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Mientras
da los últimos retoques a su guerra de agresión contra Irak, donde el
jefe de las fuerzas de intervención del Pentágono, general Tomy Franks,
pondrá en práctica su táctica de "shock y atolondramiento"
sobre la inerme población civil iraquí, con previsibles efectos
devastadores similares a los de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima,
la administración Bush sigue instrumentando la línea de defensa de su
imperio militar-mercantilista en América Latina.
Enfrentada en una dura competencia y a balances comerciales negativos con
los bloques europeo y asiático, la Casa Blanca viene proyectando la
llamada Fortaleza América mediante una estrategia complementaria de dos
carriles: el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el Plan
Colombia-Iniciativa Andina, diseñado para consolidar y profundizar el
control en su tradicional patio trasero. Se trata de un proyecto integral
que busca garantizar el monopolio económico de las compañías
multinacionales con casa matriz en Estados Unidos, en particular las
ligadas al complejo militar-industrial y a las fracciones de ultraderecha
del gran capital, por medio de la fuerza y la violencia.
El eje del imperio militar regional estadunidense son los Puestos de
Operaciones Avanzadas (FOL), red de bases instaladas por el Comando Sur en
Comalapa (El Salvador), Aruba y Curazao y en Manta (Ecuador), a lo que se
sumará una base nuclear en Tolhuin, Tierra de Fuego, en el extremo sur de
Argentina. El Pentágono ha colonizado el espacio aéreo de la mayoría de
los países del área (México incluido), que es monitoreado por sus satélites
y aviones espías en detrimento de las sobera-nías locales. Sobre el Pacífico
ecuatoriano, la base FOL de Manta se ha convertido en el puntal de la
inteligencia electrónica del Pentágono en la zona.
La base está ubicada a 30 minutos de vuelo del sur de Colombia, donde
operan las guerrillas de las FARC y el ELN. Dos aviones Awacs y un P-3 Orión
de vigilancia salen de Manta y realizan hasta tres vuelos de rastreo
diario. El control aéreo de la base es manejado por tres estadunidenses
de origen latino, que trabajan para la compañía DynCorp, empresa de
mercenarios subcontratada por la Defensa estadunidense. La base alberga
180 marines, número que puede ascender a 400 efectivos según convenio
estipulado entre el gobierno ecuatoriano y el Pentágono. En menos de dos
años 43 buques de guerra estadunidenses han visitado Manta sin previa
autorización de la cancillería ecuatoriana; las naves realizan tareas de
interdicción en aguas internacionales y ecuatorianas.
También ha crecido en los dos últimos años la presencia militar
estadunidense en las zonas más conflictivas del subcontinente. Tropas de
elite, mercenarios y agentes de la CIA, la DEA y el FBI actúan sobre el
terreno. La "comunidad de inteligencia" y el Pentágono han
afianzado su tradicional política de penetración en las fuerzas armadas
y las policías locales mediante convenios de "cooperación",
cursos de entrenamiento y asesoría castrense, parte esencial de los
jugosos negocios del complejo militar- industrial.
La participación de tropas de despliegue rápido estadunidenses junto a
efectivos de los ejércitos del área en las maniobras militares Nuevos
Horizontes ha permitido al Pentágono conocer distintos teatros de
operaciones y reclutar oficiales nativos. Nuevos Horizontes se lleva a
cabo a escala hemisférica desde 1996. Iquitos, en Perú; Salta y
Misiones, en el norte argentino, el Petén guatemalteco y actualmente República
Dominicana son otros tantos escenarios donde se han realizado maniobras
conjuntas de ese tipo.
Pero sin duda el escenario regional donde Washington viene desarrollando
las acciones militares ofensivas y defensivas de mayor envergadura es
Colombia. En febrero pasado el Congreso de Estados Unidos aprobó 532
millones de dólares de ayuda militar a ese país. Los recursos se
destinarán a la Brigada 18, en Arauca, cuya función primordial es
proteger el oleoducto Caño Limón-Coveñas (donde tiene intereses la
compañía estadunidense Occidental) de los ataques de la guerrilla. La
brigada recibirá armas, soporte logístico y 10 helicópteros UH-1 Huey.
Otra porción del dinero se destinará a la creación de una segunda
brigada del ejército; a labores de inteligencia militar y policial, y a
la compra de cuatro aviones Hércules C-130 para el transporte de tropas y
dos AC-47 (aviones fantasmas) artillados, para operaciones de asalto
(ofensivas) contra las FARC y el ELN.
El Pentágono tiene en Colombia 411 efectivos (expertos en inteligencia
electrónica, planeación táctica, apoyo logístico y reconocimiento aéreo),
11 por encima del tope que le fijó el Congreso estadunidense hace dos años.
Sin contar decenas de mercenarios que trabajan para el Pentágono en
labores de espionaje, entrenamiento militar y formación de escuadrones de
la muerte (paramilitares). Los mercenarios, que se hacen llamar
"contratistas militares privados", trabajan para compañías
como DynCorp, Northrop Grumman y MPRI, subcontratadas por la Defensa
estadunidense. Aparecen donde el Pentágono prefiere no ser visto (Bosnia,
Croacia, Colombia). En tiempos de paz actúan como ejército secreto fuera
del escrutinio público. En tiempos de guerra no son propiamente soldados
y no están obligados a seguir los códigos militares de conducta. |