Aníbal Ortizpozo

ortizpozo@gmail.com 

Carta abierta a los artistas, docentes y estudiantes de América Latina

Artes Visuales: obras, hombres y la educación artística

"Si bien el arte sobrevivirá  por sí solo, desgraciadamente sus creadores, no" 

De las incomodidades de ser humano y trabajador del arte y la cultura, la de mayor impacto fue cuando tuve claridad y conciencia que mi actividad profesional necesitaba, descontando la imaginación creadora y sensibilidad, de fuertes recursos económicos, habilidad de un diplomático para relacionarse, venderse y sobre todo, que se trataba de un trabajo donde  la mayor parte de la producción, desgraciadamente, está destinada a una élite "culta" y adinerada, quien la compra y absorbe hasta hacerla desaparecer. En efecto, en esta sociedad vieja e injusta, el pueblo en su mayoría en situación de miseria crítica está imposibilitado, marginado del disfrute de toda obra de arte, aunque éste sea un derecho humano. 

Es  en éste sector laboral artístico, llamado equívocamente "no productivo" donde nuestra cotidianidad transcurre desde todos los tiempos del arte, en relación de dependencia económica, tanto del poder político del estado como del poder económico de las empresas privadas.

Por ello, resulta altamente necesario tener conciencia de las acrobacias que hace el ser humano por el poder y las peripecias por sostenerse en él, cueste lo que cueste. Cuanta más claridad haya al respecto, más conciencia y a más conciencia menores son las posibilidades de que surjan artistas dóciles, serviles y mendicantes del mecenazgo del poder económico. 

Como parte del mismo problema,  desde todos los tiempos del arte, su valoración ha estado centrada exclusivamente en el objeto artístico,  limitando la  mirada sobre las obras, sólo a ellas mismas, cosificándolas. Hay una minoría de investigadores que se han sumado a la idea de ampliar y sensibilizar la mirada más allá del objeto artístico congelado y sacralizado en un museo o sala privada. Una suerte de ceguera colectiva impide ver las huellas grabadas y lo impregnada que toda obra está del hecho cultural, social y de su ecosistema de donde proviene y sobre todo del hombre creador que la ha realizado. Como lo dice una antigua canción infantil "...una miguita de pan, cuánto trabajo encierra, desde que siembran la tierra, hasta que llega a tu hogar..." 

Los eventos artísticos ya sean regionales, nacionales o internacionales, aceleran una competencia insana, todos contra todos, desaparece la confrontación real y se desarma la organización de la producción cultural y artística, propia de cada sector paralizándola. Aparecen las figuras del enfrentamiento entre grupos de poder, minorías que manejan el circuito por donde circulan el arte y la cultura. También la postergación, rechazo y exclusión de artistas que no se suman. En la programación de eventos artísticos, la discrecionalidad y falta de humildad de los organizadores (burócratas y curadores) es proverbial, generalmente las selecciones de artistas obedecen a criterios economicistas acentuados por el amiguismo y el dogma de tendencias de moda en el mercado. Las exposiciones colectivas con temáticas forzadas desconocen por falta de investigación y actualización de la información a artistas de trayectoria o ignoran las más recientes producciones que cada creador sostiene en su taller, prefieren o recurren a la fabricación de uno que otro artista joven,  dócil en las manos de un crítico o curador. 

"El arte es el uso de la igualdad"  me  dijo Dámaso Ogaz, sin embargo falta mucho para ello, aún no se ha aprendido a convivir con la diversidad ni fortalecer la existencia de múltiples movimientos y lenguajes artísticos. Pasará mucho tiempo antes que los responsables de la programación artística y cultural puedan asumir posiciones justas frente a lo heterogéneo, lo diverso, lo plural. Muchos eventos se realizan bajo la bandera de la "libertad creadora" pero sólo para demostrar que en esta sociedad no existe tal libertad, pues el dogma de la tendencia artística de moda, de fácil comercialización,  y la aspiración de pertenecer a una "vanguardia planetaria" han encontrado un excelente caldo de cultivo en el marketing del poder económico. Los eventos artísticos devienen en reuniones sociales donde se da cita sólo la "gente linda" y "snob", y uno que otro artista extraviado.  

La experiencia vivida, los valores vividos y una sana inconformidad, nos permiten afirmar  que la situación de crisis por la que atraviesa el arte y la cultura no tiene responsabilidad exclusiva en las instituciones culturales y artísticas del estado. Hay una mayoría de artistas que confunden globalización, internacionalización y libertad creadora con la "asimilación formal" de lenguajes y "refritos de moda" producidos en la vanguardia comercial internacional que tiene como los primeros engranajes de la gran rueda macroeconómica a las ferias y subastas internacionales de arte. En este sentido, en Latinoamérica se ha acentuado, en estas  tres o más décadas, la asimilación de "recetas" artísticas de moda en el "jet set" artístico internacional. Sólo unos pocos rebeldes se han escapado de esta alienación globalizada para la creación artístico-plástica. 

Contribuye a ésta situación, como es sabido, la manipulación de los jóvenes estudiantes de arte (discípulos) por sus "maestros" artistas. Existe una suerte de desprecio por la modalidad de escuelas de arte del país y  la ausencia de una educación artística seria, sensible y  responsable para la niñez y adolescencia en el sistema nacional de educación. Aunque  sabemos hasta la saciedad, que es en la educación artística  donde se puede desarrollar la imaginación y la inteligencia sensible, capaz de revolucionar el interior de cada individuo haciéndolo proclive al cambio. Preparado para transformar su entorno, haciendo uso de la libertad creadora común a toda profesión y forma de vida. 

Las confusiones permanentes y acentuadas desigualdades de que son objeto los creadores, no sólo generan descreimiento en ellos sino también un terreno abonado para el miedo, la hipocresía, los prejuicios, los intereses creados, la falsa autocrítica, las ideas convencionales y esquemáticas, todos ellos enemigos y "tiranos internos"  que todos los creadores tenemos que combatir para entregar a las generaciones de relevo, jóvenes generaciones artísticas, caminos hacia la conquista de la "libertad creadora" como uno de los recursos válidos que le queda a la humanidad. 

Por lo anteriormente expresado, siempre he creído y he practicado la hermosa idea de que artistas consagrados abandonen su burbuja y alter ego y dediquen parte de su tiempo en  la formación de niños y jóvenes; lamentablemente, muy pocos acceden a la propuesta. Recuerdo una frase del Che: "...las probabilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores, cuanto más se haya ensanchando el campo de la cultura y las posibilidades de expresión." 

Como un acto de resistencia espiritual, siempre me estoy preguntando si todo este estado de cosas en el panorama cultural, es modificable. A veces tengo la sensación de que es imposible modificar las estructuras de las políticas culturales,  los sistemas de valoración imperantes para la obra artística, los pensum para la formación de artistas y la inclusión de las actividades artísticas en la educación general. Pienso que es un problema de participación de los creadores serios en la toma de decisiones. Aunque sé que la participación  es engañosa y requiere de un aprendizaje, hay personas  que piensan que están participando y están decidiendo, a veces simplemente porque son invitados a un programa de radio o TV o por ser entrevistados por la prensa (para algún rating). Estos acercamientos al poder son excepcionales, se tiene la sensación de ser consultado, pero no se  modifica nada, todo sigue igual que antes. Las decisiones sobre políticas culturales se toman en lugares no accesibles por estructuras organizacionales, no por las personas o actores del proceso cultural y artístico del país. 

Si estuviéramos de acuerdo que este siglo que finaliza ha sido el más productivo en innovaciones políticas, tecnológicas, y artísticas,  de nada habría servido todo ello, porque "todo ello" se absorbe e inutiliza en proyectos a corto plazo, consagrados a la especulación económica de la cual el arte y la cultura participa por igual.      

Finalmente, y como un signo grave de nuestros tiempos, no sólo en la actividad cultural y artística, sino en todos los sectores de la productividad, los actores han sido inmovilizados por lo que podríamos llamar un proceso de "jibarización" de la acción conflictiva y del debate democrático. 

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