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Orlando Rodríguez B. |
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Presencia en el tiempo de Jorge Godoy |
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A veces resulta difícil presentar la trayectoria de algunos valores humanos cuando estos se manifiestan en planos polifacéticos. Es el caso de Jorge Godoy, creador, intérprete, crítico, articulista, promotor cultural, director, docente, de palabra estimulante para los jóvenes que se iniciaban en el vasto campo de las artes. Su vida (1931 – 1985), interrumpida prematuramente, significó el respaldo a las nuevas generaciones de la plástica como del teatro. Además, siendo mexicano de origen, su vida artística se desenvolvió mayoritariamente en la tierra venezolana, auspiciando la aparición y desarrollo de jóvenes pintores, grabadores y escultores por una parte, directores, actores y dramaturgos, por otra. Con su aspecto inconfundible de los hidalgos hispanos, cuya imagen parecía extraída de los cuadros de la escuela española del siglo XVIII. Si se le suma su gentileza y don de gentes, apenas nos aproximamos a su fascinante personalidad. A dieciséis años de su desaparición, el evocarlo en el quehacer cotidiano, lo vemos una vez más en la tarea infatigable de impulsar con pasión y convicción a los pintores que realizaban su primera exposición individual, o integraban una colectiva. La galería que había fundado y dirigía, “Viva México”, cobijó numerosos creadores. Y en la tarea formadora, cuantos jóvenes actores, salieron hacia la práctica, desde sus clases de actuación en las escuelas de teatro del interior o de Caracas, y de los montajes en que junto a figuras consagradas, compartían el reparto de obras europeas o latinoamericanas bajo su dirección.
Años de Formación – Labor Docente.A fines de la década del 50, en su México natal, realiza los estudios superiores en la Escuela de Arte del Instituto Nacional de Bellas Artes, de donde egresa como Actor en 1960. En esa misma institución realiza el Seminario de Escenografía y paralelamente los estudios de Principios Básicos de Actuación Teatral y el seminario de Dirección Escénica, ambos con el director y maestro japonés Seki Sano, discípulo a su vez de los discípulos del gran teórico y director ruso Constantin Stanislavsky. Concluida su etapa de formación en 1960, al año siguiente es nombrado Profesor de Teatro en el Instituto Politécnico Nacional de México. Posteriormente ejerce la docencia en el Centro Cultural de Coyoacán, México D.F. Pero Jorge Godoy ejercía la docencia simultáneamente en las aulas y en las paginas de la publicación “Pueblo”, para orientar a los lectores en el conocimiento del teatro y los múltiples elementos que lo integran. Al trasladarse a Venezuela, donde se radica, de inmediato se incorpora a la tarea formadora de nuevos intérpretes. Esta vez en la Escuela “Ramón Zapata” de la ciudad de Valencia, Estado Carabobo, donde, desde 1970 hasta el año de su muerte, 1985, tuvo a su cargo la asignatura de “Teoría y Técnica Teatral”. La creación del Consejo Nacional de la Cultura, 1975, significó un aporte importante para la formación de los trabajadores del teatro, como el de otras artes: así nació el Instituto para la Formación del Arte Dramático (IFAD), donde Jorge Godoy asumió la cátedra de Actuación. Al mismo tiempo se hizo cargo del Taller de Investigación Teatral Integral del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, CELCIT y la dirección del taller de la Asociación Cultural de los Trabajadores de Meneven, una de las filiales de entonces de Petróleos de Venezuela. Y como rúbrica de esta brillante labor, tuvo a su cargo el Taller Teórico – Práctico y la Historia de la Puesta en Escena II de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela. Su intensa y continuada tarea docente fueron abruptamente cortadas por su muerte intempestiva.
25 Años de Creación
Al hacer un balance somero de la tarea artística cumplida por Jorge Godoy, primero en México y luego en Venezuela, destaca la selecta lista de autores mexicanos, venezolanos, europeos y de diferentes épocas que en la historia de la humanidad ocupan los contenidos de los variados textos. Se entreveran las plumas de los mexicanos, Luisa Josefina Hernández y Maruxa Villalta con los venezolanos César Rengifo y Carlota Martínez. Los europeos Nicolás Gogol, Maquiavelo, Alejandro Casona, Albert Husson, Bertolt Brecht, Michel de Ghelderode, Denis Diderot, Eugenio Ionesco, León Felipe, con el norteamericano Arthur Miller. Diferentes corrientes y estilos fueron abordados por el director Jorge Godoy. Crítica y público acompañaron su trabajo. Pero además, la obtención de galardones tan importantes como el Premio Municipal de Teatro, otorgado por el Consejo Municipal de Caracas, y el Premio “Juana Sujo”, ambos ganados en 1980 por los montajes de “No es cordero... que es cordera” del poeta español León Felipe, paráfrasis de la obra “Noche de Reyes”, de Shakespeare; “El Vividor” de Denis Diderot y “El Escorial”, de Michel de Ghelderode.Otras tareasEste trabajador incansable de la cultura, agregó a su quehacer escénico, el paso fecundo por la televisión. Programas sobre música y músicos de América Latina, sobre la vida cotidiana, que ameritaron otros tantos reconocimientos a través de los premios que anualmente se otorgaban al trabajo creador ante las cámaras.
Debemos recordar que entre las características que definían la personalidad de Jorge Godoy, estaba la ecuanimidad que colocaba en su conducta diaria. Si se agrega su sólida formación cultural, su percepción y el ajustado equilibrio de sus juicios, siempre abierto a la comprensión de sus críticas y análisis, puede comprenderse el por qué fue llamado en numerosas oportunidades a integrar jurados y también, ser capaz de asumir las columnas críticas de importantes órganos periodísticos. Allí están los artículos publicados en las revistas “Sucesos” y “Por Qué?”, ambas de México. Sus juicios ponderados y positivos, contribuyendo al conocimiento y apreciación del publico hacia el artista analizado, como guía, tanto para el creador e intérprete, como para el espectador, receptor de la presentación.
Esa profundidad analítica y la justeza de sus apreciaciones, lo hicieron partícipe de innumerables jurados, tanto en concursos dramatúrgicos, como en torneos y festivales regionales y nacionales. Esta faceta de jurado de festivales perteneció a su desempeño en México entre los año 1961 – 1969. En el campo de la dramaturgia, radicado ya en Venezuela, integró el Jurado del Instituto Internacional de Teatro, I.T.I., UNESCO, sede Venezuela para el Concurso Internacional de Obras Teatrales del Tercer Mundo, para las obras procedentes de dichos países, en1981. Y al año siguiente, el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, CELCIT, lo invita a integrar su concurso de obras teatrales “Andrés Bello”, para América Latina y los países de la península ibérica.
A su vasta tarea de dirección y docencia teatral, debe agregarse su fecunda actividad en dos galerías de pintura que estuvieron a su cargo, ambas en Caracas. La ya mencionada “Viva México”, fundada por él y dirigida desde 1970 a 1985, y “La Trinchera”, que dirigió durante tres años.
Este infatigable quehacer en la escena, se complementó con sus definidas posiciones ante la sociedad y sus contradicciones. Jorge Godoy, se solidarizó con las justas causas que conmovieron a América Latina, especialmente la década del 70, poblada de dictaduras, de represión y persecuciones. Allí surgió otra de las valiosas facetas que integraban la cálida personalidad de este creador. Valga el testimonio de los que vivimos entonces la experiencia del exilio obligado por los hechos políticos que vivieron nuestros países del Cono Sur, como los de países de Centroamérica. En esas circunstancias conocimos y convivimos con este extraordinario ser humano, generoso, solidario, que nos brindó su apoyo y amistad para enfrentar una situación totalmente nueva para los que comenzábamos a enfrentar esta experiencia de alejamiento obligado del suelo natal. El afecto y generosidad amplia del pueblo venezolano y de extranjeros del valor de Jorge Godoy, hicieron posible la inserción en esta nueva realidad lejos de nuestro medio y de nuestra gente.
Esa conducta y esa actitud hacia los exiliados, formaba parte de su comportamiento con los compañeros de trabajo o con los alumnos, a los cuales entregó lo mejor de si mismo dejando innumerables discípulos en el interior del país, Carabobo por ejemplo, con extensa labor docente en los distintos centros de Caracas, donde impartió sus enseñanzas y consejos para los que se iniciaban en el camino de la escena o de los que en el correr del tiempo iban egresando, para enfrentar la ruda realidad diaria. Allí su condición de verdadero maestro, le instaba al consejo y la orientación para, de alguna manera, contribuir al inicio de la carrera profesional.
La fase oportuna, la solución sugerida, o la guía en el trabajo, estuvieron presentes de manera continua y permanente en la relación con las generaciones de relevo. Amistades sólidas y profundas definieron su condición humana.
En este breve y sintético recuento del trabajo escénico de Jorge Godoy en Venezuela, se ha querido dejar un boceto o casi un esquema, de las trayectorias más brillantes de aquellos extranjeros que han realizado una tarea trascendente, cristalizada en aportes ciertos al teatro y sus cultores nacionales. Aún se carece entre los estudios que hoy acucian a los estudiantes universitarios, de investigaciones que ahonden sobre el papel cumplido en el desarrollo artístico nacional, de aquellos valores, originarios de otras latitudes, cuyas acciones y talentos se volcaron en el medio que adoptaron como núcleo de su nueva vida. Uno de estos ejemplos es el artista mexicano Jorge Godoy, que amerita un estudio en profundidad, como ejemplo emblemático para los jóvenes.
En uno de sus artículos publicados en “Pueblo” de México, decía: “El teatro es un lugar de reunión para la solución en común de los problemas sociales. En la actualidad (1964) continúa siéndolo, alterado, deformado, con frecuencia sojuzgado o transformado debido a las cambiantes relaciones económicas; el teatro es la aspiración artística, cultural y espiritual de un pueblo, y con ello defiende ya una filosofía de aceptación general, o levanta una oposición, o conserva los mitos o normas morales y sociales de un régimen establecido, o propaga nuevos mitos para generaciones del futuro”. Han pasado casi cuarenta años y estos pensamientos mantienen su vigencia. Es el resultado de un hombre y un creador que, como Jorge Godoy, vivió intensamente el drama de su tiempo. |
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