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El
estilo capitalista de organización social y la medida que han adquirido
los procesos de reproducción, así como la imposibilidad de encontrar
alternativas energéticas capaces de sustituir eficientemente al petróleo
en la escala planetaria que ahora alcanzan los sistemas productivos,
acrecienta la importancia del Medio Oriente como punto estratégico dentro
de la disputa hegemónica mundial y como soporte del proceso de dominación
capitalista en un sentido
más amplio.
Irak, con sus 15 mil millones de toneladas de petróleo (112.5 millones de
barriles) ocupa el segundo lugar mundial en reservas (después de Arabia
Saudita) y es, geográficamente, el centro de la región que contiene el
65% de las reservas del planeta. De ahí, y de su ubicación como una de
las posibles rutas de salida para el petróleo del mar Caspio, proviene la
urgencia de Estados Unidos de ocupar el país y reforzar desde ahí el
control de la región.
La guerra contra Irak ya ha causado muchos muertos. Algunos en la guerra
de 1991 en que Estados Unidos logró una ocupación total de Kuwait; otros
más como producto del bloqueo que desde entonces se cierne sobre el
pueblo iraquí dejándolos sin medicinas indispensables, entre otras
cosas. Es decir que la guerra abierta se combina, en todos los escenarios,
con una guerra de estrangulamiento semioculta que busca minar o derrotar
moral y anímicamente a la población, además de restarle capacidad autonómica
en la mayor medida posible. Doce años después de iniciado el bloqueo,
Irak no ha sido derrotado y es necesario lanzar una nueva ofensiva bélica.
En realidad Irak es un punto esencial dentro de la estrategia de ocupación
territorial y de apropiación de los recursos de la zona medioriental,
como puede observarse en el mapa*, pero su ocupación no es una iniciativa
aislada que pueda explicarse por sí misma. Esta estrategia ha ido poco a
poco jugando piezas y tomando posiciones y sólo podrá completarse con el
control del territorio correspondiente a Irak e Irán (dos de los tres
componentes del llamado Eje del Mal) y con la derrota de Palestina.
Claramente podemos identificar algunas de las piezas más relevantes de
este juego en:
1. La guerra del Golfo y la correspondiente ocupación de Kuwait en 1991
que permitió la instalación de bases militares a lo largo del flanco
occidental del mar Caspio;
2. La campaña antimusulmana exacerbada a partir del 11 de septiembre, el
reforzamiento del control mediático desde entonces y el inicio de una
estrategia de silenciamiento de cualquier tipo de disidencia encubierta
bajo la doctrina de la inteligencia militar preventiva.
3. La guerra contra Afganistán que aseguró la ocupación militar del
flanco oriental del área petrolera, el establecimiento de convenios y
bases militares en algunas de las nuevas repúblicas desprendidas de la
Unión Soviética, un cercamiento de China desde el occidente y una posición
privilegiada en el vértice cultural de Asia Central, donde, además, hay
ricos yacimientos de gas, uranio, oro, wolframio y otros minerales
esenciales para el proceso de reproducción y la competencia
internacional;
4. La guerra contra Palestina y particularmente la reciente embestida
genocida encabezada por Sharon con la total complacencia de Estados
Unidos.
Desde 1998 los documentos oficiales del Departamento de Defensa
norteamericano señalaban con preocupación la ausencia de posiciones en
Asia Central y la gran dificultad de controlar las relaciones entre las
recién (re)constituidas repúblicas independizadas de la Unión Soviética,
los países árabes y China. Bin Laden les dio la oportunidad de meter una
cuña con ocho bases militares justo en el vértice -una al lado de la
frontera con China-, interrumpiendo el contacto entre ellas y poniendo
diques de control a la salida de recursos valiosos.
Si sólo consideramos los movimientos realizados desde la Guerra del Golfo
es suficiente para trazar las líneas de un proyecto regional de gran
envergadura que se viene persiguiendo ya durante más de una década. Los
estilos presidenciales cambian pero las piezas van encajando con suavidad
en el mayor rompecabezas de reposicionamiento hegemónico que se haya
conocido en el mundo hasta hoy, porque no abarca sólo al Medio Oriente
sino al mundo entero.
El Eje del Mal fue pensado para garantizar el control casi total del área
petrolera desde el mar Caspio hasta el Golfo Pérsico (ver el círculo en
el mapa*) pero para rodear simultáneamente a China. De otro modo no se
entiende por qué los dos países con mayores yacimientos del área y los
que constituyen el paso del Caspio hacia el mar (y de ahí a las
industrias norteamericanas) son equiparados a Corea, sin petróleo, lejos
del Golfo Pérsico, pero en una posición que desde el otro lado, permite
bordear China. Irán, evidentemente, debería ser el siguiente paso en la
ofensiva. La justificación se ha empezado a preparar mediante la
"sospecha" de que Irak pueda estar sacando sus armas prohibidas
a través de su país vecino.
Estados Unidos no parece estar dispuesto a esperar que China o la Unión
Europea puedan empezar a cobrar presencia en esta región -cuestión que
Francia y Alemania parecen tener muy clara- y, respondiendo a los
criterios de la prevención que parecen estar contaminando toda su política,
prefiere sacrificar legitimidad en el corto plazo lanzándose a una acción
unilateral repudiada por casi todo el mundo para asegurar su posición de
"superpotencia", "única e indiscutida", como ellos
mismos se definen.
Guerra en Irak, arrasamiento impune en Palestina, ocupación en Afganistán
y reforzamiento del Plan Colombia y del control de toda el área tropical
latinoamericana donde se encuentran la mayor cantidad de recursos estratégicos
del Continente americano, incluyendo, por supuesto, el petróleo que
permitirá a Estados Unidos mantener la guerra en el frente medioriental.
Estos son los escenarios principales de la nueva aventura "civilizatoria"
para acabar con todas las civilizaciones, habidas y posibles, diferentes a
la del "american way of life".
El Plan Colombia y el Plan Puebla Panamá, así como el Área de Libre
Comercio de las Américas, son otras importantes piezas en este juego de
reterritorialización del poder hegemónico estadounidense. Después del
Medio Oriente, es en América donde se encuentran las mayores
concentraciones de petróleo y no hay duda de que el control de estas dos
regiones convertiría a Estados Unidos en el más grande hegemón que se
haya conocido.
Es el juego del poder pero es un juego peligroso. Cada vez más la
lucha por la hegemonía, en el interior del sistema, se torna una lucha
civilizatoria. Mientras más poder, riqueza y capacidades concentra el
hegemón más parece perfilarse la larga declinación de un sistema que
niega la libertad porque es ya incapaz de propiciar la vida. Los valores
"universales" pregonados por el capitalismo son abandonados
paulatina pero crecientemente por la población damnificada por este
sistema.
Ocupar Irak es enfrentarse abiertamente al mundo musulmán -que a lo largo
de la historia ha resistido el arrasamiento-, incluso si en un primer
momento se presenta dividido. El paso por el Medio Oriente ha sido desde
antiguo uno de los diques a la cultura occidental. Hoy puede ser el inicio
del fin no de la hegemonía de Estados Unidos sino de la hegemonía del
capital, del pensamiento único y de la civilización pretendidamente
universal. Los persas, los kurdos, los chinos, los árabes, los indígenas
en América y tantos otros dentro de Occidente se han levantado para decir
"ya no más".
La lucha de Estados Unidos por la hegemonía absoluta todavía puede hacer
mucho daño, sin embargo, corre el riesgo de convertirse en la construcción
de su propio cadalso. |