Otra guerra imperialista
José María Vidal Villa
José María Vidal Villa és professor de la Facultat d'Econòmiques de la Universitat de Barcelona. Aquest article va ser escrit originàriament per a la revista de
Món-3

Estados Unidos está dando una vuelta de tuerca más en su ya poderosa dominación sobre el mundo. Todo parece indicar que se está produciendo una vuelta a formas clásicas del imperialismo, es decir, presencia militar de la potencia colonizadora en el país colonial y gobierno de la colonia, directamente o por intermedio de gobiernos títeres en la nueva colonia. Este parece ser el real objetivo de la actual campaña de guerra en Afganistán y no una pretendida defensa de la libertad, la democracia o la seguridad.

Escribo estas líneas precisamente cuando los anglosajones encabezados por Estados Unidos están bombardeando inmisericordemente Afganistán. Es posible que cuando sean leídas hayan sucedido muchas cosas que cambien el panorama. Pero no obstante ya estamos en condiciones de reflexionar sobre algunos de los aspectos esenciales de lo que está ocurriendo. Veamos.

ES UNA GUERRA IMPERIALISTA por la hegemonía total de Estados Unidos. Contra lo que pretende la intoxicación propagandista al estilo Goebbels de los Estados Unidos y de toda la prensa y medios de comunicación afines, no se trata de una guerra en defensa de las libertades ni de perseguir a presuntos terroristas. Se trata de un paso más en el afán de dominio mundial del imperialismo norteamericano. Tras el hundimiento de la URSS, Estados Unidos permanece como única superpotencial mundial y así lo pone de manifiesto inmediatamente en la guerra del Golfo. Ahora, de lo que se trata es de estrechar el cerco en el sur de Rusia -el vientre de Rusia- y muy particularmente en el oeste de China, es decir, en Asia Central, zona de la que prácticamente hasta hoy Estados Unidos se había mantenido alejado. Esto parece anunciar que el próximo enemigo a abatir será China. Se trata de instalar bases militares estables en las ex-repúblicas soviéticas de Uzbekistán Tadjikistán y Turkmenistán y de mantener el dominio pleno sobre Afganistán y Pakistán, algo esto último que ya poseían, por cuanto el régimen talibán y la dictadura pakistaní son hechuras de los Estados Unidos

HAY CLAROS MOTIVOS ECONÓMICOS PARA ESTA GUERRA En efecto, la existencia en Turkmenistán de uno de los más importantes yacimiento de gas natural del mundo y, en el resto de la zona, de importantes reservas de petróleo, le dan a la región una importancia vital para Occidente para el mantenimiento del control sobre estos productos. La construcción de un oleoducto desde el Caspio hasta el Indico, pasando por Afganistán y Pakistán, permitiría que ese control estuviera en manos norteamericanas y de paso debilitaría extraordinariamente a Rusia.

Asimismo, en el ámbito interno de Estados Unidos, la guerra representa reactivar la industria armamentística, desbloquear ingentes sumas para los presupuestos de defensa y permitir cumplir el mandato asumido por Bush de desarrollar una política favorable a los sectores implicados en el complejo militar-industrial, entre otros el sector del petróleo, la producción de armas sofisticadas y todo lo relacionado con el espionaje. Ya lo han conseguido, con el aplauso unánime de los que con anterioridad se oponían, es decir, los demócratas y buena parte del pueblo norteamericano.

ES UNA GUERRA DE AGRESIÓN, no de legítima defensa. La intervención norteamericana en Afganistán tiene objetivos muy claros: entre otros, derribar al régimen talibán, por cierto, alimentado y creado a iniciativa de la CIA y de Estados Unidos contra los soviéticos. Cuando dicho régimen se vuelve díscolo y no acata como un lacayo más las directrices del imperio, ha llegado la hora de eliminarlo. Y esta es la hora. Estados Unidos apoyará, al parecer, a la Alianza del Norte, hasta el momento aliada de Rusia y antitalibán, y pretende instaurar una monarquía títere en el país. Por supuesto, con bases militares estables en Afganistán, Pakistán, Uzbekistán y otros países de la zona.

Para alcanzar estos objetivos, Estados Unidos y sus aliados-lacayos anglosajones, han puesto en marcha la mayor maquinaria militar que hoy día existe. Machacando a un país pobre y miserable, pretenden mostrar con claridad su supremacía y, de paso, contentar las ansias de venganza alimentadas en su propio pueblo, el norteamericano, por la correspondiente campaña de intoxicación. El aplastamiento bajo las bombas preludia la intervención por tierra, regular o irregular, sin la cual no es posible derrocar al régimen talibán. Ahora bien, por tierra pueden morir algunos de los "aguerridos" soldados norteamericanos y eso es algo que la fina sensibilidad de sus conciudadanos no puede tolerar. Bien está que mueran unos cuantos miles de afganos, iraquíes o palestinos, pero un solo soldado norteamericano muerto significa una tragedia irreparable para tan sensible pueblo. Por ello la guerra de agresión se desarrolla desde el aire, desde bases terrestres remotas y desde el mar, poniendo a salvo a sus huestes.

ESTA GUERRA MUESTRA CLARAMENTE la voluntad de hegemonía de Estados Unidos.
Para llevar a efecto su guerra, Estados Unidos ha organizado con gran revuelo una "coalición internacional contra el terrorismo". El objetivo real de esta coalición no es intervenir en la guerra ni tomar decisiones sobre su curso. Es, sencillamente, acatar el mandato norteamericano. La guerra la hacen ellos, los norteamericanos, y en todo caso, sus acólitos favoritos, los ingleses. El resto, a aplaudir y a prestar sus territorios para el "esfuerzo" bélico anglo-sajón.

Esta actitud tiene sus repercusiones institucionales, al menos en cuatro aspectos:

La OTAN, aparece como una institución secundaria, en el mejor de los casos prestando apoyo político a los norteamericanos, pero no tomando decisión colectiva alguna. Europa juega un lamentable papel subordinado, casi de lacayo, sin voz propia y sin criterio propio alguno para opinar sobre lo que puede determinar el destino del mundo. La institución más castigada es la ONU, cuya inoperancia es obvia. Estados Unidos ya no la necesita, antes bien, le molesta la necesidad de explicar, convencer y doblegar a una Asamblea general en la que no tiene unánime apoyo y sobre todo le molesta, le irrita, tener que contar con la aquiescencia rusa y china en el Consejo de Seguridad. Solución, se prescinde de la ONU. Los países islámicos y los árabes en particular, se han mostrado en esta ocasión notablemente más reticentes a los dictados de Estados Unidos, que cuando la guerra del Golfo. No obstante, aunque de mala gana, se han sumado
al coro y han aceptado, bendiciéndola con su apoyo con sordina, la intervención norteamericana en Afganistán.

ESTA GUERRA PUEDE AMPLIARSE Y GENERALIZARSE Estados Unidos, con la prepotencia y arrogancia que le es habitual, avisa que su guerra no se limitará a Afganistán. Se da a sí mismo el permiso para atacar a otros Estados. ¿A cuáles? A todos aquellos donde interese consolidar su influencia estratégica y existan gobiernos no excesivamente proclives a comportamientos lacayunos, o bien, en los que existan movimientos populares que inestabilicen a gobiernos lacayunos. En la lista aparecen países como Irak -que no ha cesado de ser bombardeado desde 1991-, Siria, Palestina, Egipto, Argelia, Sudán, Pakistán, Indonesia, Malasia y Filipinas Y otros... los que haga falta. En su designio de imponer un nuevo orden mundial, la estrategia de Bush, del cipayo Powell y la cúpula del poder norteamericano
no tiene límites.

ESTA GUERRA PERMITIRA RECRUDECER EL ESTADO POLICIACO en todo el mundo Al calor de la sensibilidad herida por los atentados contra el WTC y el Pentágono, Estados Unidos ha decidido incrementar fuertemente la intervención policial en la vida cotidiana de sus ciudadanos, incluyendo la vulneración de algunos derechos constitucionales. Esa actitud preludia un segundo macarthysmo, cazas de brujas en las cuales el lema que se impone es "si no estás conmigo, estás contra mí". Y dada la capacidad de exportación de actitudes que posee Estados Unidos es evidente que este recrudecimiento policial se extenderá por el resto del mundo y afectará, también, a la "democrática" Europa. En efecto, veremos detener a ciudadanos con "aspecto sospechosamente árabe" sin motivo alguno, veremos pinchar teléfonos y ordenadores. Veremos incrementarse la censura en los medios de comunicación, etc. Ya el inefable señor Collin Powell se ha escandalizado por la falta de monopolio de la información por parte de la CNN en esta guerra. Las emisiones de la cadena árabe de Qatar, Al-Jazira, rompen su control de la información y, por tanto, de la manipulación y de la intoxicación. Por supuesto, ya se han apresurado los norteamericanos a presionar a Qatar y a las Asociaciones de Prensa mundiales para que silencien esa voz. Lo más probable es que lo consigan.

ESTA ES UNA GUERRA CRUEL Y DESIGUAL Como todas las guerras. Pero en este caso más claramente por la abismal diferencia entre los contendientes. Cientos, miles, millones de vidas de afganos están siendo sometidas a la muerte, la destrucción, el hambre, la ansiedad y el miedo. Obsérvese una diferencia de actitudes: la aparición de tres casos de ántrax en Florida ha desatado una ola de pánico en todo Estados Unidos. Se sienten vulnerables, atacados, perseguidos, acosados, odiados... ¡Pobre gente! Podemos suponer por un momento como se sentirían si todos los días cayeran miles de bombas desde el cielo en sus ciudades, en Boston, en Los Angeles, en Miami, en Atlanta o en Chicago...

ESTA ES UNA GUERRA CON COBERTURA IDEOLOGICA POTENTE Como todas las guerras, esta también tiene su "moral", su ideología. En este caso la lucha contra el terrorismo, en particular el de Ben Laden y su grupo de combatientes. La coalición internacional se construye contra el terrorismo, la intervención armada norteamericana se desarrolla contra el terrorismo. En realidad se trata de un eufemismo, de una falacia. Pensemos un momento sobre los términos. ¿Qué se suele entender por terrorismo? La acción armada que de forma clandestina, sorpresiva y alevosa ejecuta el terrorista contra su o sus víctimas, con el fin de alcanzar un objetivo político o difundir una idea o una causa que el terrorista considera justa. Es decir, el terrorismo es una forma de guerra irregular. Pero, ¿qué otra forma de guerra tienen aquellos que son oprimidos, humillados, castigados, explotados y reprimidos en nuestros días? Desde luego no disponen de ninguna posibilidad de enfrentamiento armado, pues la gran potencia militar es Estados Unidos. No tienen ninguna otra forma de lucha, esa es precisamente la forma de lucha que el actual mundo globalizado impone a los oprimidos. No quiere decir lo anterior que justifique las acciones contra Nueva York y Washington. Lo único que quiere decir es que hay que ser precisos y concretos a la hora de juzgar los hechos.

ESTA GUERRA MUESTRA ABIERTAMENTE el doble rasero en política internacional.
Es el caso de la guerra de agresión de los judíos de Israel contra Palestina. Digo de los judíos de Israel porque en Israel también hay árabes. Este es el caso más claro de cinismo que existe desde hace tres o cuatro décadas. Los judíos han sido conminados por la ONU en numerosas ocasiones para que abandonen los territorios ocupados. Caso omiso. Estados Unidos no ha bloqueado Israel, ni ha enviado a sus "valientes" soldados a bombardear a los judíos para que respeten el orden internacional. Antes al contrario, apoya económica, política y militarmente a los sionistas.

ESTA NO ES UNA GUERRA DE CIVILIZACIONES Pero se parece mucho. En efecto, parece que son los valores occidentales, por tanto blancos, cristianos y capitalistas, los que deben prevalecer sobre el resto. La guerra del Bien contra el Mal, siendo el Bien por supuesto encarnado por el señor Bush y su corte de ángeles y arcángeles, escoltados por el no menos seráfico señor Blair y una corte menor de comparsas secundarios. Lo cierto es que la resistencia ante tal embate occidental está tomando la forma religiosa, sobre todo en el mundo islámico. Pero no nos engañemos. No se trata de suprimir el Islam, sino de domesticarlo. Si no fueran suficientes los cien años de humillaciones, castigos, y explotación a la que han sido sometidos los pueblos islámicos, pues se continuará haciendo más profunda dicha humillación, castigo y explotación. No hay pues de que extrañarse de que la reacción sea virulentamente religiosa, como afirmación de su propia identidad y como consuelo, pues si en esta vida está claro que nunca alcanzaran la felicidad, al menos pueden asegurársela en el más allá. La Jihad se lo permite.

¿HAY SOLUCIONES? Lo más probable es que la solución será la que Estados Unidos determine. No en balde es el más poderoso imperio que jamás haya existido en el mundo. Vamos, pues, hacia la pax norteamericana.

Pero se podrían concebir algunas soluciones. Por ejemplo: Levantamiento de todos los bloqueos económicos: el de Irak, el de Libia, el de Corea del Norte, el de Cuba, que ya dura más de cuarenta años. Devolución de los territorios ocupados a los palestinos y creación de un Estado palestino. Cese de toda agresión contra Irak. Cierre de todas las bases militares norteamericanas en el extranjero y desactivación de sus flotas marinas que patrullan por todos los mares y océanos. Desarme nuclear total y efectivo. Establecimiento de un foro político mundial en el cual se establezcan pacíficamente las reglas del juego.

Y un largo etcétera de buenas intenciones que por supuesto no serán atendidas. ¿Que queda, pues, por hacer? Resistir a la avalancha intoxicadora de la prensa y demás medios de comunicación manipulados por Estados Unidos. Apoyar a los pueblos que luchan por su dignidad, por su libertad y por su independencia. Luchar por la paz. Y vivir, subsistir en medio de está gran nausea que nos rodea, que nos atosiga y que nos invade por todos los poros.

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