|
Encuentro en torno a |
Carla Arocha (Venezuela) Katharina Fritsch (Alemania) Vincent Geyskens (Bélgica) Marco Jacobs (Bélgica) Vanessa Van Obberghen (Bélgica) Adrian Piper (Estados Unidos) Pascale Marthine Tayou (Camerún)
con la curaduría de Philippe Pirotte (Bélgica) |
|
|
Ideas sobre la subjetividad y la alteridad desde el arte contemporáneo |
||
|
con la participación de
Jesús
Fuenmayor (Curador y crítico de arte) Lorena
González (Curadora y crítica de arte)
María
Antonieta Izaguirre (Psicoanalista) Tahía
Rivero (Curadora y crítica de arte)
Juan
Carlos Rodríguez (Artista plástico) Carmen Hernández (Moderadora) |
||
| Jueves 4 de agosto de 2005, Sala RG, a las 6:00 pm | ||
|
Los lugares del enunciado |
||
|
El
motivo principal de este foro, es hablar en el contexto de la exposición
Objectif: Camuflaje, tomando como punto de partida las ideas que
están manejadas por el curador de la muestra, Philippe Pirote.
Entiendo,
básicamente, que la exposición de Philippe lo que tiene como fin
principal es juntar a una serie de obras que toquen el discurso de la
otredad, o el lugar desde donde enuncia el otro, que se refiere básicamente
a qué pasa cuando pensamos en el otro como el que enuncia, el que
construye al yo: “La
meta eventual de nuestro deseo no es la satisfacción de una necesidad
sino el reconocimiento de la actitud del otro hacia el
"yo".”,
es la frase de Philippe que tomo como punto de partida para desviarme
por este camino. Veamos
lo que dice Philippe de esta exposición en este texto que está a la
entrada de la sala y sobre el que se pueden generar muchas dudas,
algunas de las que yo comparto en el sentido de que me resulta un poco
difícil descifrar con exactitud lo que se quiere decir. Valga
una aclaratoria: a Philippe como curador no le interesa introducir
textos transparentes, que hagan una explicación ilustrativa y didáctica
del discurso de las obras. Philippe
comienza diciendo: “La
exposición Objectif [camouflage]
se centra en la (im)posibilidad de transferencia cultural dentro de una
economía global del deseo”. Quizás
para entender un poco mejor lo que quiso decir Philippe con esta frase,
o mejor dicho, lo que yo interpreto que él quiso decir, tengo que
buscar un poco en la historia de la exposición. Esta exposición nació
en un principio a partir de una invitación del curador y artista angoleño
Fernando Alvim, director del hoy desaparecido espacio expositivo
Camuflaje en Bruselas, Bélgica. Alvim, quien actualmente es el director
de la Bienal de Angola, próxima a celebrar su primera edición, invitó
a Philippe a organizar una muestra en Camuflaje. En ese entonces, hacia
el 2001, Philippe era director del espacio objectif, un pequeño espacio de arte en Amberes concebido, más que
como centro expositivo, como una agencia para la divulgación de las
ideas que nacen del arte contemporáneo en el ámbito internacional. Por
eso el título de esta exposición “objectif: camuflaje”:
corresponde a los dos primeros espacios que estuvieron involucrados en
la exposición. La idea era continuar este concepto inicial con la
exposición en Caracas, pero entre discusiones que iban y venían, no sé
concreto esta idea inicial con lo que la exposición se hubiera llamado
“objectif: camuflaje: sala rg”. En lo que voy a decir más adelante
quizás haya un poco de justificación a esta ausencia de Caracas en el
título de la muestra, porque esta invisibilidad o distanciamiento simbólico
de Caracas en una discusión (curatorial) que nace desde las tensiones
entre África y Europa me parece que puede ser interpretado como un
distanciamiento significativo en varios sentidos pero en particular en
la medida que nuestras tensiones o relaciones con Europa son distintas a
las que ésta tiene con el África sub-sahariana. Philippe
en un principio cuestionó la invitación de Alvim a exponer en
Camuflaje porque esa sala de exposiciones estaba destinada a mostrar únicamente
el trabajo de artistas contemporáneos africanos. Se suponía que
Philippe tenía que proponerle a Alvim una exposición de arte africano
contemporáneo, lo que a él le pareció que no tenía sentido, porque
ni es un área que él quiera convertir en su área o campo de
experticia artística, ni quiere llegar como un curador europeo a
imponer que es lo que los artistas africanos deberían estar haciendo.
Es decir, el, Philippe, supone, como la mayoría de los curadores de
arte contemporáneo, que parte inevitable de su función como curador de
exposiciones incluye el trabajo sucio de escoger unos artistas en vez de
otros y que los artistas que el curador o el organizador escogen están
recibiendo un beneficio que otros están dejando de recibir. Ese
ejercicio, ese trabajo sucio del curador, se lo planteo Philippe
entonces como un reto en este caso y en los siguientes términos: le
propuso a Alvim hacer una exposición en Camuflaje, centro destinado
principalmente a que en Bruselas se escuche la voz del otro Africano, en
la que se hablara en la lengua del arte internacional, con la que él
está más naturalmente vinculado por su condición de curador europeo
que trabaja en instituciones europeas de arte contemporáneo. (Preferiría
no hablar en lugar de Philippe y sin embargo parece que lo estoy
haciendo: pero me resulta inevitable que para tener como punto de
partida esta exposición, yo aclare cómo la leo desde lo que de ella sé).
Así
que la primera versión de esta exposición se realizó en un lugar en
el que se suponía que no debería haber espacio para este tipo de
artistas: algo así como si se presentara en Caracas una exposición de
arte contemporáneo de vanguardia en el Museo de Arte Colonial, o más
ilustrativa y pertinentemente, en el Museo de Arte Popular de Petare, en
donde se muestra el trabajo de esos otros (o así considerados otros)
que son los artistas ingenuos o populares. Digo que me parece muy
pertinente esta imagen, porque quien ocupa aquí, en el discurso
curatorial de esta exposición, el lugar del yo es occidente y las
culturas no occidentales ocupan el lugar del otro. Pero
Philippe, además, no tomó a unos artistas que se puedan inscribir
literalmente en el discurso del yo, artistas que asimilen su
occidentalidad en términos absolutos: cualquiera de estos artistas que
están en esta exposición, indagan en la construcción del yo y el otro
en términos de cómo se construyen mutuamente, asumiendo los traumas y
complejidades que se generan en esta repartición, cuestionando que
existan unos bordes claros para ubicar con precisión en dónde están
el uno y el otro, cuáles son los límites de sus territorios. Hago acá
una aclaratoria: si para algunos no existan unos bordes definidos, esto
no quiere decir que haya otros que no crean que sí existen y los tomen
como ciertos. Por ejemplo, por una operación de contexto muy propia de
la escena en la que se desenvuelve el arte de vanguardia, sabemos que la
obra del artista en situación de “el otro” suele estar sometida a
ser considerada o bien como una simple copia, una imitación de lo que
el yo occidental hace, o, a ser considerada exótica, totalmente extraña
al yo. Es a este tipo de reduccionismos a los que siento que esta
exposición se resiste en términos curatoriales, aún cuando también
reconoce la existencia de unas diferencias culturales que se dan en otro
nivel: en el nivel de la “transferencia
cultural dentro de una economía global del deseo”. Aunque
en el texto curatorial de Philippe no se hace muy explícito, se me hace
como inevitable pensar en la imagen, muy contundente, de Hommi Bhabha:
para los que viajan por avión las fronteras se achican, pero para los
que cruzan las fronteras a pie, estás representan un abismo. Es decir
las diferencias son relativas o tienen una serie de complejidades, pero
existen. Entonces,
yo creo entender que Philippe tomó en cuenta que el lugar de enunciación
del yo en esta exposición es el lugar de enunciación del otro (tanto
en su versión para Bruselas como esta versión caraqueña), y aunque no
lo hizo para reafirmar los límites supuestos como nítidos de esta
división y estando consciente que los artistas los cuestionan, reconoce
por otra parte que existen unas posibilidades también negadas
(imposibilidades) de que se puedan producir transferencias culturales
(es decir, y a mi manera de entender esa idea, la asimilación
productiva del discurso del otro y viceversa) en un contexto global en
el que la moneda en curso, el valor de intercambio, lo que se negocia,
es el deseo, entendiendo al deseo como, ahora sí, explícitamente
entiende Philippe al deseo. Dice
Philippe sobre el deseo: “La
meta eventual de nuestro deseo (ese nuestro, es el yo
occidental)
no es la satisfacción de una necesidad sino el reconocimiento de la
actitud del otro hacia el "yo" (es decir, existo, en la medida que el otro me
reconoce como yo quiero o deseo que me reconozca). Cuando se habla de
imposibilidad, se habla de una asimilación traumática de la constitución
de las subjetividades. ¿Por qué hay circunstancias en las que esta
economía global del deseo impide las transferencias culturales? Desde
mi punto de vista, si de lo que estamos hablando es que el otro
reconozca al yo, si es esto lo que se está negociando, de lo que
estamos hablando es de lugares de enunciación. El occidental, la
cultura occidental dominante desde su lugar de enunciación, NO está
proponiendo una negociación en base a un intercambio, a un diálogo
abierto, en el que cualquier cosa pueda pasar, en la que tanto la pérdida
como la ganancia, sean productivas desde las distintas posiciones
involucradas. Quizás la obra en esta exposición que más cercana está
a esta idea de imposibilidad de transferencia cultural en una economía
del deseo, o a lo que me referí como el trauma de la constitución de
las subjetividades, es la de Vanessa
Van Obberghen. (indicar cuál es la obra de Vanessa en Sala). Philippe introduce esta obra así: “El
voyeurismo es asumido en la video-instalación de la artista belga Vanessa
Van Obberghen, titulada Still
Life (Naturaleza muerta) (2000), como una posible
interpretación del problema cultural del exotismo.” Y
más adelante dice: “La
imagen (se
refiere al video con la mesa de comer puesta en el piso)
llama nuestra atención hasta que nosotros nos percatamos de que
realmente no sucede nada. ¿Queremos perder nuestro tiempo en esto?” Y
esto que voy a leer de la interpretación de Philippe de la obra de Van
Obberghen lo subrayo: En
un contexto occidental, la pérdida de tiempo es experimentada
ciertamente como algo negativo.
Aquí, la posibilidad de perder algo es ofrecida al espectador. ¿Pero
podemos realmente, desde una perspectiva occidental, comprometernos con
esta actitud?”, con lo que de paso el curador identifica al
voyeurismo con el occidental, o coloca al occidental en el lugar del
voyeurista. Sin embargo Philippe habla de imposibilidades y
posibilidades, es decir, de momentos en los que se dejan de producir las
transferencias culturales y momentos en los que sí se producen. Quiero insistir en un punto que quizás no esté tan
claro: no creo que a Philippe se le escape que lo que el término
occidental designa tiene sus ambigüedades y que puede ser, por ejemplo,
que muchos de nosotros nos veamos a nosotros mismos como occidentales
aunque otros nos vean y construyan como el otro. Tomando
en cuenta esta aclaración, quiero tocar el tema ya no de las
imposibilidades sino de las posibilidades de transferencias culturales,
hablar de aquellos casos en los que quizás se manifiestan las
diferencias entre las tensiones que existen entre Europa y África y
entre Europa y Latino América, como decía al principio. En el caso
particular de los latinoamericanos, quizás no somos un paradigma de
otredad, pero somos al menos una periferia relativa y, aunque pueda
estar muy equivocado en lo que pienso, me parece que es justamente este
tipo de reflexión lo que se quería generar con esta exposición: ver
el lugar desde el que nos construimos. El
caso de otra artista en esta exposición, Carla Arocha, con doble
nacionalidad venezolana-belga, me parece que está más relacionado con
las posibilidades que con las imposibilidades de transferencia cultural.
Me parece que en su caso en lugar de pensar en los traumas
de constitución de las subjetividades se puede hablar más bien de las complejidades
en la constitución de las subjetividades. Sus obras en esta exposición
son Startled (Sobresalto) y Screen (White) o Pantalla (Blanca). Startled
es la obra que está en la esquina colgada en la pared. Son espejos
sobre los que la artista coloca unas transparencias con círculos de
colores que recuerdan, cito a Philippe: “ojos
con sus pupilas formando un ritmo animado a través de las diferentes
superficies. El espectador-voyeurista en esta instalación se convierte
automáticamente en un sujeto narcisista. Por la presencia y la seducción
de los "ojos" semitransparentes, el deseo llega a ser objeto
inevitable del viaje visual.” El viaje visual es el recorrido que hacen los ojos. Sobre esta obra Philippe concluye: “Uno
quiere ser visto de la misma manera como uno ve al otro. El voyeurista
quiere ver lo que no puede ser visto: el o ella como objeto de deseo en
los ojos del otro.” Es decir, Arocha ofrece una manera de entender como
se constituyen las subjetividades,
le coloca una trampa a la mirada al espectador para que éste se
vea mirando, y se genere así una reflexión sobre cómo se producen las
transferencias culturales, sin hacer un comentario específico sobre el
contenido de las identidades que se están intercambiando. A
diferencia del caso de Van Obberghen, en donde un distanciamiento
cultural está muy presente (de hecho, la obra de Van Obberghen recoge
su experiencia en Senegal), en el caso de la obra de Arocha no se está
negando al momento de su recepción la posibilidad de transferencia
cultural. Volvamos
ahora al tema de esta intervención: decir a través de unas obras algo
(algo que está y no está en las obras como dice Philippe) relacionado
con la voz del otro, con el lugar de enunciado del otro. Se
me ocurre que una manera de entender cómo se relacionan las obras de
los artistas en esta exposición con el lugar enunciativo del otro, es
porque me parece ver en ellos una forma de constituir su subjetividad
artística (el lenguaje que los identifica y con el que se comunican)
que es al mismo tiempo una forma de destruirla o de reconocer sus
complejidades. Como dije antes para referirme a la relatividad de los términos
de la relación entre yo y el otro, están sobre unos límites borrosos.
Es decir, me parecen que son obras que se niegan a sí mismas o, mejor
dicho, que se construyen a partir de su propia negación. Son
fetichistas e iconoclastas al mismo tiempo.
La misma posición que
encuentro podría tener un artista que está haciendo obras desde el
lugar de enunciación del otro. A
partir de acá, quiero finalizar hablando de cómo interpreto que se
pueden reinsertar estas ideas en otros contextos. Quiero preguntarme por
un territorio que a mí me parece, de cierta forma, virgen: cómo
construimos al centro los latinoamericanos, o a los mismos efectos, cómo
lo construimos cualquiera de nosotros que somos considerados otros desde
una mirada del centro (una mirada en realidad “globocentrada”, para
parafrasear el término de investigador venezolano Fernando Coronil
cuando habla de globocentrismo: un centro que está en todas partes, sin
una localidad, deslocalizado y omnipresente a la vez). Digo
que es un territorio virgen, porque siento que en realidad gran parte de
los artistas de la así llamada periferia se construyen así mismos como
el otro, se auto-exotizan, esta vez tomando el término prestado de
Gerardo Mosquera, o si prefieren, lo que a mi se me ocurrió alguna vez
pensar como el miedo que tienen los latinoamericanos de parecer
latinoamericanos, para complicar las cosas un poco más, es decir, para
incluir tanto a los que se auto-excluyen como a los que se actualizan o
asimilan en lo de afuera. Les aclaro esta última idea: cuando digo que
los artistas latinoamericanos temen parecerlo, me refiero a todos los
artistas, a pesar de la primera impresión que podría causar esta
frase. Me refiero tanto a los que se les considera que se asimilan a los
lenguajes de las vanguardias internacionales como a los que no, es
decir, me refiero tanto un Soto como un Botero. Y esto es así para mí,
porque tanto unos como otros, le temen a ser latinoamericanos, ya sea
porque el trademark latinoamericano los anule como imitativos o los
anule como exóticos, independientemente de lo que prediquen. Es el
miedo natural ante las complejidades y contradicciones que aparecen en
la construcción mutua de lo uno por lo otro. En resumen, comparto la
idea de que no podemos hablar de identidad, sino de un proceso
permanente y fluctuante de intercambio de identificaciones, pero este
proceso por lo general nos atemoriza. En
este punto quiero poner la atención en las posibilidades concretas que
esta lectura ofrece. A mi me gustaría saber reconocer cuáles artistas
latinoamericanos o venezolanos, me hablan de cómo concibe él que es un
español. A mi me gustaría saber cómo se concibe desde nuestro lugar
de enunciación qué significa patinar en el Rockefeller Center o
escalar los Alpes. Puede resultar bastante obvio que cuando un artista
considerado dentro de la categoría del otro, me habla de su proceso
interno de identificaciones, de cómo se describe a sí mismo como el
otro, me está diciendo en cierta forma “no soy de aquella otra manera
como se concibe al yo centrado del occidental” y si así se describe
es porque sabe como es ese yo occidental. Perdonen
este comentario anterior que parece una futilidad, pero la verdad no me
he encontrado con muchas obras que intenten hablarme de una concepción
ajena del mundo situadas en el lugar de enunciación del otro. Por lo
general lo que me he encontrado es que cuando una obra habla de una
concepción ajena del mundo es porque ha asumido a esa concepción
distante como propia, como en el caso de los artistas que se han
asimilado a los lenguajes internacionales, como los cinéticos. E
incluso en estos casos como el de Gego o Soto estamos siempre buscando
que es lo que hay en ellos de lo nuestro y no su visión de aquello.
Formulado de otra manera esto equivaldría a preguntarse, ¿Qué le
aporta Soto a Yves Klein? O ¿Qué la aporta Gego a Eva Hesse? y no
exclusivamente al contrario. Y estamos hablando de artistas con mucha
trayectoria y con amplia bibliografía. Por
lo general y aunque me he encontrado con excepciones, los artistas
venezolanos o latinoamericanos en los que he encontrado una necesidad de
aportar algo desde un lugar de enunciación que no sea afirmativo (el
otro construyendo al yo en lugar de construirse a sí mismo), son
aquellos que en su mayoría tienen una experiencia larga o intensa de
exilio y a partir de esta experiencia, obtienen una disposición para
ver el mundo desde un bagaje que incluye su otredad. En síntesis la mejor lección que esta exposición que me está dejando es detenerme en el lugar de enunciación del otro y hacerme estas preguntas que no estoy tan seguro que sean las más pertinentes pero que traigo a discusión justamente por las dudas que me generan. Espero que al final podamos seguir hablando de estas ideas. |
||
|
Objectif
(camouflage). Comentarios sobre la exposición. Fundación
Celarg. Agosto 2005-08-03 |
||
|
Antes
que nada, gracias a Carmen
Hernández de la dirección de Artes Visuales del CELARG, y a quienes
hicieron posible la exposición, por esta invitación. Tal
como escribe el curador de
la exposición Philippe Pirotte, la
exposición se centra en las nociones de “apariencia”,
“exotismo” e “inaccesibilidad”. Si
se trata de como nos
miramos los unos/as a los otros /as,
aun mas, como miramos al otro
u otra a partir de nuestras ideas, confieso que soy un ejemplo de
ello. Para
leer algo de esta exposición tuve
que ir a mis referencias, referencias que pertenecen a otras épocas y
otros continentes. Para dar algún sentido a lo percibido recurrí a
algunas fuentes: Freud, Barthes y su bello libro La cámara lucida,
Jacques Lacan, el Seminario XI, Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis, Merleau-Ponti, El ojo y el espíritu,
John Berger y About Looking. Un vienés, tres franceses y un
ingles. Para ser fiel a los
conceptos psicoanalíticos diré que cuando percibimos
los hacemos en referencia a
otro y otros, nuestros semejantes, pero
tomando en cuenta que incluimos
al Otro de la cultura, del código. Es difícil
mirar al otro sin incluir al Otro. La
visión es una operación del pensamiento que yergue delante del espíritu
un cuadro o una representación del mundo. Gracias al cuerpo estamos
inmersos, inmersas, en lo visible, somos visible. El
o la vidente no se apropia de aquello que
ve, se le acerca
solamente por la mirada que obra sobre el mundo. Como diría Lacan,
"en el campo escópico la mirada esta afuera, soy mirado, es decir
soy cuadro". Un ejemplo lo
tenemos en esta muestra, en lo
que nos trajo Vincent Geyskens. Mi
cuerpo es a la vez lo visible y el que ve. Mirando todas las cosas es a
la vez visto, y reconoce en aquello que ve, el “otro lado” de su
posibilidad como veedor.
Una se ve viendo, una se toca tocando.
Todo acto de pensamiento implica por tanto al narcisismo y al yo.
“En lo visible, la mirada que está afuera me determina intrínsecamente”…Por
la mirada entro en la luz, y de la mirada recibo su efecto. De ello
resulta que la mirada es el instrumento por el cual se encarna la luz y
por el cual soy foto-grafiado” (Lacan). No es el revelado (la acción
química) el que fija en una temporalidad,
es el sujeto el que es fijado en la fotografía, espejo de
la ciencia por un efecto de verdad. Tal como los apreciamos en el
recorrido de Barthes en La
cámara lucida, o en Uses of photography de Berger. Y también
lo encontramos en la muestra que nos ofrece
Jacobs, y en
las dos fotografías que, en un instante, hablan de toda una vida: la
joven buhonera de mirada fija, que
evoca la
aspereza del día a día, en contraste con el
movimiento (el hombre de
espalda y el auto),
mientras ella sostiene en
su mano las llaves, todo ello frente a su mercancía. Es como si esas
dos fotografías de Vanessa
Van Obberghein nos revelan la
verdad del buhonerismo. El cruce de lo privado y lo público. El
pintor, el artista, quien quiera que sea, (o cualquiera sea su forma de
expresarse) practica una teoría “mágica”, dice Merleau-Ponty.
Debería admitir que las cosas pasan
para él , que el espíritu
sale por los ojos para ir a pasearse
en y entre las cosas, y no deja de
colocar sobre ellas
su visión. Pinta porque ha
visto, porque el mundo ,al menos una vez,
gravó en él las cifras de lo visible. La visión es espejo o
concentración del universo, ese universo de sombras, luz, reflejos,
colores, que dejos de ser
reales son en realidad los
fantasmas de la existencia.
En
silencio, y en un apoyo de la ciencia,
el artista plástico.
hace pasar en la obra las
formas de las cosas, vienen del ojo y se dirigen al ojo. Se habla de los
ojos como el espejo del alma. No en vano la referencia al mal de ojo, la
envidia. Y
aunque estamos dándole
prioridad a la visión, tal
como se pone en juego, en especial en la fotografía, los otros sentido
entran en juego. Así como los ciegos ven a través de sus manos,
quizás es en el arte conceptual, tal como
se pone en acto en esta exposición, otros sentidos, el tacto,
por ejemplo, y el
movimiento también cuentan para la
apropiación del mundo. La obra White Light de Pascale
Marthine, la de Adrian Piper, Funk Lessons. Hablamos
del yo y el narcisimo, pero entrara en juego, algo mas, y es lo que
revela el psicoanálisis y especialmente
en el aporte lacaniano. En la
obra artística hay algo mas que el plano de la representación. Porque
la obra puede ser pantalla, semblante,
y el ser entrara allí en juego en
la dimensión de la sexualidad y la muerte. Por eso en
el texto del curador nos
encontramos con la palabra deseo. Sabe bien, con Freud y Lacan, que el
sujeto humano, el sujeto del deseo, no queda atrapado en una captura
imaginaria. Quizás eso es lo que nos quiere decir el trabajo de Carla
Arocha, Sobresalto: “uno quiere ser visto de la manera como
uno ve el otro. El
voyeurista quiere ver lo que no puede ser visto; el o ella como objeto
de deseo en los ojos del otro”. Cambiaria algo en esta frase, porque
voyeurista, en Psicoanálisis, tiene un peso especifico, diría: quien
ve quiere ver lo que no puede ser visto, el o ella como objeto de deseo
en los ojos del otro. Si salimos de lo meramente imaginario, del plano del yo, nos encontramos con la pulsión llamada escópica, cuyo objeto, situado como “ eso me mira”, es quizás lo que esta mas allá y esta en juego en el borde de esta exposición, en el entredicho, en lo que se deja colar. Por eso esta exposición tiene un valor de verdad. |
||
|
El
Yo y la Alteridad. Breve
reflexión desde mi implicancia en barrios caraqueños |
||
|
Cuando
Carmen me llamó a participar de este encuentro sobre las relaciones del
yo y la alteridad, pensé: ¿cómo comunicar algunas de mis reflexiones
sobre este tema de modo que aparezcan las inquietudes que tal enunciado
me produce a la luz de mi implicancia en el mundo de vida de los barrios
caraqueños? Buena
parte de mis trabajos han rumiado estas cuestiones y no me gustaría
tratarlas como un simple juego de palabras, de términos y conceptos,
que desde el campo del arte dejen una exquisita sensación de alarde y
apariencia de posturas límites. Hablar
de la relación del yo y la alteridad en un contexto de personas
vinculadas al llamado arte contemporáneo, puede, -como suele suceder-
no pasar de ser un interesante, atrevido y llamativo ejercicio
intelectual que gusta en verse a sí mismo como conciencia poscolonial,
y se enorgullece de su capacidad de elaborar en sus códigos, una
realidad otra. Hablar
de la relación del yo y la alteridad desde un contexto como el de los
barrios caraqueños, para ser bien específico, requiere sin embargo,
una reflexión carnal, padecida, diría mi amigo José Luis Omaña. Pero
además requiere afrontar lo concerniente a las relaciones de poder que
tal enunciado sugiere. Abordaré
por tanto esta breve reflexión desde el padecimiento y desde el
disfrute de mi yo en el contexto de barrios caraqueños, sin temor a
desencadenar cualquier “locura” a la que me siento obligado, o mejor
aun, impulsado desde mi yo “contagiado” de relación, desde mi yo
“contaminado” de sueños compartidos, desde mi yo hilado y deshilado
en la implicancia en estos mundos de vida. No importa si quienes me ven
desde la aséptica vitrina del campo del arte adviertan en estas ideas
rasgos de moralismo y “utopía exacerbada”. Antes
de entrar en una breve narración personal, adelanto que abordaré la
idea del yo haciendo uso desordenado de planteamientos sociales, históricos,
económicos y filosóficos que tocan algunos aspectos vinculados a la
formación del yo –del yo-individuo en este caso- de la llamada
cultura occidental. ALGUNAS
IDEAS EXTERNAS SOBRE “LA
GENTE DEL BARRIO” En
el año 1989 luego del suceso al que se llamó “el caracazo”, se me
hacía evidente que estas comunidades –de barrio- conformaban una
realidad particular en la cual abundaban razones para un saqueo de tal
magnitud, y que no tenía herramientas para entenderlas; y bajo la
sospecha que me producían las explicaciones que obtenía de la prensa,
de ciertos académicos a los que escuché por esos días, y
particularmente de los círculos de estudios teológicos (teología de
la liberación) en los que participaba, me sentí impulsado a
“entrar” y convivir en una de estas comunidades. Fui
ubicando durante el paso de los años, algunas ideas que se movilizan en
el imaginario de aquellos que no viven en el barrio, pero que en algún
momento lo aluden, bien sea desde la oralidad cotidiana o desde el
ejercicio de sus profesiones: 1-
Individuos amalgamados que han sido deformados por la pobreza, por los
vicios que ella encarna, por taras genéticas, etc. Gente
promiscua y ordinaria, y en fin, masa de identidad amorfa, torcida,
incapaz de auto producirse como seres humanos dotados de real
racionalidad, incapaz de concebirse y actuar como seres humanos
equipados para acceder al sueño de una ciudadanía decente, moderna, próspera.
Escollo a superar para lograr el sueño de una sociedad y de un país
desarrollado. En síntesis, la alteridad amorfa. Se
que esto puede parecer destemplado para muchos y no cuento con un
estudio sistemático al respecto, pero comentarios como estos he
escuchado en cada una de las ocasiones en que he participado en muestras
de arte contemporáneo. Pero además, cuando he trabajado junto a mi
amiga Maira “Cayita” Bello, una amiga del barrio Los Cocuyos, el
incremento de este tipo de comentarios es ostensible, tal y como sucedió
en el premio Mendoza del año 1996 cuando varias personas que asistieron
al encuentro con los artistas, cuestionaban el hecho de que yo había
llevado a esa señora para allá cuando ella no era artista y además,
su presencia allí lo que hacía era idealizar al barrio, cuando en
realidad el barrio no es otra cosa que un lugar de promiscuidad y otros
males. Ariel Jiménez, director de la sala para ese entonces, y a quien
se le interrogaba por la presencia de ese “trabajo” en la Sala
Mendoza, respondía que en realidad había aceptado el ingreso de esa
propuesta porque le parecía interesante, aunque pensaba que eso no era
arte. También
encontré elaboraciones similares en otra oportunidad donde dediqué
seis meses a pedirle a niños y niñas de colegios de clase media y alta
que realizaran representaciones del barrio, es decir, que dibujaran lo
que ellos conocían o imaginaban del barrio. Como resultado obtuve que
de cada grupo, cerca de un 20 por ciento realizaba dibujos extremos
donde aparecían asesinatos, suicidios y terror. Como última anécdota
al respecto, hace apenas unos meses mientras realizaba una intervención
artística en la sede principal del banco mercantil, la cual consistía
en proyectar en sus oficinas y pasillos, imágenes de un torneo de
pelota de goma celebrado en un barrio caraqueño, una empleada de esta
entidad se le acercó a uno de los empleados de seguridad que me acompañaba
en esta acción y le dijo con gesto de repugnancia y desconcierto: ay,
¿por qué están pasando estas imágenes aquí, de ese país?, a lo que
responde el muchacho de seguridad:- ¿de qué país señora?, ¡de Cuba!
–le respondió la empleada- en ese país la gente se muere de hambre.
El muchacho de seguridad se aleja y me comenta en voz baja: esta vieja
si es bruta. 2-
gente buena igual que uno, pero que ¡cónchale!, le falta que le echen
más bola en el trabajo y los estudios para que salgan de abajo. Este
tipo de ideas bastante común, suele no considerar aspectos históricos,
culturales y sociales, y se inclina por individualizar las causas y los
efectos de la pobreza. 3-
El barrio como diferencia, como singularidad extrema producida por una
raíz cultural que separa al barrio del resto de la ciudad, como símbolo
de resistencia activa, y en algunos casos, como redentora en potencia de
la sociedad. En
este último caso se encuentran activistas de izquierda, y sobre todo,
personas de las comunidades que han asimilado los argumentos de
corrientes folkloristas de la antropología. El
ejemplo más representativo de esta postura lo encuentro en el solitario
poeta Pedro Amezaga “Pescadero” a quien conocí hace algunos años
en una tertulia de poetas celebrada en un barrio de Antímano. Pescadero
se propuso en esa ocasión realizar un experimento que le permitiría
corroborar su tesis acerca del bario como lugar autosuficiente en su
producción cultural y económica. Se propuso no salir del barrio
durante un año, tiempo en el cual podría desenvolverse en la economía,
lavando carros, repartiendo bombonas de gas y agua mineral en una
carretilla, trabajando como asistente de construcción, etc. y a su ves,
sumergiéndose en su ejercicio poético desde la vivencia de la cultura
del barrio, de tal manera que al final de este tiempo tendría en sus
manos un poemario de barrio, poemario vivo, elocuente, y ejemplo de una
cultura propia y verdadera. Luego de ese año fui invitado a un recital
donde pescadero leería su producción. Interesante sorpresa cuando
pronuncia el nombre de su primer poema: Homenaje a Picasso. De
los juegos de poder en la hibridación, y en la resistencia a la
hibridación que se da en los continuos procesos de configuración de
las identidades se ha escrito abundantemente en los llamados estudios
culturales -con las notas positivas de estos estudios y con sus
deficiencias notables-. En todo caso lo que me interesa señalar es el
error que representa, asumir que los barrios constituyen una diferencia
que implica la no participación absoluta de la vida y los imaginarios
de la llamada cultura occidental, es decir, que asumen al barrio como
pureza frente a esto otro. Lo interesante en el caso de Pescadero es lo
doble de la paradoja, por un lado habla de Picasso, figura emblemática
de la llamada “alta cultura”, lo cual confirma parcialmente el
planteamiento de los estudios culturales cuando aseveran que el espacio
de la cultura de élites a desaparecido como lugar nítadamente
establecido; y digo confirman parcialmente recordando la lucidez de
Bourdieu, cuando hablaba de
que la línea de la distinción no es algo invariable pero que siempre
vuelve a establecerse; y por el otro lado, incluye en su discurso de
“pureza endógena” a Picasso,
y hasta donde tengo entendido, este pintor no nació en el Guarataro ni
en la Vega. 4-
El barrio como fenómeno complejo, con sus particularidades contextuales
e históricas, y a su vez como cultura subordinada desde el punto de
vista de la producción económica y simbólica. El ser humano del
barrio se ve desde esta óptica como un igual, como un participante más
de la ciudad solo que en desiguales condiciones. Esta
visión la encuentro extendida en muchos “cientistas sociales”
algunos de los cuales se declaran comprometidos con estas comunidades.
Entre ellos hay quienes se han dedicado a tratar el asunto del
liderazgo, de la participación, de los procesos organizativos entre
otros aspectos, pero a mi juicio, observándolo desde cierta distancia
epistemológica, desde el trato del profesional que investiga y en todo
caso funge como catalizador, pero no implicándose en su trama de vida,
a lo que se resisten con dura argumentación. Los resultados de estas
investigaciones no son descartables, pero insuficientes a mi modo de
ver, y en su insuficiencia deben ser cuestionados sobre todo por la
pretensión de autoridad. Si como dicen algunos, la cercanía puede
generar opacidades tan perturbadoras como la distancia, y además, esta
cercanía no garantiza que la comprensión que obtenemos del otro, es la
comprensión que el otro tiene de sí mismo, y que en todo caso lo que
puede resultar es otra parcial verdad sobre ese otro, lo cierto es que
la mayoría de los investigadores no están dispuestos a esta cercanía,
a esta implicancia, no solo por razones de respeto a los procedimientos
investigativos, no solo por el convencimiento supuesto de que las
verdades obtenidas desde su postura epistemológica son suficientemente
ajustadas, sino por el desafío, y la posibilidad cierta de descalabro y
desventura en que podrían ser sumidos sus sistemas comprensivos y con
ello, las comodidades que les brinda el prestigio académico. No están
dispuestos al parto social que significa la emergencia de otras voces,
de otras verdades, de otros saberes. EL
YO-RELACIÓN EN EL MUNDO DE BARRIO CARAQUEÑO EL
YO-INDIVIDUO EN LA CULTURA OCCIDENTAL El
convivir cotidiano reflexionado, el análisis de experiencias de trabajo
y de diversas biografías que he podido
estudiar durante todos estos años me han conducido a revisar el
asunto de la constitución del yo en estas comunidades, y como adelanto,
puedo decir que encuentro en ellas una diferencia
importante respecto al yo producido por la sociedad occidental, me
refiero a que esta última emana un yo-individuo donde las relaciones
funcionan como algo que se establece hacia fuera, mientras que el yo del
barrio es un yo constituido de/como relación y que se despliega como
tal en el discurrir de la vida, es decir, no entabla relación sino que
emana, vive y despliega su sentido como/en relación. Quiero,
para avanzar en este planteamiento, colocar sobre la mesa los estudios
de Alejandro Moreno ya que me seducen en buena medida desde el punto de
vista de la argumentación teórica, y además, me han parecido bastante
ajustados a la luz de las reflexiones que he trabajado en mi labor
comunitaria y en el convivir de barrio. Explica
Moreno que la hermenéutica científica y filosófica griega tiene al
ser como su constructo último, fundamento de toda su arquitectura simbólica,
así, accede al ser, el ser de las cosas y el como son las cosas, como
primer pensable y, por tanto, sentido último del mundo. “Este hasta
ahora, ha pretendido ser el sentido universal no de un mundo particular
sino de todo el cosmos”. Mientras que en el mundo-de-vida popular
venezolano, como el lo llama, mundo-de-vida matricentrado, que no
matriarcal, se configura a partir de un acontecimiento fundacional que
es la “relación madre-hijo”, y que no es sino que acontece,
como el primer pensable en y desde el mundo-de-vida popular. Si no es
pensable el ser como primero, sino el acontecimiento-relación, estoy
–nos dice Moreno- en un horizonte de sentido, en una “apertura”,
radicalmente distinto del horizonte de sentido en el que se ha producido
todo el conocimiento tradicional en occidente. Este
acontecimiento-relación es el punto de partida y de llegada del
mundo-de-vida del barrio, en el cual sus seres humanos aparecen como diferentes al ser humano conformado como yo-individuo de la cultura
occidental. Esta diferencia sin embargo –nos dice- no debe ser
entendida como opuesto, como si relación fuese la antípoda de
individuo; no es otra cosa que diferencia. Y
nos ofrece Moreno un párrafo esclarecedor “Como
ya he dicho, los humanos del mundo-de-vida popular no acaecen como
individualidades sino estructuralmente como relaciones. La mujer no es
un yo que es madre sino una madre –madre solo acaece y es pensable
como relación subsistente- en la que, secundariamente, en practicación
segunda, se constituye un yo. El varón no es un yo que es hijo, sino un
hijo –hijo, así mismo, no acaece ni es pensable, sino como relación-
en el que, como practicación segunda, se constituye un yo. Resulta
claro que el yo moderno y
el yo popular venezolano se distinguen radicalmente en su propia
constitución. El primero es un yo individual, el segundo un yo
relacional. El moderno es previo a la relación y en el individuo se
fundamenta, el popular es segundo a la relación y en esta reside su
verdad y sentido. El yo individual establece, en el mejor de los casos,
relaciones; el yo relacional vive en la relación y como relación. El
primero constituye un orden de relaciones, el segundo in-vive una trama
de relaciones. El primero produce y controla las relaciones, el segundo
maneja las relaciones implicado en su trama.” Creo
que no es extraño para nadie la afirmación de que el yo occidental,
como yo-individuo está en el fondo del sistema de mercado, y su
supervivencia implica, la supervivencia misma del sistema. Pero no solo
se trata del mercado, ámbito al que voy a referirme particularmente,
sino que este yo-individuo se encuentra en el fondo aun de disciplinas
como la psicología social, e incluso, en el fondo de muchos argumentos
izquierdistas cuando hablan de la necesaria solidaridad para construir
una sociedad que supere el individualismo. Paradójicamente esto ocurre
porque son planteamientos que tratan de la solidaridad que entablan o
deben entablar entre si los distintos yo-individuo. Es decir, parten del
mismo horizonte de sentido que generó el mercado solo que tratan de
asir una realidad o principio que les es externo: la solidaridad, la
relación convivial. Esto explica el carácter moralista que entrampa
cierto discurso de izquierda. Por
otra parte, en lo que a la historia del arte occidental se refiere
acontece un fenómeno similar por lo que han sido recurrentes las
disertaciones respecto a la relación arte-sociedad, arte-política,
arte-vida, como si lo individual perteneciera a una dimensión distinta
de lo social. Este planteamiento de binomios por lo general no se
resuelve ya que requeriría un replanteamiento fundacional de la
concepción del yo que no se contente con decir que lo individual y lo
social están inextricablemente unidos, que no se conforme con
explicarnos que no se puede pensar al ser humano fuera de los social, y
que además no se complazca solo con hablarnos –aunque el
planteamiento es valioso y productivo- de la pluralidad de personas que
actúan en un mismo sujeto, del habitar de múltiples voces en una misma
persona, de distinguir cuando, en una misma persona, habla el yo, cuando
habla el tu, cuando habla el él, cuando habla el ellos y cuando habla
el nosotros. Al respecto guardo las palabras de mi amiga Cayita, con
quien como antes referí, he compartido años de experiencia. Me dijo un
día autodefiniéndose: - “Tú me ves ahorita así, luego me ves
diferente, y de repente no me conoces ¿por qué?, porque yo soy las
distintas diferencias que hay e mí”. Volviendo al planteamiento, debo
decir que es necesaria la emergencia de otro yo, otro yo que de hecho
está presente entre nosotros, solo que violentamente ocultado por un
sistema económico y social que presiente en él –en ese otro yo- una
amenaza, y por lo cual ha inventado todo tipo de talleres,
entrenamientos, sistemas educativos, aparatos jurídicos y cuerpos de
seguridad con la intensión de asimilarlo, domesticarlo o en último
caso, controlarlo por la fuerza. Me refiero a ese yo-relación que se
produce en el acontecimiento-relación en lugar del ser. Ser humano este
que habita, palpita y por momentos irrumpe en nuestras sociedades
modernas -independientemente de las disquisiciones al respecto- en
nuestras sociedades que se entienden a sí mismas como occidentales, o
que ven en todo ello un paradigma para el cual debemos equipar a
nuestros pobladores. Sí, como decía mi amigo Erick Splinter la
modernidad es un relato de las grandes ciudades, y que las poblaciones
rurales incluso de países llamados desarrollados no habitan ni están
habitados completamente de estos relatos, habría que añadir que en
nuestras grandes ciudades, como es el caso de Caracas, una enorme parte
de su población está habitada de otros relatos, relatos distintos que
no necesariamente están enfrentados abiertamente a los relatos de la
modernidad y del mercado, pero ostensiblemente diferentes. Tenemos
entonces un homo faber, un homo económicus, como un yo-individual y autónomo
que genera acciones individuales, fragmentarias, que al entrar en
contacto con las acciones individuales y fragmentarias de otros
yo-individuos, producen un sistema de relaciones extrínseco que se
autorregula, una estructura que le viene dada desde fuera y que, en el
caso de las acciones económicas, es el mercado; y tenemos un yo-relación,
constituido de relación y que acaece como relación, y que por lo tanto
genera un sistema de vida relacional donde el valor sedimentado de la
convivialidad sustenta los modos en que resuelve los diversos aspectos
de su vida, incluyendo su desenvolvimiento en la producción simbólica
y material. Ahora,
no basta mostrarse de acuerdo con la afirmación acerca de la
existencia de distintos modos de concebir y vivir el yo. No basta este
reconocimiento porque entre estos dos yo, median intereses que se
amparan bajo la potencia de ciertos discursos implantados en el
imaginario colectivo como verdades inconmensurables, me refiero a los
efectos causados al pronunciar la palabra ley, científico, mercado,
etc. Como si todo esto no es otra cosa que un artificio construido y
además demolido desde adentro de sus propias disciplinas. Tenemos
entonces entre estos dos yo, un conflicto de poder de gran alcance;
donde la relación yo-individuo-mercado es defendida desesperadamente e
incluso violentamente cómo único sistema y como único ser humano
posible fuera del cual solo nos aguarda la barbarie. Así, la sociedad
burguesa busca imponer naturalizando, familiarizando o extorsionando e
invadiendo, este determinismo histórico de que los efectos no
intencionales de su acción intencional la impone a ella –la sociedad
burguesa con su yo-individuo y su sistema de mercado- como la única
posible. Ciertamente
en la ciencia este tipo de determinismos han sido socavados, derrumbados
y convertidos en piezas arqueológicas pulcramente exhibidas en las
vitrinas del nuevo y exquisito Museo del Pasado Reciente. Pero basta
leer o escuchar las sesudas declaraciones mediáticas de cualquier
economista venezolano –y no exclusivamente de la oposición al actual
gobierno- o basta con ver y escuchar a esos entalcados señores a
quienes CNN -por solo nombrar uno- se afana en entrevistar día a día,
para concluir que esos fantasmas están vivos y tienen poder, ya que, o
se hace lo que dicen, y lo que indican sus organismos internacionales, o
lo que nos espera es realmente nefasto. Y nefasto en doble sentido, en
primer lugar como augurio de “desastre endógeno” y en segundo lugar
como amenaza; es decir, eso de la guerra preventiva y otras delicadezas. En
fin, se mantiene vigentísima
la idea única de mercado y como sustento de él, la acción de unos
individuos autónomos que hacen surgir de manera “no intencional”
las leyes que determinan el orden económico-social-cultural y artístico
mundial, al que tarde o temprano tendrán que ser sometidas las fibras
de toda cultura, bien sea por aceptación-capacitación, o bien por la
fuerza. Pero
avancemos un poco más en la relación y funcionamiento del yo-individuo
y el mercado. Según la lógica que nos plantea el mercado, este
yo-individuo y su sociedad, funcionan de una manera maravillosa, es
decir, generando una “ley” que no deben controlar, ya que cualquier
interferencia con el libre desenvolvimiento de su lógica, solo
conseguiría peligrosas distorsiones, me refiero a la ley del mercado.
Así, tenemos un individuo propietario que es responsable solo de sí
mismo, de sus actos, y de los bienes que posee, incluyendo entre sus
bienes -por supuesto-, la fuerza de trabajo. Pero este individuo
propietario no está solo, él también vive un tipo de relación, es
decir, este individuo
propietario se relaciona con otros individuos propietarios y de esa
relación, del choque de sus intereses particulares los cuales se
autorregulan y equilibran, surge un orden social que no es su intensión
producir, pero que en una paradoja aparente, este orden no intencional
genera bienestar a tal punto que incluso aquellos a quienes posee como
fuerza de trabajo terminan beneficiándose del “derrame” producido
en la gran mesa de gala. En
lo que respecta al orden político, insisten hoy, debe limitarse a poner
las condiciones para que surja este orden. Por lo tanto, quienes se
desempeñan en funciones políticas deben actuar solo como facilitadotes
del despliegue de esta lógica. Cualquier interferencia que se pretenda
desde el ámbito político, desde el estado, o peor aun, desde la
infeliz posibilidad de la participación popular, se interpreta como
distorsión, catástrofe y atraso intelectual. Según
esta lógica, el individuo del barrio –vale decir, el yo-relacional o
convivial- debe ser capacitado para una vida económica exitosa, debe
ser preparado para el desarrollo, debe ser dotado de herramientas para
el trabajo capitalista o mejor aún se le debe facilitar una identidad
como herramienta de trabajo al servicio del confort, y de la distinción.
He allí el por qué de los comentarios despreciativos, convalecientes o
paternalistas que me he encontrado en distintos momentos de mi
experiencia en el campo del arte. Como
es de entender, la mayoría de las personas del barrio no terminan por
asumir la identidad que el mercado busca imponerles. No la sumen por
razones de su especificidad cultural, de sus horizontes de sentido, en
el cual funciona un mecanismo de resistencia elástica, permeable y a
veces invisible, pero en buena medida efectiva. Y es aquí cuando
irrumpen en la escena numerosos estudios académicos explicándonos la
producción de su marginalidad o exclusión, explicándonos métodos de
estudio e intervención social que no hacen otra cosa que intentar
conducirlos a otro horizonte de sentido, y por supuesto, sin
considerarse en lo mas mínimo interpelados por ellos. Todo esto sin
contar con otro tipo de abstracciones como son las matemáticas, a
partir de las cuales pretenden explicarnos la marginalidad y la exclusión
usando cifras y porcentajes, que si bien no carecen de utilidad, nunca
nos dan cualidad y terminan por ocultar unas vivencias y unos sentidos
que son de máxima relevancia si queremos comprender aquello que nos
planteamos. RESISTENCIA
Y NEGOCIACIÓN DEL YO-RELACIÓN DEL BARRIO Para
ilustrar un poco los planteamientos que vengo realizando, quiero ahora
tomar de Moreno, parte de su análisis sobre los modos implementados en
las comunidades de barrio para manejar y resistir la lógica del sistema
de mercado, con la intensión de dejar sobre la mesa las implicaciones
que la emergencia de ese otro yo puede tener si se gestiona un espacio
donde pueda hacer visible su mundo simbólico y donde se haga efectiva
su participación en la vida social. Cito a Moreno, porque como antes
dije, su análisis coincide en buena medida con las reflexiones en las
que he participado en mi in-vivencia de bario, su lectura me remite
vibrante a la vivencia de comunidad y no a una distante disquisición teórica.
Recomiendo sin embargo para profundizar en estos planteamientos, su artículo
publicado en el libro “La colonialidad del saber: eurocentrismo y
ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas” publicado por la
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
(FACES/UCV) y el Instituto Internacional de la UNESCO para la
Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) del año
2000. Parafraseando
un poco a Moreno tenemos que este nos plantea: “No es comprensible el
venezolano popular –de barrio en este caso- como individuo. A
diferencia del yo-individuo como ser que genera acciones individuales,
que entran en contacto y de cuyos contactos se produce un sistema de
relaciones extrínseco; el yo-relacional genera acciones que ya en su
mismo origen son relacionales y se inscriben en un orden que ellas
mismas generan y de ellas mismas depende, intrínseco. Esto
ocurre aun en el intercambio de bienes, en su desenvolvimiento en la
economía, donde producen un sistema
de relaciones económicas que se puede calificar de propio, y además,
fuera de las reglas del mercado moderno y no sometido a ninguna regulación
externa, sujeto más bien a la lógica misma de su convivir. Pero como
todo sistema, posee a su
vez una serie de requerimientos, de normativas implícitas y de
funciones que dependen del sentido del mundo-de-vida popular. Veamos solo 3 de sus ejemplos, y ahora cito textualmente: 1- “En el barrio hay una circulación de dinero que nada tiene que ver con el sistema bancario pero que cumple con las finalidades que un sistema bancario de tipo popular podría cumplir. Todo un sistema de prestamos circula de persona a persona, de “pana a pana”, que mueve con gran rapidez una enorme cantidad de dinero difícil de calcular porque no hay parámetros para ello. Este sistema se sostiene sobre la relación personal, de tu a tu, sobre relaciones concretas y no abstractas cono las del mercado. Se basa en la confianza, una confianza también distinta. No es la confianza en el propietario que tiene cómo respaldar el crédito que se le confiere. No se le presta a alguien porque tiene, sino precisamente porque no tiene y necesita, de donde la confianza se pone directamente en la persona en cuanto reúne ciertas características: pertenece a la trama de relaciones ya establecida en la que quien presta y quien recibe el préstamo ya están incluidos, necesita el dinero, es fiable en cuanto que sabe que quiere pagar. A veces, incluso, la confianza es mediada, esto es, el receptor no está en la misma trama de quien presta pero está avalado, no económicamente sino siempre personalmente, por otro que sí pertenece a la trama. El resultado no es estrictamente económico en cuanto el deudor con frecuencia no puede cumplir con su compromiso. De hecho se presta ya con la disposición, que viene del mismo mundo-de-vida, al perdón de la deuda. El acreedor, de esta manera, pierde si se ve con los parámetros de la economía de mercado, pero en realidad no pierde, porque no ha invertido en dinero sino en relación y esto le abre las puertas para ser deudor en las mismas condiciones cuando lo necesite. De esta manera el dinero circula con gran rapidez y beneficia directamente a los que lo necesitan. Esto no produce acumulación individual sino acumulación comunitaria que está siempre distribuida”. A
esto habría que añadir que esta disposición al perdón de la deuda se
da a pesar de las discusiones y reclamos que el deudor y el acreedor
puedan sostener en algún momento motivado al incumplimiento por parte
del primero. Pero esta tensión que funciona como un ritual que busca
que el acreedor cancele su deuda, se da sobre el entendido, otorgado por
su mundo de vida, de que la no cancelación de la deuda forma parte de
las posibilidades de este tipo de transacción. Es decir, no representa
una ruptura real sino una posibilidad real en la relación.
2-
“Por deudas no conocemos violencia, por ejemplo en mi barrio. Es que
el dinero puede no recobrarse, pero la relación se fortalece. Sólo hay
violencia por deudas entre los que participan del mercado externo,
doblemente ilegal, como es el de la droga. Este se rige por parámetros
externos al mundo-de-vida popular”. También
habría que añadir aquí, las ocasiones en que se “presta” dinero
sin la intención real de cobrarlo. En estos casos la transacción
funciona como otro mecanismo de circulación y distribución del dinero,
de modo que se cumpla con el objetivo de solucionar las necesidades de
la otra persona. 3-
“Es una economía que no está hecha sobre la base de la ganancia y la
pérdida. La ganancia y la pérdida son momentos de esa economía y nada
más. De hecho, generalmente pierden todos y todos ganan. Alguien puede
meterse, por ejemplo, en un negocio que ya sabe que va a fracasar, si
están otras personas de por medio. El que lo emprende sabe que va a
perder, pero de él se van a beneficiar otros. En otro momento él mismo
estará en otro negocio igual, pero esta vez como beneficiario”. Tenemos
pues, entre nosotros, un tipo de ser humano que no se concibe como
individuo autónomo sino como relación convivial y que como emanación
produce acciones relacionales y formas de intercambio material y simbólico
que están fuera del mercado. Con esto no quiero decir que no interactúan,
que no viven y que no sufren el mercado; digo que entran y salen de el
–el mercado- en una
relación compleja, en una relación que los lleva a ponerse el uniforme
de trabajo y cumplir con las pautas que se le dictan, pero que luego
ponen de lado para recrear sus horizontes de sentidos en otro tipo de
intercambios materiales y simbólicos. PREGUNTA
Y REFLEXIÓN DE CIERRE-APERTURA ¿Será
posible generar un orden social y económico, unos modos de producción
material y simbólica, que tome en consideración
este yo-relacional o convivial? La
respuesta a esta interrogante requiere un espacio generoso del cual
ahora no dispongo, pero plantearse la cuestión deja abierta la
posibilidad de su discusión. Me limitaré por ahora a decir que, hablar
de nuevos modelos económicos, hablar de cambio social, hablar de
arte-vida, y hablar de cambio de paradigmas, descartando esta
posibilidad, solo nos conduce, en el mejor de los casos, a unos
discursos políticos y/o académicos bien intencionados, a unos gestos
de ilustrada conciencia poscolonial o crítica, y junto a ello, a la
prolongación de la exclusión, de la inequidad y de los discursos
naturalizados y desmovilizadores de la “razón” mercantilista. Es
necesario un nuevo saber o unos nuevos saberes tramados de otros modos
de comprensión y praxis, y unas políticas públicas capaces de
implementar cambios en función de unas relaciones entre los humanos y
sus sistemas sociales, económicos y simbólicos, realmente incluyentes
y solidarios. |
||