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Aníbal Ortizpozo |
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Carta abierta a los artistas, docentes y estudiantes de América Latina Artes Visuales: obras, hombres y la educación artística |
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"Si
bien el arte sobrevivirá por sí solo, desgraciadamente sus creadores, no" De
las incomodidades de ser humano y trabajador del arte y la cultura, la de mayor
impacto fue cuando tuve claridad y conciencia que mi actividad profesional
necesitaba, descontando la imaginación creadora y sensibilidad, de fuertes
recursos económicos, habilidad de un diplomático para relacionarse, venderse y
sobre todo, que se trataba de un trabajo donde
la mayor parte de la producción, desgraciadamente, está destinada a una
élite "culta" y adinerada, quien la compra y absorbe hasta hacerla
desaparecer. En efecto, en esta sociedad vieja e injusta, el pueblo en su mayoría
en situación de miseria crítica está imposibilitado, marginado del disfrute
de toda obra de arte, aunque éste sea un derecho humano. Es
en éste sector laboral artístico, llamado equívocamente "no
productivo" donde nuestra cotidianidad transcurre desde todos los tiempos
del arte, en relación de dependencia económica, tanto del poder político del
estado como del poder económico de las empresas privadas. Por
ello, resulta altamente necesario tener conciencia de las acrobacias que hace el
ser humano por el poder y las peripecias por sostenerse en él, cueste lo que
cueste. Cuanta más claridad haya al respecto, más conciencia y a más
conciencia menores son las posibilidades de que surjan artistas dóciles,
serviles y mendicantes del mecenazgo del poder económico. Como
parte del mismo problema, desde
todos los tiempos del arte, su valoración ha estado centrada exclusivamente en
el objeto artístico, limitando la mirada sobre las obras, sólo a ellas mismas, cosificándolas.
Hay una minoría de investigadores que se han sumado a la idea de ampliar y
sensibilizar la mirada más allá del objeto artístico congelado y sacralizado
en un museo o sala privada. Una suerte de ceguera colectiva impide ver las
huellas grabadas y lo impregnada que toda obra está del hecho cultural, social
y de su ecosistema de donde proviene y sobre todo del hombre creador que la ha
realizado. Como lo dice una antigua canción infantil "...una miguita de
pan, cuánto trabajo encierra, desde que siembran la tierra, hasta que llega a
tu hogar..." Los
eventos artísticos ya sean regionales, nacionales o internacionales, aceleran
una competencia insana, todos contra todos, desaparece la confrontación real y
se desarma la organización de la producción cultural y artística, propia de
cada sector paralizándola. Aparecen las figuras del enfrentamiento entre grupos
de poder, minorías que manejan el circuito por donde circulan el arte y la
cultura. También la postergación, rechazo y exclusión de artistas que no se
suman. En la programación de eventos artísticos, la discrecionalidad y falta
de humildad de los organizadores (burócratas y curadores) es proverbial,
generalmente las selecciones de artistas obedecen a criterios economicistas
acentuados por el amiguismo y el dogma de tendencias de moda en el mercado. Las
exposiciones colectivas con temáticas forzadas desconocen por falta de
investigación y actualización de la información a artistas de trayectoria o
ignoran las más recientes producciones que cada creador sostiene en su taller,
prefieren o recurren a la fabricación de uno que otro artista joven,
dócil en las manos de un crítico o curador. "El
arte es el uso de la igualdad" me
dijo Dámaso Ogaz, sin embargo falta mucho para ello, aún no se ha
aprendido a convivir con la diversidad ni fortalecer la existencia de múltiples
movimientos y lenguajes artísticos. Pasará mucho tiempo antes que los
responsables de la programación artística y cultural puedan asumir posiciones
justas frente a lo heterogéneo, lo diverso, lo plural. Muchos eventos se
realizan bajo la bandera de la "libertad creadora" pero sólo para
demostrar que en esta sociedad no existe tal libertad, pues el dogma de la
tendencia artística de moda, de fácil comercialización,
y la aspiración de pertenecer a una "vanguardia planetaria"
han encontrado un excelente caldo de cultivo en el marketing del poder económico.
Los eventos artísticos devienen en reuniones sociales donde se da cita sólo la
"gente linda" y "snob", y uno que otro artista extraviado.
La
experiencia vivida, los valores vividos y una sana inconformidad, nos permiten
afirmar que la situación de crisis
por la que atraviesa el arte y la cultura no tiene responsabilidad exclusiva en
las instituciones culturales y artísticas del estado. Hay una mayoría de
artistas que confunden globalización, internacionalización y libertad creadora
con la "asimilación formal" de lenguajes y "refritos de
moda" producidos en la vanguardia comercial internacional que tiene como
los primeros engranajes de la gran rueda macroeconómica a las ferias y subastas
internacionales de arte. En este sentido, en Latinoamérica se ha acentuado, en
estas tres o más décadas, la asimilación de "recetas"
artísticas de moda en el "jet set" artístico internacional. Sólo
unos pocos rebeldes se han escapado de esta alienación globalizada para la
creación artístico-plástica. Contribuye
a ésta situación, como es sabido, la manipulación de los jóvenes estudiantes
de arte (discípulos) por sus "maestros" artistas. Existe una suerte
de desprecio por la modalidad de escuelas de arte del país y
la ausencia de una educación artística seria, sensible y responsable para la niñez y adolescencia en el sistema
nacional de educación. Aunque sabemos
hasta la saciedad, que es en la educación artística
donde se puede desarrollar la imaginación y la inteligencia sensible,
capaz de revolucionar el interior de cada individuo haciéndolo proclive al
cambio. Preparado para transformar su entorno, haciendo uso de la libertad
creadora común a toda profesión y forma de vida. Las
confusiones permanentes y acentuadas desigualdades de que son objeto los
creadores, no sólo generan descreimiento en ellos sino también un terreno
abonado para el miedo, la hipocresía, los prejuicios, los intereses creados, la
falsa autocrítica, las ideas convencionales y esquemáticas, todos ellos
enemigos y "tiranos internos" que
todos los creadores tenemos que combatir para entregar a las generaciones de
relevo, jóvenes generaciones artísticas, caminos hacia la conquista de la
"libertad creadora" como uno de los recursos válidos que le queda a
la humanidad. Por
lo anteriormente expresado, siempre he creído y he practicado la hermosa idea
de que artistas consagrados abandonen su burbuja y alter ego y dediquen parte de
su tiempo en la formación de niños y jóvenes; lamentablemente, muy
pocos acceden a la propuesta. Recuerdo una frase del Che: "...las
probabilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores, cuanto
más se haya ensanchando el campo de la cultura y las posibilidades de expresión." Como
un acto de resistencia espiritual, siempre me estoy preguntando si todo este
estado de cosas en el panorama cultural, es modificable. A veces tengo la
sensación de que es imposible modificar las estructuras de las políticas
culturales, los sistemas de
valoración imperantes para la obra artística, los pensum para la formación de
artistas y la inclusión de las actividades artísticas en la educación
general. Pienso que es un problema de participación de los creadores serios en
la toma de decisiones. Aunque sé que la participación
es engañosa y requiere de un aprendizaje, hay personas
que piensan que están participando y están decidiendo, a veces
simplemente porque son invitados a un programa de radio o TV o por ser
entrevistados por la prensa (para algún rating). Estos acercamientos al poder
son excepcionales, se tiene la sensación de ser consultado, pero no se
modifica nada, todo sigue igual que antes. Las decisiones sobre políticas
culturales se toman en lugares no accesibles por estructuras organizacionales,
no por las personas o actores del proceso cultural y artístico del país. Si
estuviéramos de acuerdo que este siglo que finaliza ha sido el más productivo
en innovaciones políticas, tecnológicas, y artísticas,
de nada habría servido todo ello, porque "todo ello" se
absorbe e inutiliza en proyectos a corto plazo, consagrados a la especulación
económica de la cual el arte y la cultura participa por igual.
Finalmente, y como un signo grave de nuestros tiempos, no sólo en la actividad cultural y artística, sino en todos los sectores de la productividad, los actores han sido inmovilizados por lo que podríamos llamar un proceso de "jibarización" de la acción conflictiva y del debate democrático. |