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Un disparate lleva a otro: la siniestra idea de reflotar el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) para enmarcar institucionalmente la participación militar argentina en la larga Cruzada contra el Infiel que anuncia Estados Unidos, lleva al gobierno De la Rúa a exhumar otro monstruo setentista: la doctrina de seguridad nacional. Doctrina que ya no se aplicará contra la vieja y querida URSS de la Guerra Fría sino ante un enemigo terrorista sin definición territorial precisa. Lo que supone en buen romance restituir a las Fuerzas Armadas la posibilidad de hacer inteligencia sobre sus connacionales, algo que les está vedado por la ley de Defensa de la Democracia. Anteayer el presidente Fernando de la Rúa volvió a equivocarse: "Estamos en defensa frente a la agresión del terrorismo, porque hemos sido víctimas acá de sus ataques". Su vocero, el preverbal Juan Pablo Baylac, subrayó la necesidad de que Argentina tenga "una estrategia común con quienes puedan tener una actitud ofensiva" (sic). El ministro de Defensa Horacio Jaunarena, que tiene añeja debilidad por los uniformes, fue más a fondo al plantear la necesidad "de vincular la inteligencia externa con la interna" y preguntarse si la legislación actual no resultaría insuficiente para hacer frente a una amenaza terrorista.
Todos estos funcionarios, que se dan de codazos para ver quién es más obsecuente del poder mundial, ignoran algunas verdades de a puño y colocan a la ciudadanía frente a riesgos impensables.
La Argentina fue neutral en las dos guerras mundiales. (Hubo una tardía declaración de guerra al Eje en 1945 que fue más simbólica que real.) La neutralidad histórica de Argentina podría discutirse éticamente en relación con el peligro que representó el nazismo, pero nadie en su sano juicio podría negar que durante muchas décadas fue altamente conveniente para los intereses nacionales. Por eso coincidieron en su defensa desde prominentes figuras de la oligarquía hasta líderes populares como Hipólito Yrigoyen y Juan Perón.
La ruptura de esa regla por parte de Carlos Menem (al alinearse irresponsablemente con las fuerzas agresoras de la Operación Tormenta del Desierto) creó un clima favorable para que se perpetraran los terribles atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. Y también para que "importáramos" el conflicto de Medio Oriente a una nación independiente donde las colectividades árabe y judía habían convivido pacíficamente durante décadas.
El TIAR fue soberanamente ignorado por Estados Unidos durante la guerra de las Malvinas en la que el supuesto mediador actuó como aliado de una potencia ajena a la región en contra en un país americano. Sólo Baylac puede creer que en la alianza del ratón con el león el de la melena va a consultar al roedor. Argentina irá como furgón de cola de lo que decidan los generales norteamericanos y pagará con dolor las consecuencias de decisiones tomadas en Washington.
La doctrina de Seguridad Nacional le costó a la Argentina el terrorismo de Estado y 30 mil desaparecidos. Pero eso no le importa a políticos que como Fernando de la Rúa apoyaron desde el Congreso el comienzo del genocidio en la provincia de Tucumán. Sólo nos importa a nosotros, los ciudadanos, los que pagaremos las consecuencias de sus decisiones sin haber sido consultados. |