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La
igualdad y la diferencia: aportes del feminismo Jueves 1 de diciembre de 2005, de 5 a 8 pm, Sala RG (sala 2) Ponentes:
Jessie
Blanco,
Gioconda
Espina, Luzbelia
Marín, Iraima
Mogollón, Gladys
Parentelli
Moderador: Yuri Liscano |
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Cuando se nos pide a nosotras hablar sobre los aportes del feminismo, en este momento, en este país, no me queda más que partir de una pregunta ¿desde qué lugar estoy hablando? Y a cuál nos-otras estoy haciendo referencia… Esta primera interrogante me obliga a ubicarme en un lugar político y me lleva a diferenciarme deliberadamente como mujer feminista diferente no sólo de los hombres, sino de las mismas mujeres e inclusive de las mismas feministas, es lo que me permite hacer mi propio recorrido personal y por personal político. El feminismo para mi es una postura de vida que me emplaza cotidianamente en el ejercicio de mi libertad. La búsqueda de la liberación de las mujeres se ha paseado por múltiples escenarios, algunos mas radicales otros mas conservadores, y me atrevería a decir que todas con el sentimiento común primero de visibilizarnos, segundo de conocernos ¿por qué yo habría de conocerme si este sistema que encarno me ignora?, y luego de reconocernos no sólo a nivel nacional sino sobre todo a nivel internacional; Y es en este punto, donde nos encontramos con que no todas somos iguales, las habemos negras, lesbianas, heterosexuales, transexuales, chicanas, indígenas, campesinas, proletarias, obreras, oligarcas, pequeño y gran burguesas, autónomas, estado-dependientes, académicas, intelectuales, militantes, radicales, conservadoras, progresistas, izquierdistas, derechistas. No todas somos iguales y esta diversidad trae nuevos retos al feminismo, reto que quedo ilustrado –aunque no se anduvo- en el X encuentro feminista de Latinoamérica y el Caribe, que se realizó en octubre de este año en Sao Paulo-Brasil, en el cual el debate implícito que transversalizaba las mesas de discusión era la participación o no de los transexuales para el último encuentro. Este debate a mi modo de ver que se paseaba por el mal llevado tema de la exclusión, quiénes son las feministas y quiénes no, pero sobre todo que cuerpos encarnan el feminismo y como estos se condenan en la diferencia sexual quieran lo o no. Además como se conjuga la paradoja del movimiento de tener por un lado, que renunciar a los esencialismos y a las identidades femeninas para cuestionar los estereotipos impuestos por la lógica patriarcal y por el otro vindicar las diferencias identitarias como ejercicio de visibilización de nuevas sujetas políticas de derecho. Un debate complejo que generó la resolución en plenaria final de incorporar a los transexuales[1] en los próximos encuentros feministas, decisión que no dejo de traer malestar para los grupos lesbo- feministas, y que evidencia a mi modo de ver el quid de la cuestion: la diferencia sexual y no por sexual menos social que se encarna en el CUERPO. No todas somos
iguales,
nos topamos con eso de la DIFERENCIA-.
¿Diferentes de qué, iguales a qué?...la igualdad para las feministas
de la igualdad equivale a la búsqueda de
la igualdad con los hombres: igualdad de oportunidades, paridad
política 50/50, igualdad en la participación del sistema de ellos de
hacer políticas, igualdad de salarios, etc. una equidad en nuestros
derechos con relación a los de ellos. Para las feministas de la
diferencia la igualdad se plantea no con
los hombres sino entre
hombres y mujeres, porque la igualdad con los hombres implicaría
aceptar el modelo androcentrico o falogocentrico[2]. La diferencia en cambio
alude no solo a la diferencia entre hombre y mujeres sino y sobre todo
entre nosotras mismas, la pluralidad nuestra, nuestra compleja
diferencia sexual. Es
importante dejar claro que no existe un único feminismo, así como no
existe un único feminismo de la igualdad, ni de la diferencia ni
siquiera una única postura frente a la relación entre el feminismo de
la igualdad y el de la diferencia para
alguna excluyentes, para otras necesarios, e incluyente (feminismo de
la igualdad en la diferencia), para otras un falso dilema porque
ambos son esencialitas (Mouffe 1999 en Espina, 2000). Según
Victoria Sendón de León (2000) la comprensión de la igualdad para las
FI provienen “de una idealización
del sujeto masculino versión
Simone de Beauvoir seducida por al misoginia de Sastre” (p.4).
Para ésta autora la contraposición sartreana que hace De
Beauvoir entre naturaleza y libertad que se expresa en el “en-sí” y
el “para-sí”, atribuyéndole a los hombres la libertad y a nosotras
la necesidad, lo natural, el cuerpo como destino, donde ellos son los
productores y los encargados de la transcendencia a lo largo de la
historia es, decir, el “para-sí”,mientras quedamos relegadas o
encerradas en el “en-sí”, de nuestra “naturaleza” de
reproductoras, lo cual obviamente constituye un obstáculo para adquirir
la libertad como sujetas; no hace sino confirmar el lugar que nos asigna
el patriarcado. Evidentemente que Simone de Beauvoir describía la
situación social de las mujeres, pero la crítica que le hace De Sendón
es el hecho de elevar esa constatación a categoría ontológica y metafísica.
Refiriendo que de ser consecuentes con el planteamiento de Beauvoir, la
propuesta de la igualdad y la emancipación sólo podrían lograrse
negando la diferencia sexual y femenina en beneficio de un sujeto
universal y neutro, que lógicamente sería masculino aunque incluyera
tanto a hombres como mujeres en la etapa de la igualdad. Para
las feministas de la diferencia no es concebible una igualdad que
aniquile o niegue las diferencias sexuales. En este sentido, se les ha
cuestionado el hecho de ser “esencialistas” porque
abogan por defender una identidad propia de las mujeres y marcar
bien sus señas diferenciales. Frente a este cuestionamiento Victoria de
Sendón considera que lo que denuncia el feminismo es el paradigma
construido de lo viril y su correspondiente femenino, la valoración que
se hace de determinadas funciones, roles y actitudes. A lo cual yo le
agregaría en defensa de ésta postura, que si se buscara un
esencialismo este implicaría una definición única del hecho se ser
mujer, cuando es a mi parecer todo lo contrario, busca las diferencias
que existen entre nosotras como sujetas plurales y además desmontar un
prototipo de mujer, que por negación al hombre define el sistema
falogocéntrico. Cualquier búsqueda de la diferencia entre mujeres
negaría en sí misma el esencialismo. Cuando se caracteriza el lugar
que este sistema le ha dado a la mujer, harto definido, con relación al
hombre, justamente se esta cuestionando también el esencialsimo o la
“naturalización” de este lugar, que nos han hecho ver tan sagrado e
incuestionable como aquello de la maternidad obligatoria de la mano del
fulano instinto materno y de la heterosexualidad obligante y fundante de
nuestra identidad de la mano también de una monogamia para nosotras y
una poligamia para ellos. A
pesar de que este feminismo setentoso
de la diferencia vs. El de la igualdad, pareciese ya un debate
superado o conjugado con otros feminismos emergentes, unos
mas institucionales otros
mas radicales (como el llamado feminismo de la tercera ola que hace
referencia al feminismo de los ochentas), creo que el aporte del
feminismo particularmente de la diferencia radica en sus hallazgos sobre
la diferencia sexual y el
desarrollo de psicoanalistas feministas que han llevado hasta sus últimas
consecuencias los estudios sobre el tema. La
historia de los feminismos incluyendo los feminismos de la diferencia,
porque no hay uno solo, no puede comprenderse como hechos aislados de teóricas
desprovistas de sus militancias y de
los movimientos sociales, sexuales y políticos: véase el grupo francés
“psicoanálisis y política” de la década del 70 que
criticaba al feminismo igualitarista por considerarlo reformista y que
asimilaba las mujeres a los
hombres y no lograba salir del paradigma de la dominación masculina, o
el manifiesto italiano de la Revuelta Feminista escrito por Carla Lonzi
y titulado “Escupamos sobre Hegel”, que afirmaban con claridad que
para las mujeres no hay libertad ni pensamiento sin el pensamiento de la
diferencia sexual, criticando al feminismo reivindicativo por victimista
y por no respetar la diversidad de la experiencia de las mujeres, además,
planteaban que de nada
sirve que las leyes den valor a las mujeres si éstas de hecho no lo tienen; o el feminismo radical
cultural estadounidense de los 70, manifiesto como movimiento
contracultural cuya consigna era “vivir en un mundo de mujeres para
mujeres”, denigrando todo cuanto oliera a masculino.[3]
Uno
de los temas más controversiales entre las teóricas feministas (en
especial las de EEUU y Francia) es justamente el significado y el valor de la
Diferencia. El tema es
complejo, incluye debates de
cómo hasta que punto la
sexualidad tiene carácter corporal y de género, si existe algo
característicamente “femenino” y en ese caso como podría
recobrarse, valorarse, expresarse, y cuáles diferencias son las más
significativas: las de género, las existentes entre hombres y mujeres o
las que se dan entre las mismas mujeres. Las teóricas de la diferencia
también se interesan por la importancia de las relaciones preedípicas
en la constitución del yo (de las mujeres) y los temas del lenguaje y
del poder. Según Flax Jane(1995) el surgimiento de estas teorías
expresa y demuestra las distancias que las teóricas feministas han sido
capaces de interponer entre nuestros discursos y los falocentricos.
Pero, sin embargo, estos discursos feministas también están marcados
por los efectos del género y otras relaciones de dominio como los de la
raza, hay muchas huellas de estas relaciones en los discursos sobre la
diferencia. Las teóricas de la diferencia tienen una estrecha relación con el psicoanálisis. Las estadounidenses se basan mas en las relaciones objétales y las francesas están mas influidas por Lacan (Luce Irrigaría, Cixous, Kristeva, Guilligan ,etc.) Según Flax Jane (1995) cualquiera sea la el enfoque psicoanalítico que adopten, éstas teóricas recalcan el carácter central de la relación madre-hija como una fuerza fundamental y determinante en la psique y la actividad de las mujeres. Ejemplo el caso de Helen cixous, para quien la relación madre-hija sobrepasa en importancia todas las demás influencias posibles a excepción del mismo sistema simbólico. Aunque
las teóricas de la diferencia están de acuerdo con el carácter
central de la relación madre-hija en la configuración del a
subjetividad femenina, discrepan sobre la importancia relativa de lo
simbólico. Un grupo se orienta a resaltar los efectos del sistema simbólico
sobre la identidad de género y otro grupo, hace hincapié, en los
efectos de las actividades de las mujeres y la división sexual del
trabajo. El primer grupo resalta también
la primacía de la
sexualidad (o el placer) de las mujeres y su represión en la cultura
falocentrica. A
parte de la sexualidad como eje central , el principal blanco donde
apuntala el feminismo de la diferencia es el mundo
simbólico, por eso Victoria De Sendón refiere que mientras las
igualitaristas trabajaban en lo urgente, las de la diferencia trabajaban
por lo importante, en vez
de preocuparse por ocupar puestos en el poder ya instituido por ellos a
cambio proponían trasladarse al plano simbólico, donde se produce la
efectiva liberación del deseo de las mujeres. De ahí que se derive la
importancia de ver cuales son los mecanismos psíquicos del patriarcado
que operan en nuestra subjetividad,
la relación entre el mundo simbólico, el lenguaje y el mundo
inconsciente. La consigna de lo personal es político y el deseo de
cambiar no solo las estructuras sino cambiar nosotras mismas, ahí donde
la micropolítica se hace carne, ahí donde los partidos no tienen
alcance, pero el poder masculino sí : nuestros deseos ¿realmente son
nuestros?. Llevando
a su raíz esta postura encontramos el planteamiento de Margarita
Pissano, que habla del “triunfo de la masculinidad” y de como las
mujeres hemos ido accediendo a la masculinidad como feminas y como esto
se confunde con cambios culturales, cuando no son más que cambios de
costumbres. La
importancia de la diferencia radica en el hablar desde nuestra
diferencia no como lo Otro de lo Uno (el Sujeto universal hombre blanco)
sino que se trata como bien lo señala Margarita Pissano de una construcción social, política,
económica y emocional desde un cuerpo, que hasta ahora
no ha tenido autonomía, ni es un cuerpo pensado-pensaste,
valorado desde sí mismo, sino que ha obedecido a quien lo piensa y lo
asume deliberadamente la cultura masculinista como propia. Para
reconocer nuestra historia de deshumanización debemos enfatizar el análisis
crítico de la construcción de los deseos, “movidos a fuego en los
cuerpos”. (Pisano, p.35). La
creación del orden simbólico es una tarea específica del feminismo de
la diferencia (Victoria Sendón De León, 2000) o como señalaría
Margarita Pisano (2204) construir un nuevo orden civilizatorio, para ser
más ambiciosas. Meter el dedo en la llaga ahí en esos lugares que estamos pensando que son lo más sagrado y por tanto, los menos tocables: la maternidad, el instinto materno, la heterosexualidad obligatoria, la familia monogámica, el deseo, el cuerpo del deseo, el cuerpo del feminismo. Particularmente
creo, que si el feminismo no toca tu cama, tu piel, tu autopercepción,
tu autovaloración y
extiende los pies de lo político desde tu morada más intima hasta la
arenga más aplaudida, despojando de toda privacidad el deseo y haciendo el amor con
lo público sin presiones del partido, ni del financiamiento del afuera
ni el verbo del otro, por el contrario., desde lo que aun no esta
escrito, desde ese no todo. Entonces, no estamos mas que tematizando el
feminismo y convirtiéndolo en un lugar desemantizado de tanto
palabrearlo y por lo tanto, haciéndoles el juego. Referencias
Bibliográficas Braidotti,
Rosi (2004) Feminismo, diferencia
sexual y subjetividad nómade. Barcelona: Gedisa. De
Miguel, Ana (s/f) Feminismos de la diferencia, ultimas tendencias. De:
www.nodo50.org/mujeres/historia-feminsimos4.html. Espina,
Gioconda (2000). Feministas de la igualdad, de la diferencia y de la
igualdad en la diferencia. Rev.
Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, Vol.6 Nro. 2
(mayo-agosto) pp.37-49. FLAX,
Jane (1995) Psicoanálisis y
feminismo, pensamientos fragmentarios. Madrid, Ediciones Cátedra,
Instituto de la Mujer y Universidad de Valencia. Pisano,
Margarita (2004) Julia quiero que sea feliz. Sorada / Ensayo: Chile. Sendón
de León, Victoria (2000). ¿Qué
es el feminismo de la diferencia? De: www.rimaweb.com.ar/feminsimos/diferencia_vsendon.html
Notas
[1]
Entendiendo
que transvestí y transexuales no son lo mismo. Los transvestí son
hombres que se disfrazan de mujeres y usan su cuerpo como
trabajadores sexuales, también están los llamados ambiguos que
tienen biológicamente hablando ambos sexos. Pero los
transexuales son los hombres o ambiguos que se operan porque se
consideran mujeres atrapadas en cuerpos de hombres.
[2]
Falogocentrismo según
Braidotti (2004) se refiere al “persistente hábito
que consiste en referir tanto a la subjetividad como a todos
los atributos claves del sujeto pensante en términos de
masculinidad o virilidad abstracta (falocentrismo)” (p.89). [3] Ver De Miguel, Ana (s/f) Feminismos de la diferencia, ultimas tendencias.De: www.nodo50.org/mujeres/historia-feminsimos4.html.
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1.Las
teorías feministas han dado aportes indispensables a los movimientos
feministas. Las intelectuales líderas, en especial las académicas que
dirigen programas de licenciaturas, maestrías, doctorados, en feminismo
o ecofeminismo, necesitan de esas teorías y las conocen en profundidad,
las dominan, igual que las analistas que compilan libros que sirven a
profesoras, investigadoras y estudiantes. Aunque
he sido alumna en cursos de feministas históricas y leído sus libros,
no soy experta en teorías feministas. Lo que sí soy es militante
feminista y, ahora, ecofeminista. Expongo lo que pienso, fruto de mi
experiencia, de mis observaciones, de mis reflexiones, de lo que he
aprendido con y de miles de mujeres que han sido mis compañeras de
luchas, mis maestras, mis amigas. 2.Aunque,
desde el siglo X hubieron pioneras feministas, ecofeministas, como, por
ejemplo, Hildegarde von Bingen, Sor Juan Inés de la Cruz(1651-1695), el
feminismo tiene una corta historia con este nombre. Cuando se habla de
feminismo, se piensa, cuando más, en el movimiento sufragista iniciado
el siglo XIX, pero sobre todo, en los fuertes movimientos que comenzaron
en Europa y EEUU en la década del 60, siglo XX. En
América Latina, el feminismo que alcanza mayor número de mujeres es el
mujerismo: grupos u organizaciones no gubernamentales, que se
fundan para hacer frente a problemas concretos de ellas mismas o de sus
hijas. Por razones obvias, muchas evolucionado hacia el feminismo. Otras
tienen ideas y actitudes feministas, pero lo niegan para evitar chocar
con el machismo y misoginia reinantes. No
pienso que sea esencial que mayoría de las feministas necesiten de
mucha teoría para serlo. Lo que sí necesitan es tomar conciencia de
sus propios problemas y unirse a otras mujeres para reflexionar,
estudiar y luchar para cambiar su situación. En
efecto, si las mujeres estamos hoy menos oprimidas que ayer, es porque,
en algún lugar del mundo, en alguna fecha que, en general ignoramos,
alguna mujer luchó, con dura y fiera voluntad contra alguna opresión.
La mayoría anónimas, como los millones de mujeres sabias que la
Inquisición persiguió, durante siete siglos oficialmente
1233-1819, y quemó como brujas de quienes la historia ignora sus
nombres, salvo cuando alguna historiadora feminista lo recupera, como el
caso de Guillerma de Hungría por parte Luisa Muraro. Ellas nos
precedieron en las luchas porque estuvieron claras en cuanto a lo que
debían atacar, tuvieron voluntad de continuidad, de dar la pelea hasta
el final; le dedicaron, sin reposo, el tiempo que otras tomaban para su
descanso, placer o recreación. Los
diferentes grupos de mujeres, además de luchar por sus problemas específicos,
también, deben agruparse en redes nacionales como el Movimiento Amplio
de Mujeres de Venezuela (en todos los países de América Latina
funcionan coordinadoras nacionales de ONG mujeriles) para enfrentar
problemas que las afectan a todas: normas, leyes, en fin todo lo que
impide a las mujeres gozar de sus derechos de humanas. 3.Hoy
las mujeres gozamos de más derechos que nuestras abuelas, pero no
debemos olvidar que los derechos implican deberes, responsabilidades:
quienes sólo exigen derechos sin cumplir el deber que corresponde a
cada derecho, son, simplemente, parásitos. Hay
deberes que me parecen importantes. Uno concierne al lenguaje,
porque el lenguaje que hablamos o escribimos sale de muy adentro, de la
cultura que aprendimos desde antes de poder pensar o hablar. En
efecto, la cultura patriarcal implica una memoria colectiva que nos
envuelve y domina de tal modo que aunque pasemos, como es mi caso, toda
la vida a hacer el esfuerzo de librarnos de esa cultura que mamamos
junto con la leche que nos hizo crecer, seguimos prisioneras de ella,
sin ni siquiera advertirlo, seguimos sin ver como nos domina el
machismo, la misoginia, el autoritarismo, el egoísmo, el todo vale, la
apatía ante un lenguaje que nos invisibiliza. A
este respecto baste con recordar que, por ejemplo, las pioneras
francesas fundaron el movimiento de liberación de la mujer, en
singular, como que las mujeres fueran todas iguales y tuvieran todas
exactamente los mismos problemas. Ellas eran de clase media, blancas,
profesionales, adultas... Sólo décadas mas tarde descubrimos que no
podíamos hablar en singular, que las feministas pertenecían a diversas
clases, etnias, profesiones, tipos, grupos etarios: que había
feministas blancas, negras e indígenas; académicas y analfabetas;
profesionales, amas de casa y trabajadoras sexuales; empresarias,
obreras y desempleadas; urbanas y campesinas; jóvenes, adultas y
ancianas; de clase alta, media, baja y excluidas; casadas, solteras y
monjas; heterosexuales, lesbianas y transformistas; dirigentas de ONG y
autónomas... Recuerdo que, en el portón de entrada al lugar del
Encuentro Feminista Latinoamericano de 1985 (Bertioga, Brasil) las
organizadoras rechazaban a las militantes de partidos políticos, como
del PT de Lula, y que las feministas históricas, lideradas por
Margarita Pisano, se reunían para decir que solo debían participar
feministas y nunca esas ignorantes como las adolescentes Claudia y
Carla, hijas de Tecla Tofano. ¿Ya nos hemos preguntado por qué cuando se habla de un varón se dice hombre y cuando se habla de una niña o de una mujer se dice hembra? Hombre es la humanidad, el ser humano respetable. Hembra, según la primera acepción del Diccionario de María Moliner, significa: En las especies animales con sexos separados, organismo que tiene el sexo femenino. (p. 1466, Vol. 1). Hasta la Biblia, Génesis, 1, 27, dice: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios LO creó. Macho y hembra LO creó. Hombre no corresponde a hembra, lo que corresponde a hembra es macho, como varón corresponde a mujer. 4.La
antropóloga estadounidense Margaret Mead, como resultado de sus
investigaciones sobre roles sociales en varios pueblos (Samoa, Oceanía,
década del 20, siglo XX) nos enseñó que las diferencias marcada en
los roles de varones y mujeres eran nocivos para el ser humano y para la
sociedad. Los varones tienen roles que lo llevan al poder, mientras las
mujeres tienen roles que las llevan a la servidumbre bajo el pretexto,
del manto piadoso y manipulante de la feminidad, de la maternidad, del servir
que se exige a las mujeres. Hay
valores que impuso la cultura patriarcal y mantienen los patriarcas con
su hambre desmedida de poder, poder androcéntrico que siempre es
excluyente y supone egocentrismo, verticalidad, autoritarismo; poder que
no respeta a las personas, ni a los animales, ni a los recursos de la
Tierra; que ha transformado la ética en moral represiva; que excluye a
la mayoría de la población mundial, en especial a los empobrecidos, a
los niños, a las mujeres. Por
ser occidental y cristiano, el paradigma del patriarca es
el jerarca eclesial, con su permanente voluntad de relegar a las
mujeres a la invisibilidad, a la ignorancia, de quitarnos el poder que
nos da nuestra propia autoestima y la estima y el respeto de la
comunidad. Jerarca que nos quiere como máquinas de parir, porque solo
considera nuestro útero, olvida que las mujeres, también, tenemos
inteligencia, capacidades, manos, creatividad. Hay pueblos que han
sufrido dictaduras de hasta cinco décadas, mientras que las mujeres
occidentales y cristianas sufrimos una dictadura que ya dura 1.600 años!
porque, como dijo Octavio Paz, mientras el cristianismo se pierde, la
Iglesia se salva. Por
ello, teólogas ecofeministas como Ivone Gebara, exigen cambiar la
antropología androcéntrica que,
desde hace seis mil años, nos impone al varón como dueño absoluto del
Universo, por una antropología
inclusiva centrada en el respeto a toda la Vida de la Tierra. 5.Igual
que el poder monoteísta, todos los demás poderes fundamentalistas,
dogmáticos, que en las últimas décadas han aumentado su capacidades
de dominación, de manipulación, tienen como prioridad promover nuestra
ignorancia, nuestra falta de información a todos los niveles. En esta
era de avances científicos y tecnológicos, el mayor crimen consiste en
que minorías privilegiadas se guardan para sí el conocimiento que
el pueblo necesita para crecer, progresar, acceder a lo necesario para
una vida digna, una cierta felicidad. Los
poderes ilegítimos e injustos se desmoronan o se desmoronarán, mas
temprano que tarde, cuando cada persona y el pueblo todo accedan a la
educación, a la capacitación, se armen con los recursos que les otorga
el conocimiento. Es el conocimiento el que nos permite hacer nuestro
aporte como ciudadanos responsables, organizarnos para exigir nuestros
derechos, desarrollar acciones y proyectos sororales, solidarios, para
lograr una sociedad con mas justicia para todas y todos. Ser
feminista es dar absoluta prioridad a la sororidad hacia todas las
mujeres sin ninguna excepción. Sororidad que significa respeto, empatía,
compasión, benevolencia. Sororidad practicada en cada ocasión que una
mujer es etiquetada, denigrada, criticada, juzgada con frivolidad o
superficialidad. Sororidad que exige asumir la defensa de cada
mujer, aunque ella sea una desconocida, una enemiga política, la madre
que abandona a su hijo... Cada una de estas mujeres porque es diferente, porque se sale de la norma que el sistema impone, es vista como irresponsable, mala, exigente, floja o cualquier otro calificativo negativo. Sin embargo, en nombre del derecho a la libertad de todas y de cada una a todas le debemos respeto, empatía, compasión, sororidad. Y que conste que no hablo de tolerancia, palabra tan de moda, porque tolerar según la primera acepción del Diccionario de María Moliner, significa: “No oponerse quien tiene autoridad o poder” (p. 1251, Vol. 2), es decir que tolerar supone una actitud de superioridad, de dogmatismo, de fundamentalismo. |
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