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Acabo
de escuchar por televisión las declaraciones de Bush, Blair y Aznar (¿será
un verbo?), desde las islas Azores, en que notifican que llegó el momento
de la guerra contra Irak. Es un ultimátum a las Naciones Unidas, al
sistema jurídico internacional.
Quedamos sometidos a la voluntad imperial de Bush, quien desde la llegada
al poder expresó su propósito de conquistar aquel país. Seleccionó
para Vicepresidente y Secretario de Defensa a guerreristas y petroleros
como él. Como jefe de su diplomacia designó al mulato Colin Powell,
quien comandó las tropas gringas en la otra guerra contra Irak de 1991.
Powell confesó en enero del presente año que 'Washington se prepara para
administrar las reservas de crudo de ese país del Golfo Pérsico'.
En el propio territorio de Estados Unidos ha sido restaurado el macartismo
ya no contra supuestos comunistas sino contra los opositores a la guerra,
a la vez que han quebrantado profundamente las libertades públicas y
garantías individuales, incluyendo una política de espionaje contra los
miembros del Consejo de Seguridad contrarios a los propósitos de Bush.
Por ello el notable cineasta norteamericano Oliver Stone declaró en
Alemania: 'No hay nada más peligroso para Estados Unidos que tener a un
ex alcohólico como presidente'. Como ratificación de sus propósitos de
destruir el mundo si es necesario para su pretexto antiterrorista, el
Presidente Bush ordenó una demostración de lo que será la 'bomba atómica
madre', con capacidad de destrucción y muerte nunca antes vista, pese al
convenio internacional que prohíbe la producción y uso de las armas atómicas.
Mientras en las Azores Bush, Blair y Aznar notificaban la guerra, que es
posible esté en marcha cuando sea publicada esta columna, en todo el
mundo se manifestaron en contra millones y millones de personas. En España
y en Inglaterra la gran mayoría de la opinión pública está contra la
guerra. En Estados Unidos alrededor del 50% de la población también se
opone. Así en Asia, África y América Latina. En Colombia la acción
contra la guerra de Bush ha sido muy débil y escasa, pese a la ligereza
del presidente Uribe Vélez cuando sugirió destinar a la lucha contra el
narcotráfico en las costas colombianas parte de las fuerzas
norteamericanas empleadas en la guerra de Irak. Que esta barbaridad no
vaya a significar que el gobierno de nuestro país va a apoyar la guerra
de Bush por el petróleo iraquí.
Michael T. Klare, investigador, profesor norteamericano y autor de libros
sobre guerras de recursos, señala que después de la guerra de Bush
quedarán por años 'varios cientos de miles de soldados' para lograr
establecer cierto grado de orden en el Irak destruido por la agresión
anglosajona, que a la vez ocuparán Arabia Saudita y otros países
petroleros. Esta guerra dejará cientos de miles de muertos, refugiados,
heridos y desplazados, que habrá que cargar a Bush, a su perro faldero
Tony Blair y al Aznar. No es de extrañar, pero causa espanto que algunos
'académicos' y profesores colombianos corrompan nuestra juventud
universitaria diciendo que Colombia sacará beneficios de la guerra,
porque subirían los precios de nuestras pequeñísimas exportaciones
petroleras. Es asqueroso. Mañana, como hicieron con las obras del Canal
de Panamá hace cien años, podrían meterse a Colombia para apoderarse de
nuestras propias reservas y riquezas naturales. |