|
Samuel T. Huntington, Director de Estudios
Estratégicos de la Universidad de Harvard, en su discutido libro "El
Choque de las civilizaciones y la recomposición del orden mundial"
sustenta la hipótesis de que las guerras en la nueva era de la historia
mundial serán sobretodo guerras de civilizaciones, marcadas
fundamentalmente por las religiones. El primer enfrentamiento, según
el, sería entre el Occidente y el Islam. La guerra de 1991 y esta de
ahora, ambas contra Irak, parecen confirmar su hipótesis.
Poco importan las motivaciones, si místicas, económicas ó políticas, el
hecho es que Bush apunta a establecer la "pax americana" y uniformizar
el mundo bajo los moldes del estilo de vida norteamericano. Después del
11 de septiembre decidió que eso se hará utilizando la fuerza. Nadie
podrá desafiar esta pretensión, de lo contrario conocerá, de inmediato,
el poder avasallador de Estados Unidos. De este modo, Bush prolonga y
lleva hasta las últimas consecuencias la marca intrínseca del paradigma
occidental: la voluntad de someter a todo el mundo, vale decir, de
implantar un imperio universal. En concreto, la así llamada
globalización, no es otra cosa, si no la occidentalización, u
occientoxicación del mundo.
¿Por qué el primer enfrentamiento se está dando, fatalmente, con el
Islam? Porque el Islam es el único que, objetivamente, desafía a
Occidente y a Bush en dos puntos básicos de su pretensión, en lo
religioso y en lo económico. En lo religioso, el Islam se presenta como
una religión superior, porque surgió después del judaísmo y del
cristianismo, sintetizándolos y mejorándolos. Tal pretensión cuestiona
la legitimidad última del Occidente, que aunque secularizado, todavía se
siente portador de la única religión verdadera y superior, el
cristianismo, como recientemente lo reafirmó también el Cardenal Joseph
Ratzinger en nombre del Vaticano, en el documento "Dominus Jesus". A la
base de la religión islámica se sedimentó una cultura de reconocida
grandeza, no obstante su expresión patológica, el fundamentalismo. En
esa cultura se unifica política y religión, cosa que Occidente supo
distinguir, para escándalo de los musulmanes que lo consideran ateo.
En lo económico, el mundo islámico y árabe juega un papel decisivo, pues
ahí se encuentran los mayores y últimas reservas de petróleo del mundo.
Occidente y, sobretodo, Estados Unidos, pueden tener el control de la
producción del capital y del saber técnico y científico. Pero ningún
carro se mueve, ningún avión levanta el vuelo, ni una bomba inteligente
es lanzada sin el petróleo árabe. De ahí la presión y vigilancia de las
potencias occidentales sobre los países árabes, dividiéndolos y
manteniéndolos bajo un severo control.
Hay una gran decepción e incluso rabia en los pueblos árabes y
musulmanes frente a Occidente y Estados Unidos. A pesar de su
centralidad en el funcionamiento del sistema mundial, ellos sienten que
no cuentan para nada en el moldeamiento de la globalización y del futuro
del mundo. Y su religión, la mejor y más alta, es apenas vista como
nicho de terrorismo.
En el pasado el Islam amenazó por dos veces a Occidente, en el cerco de
Viena en 1529 y en 1683. Hoy, en la percepción de Bush, la amenaza
regresa, bajo el espectro de las armas de destrucción masiva y del
terrorismo feroz. De ahí el deber de enfrentarla militarmente. Es
importante captar
estas estructuras ocultas para así entender mejor las razones de la
guerra actual. (Traducción de ALAI) |