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El mundo vive horas de espanto. Desde la
Casa Blanca, el Pentágono y otros centros de poder en los Estados
Unidos, se organiza una guerra que está resultando un genocidio basado
en intereses petroleros y de la industria armamentista, y en la
necesidad de ocultar negocios sucios (Enron y otros). No sólo se
arrogan el derecho de masacrar pueblos enteros en nombre de la
democracia, sino que quieren convertir la sangre iraquí en petróleo y
en nuevos negocios de la supuesta "reconstrucción". Para ello
han iniciado una guerra que es ilegal, ilegítima y profundamente
inmoral.
Con el pretexto de derrocar a Saddam Hussein (quien es sin duda un
dictador condenado por la comunidad internacional, aunque fue sostenido
durante años por la Casa Blanca hasta que dejó de serle útil),
decenas de miles de soldados han invadido Irak, ocupando parte de su
territorio a sangre y fuego, enviados y conducidos por personas de
dudosa honorabilidad y decencia, como George W. Bush, Richard Cheney y
Donald Rumsfeld, y con la complicidad de dos jefes de estado europeos:
Tony Blair y José María Aznar.
Mientras esto sucede, dentro mismo de los Estados Unidos se vive una
histeria patriotera que menosprecia la libertad y la privacidad de sus
propios ciudadanos. Cientos de extranjeros han sido arrestados y otros
miles son vigilados de continuo. El golpe de Estado mundial que ha
significado el ataque unilateral a Irak, pasando por sobre el Derecho
Internacional y anulando en la práctica a las Naciones Unidas, en los
hechos también representa un severo menoscabo de las libertades en el
propio territorio de la Unión Americana.
Las manifestaciones de ciudadanos que reclaman la Paz y se oponen a esta
guerra obscena han sido reprimidas en ciudades como Chicago, Nueva York,
Filadelfia y San Francisco. Muchos pacifistas han sido arrestados y, en
consecuencia, pueden quedar fichados como criminales. Los discursos
chovinistas se multiplican y en buena parte de la población crece el
desprecio hacia los árabes, los franceses, los eslavos, los
latinoamericanos y los asiáticos. Algunos diarios ya empiezan a
reclamar acciones contra el "peligro" de Corea del Norte, en
un contexto en el que los grandes medios de comunicación
norteamericanos censuran incluso la información doméstica, presionan a
sus trabajadores y manipulan a la opinión pública.
Pero son muchos los intelectuales, artistas y académicos
norteamericanos que denuncian en el exterior lo que apenas si pueden
denunciar en su propio país. Ellos, opositores a esta guerra inmoral,
comprueban a diario que la disidencia cada día es más riesgosa y que
dentro mismo de los Estados Unidos ha pasado a ser motivo de exclusión
y condena. Ya se ha informado de la existencia de "listas
negras" en la industria del cine y en ámbitos académicos, y se
denuncian escuchas telefónicas permanentes. Hay famosos periodistas que
han sido echados de sus trabajos por informar verazmente de lo que
acontece en la guerra. Muchas personas reconocen en privado que sienten
temor y se ven forzadas a autocensurarse para no perder sus empleos o no
ser discriminadas y perseguidas. Las denuncias de quienes proclaman la
verdad en Estados Unidos están condenadas a resonar en campana de palo.
Ante esta gravísima situación, los abajo firmantes consideramos que es
nuestro deber no solamente manifestarnos en contra de esta guerra infame
-cuya principal víctima es el Pueblo de Irak, y por supuesto también
la intelectualidad de ese país- y de sus responsables, sino también
brindar nuestro apoyo y solidaridad a la intelectualidad norteamericana,
sometida a un oscuro régimen de censuras y persecuciones políticas e
ideológicas, con el pretexto de practicar "actividades
antiamericanas".
Por ello decidimos constituir un Comité de Solidaridad con los colegas
censurados o perseguidos por luchar contra la guerra. Este comité
dedicará sus esfuerzos a dar información veraz sobre lo que de verdad
acontece en el seno de la sociedad norteamericana, así como sobre las
continuas incursiones bélicas de sus ejércitos por todo el planeta.
Invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a
nuestra lucha pacífica por la Libertad. Sin otra bandera que la
dignidad humana, la paz y la hermandad entre todos los pueblos de la
Tierra.
NO A LA GUERRA. SÍ A LA PAZ y a la LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
Comité Internacional de Intelectuales contra la Guerra
Firmantes: Eduardo Galeano (Uruguay), Juan Gelman (Argentina), Mario
Benedetti (Uruguay), Luis Sepúlveda (Chile), Antonio Cisneros (Perú),
Mempo Giardinelli (Argentina), Fernando Butazzoni (Uruguay), Héctor
Timerman (Argentina), Angélica Gorodischer (Argentina), Pía Barros
(Chile), Mario Delgado Aparaín (Uruguay), Luisa Valenzuela (Argentina),
José Manuel Fajardo (España), Jaime Barba (El Salvador), Adriana
Malvido (México), José Vicente Peiró Barco (España), Mauricio
Rosencof (Uruguay), Abdón Ubidia (Ecuador), Raúl Vallejo (Ecuador),
Guido Rodríguez-Alcalá (Paraguay), Sonia González-Valdenegro (Chile),
Ramón Díaz Eterovic (Chile), Tomás de Mattos (Uruguay), Jorge Franco
(Colombia), Tabajara Ruas (Brasil) y Diego Muñoz Valenzuela (Chile).
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