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Carmen Hernández Directora de Artes Visuales - Fundación Celarg |
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Macjob Parabavis y contraportada |
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“La
escritura ha sido la primera área cultural modificada por la
industrialización, pero a la vez su inserción en tradiciones localizadas opone resistencias y restricciones a
la homogeneización e integración mundial” Como parte del estímulo a la producción artística reflexiva sobre América Latina, la Sala RG presenta las exposiciones individuales –Carolina Campos. La ciudad encontrada y Macjob Parabavis. Contraportada- que a pesar de ser diferentes, se complementan entre sí por sus orientaciones reflexivas en torno a las transformaciones que experimentan los imaginarios urbanos en las ciudades latinoamericanas contemporáneas. El trabajo de Macjob Parabavis se desenvuelve en diferentes prácticas: acciones corporales, instalaciones, ensamblajes, fotografía, video y diseño de vestuario porque para él, cualquier medio expresivo es una herramienta para activar una discursividad crítica e irreverente sobre los estatutos del arte y los imaginarios sociales, desde una posición política que desenmascara las formas hegemónicas del poder. |
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En esta ocasión presenta Contraportada, una instalación conformada por una superficie de libros alineados sobre el suelo que se suspende sobre una atmósfera lumínica asociada al universo ilusorio de lo digital. Contraportada alude directamente al revés del libro como objeto, donde se incorporan datos diversos que informan sobre su contenido, porque es una metáfora de la difusión del conocimiento y su alcance en el imaginario social contemporáneo tan marcado por las tecnologías de la comunicación. |
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Los cambios en las operaciones cognoscitivas pueden ser analizados desde la racionalidad instrumental, pero también, como se plantea Macjob Parabavis, pueden abordarse desde una perspectiva más cultural, transdisciplinaria, que toma en cuenta la construcción de la subjetividad. Si se coincide con Niklas Luhmann que los medios de comunicación de masas son: ”todas aquellas disposiciones de la sociedad que se sirven, para propagar la comunicación, de medios técnicos de reproducción masiva”[1], el libro formaría un eslabón inicial de una cadena compleja de exclusión de la comunicación entre presentes que la oralidad tradicional aseguraba, y que todavía se experimenta en situaciones que estimulan relaciones más directas entre los sujetos, como una conferencia, un concierto, una representación teatral o una exposición de arte. |
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El texto que Macjob Parabavis ha proyectado las paredes de la sala expositiva: “Perezoso hombrecito de cable y hueso”, critica la actitud pasiva de los sujetos contemporáneos que se conforman con el acto de ver frente a la pantalla del televisor o del computador. Pero más que demonizar la cultura telemática como herramienta de conocimiento, se observa la necesidad de llamar la atención sobre la escasa capacidad de reflexión que estimula la inmediatez de la comunicación contemporánea. Porque el libro como objeto estimula una relación más táctil y visual con la escritura e invita a recorrerla desde una relación corporal más integral, es posible relacionar Contraportada al síntoma alejandrino descrito por Régis Debray, que se caracteriza por la tendencia social a sustituir su relación vital con la realidad por la cultura del espectáculo: “cuando se renuncia a los valores y las cosas ya no atraen, se convierte la belleza en valor supremo, y se hacen Óperas colosales”[2], lo cual es visible a fines del politeísmo antiguo y en la época actual, denominada por este autor como videosfera. Parabavis cuestiona la vanidad de la vida pública contemporánea y su tendencia a la teatralización o al simulacro, que se hace muy visible en las estrategias de los medios de comunicación y su capacidad de construir la realidad como experiencia diferida, pues se han ido afectando las relaciones espacio-temporales. Los sujetos urbanos viven cada vez más aislados pues muchas veces trabajan en sus propios hogares, lo cual afecta su capacidad de socializar y de “situarse en el mundo”. | |||
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Frente a la realidad virtual que propicia el espacio cibernético, la cultura del libro representa un modo de difusión del conocimiento a recuperar pues propicia el desarrollo del discurso lineal. Según Giovanni Sartori, el libro estimula consecutio, la construcción consecutiva de los argumentos. Para este autor, consecutio es el principio del discurso ordenado que pone en orden las cosas una tras otra: “en la esfera práctica la consecutio postula que los medios precedan a los fines y que el instrumento vaya antes que el producto. Dicho esto, ¿qué tiene de exaltante perder la capacidad de consecutio? La respuesta es –ya lo sabemos- que una lógica circular «sin centro» es infinitamente liberatoria. Sí, seguramente lo es para nuestra libertad «interior» de neurosis y esquizofrenia. Pero seguramente no lo es para nuestra libertad «externa» de ciudadanos, que por añadidura es la libertad que funda nuestra convivencia político-social”[3]. Actualmente la cultura comunicacional afecta muchos órdenes de la vida cotidiana, desde la percepción del tiempo y del espacio hasta la capacidad de acceso al conocimiento, si se toma en cuenta el debate internacional sobre propiedad intelectual que condena la llamada “piratería” y las propuestas asociadas al copyleft [4] que propician una divulgación más democrática del conocimiento por sobre los intereses del mercado transnacional. Muchos movimientos sociales, considerados minorías por su alejamiento de las tramas de poder, han comprendido el poder instrumental que ofrecen las tecnologías de la comunicación en la conformación de comunidades interpretativas capaces de visibilizar su rol político. Desde el campo del arte Macjob Parabavis advierte entonces que la cultura comunicacional no puede ser disociada de la producción y difusión del conocimiento ya que también forma parte de la disyuntiva a que nos ha planteado Néstor García Canclini, la de elegir entre ser consumidores o ciudadanos conscientes de su lugar de enunciación. Notas [1] Esto incluye los medios impresos, imágenes fotográficas o electrónicas como el Internet, la radiofonía, pues su producción es masiva y está dirigido a un público desconocido con el cual no hay una comunicación directa. Cfr. Luhmann, Niklas (2000): La realidad de los medios de masas, Barcelona: Anthropos Editorial, p. 2.
[2]
Cfr. Debray, Régis (1994): Vida y muerte de la imagen. Historia de
la mirada en Occidente, Barcelona: Editorial Paidos, p. 219. [3] Sartori, Giovanni (1997): Homo videns. La sociedad teledirigida, México: Taurus, p. 196. [4] El Copyleft es una forma de propiedad colectiva o de dominio público que promueve la gestión de las ideas prescindiendo de las relaciones de mercado. |
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