Luisa Ulibarri Lorenzini

Co-curadora y Directora Asuntos Culturales

Ministerio de Relaciones Exteriores, Santiago de Chile, marzo de 2002

Espacio mínimo

La metrópoli contiene sus propias corrientes de energía urbana, las que se inscriben en el imaginario de artistas visuales analíticos y dotados, en aquel lugar donde la obra es obra y reflexión de sí misma. Desplazamientos y quietudes. almas en pena que recorren su geografía. surgen como voluntad de deseo, como metafísica de la arquitectura, hueco materno de la placenta y el líquido amniótico perdido. La metrópolis es la selva, el laberinto, y el habitar aparece como el recinto que contiene lo más intimo de la mirada sobre uno mismo. 

Pero la casa, Dónde está la casa?

Home, where is home? Se pregunta Antoni Muntadas en su instalación homónima (1990), donde interpela el sin sentido del habitar contempo­ráneo en una casa también reducida a su esqueleto. Ideal de sueños superpuestos entre el máximo bienestar y felicidad material alimentados por estereotipos y enigmas de la publicidad y los mass media.

Minimal N° 2, 2001
ARSO 1, Unfolding Perspectives, Kiasma Museum of Contemporary Art, Helsinki, Finlandia

Pablo Rivera, artista chileno presente en este 25a Bienal de Arte de São Paulo, explora en su obra la noción de habitar el concepto. -"Esos momentos y esas horas pasadas día tras día, desde la infancia hasta la muerte, en esas habitaciones, sitios cuadrados y simples que pueden ser emocionantes, constituyendo el teatro primordial donde actúa nues­tra sensibilidad desde que abrimos nuestros ojos a la vida", dice y dice bien. Le Corbusier, arquitecto francés.

Su serie de obras Minimal -una de las cuales ha sido elegida para representar a Chile en esta Bienal de Iconografías Metropolitanas- opera, a partir de ahí, en una zona intermedia de sentido y significación. Obra primigenia, concebida para el propósito de este certamen, pero también proceso, consecuencia, work in progress, viaje y continuación, esta pieza de considerables dimensiones comienza un periplo, y a la vez se inserta con prístina coherencia en la serie de trabajos concebi­dos por Pablo Rivera (Santiago, 1961) expuestos en Chile y, recientemente en Helsinki (ARSO1, Kiasma Museum of Contemporary Art, Finlandia 2001). Estos trabajos citan la obra de Sol Lewitt y, a través de él, el minimalismo. Pero también aluden a soluciones habitacionales del programa de vivienda social que hace años se concibe en Chile.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Block 27 Cerro Navia (viviendas populares)

Santiago, Chile

 

 

 

 

 

 

 

 

Arquitectura que modele, estandariza y serializa formas de vida, en virtud de algo así como el mínimo espacio posible de ser habitado, señala su autor.

"Cómo entender aquí la relación existente entre este espacio mínimo -pensado mínimamente- y el exceso de habitar, el hacinamiento resultante?", se pregunta Rivera, instalando en escena lo impensado del problema; colisionando una estética que privilegie la vivencia del espacio, contra la racionalidad programática y distante de una política habitacional en la cual las implicancias profundas del concepto habitat se encuentran soslayadas u omitidas.

Parodia de la modernidad, nostalgia de la escultura -expresión primigenia de Rivera- donde el cuerpo humano es sustituido por nociones arquitectónicas en medio de las cuales podría darse una vida humana. Representación virtual, casa posible, esquema de un teorema todavía por venir, dibujo o ilusión -como sugiere Sergio Rojas- la casa de Rivera se erige en una trayectoria y un cuerpo de obra que se incorpore en los intersticios de la urbe.

Purgatorio (pieza para parques públicos), 1999

Recuerdo un grifo de dimensión infinitesimal, casi invisible participando como pieza contestaría en un parque público tapizado de esculturas esencialmente académicas; una obra emplazada en el Cementerio General de Santiago; otra en la Feria Persa Bío-Bío, lugar emblemático de la urbe que busca su historia y su pasado.

Alfons Hug, comisario jefe de este 25a Bienal de São Paulo conoció la obra del artista chileno en su propio taller de Santiago, y se convenció in situ que la propuesta de Pablo Rivera se inserta plenamente en su intento de cuestionar el eurocentrismo presente en el arte contemporáneo, y precisar nuevas áreas geográficas, en las que las Iconografías Metropolitanas presentan tantas certezas, como preguntas y reflexiones sobra las condiciones de la visualidad en las urbes centrales y periféricas de este siglo que comenzó.

 

 

 

 

 
 
Purgatorio (pieza para parques públicos), 1999
(Acercamiento)

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