El teatro del bien y del mal
Eduardo Galeano

São Paulo, ALAI-AMLATINA 

20 Sep. 2001

En la lucha del Bien contra el Mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos. Los terroristas han matado a trabajadores de cincuenta países, en Nueva York y en Washington, en nombre del Bien contra el Mal. Y en nombre del   Bien contra el Mal, el presidente Bush jura venganza: "Vamos a eliminar el Mal de este mundo", anuncia. ¿Eliminar el Mal? ¿Qué sería del Bien sin el Mal? No solo los fanáticos religiosos necesitan enemigos, para justificar su locura. También necesitan enemigos, para justificar su existencia, la industria de armamentos y el gigantesco aparato militar de Estados Unidos. Buenos y malos, malos y buenos: los actores cambian de mascaras, los héroes pasan a ser  monstruos y los monstruos héroes, según exigen los que escriben el drama. Eso no tiene nada de nuevo. El científico alemán Werner von Braun fue  malo  cuando invento los cohetes V-2, que Hitler descargo sobre Londres, pero se convirtió en bueno el día en que puso su talento al servicio de Estados  Unidos.

Stalin fue bueno durante la Segunda Guerra Mundial y malo después, cuando pasó a dirigir el Imperio del Mal. En los anos de la Guerra Fría,  escribió John Steinbeck: "Quizá todo el mundo necesita rusos. Apuesto a que  también en Rusia necesitan rusos. Quizás ellos los llaman americanos". Después, los   rusos se abuenaron. Ahora, también Putin dice: "El Mal debe ser  castigado".

Saddam Hussein era bueno, y buenas eran las armas químicas que empleo contra los iraníes y los kurdos. Después, se amaló. Ya se llamaba Satán Hussein cuando Estados Unidos, que venia de invadir Panamá, invadió Irak  porque Irak había invadido Kuwait. Bush padre tuvo a su cargo esta guerra contra el Mal. Con el espíritu humanitario y compasivo que caracteriza a  su   familia, mato a mas de cien mil iraquíes, civiles en su gran mayoría.

Satán Hussein sigue estando donde estaba, pero este enemigo numero uno de   la humanidad ha caído a la categoría de enemigo numero dos. El flagelo  del   mundo se llama, ahora, Osama Bin Laden. La Cia le había ensenado todo lo  que sabe en materia de terrorismo: Bin Laden, amado y armado por el   gobierno de Estados Unidos, era uno de los principales "guerreros de la libertad" contra el comunismo en Afganistán. Bush padre ocupaba la  vicepresidencia cuando el presidente Reagan dijo que estos héroes eran  "el equivalente moral de los Padres Fundadores de America". Hollywood estaba de  acuerdo con la Casa Blanca. En esos tiempos se filmo Rambo 3: los afganos  musulmanes eran los buenos. Ahora son malos malísimos, en tiempos de Bush  hijo, trece anos después.

Henry Kissinger fue de los primeros en reaccionar ante la reciente  tragedia. "Tan culpables como los terroristas son quienes les brindan  apoyo, financiación e inspiración", sentenció, con palabras que el
presidente Bush repitió horas después.

Si eso es así, habría que empezar por bombardear a Kissinger. El  resultaría culpable de muchos más crímenes que los cometidos por Bin Laden y por  todos   los terroristas que en el mundo son. Y en muchos mas países: actuando al servicio de varios gobiernos estadounidenses, brindo "apoyo,  financiación e inspiración" al terror de Estado en Indonesia, Camboya, Chipre,  Sudáfrica,
Irán, Bangladesh y en los países sudamericanos que sufrieron la guerra  sucia del Plan Cóndor.

El 11 de setiembre de 1973, exactamente 28 anos antes de los fuegos de ahora, había ardido el palacio presidencial en Chile. Kissinger había anticipado el epitafio de Salvador Allende y de la democracia chilena, al  comentar el resultado de las elecciones: "No tenemos por que aceptar que
un país se haga marxista por la irresponsabilidad de su pueblo".

 El desprecio por la voluntad popular es una de las muchas coincidencias entre el terrorismo de Estado y el terrorismo privado. Por poner un  ejemplo, la eta, que mata gente en nombre de la independencia del Pais  Vasco, dice a través de uno de sus voceros: "Los derechos no tienen nada que ver con mayorías y minorías".

Mucho se parecen entre si el terrorismo artesanal y el de alto nivel tecnológico, el de los fundamentalistas religiosos y el de los fundamentalistas del mercado, el de los desesperados y el de los  poderosos,   el de los locos sueltos y el de los profesionales de uniforme. Todos   comparten el mismo desprecio por la vida humana: los asesinos de los  cinco mil ciudadanos triturados bajo los escombros de las Torres Gemelas, que se desplomaron como castillos de arena seca, y los asesinos de los 200 mil guatemaltecos, en su mayoria indigenas, que han sido exterminados sin que jamás la tele ni los diarios del mundo les prestaran la menor atención.

Ellos, los guatemaltecos, no fueron sacrificados por ningún fanático musulmán, sino por los militares terroristas que recibieron "apoyo,   financiación e inspiración" de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos. Todos los enamorados de la muerte coinciden tambien en su obsesión por reducir a términos militares las contradicciones sociales, culturales y nacionales. En nombre del Bien contra el Mal, en nombre de la única Verdad, todos resuelven todo matando primero y preguntando después. Y por ese camino, terminan alimentando al enemigo que combaten. Fueron las atrocidades de Sendero Luminoso las que en gran medida incubaron al   presidente Fujimori, que con considerable apoyo popular implanto un  régimen de terror y vendió el Perú a precio de banana. Fueron las atrocidades de   Estados Unidos en Oriente Medio las que en gran medida incubaron la guerra santa del terrorismo de Ala.

Aunque ahora el lider de la Civilizacion este exhortando a una nueva   Cruzada, Ala es inocente de los crímenes que se cometen en su nombre. Al fin y al cabo, Dios no ordeno el Holocausto nazi contra los fieles de  Jehová y no fue Jehová quien dicto la matanza de Sabra y Chatila ni quien mandó expulsar a los palestinos de su tierra. ?Acaso Jehova, Ala y Dios a secas no son tres nombres de una misma divinidad?

Una tragedia de equívocos: ya no se sabe quien es quien. El humo de las explosiones forma parte de una mucho mas enorme cortina de humo que nos impide ver. De venganza en venganza, los terrorismos nos obligan a  caminar a los tumbos. Veo una foto, publicada recientemente: en una pared de  Nueva York, alguna mano escribió: "Ojo por ojo deja al mundo ciego". La espiral de la violencia engendra violencia y también confusión: dolor,  miedo, intolerancia, odio, locura. En Porto Alegre, a comienzos de este año, el argelino Ahmed ben Bella advirtió: "Este sistema, que ya enloqueció a las vacas, esta enloqueciendo a la gente". Y los locos, locos de odio, actúan igual que el poder que los genera.

Un niño de tres años, llamado Luca, comento en estos dias: "El mundo no sabe donde esta su casa". El estaba mirando un mapa. Podia haber estado  mirando un noticiero. (IPS)

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