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El
pueblo kurdo, que se autoconsidera la herencia del antiguo imperio de los
medos, se ve, nuevamente, ante el riesgo de ser bombardeado y hasta
sometido a nubes de gases tóxicos de producirse el ataque de los Estados
Unidos de América a Irak, país aquél que, por otra parte, se ha negado
de dotarlo de máscaras antigases.
La fecha tope para el desarme iraquí, luego flexibilizada, fijada para el
19 por el gobierno de George W. Bush, virtualmente hace coincidir las
previsiones del ataque con la principal fecha patria, el 21 de marzo, 'Newruz'
(Día Nuevo), cuando se conmemora la sublevación del herrero Kawa, en el
612 ANE, contra el sangriento rey asirio Sahak, fundando el reino medo.
Los kurdos, son 30 millones no bien censados, dispersos en el Asia Menor
entre Turquía (diez millones), 20 por ciento de la población; Irán
(seis millones), 17%; Irak (seis millones), 25%; y Siria (un millón), más
los de la ex URSS en las repúblicas de Rusia, Armenia y Azerbadjian y en
el exilio en Alemania (un millón), Australia, Estados Unidos, Francia e
Italia.
Más acá de los medos, su máximo poder los kurdos lo tuvieron en el
Siglo XI en tiempos del sultán Saladino, el del cuento de 'La lámpara de
Aladino', quién llegó a dominar Siria y Palestina y expulsó a los
cristianos de Jerusalem, pero al que algunos historiadores de su pueblo le
achacan no haber terminado con el feudalismo dando lugar a un Kurdistán
centralmente unificado.
El caso de la nación kurda es el de un supervivencia notable en medio de
los sometimientos a poderes externos, pasando por los asirios, los persas
y los turcos en tiempos idos y más recientemente por los diferentes
gobiernos de los estados en los que constituyen una etnia significativa,
ya que sólo fueron tolerados en la Siria del extinto presidente Haffez al
Assad.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, en el Tratado de Sevres de 1920,
en los catorce puntos impuestos por el presidente estadounidense Woodrow
Wilson, las potencias vencedoras habían decidido que del desmembramiento
del Imperio Otomano debía surgir, entre otras cosas, un estado kurdo, así
como aparecieron los de Siria, Líbano, Irak, Transjordania y el proto
Israel.
Ello no se cumplió porque Francia y, sobre todo, el Reino Unido no vieron
mal la aparición del nacionalista turco Mustafá Kemal, con lo que éste
en 1923 en el Tratado de Lausanne hizo que olvidar lo acordado en Sevres y
adiós al Kurdistán independiente, y así, con menos prensa
reivindicadora que los armenios, los kurdos también pasaron a ser víctimas
de los genocidios otomanos.
En 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, los kurdos de Irán, al igual que
los azeríes persas, constituyeron estados independientes, con gobiernos
comunistas, los que no pudieron consolidarse, en el marco de las
conversaciones sobre repartos de áreas de influencia, y así fueron
reprimidos y sometidos nuevamente por las tropas del sha Mohamed Rezah
Pahlevi II.
Desde entonces la minoría kurda volvió a ser duramente perseguida,
particularmente en Turquía, un estado formalmente democrático pero
realmente manejado por el ejército, donde incluso el idioma kurdo se
encuentra prohibido al punto de que la diputada Leyla Zawa, que desafió
esa norma en el parlamento nacional, fue condenada a quince años de prisión,
junto con otros legisladores.
Desde la anterior Guerra del Golfo a la fecha en Turquía han sido
asesinados 30.000 kurdos; 300.000 fueron desplazados de sus asentamientos,
muchos de los cuales debieron emigrar; y fueron arrasadas 3.185
poblaciones; mientras en Irán tuvieron que afrontar no pocos ataques, al
igual que en Irak, donde constituyen la mayoría en el norte del país.
El Kurdistán, donde se dice que nació e inició su predicación el
legendario Zaratustra, profeta del mazdeismo (religión que entre los
medos luego derivó en el yesidismo de los adoradores del diablo), de
resultas de la Guerra del Golfo de 1991 fue víctima de un intento de
exterminio masivo en el área iraquí, para lo que incluso se utilizaron
armas tóxicas.
En función de la reacción internacional, y asegurándose la no
preeminencia del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK),
liderado por Abdullah Ocalam, el gobierno de George Bush padre hizo que
Saddam Hussein detuviese la masacre y se creara una 'zona liberada' en la
que conviven cuatro millones de kurdos presididos por Massud Barzani, jefe
del Partido Democrático del Kurdistán.
Pero la buena letra de Barzani con Occidente parece no servir de mucho a
esta altura de las circunstancias cuando Bush hijo y sus halcones han
decidido la guerra con o sin ONU, con o sin aliados, con o sin razones,
por lo cual los kurdos iraquíes ya parecen servir de poco y así sus
reclamos de apoyo logístico frente al conflicto en marcha han sido desoídos.
'Los estadounidenses dieron siete millones (de máscaras antigases) a los
israelíes, también podrían encontrarnos cuatro millones para nosotros',
se quejó Barzani ante Andrea Nicastro, enviada por el 'Corriere della
sera' al Kurdistán 'libre', cuya capital, Erbil, está jaqueada por los
cañones de 105 milímetros, de Saddam Hussein, cargados con bombas con
cabeza química.
Desde las alturas del monte Kalak, como en 1988 y como en 1991, cuando los
cadáveres se contaron por decenas de miles, los cañones iraquíes
constituyen una verdadera amenaza de muerte para los 500.000 kurdos de esa
ciudad y los 3,5 millones del resto de la 'zona liberada', sobre la cual,
seguramente, descargará su furia el ejército de Saddam apenas se desate
la guerra. |