Aníbal Ortizpozo

Crítico, 2004

Prensa al kilo

PDVSA, 2004

Súmate Show

Militarismo

Somos la misma gente, 2004

Vamos al paro, 2004

Plaza Altamira, 2004

Gente de la cultura 2004

Gente de paz, 2004

Globomisión, 2004

Para el libro de Guinness, 2004

¡UA!  ¡UA! USA basta ya, 2004

No blanquear nuestras memorias, romper los silencios cómplices

Si el arte es el deseo de lo que no existe, el humor gráfico es el instrumento que nos permite satisfacer la necesidad de expresar nuestras opiniones políticas críticas, a través de la imagen.
Como exonerado político  de la dictadura chilena, a mi llegada a Venezuela, me uní a un grupo de jóvenes artistas, de aquellos sin galería ni portafolios y en la alquimia laboral para sobrevivir nos anotamos en la estrategia: “de mosquito pa’arriba todo es cacería” ilustrando por aquí, y por allá; desarrollando el dibujo como medio autónomo de expresión de ideas políticas. En condiciones leoninas, logramos publicar en algunos medios impresos que lo permitieron  y no por mucho tiempo. También he ejercido la docencia artística, para lo cual estaba mejor preparado, que para el humor gráfico. No obstante, en este oficio dibujatorio, cada día se  aprende de ésta nuestra realidad latinoamericana, realidad que a través del dibujo político, develamos para que  el poder económico globalizador y sus medios de comunicación no siga maquillando, ni ocultando por más tiempo. Además aprendemos a toda velocidad las nuevas tecnologías derivadas del ordenador e Internet para ser más eficaces.

Se de la censura y  la bien planificada falta de espacios de los empresarios dueños de los medios y cómo esta práctica comunicacional hizo que la mayor parte de esta producción artística de dibujantes con imaginación política, y sus aportes críticos positivos,  sea hoy desconocida, clandestina y  sus creadores en vías de extinción. Sumo a todo ello, la ignorancia y  burla del derecho de autor.

Los dibujantes sabemos de cómo la politiquería sucia, disipa la fragancia de los cambios revolucionarios y no se trata aquí por ello de renunciar a nuestros sueños de justicia social, soberanía y mejor calidad de vida, sino de resistir con la esperanza de profundizarlos, contraatacando desde la periferia al poder, o mejor dicho desde nuestros ordenadores y mesas de trabajo.

La propuesta es: no blanquear nuestras memorias, romper los silencios cómplices, no autocensurarnos en nombre de cualquier razón acomodaticia.

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