- I.
Los soldados descartables
Señala el dicho popular que "la vaca no se acuerda de cuando fue
ternera", afirmación que viene muy al caso cuando se le
escucha hablar como un Rambo tonante al presidente George W. Bush a
propósito de la mentirosa necesidad del mundo
"civilizado", "cristiano y occidental", para
atacar a Iraq. Algunos despistados hasta lo califican de valiente.
Sin embargo es preciso recordar que este supuesto "supermacho",
o "machazo" muy bien protegido en la Casa Blanca por miles
de elementos de los aparatos de seguridad, cuando tenía edad para
integrarse en el servicio militar de su país, en años de la guerra
de Vietnam, se negó a enrolarse en la army, y, con el apoyo del
influyente "papacito" -alto jerarca de la CIA, entidad a
la que luego dirigiría-, se incorporó subrepticiamente en el
cuerpo de bomberos! De este modo no iría a la guerra pues, según
sus leyes, los bomberos son necesarios dentro de EE. UU. por si
acaso "los enemigos de la democracia" bombardeen las
ciudades, resultando útiles para apagar incendios! ¡De este modo
se zafó del servicio militar que tanto ponderaba su padre, uno de
los más entusiastas apoyadores de la participación norteamericana
en la guerra de Vietnam! Claro, pero siempre que vayan allá los
hijos de las otras familias de EE. UU., en ningún caso los de la
suya!
¿Para qué arriesgar a un crío de los Bush, deben haber pensado,
cuando en una conflagración fallece todo tipo de personas
involucradas en ella, como cuando en la II Guerra Mundial pereció
Joseph Kennedy y quedó herido su hermano John, quien sería el
presidente asesinado en 1963, en Dallas, capital del poder petrolero
en EE. UU.? Como gallina clueca que cuida a su polluelo papá George
intervino para precautelar con su poderosa ala protectora de la CIA
a su "bebecito", más aún cuando consideraba que en ese
gigantesco país para algo existen decenas de millones de hispanos y
negros, utilizados siempre como simple y barata carne de cañón,
como ciudadanos siempre acosados por urgencias vitales y soldados
descartables!
¿Quién reclama cuando muere un hispano o un negro enrolado por el
hambre, la necesidad y la desocupación en la army? ¿Acaso no basta
una medalla de hojalata, y las lágrimas de cocodrilo en algún
discurso de ocasión, para consolar a sus deudos que pierden un ser
querido e irrepetible para siempre? ¿Acaso en el país de la
"defensa de la civilización occidental y cristiana" no es
conocido el viejo dogma de que en el cielo de los blancos racistas
(del Ku Klux Klan, Skull and Bones, Brown Brothers Harriman y los
Bilderberg) no pueden ingresar los negros, los hispanos y los
blancos solidarios? ¿Acaso no es "lógico", desde su
perspectiva racista y pseudoreligiosa, que los soldados descartables
también posean almas descartables y de menor jerarquía? ¿Quién
puede exigir o garantizar un cielo permanente para las pobres almas
descartables de los ciudadanos de segunda y tercera clase
"nacidos" para la inmolación al servicio de los intereses
insaciables de las transnacionales del petróleo, la guerra y las
finanzas?
¿De qué patriotismo puede hablar quien se negó a servir a su
patria mientras su familia se solazaba mandando al matadero de
Vietnam a los hijos de familias afroamericanas e hispanas? ¿Acaso
no se conocen y se han denunciado hasta la saciedad los intereses de
su abuelo Prescott Bush en la industria armamentística y en grupos
financieros como el Unión Banking Company (UBC), donde en unidad
con su suegro George Herbert Walker (bisabuelo materno del actual
mandatario), se asociaron desde antes de la II Guerra Mundial con el
industrial alemán Fritz Thyssen para financiar las labores de
Hitler desde antes de la citada conflagración? ¿Acaso no es célebre
la no menos denunciada incautación del 10 de octubre de 1942, por
parte del gobierno de Franklin Delano Roosevelt, de las operaciones
bancarias del nazismo a través del UBC, dirigido entonces por
Prescott Bush, aplicando la legislación que prohibía el comercio
con los enemigos de EE. UU.; dinero que fué restituido en parte a
los Bush en 1951 merced a las gestiones de poderosas hermandades
secretas a las cuales están vinculados?
¿Se han olvidado todos los ciudadanos del papel de George Bush
padre y del coronel Oliver North en la creación y comercialización
del "crack" o cocaína artificial, en complicidad con la
CIA, con cuyas ganancias financiaban tareas criminales en contra de
Irán y la Nicaragua sandinista, todo ello en base a destruir el
cerebro de los consumidores de los barrios de negros e hispanos de
las ciudades más importantes de los EE. UU.?
¿Acaso no son los desplazados a Kuwait y otros enclaves cercanos a
Irak soldados descartables de origen negro y latino en su inmensa
mayoría, mientras el mariscal de bomberos George W. Bush vocifera
desde su muy bien guardado refugio, con el ánimo de sorprender a un
pueblo creyente, desinformado y generoso, que Dios se ha alineado a
su lado, como si El fuese socio de rapiñas y genocidios? ¿No es un
grave insulto y profanación religiosa tomar en vano su nombre al
decir que Dios se ha convertido en socio de latrocinios y miembro de
una poderosa banda de asesinos? ¿Es que alguien puede suponer que
Dios está junto a quien prevee matar mujeres, ancianos y niños
inocentes, y sin culpa alguna de lo que acontece, de todos los
confines de Iraq, como si fuese un vulgar Tony Blair cualquiera,
galgo de maleantes? Si Herodes mató muchos niños con la esperanza
tenebrosa de eliminar a Jesús, no es ni un pálido reflejo de la
capacidad homicida de quienes han matado más de un millón y medio
de niños con el embargo a este país y sin contar el eventual envío
de miles de cohetes y misiles que no escogen a las víctimas! ¿A cuántas
personas e infantes podría haber matado Herodes si hubiese
dispuesto en sus manos de los medios tenebrosos que dispone George
W. Bush? ¿O es que acaso existe la reencarnación?
¿Es decente, honesto, sincero, transparente, un supuesto
"patriotismo" que busca la muerte de incontables hijos de
hogares pobres de su propio país en una guerra de atraco y vulgar
pirataje para matando a incontables seres humanos desconocidos de un
lejano país como Iraq, robar y apropiarse de sus reservas
petroleras (las segundas más grandes del planeta) y demás recursos
naturales, amenazándolo con utilizar bombas atómicas por ser
sospechoso de poseer armas de destrucción masiva, como si dichas
bombas atómicas no lo fueran y como si EE. UU. no fuese el único
país que ya las utilizó en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945?
¿Acaso la gente sensata e informada no conoce que los móviles de
los Bush nunca han sido los de la nación norteamericana sino los de
las transnacionales de las finanzas, del petróleo y de los
complejos industrial militares con los que siempre han estado
vinculados por generaciones? ¿Qué haría George W. Bush si sus
hijos viviesen en Bagdad y Saddam Hussein le amenazara en la misma
forma -y con los mismos medios- que él lo hace desde Washington? ¿Quién
ganaría en el mundo en un concurso de matones a inocentes?
Salta a la vista el discurso farsante de Bush, quien aunque resulta
simplón llega a entender que si dice la verdad, que la guerra es
para apoderarse del petróleo de un pueblo embargado su economía
desde hace más de una década, no tendría ningún apoyo; en tanto
que si miente con osada desvergüenza, alegando que lucha por la
libertad y que Dios está a su lado, puede sumar a ciudadanos cándidos
o empobrecidos al extremo, capaces de olvidar por conveniencia,
aunque sea en forma momentánea, que Dios, según las creencias de
cualquier grupo religioso del mundo, jamás ha sido ni asesino ni
ladrón y que antes bien está siempre dispuesto a castigar a sus
cultores.
¿De qué respeto a las resoluciones de la ONU exige quien se hace
de la vista gorda, con total desfachatez, a las decisiones que
obligan, por reiteradas veces, a devolver, por parte de Israel, Gaza
y Cisjordania? ¿De qué respeto a los derechos humanos habla el
gobierno que se niega a cumplir con el acuerdo de Kyoto, Japón, ya
firmado por su antecesor, que pretende suspender la destrucción y
contaminación del planeta, hábitat de miles de millones de seres
humanos? ¿No es acaso una farsa hablar de lucha contra el
terrorismo y el crimen al negarse a suscribir su adhesión al
Tribunal Penal Internacional, para evitar responder por crímenes
tales como destruir una república entera como Afganistán dizqué
para neutralizar al agente de la CIA Osama Bin Laden, socio en el
negocio petrolero, cuando todo el mundo sabe que la verdadera razón
fue apoderarse de las reservas de gas e hidrocarburos de esa región?
¿Acaso es desconocido que el gobierno de los talibanes fue
instalado en Kabul con el apoyo de los propios EE. UU., del mismo
modo que Saddam Hussein recibía ese mismo apoyo para que atacara al
Irán dirigido por el Ayatolla Komeini? ¡Dificilmente puede
encontrarse tanto cinismo que en quien tanto miente alegando hipócrita
y farsantemente que Dios está a su lado asociándose para tareas de
pillaje y violando sus propios mandamientos de "No matar"
y "No robar"!
II. ¿Para qué sirven los soldados del Imperio?
En la Breve Historia del Neocolonialismo Norteamericano, escrito por
Nguyen Khac Vien, el autor nos recuerda que en las memorias del
general Smedley Butler, comandante en jefe de los marines, éste
relevante hombre de armas a quien le pretendieron sobornar las
multinacionales para con su prestigio respaldar un eventual golpe de
Estado y evitar que Roosvelt declarara la guerra al nazismo, escribió:
"He pasado 35 años y cinco meses en el servicio activo como
miembro de la fuerza más eficaz de este país, el cuerpo de
marines, y durante ese tiempo no fui más que un gángster a sueldo
de los grandes consorcios de Wall Street y de los banqueros. Ayudé
en 1914 a hacer de Méjico, especialmente de Tampico, lugar seguro
para los intereses petroleros. Ayudé a hacer de Haití y Cuba
lugares convenientes para que el National City Bank cobrara sus
ganancias. Ayudé, entre 1909 y 1912, a purificar Nicaragua para la
Banking House of Brown Brothers. Llevé la luz a República
Dominicana en 1916, en favor de los intereses azucareros
norteamericanos."
En dicho texto quedó impregnado, una vez más, la desnudada y
ordinaria condición de las fuerzas armadas de los EE. UU.: defender
los insaciables intereses económicos de las transnacionales con la
vida y contribuciones de sus ciudadanos. Nada más. A confesión de
parte relevo de prueba: los soldados o "combatientes por la
libertad y la democracia" se convierten en simples gánsteres a
sueldo de los grandes consorcios de Wall Street, de las
multinacionales y de sus dueños, los banqueros! ¡Así fue ayer, así
es hoy y así será mañana! ¡Constituyen el guardachoque de las
grandes transnacionales que utilizando sus propios medios de
comunicación les convencen a los uniformados despistados que pelean
por la democracia, la libertad y otras palabras bonitas y nobles
que, sin embargo, encubren el osario permanente de centenares
de miles y millones de seres humanos asesinados a causa de sus
incursiones injustificadas en contra de pueblos cuyo mayor delito ha
sido luchar por la independencia y soberanía nacionales, así como
por el uso racional y autónomo de sus recursos naturales en una
sociedad menos injusta.
Pero esa confesión reveladora del general Smedley Butler no es la
única referencia que existe en este mismo sentido. Historiadores
serios de los mismos Estados Unidos reconocen que, en 1916, el
general John Persing invadió México para poner frente de las
explotaciones petrolíferas de este hermano país a la Standard Oil
de Nueva Jersey (hoy la Exxon) y a la Shell, empresas
multinacionales que se mantendrían allí hasta 1938, año en que el
entonces presidente de México, el general Lázaro Cárdenas,
nacionalizó el petróleo.
Resulta notorio que los gobiernos elegidos y representantes de los
intereses de los grupos financieros, complejos industrial militares
y multinacionales de los hidrocarburos de EE. UU., necesitan mentir
con habilidad para enrolar en su servicio a los incautos. Requieren
engañar a la ciudadanía norteamericana para que ésta acepte el
crimen y el genocidio como lucha por principios. Como lo recordaba
el propio ex comandante en jefe de las tropas aliadas y de EE. UU.
en la II Guerra Mundial, y presidente entre 1956 a 1960, el general
Dwigth Eisenhower: "Los hombres están dispuestos a morir por
la libertad, pero no por una torre de petróleo"! ¿Cómo
hacerles pelear a los cándidos, insensatos y crédulos por la torre
de petróleo? ¡Ocultándoles la verdad y haciéndoles creer que
pelean por la libertad y por su patria! Las multinacionales saben,
además, por larguísima experiencia en el manejo del crimen, que
los seres usados por su insaciable codicia cuando muertos ya
no tienen oportunidad para reclamar nada y a nadie! ¡Preveyendo y
vislumbrando en el tiempo los alcances de la codicia insaciable de
las multinacionales, el dirigente francés Clemenceau ya reconoció,
en este sentido, hace muchos años que "Una gota de petróleo
vale una gota de sangre"! ¡Allí la permuta de sangre de
soldados afroamericanos e hispanos, así como de ciudadanos víctimas
de las naciones atacadas, por el petróleo para las empresas
manejadas desde Wall Street!
III Los intereses del alto mando político militar de los EE.UU.
Como en otros períodos, caso de Richard Nixon-Henry Kissinger,
Gerald Ford-Henry Kissinger, Ronald Reagan, George Bush padre, las
acciones de quienes dirigen a EE. UU. han estado indisolublemente
unidas a sus negocios particulares antes que a dudosos objetivos
nacionales. Para evidenciarlo es conveniente repasar, en el caso
presente, el tipo de nexos de los principales ejecutivos del actual
régimen con las multinacionales.
El actual presidente, George W. Bush, tiene la siguiente "hoja
de vida": accionista de las compañías hidrocarburíferas
Arbusto Oil y Bush Exploration; Harken Oil and Gas; como patrimonio
familiar tiene nexos con importantes entidades financieras e
inversiones en el complejo industrial militar, siendo conocido que
su abuelo el senador Prescott Bush, desde principios del siglo XX,
era accionista de empresas de armas y cuya fortuna se multiplicó
desde la primera guerra mundial. Esta fortuna e intereses fueron
heredados por George Bush padre, también presidente de los EE. UU.
y quien desató la guerra por Kuwait en 1991 (provincia de Irak
hasta 1959, cuando fué escindida por los ingleses para llevarse sus
reservas petroleras colosales), por estrictos intereses hidrocarburíferos.
De acuerdo a la revista norteamericana FORTUNE, la guerra contra
Irak en 1991 tenía el principal propósito de asegurarse Kuwait,
donde 8 de las 9 más grandes compañías petroleras allì asentadas
eran yanquis, y cuyas reservas totales reconocidas y en explotación
en Kuwait tenían entonces los siguientes porcentajes de dichas
transnacionales: la Texaco, el 92%; la Atlantic Richfield en el 51%;
la US USX en el 31%; la Chevron en el 26%; la Amoco en el 23%; la
Philip Petroleum en el 23%; la EXXON en el 22%; y la Mobil Oil en el
12%. ¡He allí el verdadero trasfondo de la falsa lucha por la
"libertad" y la "democracia", palabras tras las
cuales se esconden la codicia y avidez insaciables de las
multinacionales del petróleo, la guerra y las finanzas! ¡Para
defender estos intereses llevaron con tanta fanfarria patriotera
cientos de miles de soldados afroamericanos, hispanos y algunos
blancos pobres a esa región!
Pero eso no es todo. El vicepresidente Dick Cheney, ex secretario de
Defensa con Ronald Reagan, fué gerente de la Haliburton, empresa en
la cual ganó en cinco años 50 millones de dólares por servicios
petroleros. Por su parte Condoleezza Rice, actual presidenta del
Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. fue miembro del Directorio
de la petrolera Chevron entre 1991 al 2001, habiéndose desempeñado
también como gerente de la Exxon por varios años. Thomas White,
Secretario Adjunto de Defensa, fue vicepresidente de la Enron
Corporation. Donald Evans, Secretario de Comercio, se ha desempeñado
como presidente de la petrolera Tom Brown Inc., donde se conoce que
tiene cinco millones de dólares en acciones, además se haber sido
director de la petrolera TMBR Sharp Drilling. Kathleen Cooper,
Secretaria de Asuntos Económicos, siempre ha sido conocida como
importante ejecutiva de la Exxon (Standard Oil de Nueva Jersey, la más
grande petrolera del mundo). Por su parte el frenético e
incontrolable apologista de la guerra Donald Rumsfeld siempre fué
identificado, en varias publicaciones, por mantener nexos con
personeros de la Hughes Aircraft Company y la Rockwell International
Company, grandes abastecedoras de armas y de las más importantes
empresas del complejo industrial militar de los EE. UU. que controla
el 32% de su economía, la más poderosa del globo terráqueo.
Conviene, a este propósito, no olvidar que en el discurso de
despedida del poder por parte de Dwigth Eisenhower, en enero de
1960, éste advirtió con pleno y absoluto conocimiento de lo que
decía, que el mayor riesgo que tendría EE. UU., a futuro, era
"el peligro del complejo industrial militar", e instó en
varias oportunidades a que se cuidaran de él y supervigilaran sus
actividades con todo celo. "Sólo una ciudadanía vigilante y
enterada puede obligar a que se concilie como es debido el enorme
aparato industrial y militar de la defensa con nuestros métodos y
fines pacíficos, de manera que la seguridad y la libertad puedan
prosperar juntas... parece que ha llegado ya el momento de que los
votantes exijan al Congreso hacer algo para poner bajo control
democrático esa fuerza tan vasta y penetrante", advirtió en
tono apremiante, en claro mensaje de despedida, como si fuese un
consejo vital de un padre moribundo.
Lo que jamás imaginó entonces Eisenhower es que los más
importantes accionistas de este terrible e incontrolado complejo
industrial militar se apoderarían del poder político total
mediante un escandaloso y descarado fraude electoral y serían, a la
vez, los mismos dueños y representantes de las transnacionales de
las finanzas y los hidrocarburos, y que utilizarían todo ese
colosal e inimaginable poder acumulado, y capacidad de engaño sin límites,
para depredar con inauditos actos de pirataje a los pueblos de todos
los confines de la tierra y cuya tragedia mayor es haber dispuesto
de incalculables recursos naturales, objeto de su ambición
depredadora, incontrolable, frenética e insaciable! El asalto de
Iraq no es más que eso: una repulsiva rapiña imperial impuesta por
los círculos insaciables de la industria de la guerra, del petróleo
y las finanzas!
Y lo que tampoco imaginó jamás Dwigth Eisenhower, es que alguien
con muchísima mayor capacidad de hacer daño que Adolfo Hitler, un
irresponsable conciudadano suyo, a nombre de un pueblo tan noble
como el norteamericano -que ha generado seres tan maravillosos como
Martin Luther King-, sería el encargado de concentrar en su contra
el repudio y condena de un planeta entero al asistir estupefacto e
inerme ante su capacidad cínica de mentir y predisposición para
matar! Jamás habría de suponer que, con el paso de los años, le
sucedería, en las más altas funciones de su país, un ser provisto
de incurable descaro para encubrir su objetivo de despojar
-utilizando todos los medios a su alcance- los recursos naturales de
otros países, en nombre de nobles conceptos prostituidos en su
boca, tales como "democracia", "libertad" y
"derechos humanos"! ¡Sin duda que los restos de George
Washington, Thomas Jefferson y Abraham Lincoln, patriotas decorosos,
deben revolcar de indignación y vergüenza en sus tumbas!
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