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Que la guerra contra Afganistán y Osama bin Laden se ha convertido en un pretexto para que la ultraderecha política de los Estados Unidos tuviera las manos libres y conseguir consolidar con el consenso internacional el liderazgo norteamericano en este mundo unipolar, muchos lo sabíamos.
En la medida que pasan los días los genocidas ataques contra la población civil afgana, dianas preferidas de la metralla yanki, llegarán a convertirse en algo habitual y justificado por cuanto, los terroristas aun sin rostro han profanado el corazón mismo del sacrosanto imperio del Norte.
Alguien tendrá que pagar por ello. No importa que sean niños o mujeres afganas o iraquíes, o sudaneses, o colombianos o paraguayos. La nacionalidad es lo de menos. El objetivo es, además de probar sus mortíferas armas, demostrar al mundo quiénes son sus dueños, quiénes son los que mandan, quiénes son los que tienen el derecho sobre vidas o haciendas.
Afganistán, es triste decirlo, queda demasiado lejos y quizás no provoque en la opinión pública norteamericana el temor deseado sobre el que se construye la nueva guerra planetaria.
Por ello no es casual que este jueves último un reporte de la agencia AFP nos haya aproximado como al pasar a otra dimensión del problema a lo que pudiéramos calificar de la verdadera guerra.
La información, fechada en Washington, recogía la advertencia hecha por el senador demócrata Zell Miller en una columna de opinión del diario The Washington Post.
Gráficamente, Miller recordó que mientras el gobierno de los Estados Unidos "busca la culebra en Afganistán", lo puede picar la que tiene al lado, en lo que llamó "su vecindario" un poco para modernizar el término de "su traspatio".
Y no es que nos lo imaginemos. "A dos horas de vuelo de Miami está Colombia, uno de los países más peligrosos y llenos de terroristas en el mundo. Y cerca de allí, la triple frontera de Argentina, Paraguay y Brasil es un lugar sin ley, donde miembros de Hamas, Hezbolá y otros grupos ligados a Bin Laden están propablemente agazapados planeando sus próximos ataques", dijo. Y como no hay nada más parecido a un republicano que un demócrata, Miller, como en los tiempos de Reagan, advirtió: "Argentina está al borde del colapso financiero, la petrolera Venezuela tiene un presidente abiertamente hostil a Estados Unidos, y Nicaragua está a punto de elegir presidente a un antiguo comunista que tiene fuertes lazos con Libia e Iraq". Esta última
alusión, es bueno recordar que tiene que ver con los comicios generales a realizarse el próximo día 4 en el país centroamericano y donde el ex presidente Daniel Ortega se presenta como candidato a la primera magistratura.
Y es aquí donde, para usar la misma imagen de Miller, se desenrrolla la culebra. Detrás de tantas advertencias y ya casi al final del despacho cablegráfico, estaba la verdadera intención de la noticia. El congresista exhortaba al Senado, el mismo que está cerrado por miedo al ántrax, a que
apruebe velozmente la demorada propuesta de Otto Reich para asumir el cargo de subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos.
Antes del 11 de septiembre, una buena parte de los legisladores demócratas vetaron la propuesta porque, según adujeron "carece de buen juicio, de la confianza de otros gobiernos de la región y de la capacidad de zanjar divisiones partidistas en el Congreso, de modo que los Estados Unidos pueda hablar con una sola voz en los asuntos urgentes relacionados con América Latina".
Algunos de los hasta ahora numerosos opositores en el legislativo, aseguran poseer un documento no clasificado que da cuenta que en diciembre de 1987 cuando Reich era embajador de los Estados Unidos en Venezuela, exploró la posibilidad de conceder al terrorista Orlando Bosch una visa para ingresar en territorio norteamericano. Según la página digital de The Washington Post, el autor intelectual del horrendo crimen de Barbados llegó a Estados
Unidos ilegalmente y luego recibió del presidente Bush padre un perdón presidencial.
¿Quién es Otto Reich?
El personaje, de origen cubano, llegó a la palestra pública de la mano del presidente Ronald Reagan quien le dio la tarea en el ya lejano julio de 1983 de participar activamente en la guerra contra los sandinistas: sería a partir de entonces el nuevo coordinador de la diplomacia pública para Centroamérica, según consta en un acta de una reunión en la Casa Blanca, desclasificada en 1989.
De lo que se trataba era de que por medio de una acción de contrapropaganda desacreditar líderes políticos y movimientos revolucionarios no adictos a Washington.
Asimismo, fue director de la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional (AID) la cual, se conoció después que era una subsidiaria de la CIA para promover intereses políticos con el gancho de programas financieros.
Y por si fuera poco, Peter Kornbluh, investigador del National Security Archive en Washington declaró al conocer la propuesta de su nombramiento que ,"Otto Reich va a ser el hombre de Bacardí en el Ejecutivo de los Estados Unidos", al tiempo que consideró a la Fundación Nacional Cubano-Americana el portavoz político de la multinacional de bebidas.
Para agregar un dato, señaló que Reich estuvo entre los redactores de la Ley Helms-Burton.
El tema de Reich no pasaría de ser anecdótico si no fuera una expresión más de los verdaderos objetivos de esta cruzada norteamericana cuyo objetivo final es tomar las riendas definitivamente de este hemisferio del que siempre se han creído sus dueños.
La ultraderecha política norteamericana tratará de aprovechar esta oportunidad para lograr ubicar al cuestionado Reich, en medio de la histeria belicista que recorre el país, alegando que nadie mejor para imponer a América Latina y el Caribe la sentencia del emperador W.Bush cuando afirmó sin rubor que "el que no está con nosotros, está contra nosotros". |