Perán Erminy

Que Jorge Godoy no siga acompañando

Así como la música ranchera, las películas de Cantinflas y las de charros nos volvieron a todos un poco mexicanos, asimismo Jorge Godoy y su Galería Viva México nos acercaron aún más a la mexicanidad. Aunque no se trataba sólo de hacernos compartir lo mejor de México, sobre todo de sus artes y de su mundo, sino también de ofrecernos un atractivo y enriquecedor lugar de encuentro latinoamericano, un lugar de identificación y de solidaridad.

Uno se sentía allí, en la Viva México, como en su casa, en confianza, porque además de amistoso Jorge era un tipo absolutamente confiable. Al conocerlo ya uno sabía que podía confiarse en él, desde todo punto de vista. Nunca ocultó la firmeza total de sus convicciones revolucionarias y humanistas, ni su generosa pasión por las artes, ni sus sentimientos de solidaridad con los movimientos de liberación social y cultural.

La Galería Viva México abrió sus puertas en 1970, cuando aún ardían los restos de la década de la violencia. En ese momento seguían mal, aunque ya no rotas, las relaciones entre los intelectuales y el gobierno. No es necesario aclarar que nos referimos a los intelectuales y los artistas “de izquierda”, porque casi todos lo eran muy radicalmente en esos años.

La sala “Viva México”, que fue mucho más que una galería de arte, se inauguró el día 20 de noviembre, día de la Revolución Mexicana, con una exposición de grabados de la Revolución Mexicana. A la entrada, al lado de la calle, como vigilando la situación, aparecía la figura de Emiliano Zapata, en tamaño natural, o casi sobrenatural. Así, de una vez, se daba a entender por dónde venía la intención. Las exposiciones iniciales confirmaron la impresión y marcaron la pauta: José Guadalupe Posada, Pedro León Zapata, Jacobo Borges, el famoso Taller de Gráfica popular de México, las cerámicas insólitas de Tecla Tofano, Roberto González, etc.

Juan Calzadilla se ha referido a la profunda significación que tuvo la Galería Viva México para el arte venezolano. Exponer allí no era lo mismo que exponer en cualquier otra parte. En esos años todavía quedaba algo de la radicalidad de la diferencia que separaba al arte oficial del arte alternativo, cuya única representación pública la constituía la Galería Viva México.

Exponer allí suponía compartir la concepción de lo que se había calificado como “arte comprometido”, o arte de compromiso social, aunque tal compromiso se entendiera con la mayor amplitud posible, sin estrechez ni rigidez excluyente, porque Viva México no fue una galería parcializada ni sectaria, que pretendiera imponer las nuevas ni las viejas formas del llamado realismo social, sino al contrario, fue una sala pluralista, intelectual, amplia, abierta a todas las tendencias artísticas vigentes o emergentes. El único requisito ineludible era el de la alta calidad de todo lo que se exponía. Para eso el ojo de Godoy sabía ser severo y exigente. Pero no menospreciaba las obras inmaduras de los jóvenes talentosos, a quienes elogiaba sus búsquedas estimulándolos a madurarlas con rigor, antes de acceder a exponerlas.

A pesar de su pequeño espacio la galería Viva México no se limitaba a la mera exhibición de obras. Trató de ser un lugar de encuentro amistoso, un lugar de tertulia, a veces de debates, de presentación de libros, de recitales.

Cuando expandió sus actividades abriendo, no muy lejos, su nueva sal “La Trinchera”, más espaciosa, multiplicó sus exposiciones y programó conciertos, teatro, teatro, danza, performances, poesía, además de foros, talleres y conversaciones sobre artes.

Si Jorge Godoy fue brillante y generoso como galerista y promotor de artistas, no menos sobresaliente lo fue en su profesión principal de hombre de teatro, en la cual cumplió una óptima labor como director y como docente. Toda esa actividad múltiple a la que nos hemos referido la había desempeñado antes en México, en su famoso Centro Cultural Coyoacán, en donde también compartía esa diversidad de actividades, como en Caracas, con su esposa, la conocida actriz venezolana Aura Rivas.

No se sabe porqué después del fin de la Galería Viva México no se ha creado nada semejante en Venezuela. Si la experiencia de esa sala fue tan exitosa y sus resultados fueron tan fecundos, ¿por qué no se ha abierto en Caracas otra galería parecida que la sustituya?. Tal vez ahora haría más falta que nunca. Su ausencia es más grave. Pero lamentablemente en estos últimos lustros no ha surgido en nuestros medios culturales ningún animador de las artes como Jorge Godoy, capaz de emprender, sin ánimos de obtener provechos personales y sin propósitos lucrativos, la dificultosa tarea de renovación artística y de promoción de nuevos valores y de nuevos gérmenes de creación plástica que con merecido éxito cumplió su Viva México.

El arte venezolano no sería lo que ha llegado a ser hoy si no hubiese existido la “pequeña gran galería” (como la llamó Calzadilla) de Jorge Godoy, donde se exponían por primera vez las obras juveniles de artistas desconocidos que después se hicieron famosos. También tuvo el mérito de haber sido la primera galería que reivindicó y expuso regularmente las obras de varios géneros artísticos que habían permanecido injustamente marginados, como es el caso de la fotografía, de la caricatura y, en general, de las obras sobre papel, sobre todo del dibujo, porque el grabado ya se exponía en Caracas.

También se exponían en la Viva México pinturas, esculturas, acuarelas, cerámicas, diseños gráficos, ilustraciones, collages, ensamblajes, y toda clase de otras técnicas, mixtas o no, incluyendo las cibernéticas. Y no sólo se innovaba en lo que concierne a técnicas y géneros, sino también en las concepciones y en los contenidos expresivos y discursivos de las obras. Además, se exponían sin prejuicios las obras del arte popular y de las artes marginales.

Por otra parte Viva México fue la única galería que acogía a los artistas de la provincia y a los latinoamericanos que venían huyendo de las dictaduras militares de sus países, sobre todo del Cono-Sur. Como generalmente los artistas carecían de recursos para montar una exposición, Jorge Godoy enmarcaba las obras él mismo. Ese tipo de detalle solidario no era raro en su manera de ser.

Jorge Godoy fue y sigue siendo para uno una referencia válida y necesaria, y un modelo insuperable del intelectual revolucionario absoluto, comprometido a fondo con la hermosa utopía del mundo igualitario y justo del socialismo.

No podemos dejar que se nos pierda el recuerdo de Jorge Godoy, porque su amistad nos ennoblecía y porque su memoria nos alienta a seguir luchando por el sueño de un mundo mejor.

(volver)