y por medio de un ritual tan esencialmente humano separó para siempre, en el nuevo territorio del verbo, el es del no es, el bien del mal, lo verdadero de lo falso, lo moral de lo inmoral, lo justo de lo injusto, lo humano de lo inhumano. Con la palabra que concreta el pensamiento y lo separa para siempre de los hechos, abrió para siempre la Caja de Pandora del orden humano, que ha producido el gran, descabellado y creciente desorden acumulado desde Lucy hasta nosotros. Para bien y para mal, mediante la cultura. La suya y la mía. Nuestra cultura. El I Ching, otro antiguo manual de sabiduría humana, advierte que la verdadera libertad sólo es viable cuando se manejan todos los factores que inciden sobre el desarrollo de una situación. Al cabo de tres millones de años, me atrevo a decir que en este momento la cultura humana maneja aproximadamente un 0.03% de los factores pero que personajes tales como Bush, Bin Laden, Blair y Hussein creen que está cerca del 100%. Tan pretenciosos y arrogantes como usted y yo, que nos hemos puesto a opinar cuando sería mejor callarse y actuar. ¿Usted favorece la ofensiva de las huestes del bien o las del mal? ¿Ni lo uno ni lo otro? ¿Qué tal si organizamos un referendum universal democrático? ¿Una cumbre? Las posiciones alternativas, la tercera vía, son siempre sólo una cuestión de grados dentro de la misma escala de valoraciones de la conducta humana, de la condición humana. Tal vez todavía no han alcanzado la masa crítica de poder como para permitirse la intolerancia pública y notoria. Sucede que llevamos milenios discutiendo los avances en los derechos humanos pero cada recién nacido reconstruirá por su cuenta y riesgo todo el cuento, sin omitir ni una sola crueldad y ni una sola sinfonía. A esta propiedad inalienable de cada nuevo miembro de la especie la llamamos libre albedrío, libertad. Sea cual sea la situación, siempre somos libres. La libertad es así de oscura. La vida humana es así de oscura. ¿Sólo es oscura para mí y no lo es para usted? ¿Por qué es así? En este momento usted es más angélico y yo soy más diabólico. No. Ahora yo estoy elevado y usted acaba de caer hacia el abismo. En la mañana usted era el doctor Jekill y de regreso a casa viene peludo, malévolo y cojeando como Mister Hide. Ángel y demonio, susurra Messir Blaise Pascal. Todo depende de quien lo diga y con qué parámetros, tal como lo demuestran a diario CNN y el emisario taliban. Incluídos usted y yo que, mal que mal, manejamos nuestra propia parcelita de big stick democrático representativo, nuestras propias palabritas y nuestra propia cuota de intolerancia socialmente permitida. Ahora vino Bush y trazó la línea entre tolerancia e intolerancia a su favor: los desmanes suyos son justicia infinita y los del taliban son malévola agresión satánica. Humpty y Dumpty establecieron en Alicia Detrás del Espejo que los que tienen el poder tienen también el lenguaje. Por eso es que a estas alturas del partido he decidido comprometerme a fondo en una lucha revolucionaria para torcerle la nariz no a la naturaleza sino al invento malévolo de Lucy. Enmendarle la plana ni más ni menos que a toda la cultura humana que, como decía Marx, me endilgaron sin derecho a opinar en el momento de nacer. Me opongo por intolerantes a la primera, a la segunda, a la tercera y a cualesquiera otra vía colectiva maquinada para corregir el mundo corrigiendo a los otros, sea Bush, el taliban o el Dalai Lama. Denuncio públicamente al lobo pragmático intolerante agazapado bajo la piel de cordero, Lucy rediviva, porque como la caridad empieza por casa, me ha parecido una iniciativa buena y absolutamente viable que cada uno comience la salvación del mundo para la solidaridad, la igualdad, la fraternidad, la piedad y la libertad por sí mismo. Según unos cuantos antiguos, si cada uno de nosotros logra rectificar su propia conducta en su esfera de acción, es lo mismo que haber enmendado al mundo. |