Blanca Rivero

Caracas: un museo. Espacios anónimos y memoria pública

Resumen:

En esta ponencia presentaremos la ciudad de Caracas, su proceso de evolución desde su fundación hasta nuestros días, la historia recreada a través de la arquitectura de esos espacios sin dueño pero de todos y las imágenes urbanas que se han hecho de la memoria de los caraqueños para construcción de su propia historia. Como la ciudad es capaz de contarse a través de las expresiones artísticas y culturales que en ella suceden.

De la ciudad de Caracas todos sabemos mucho. Esta ciudad tiene la particularidad de contarse en cada uno de nosotros de diferentes maneras, según el modo de vivirla que hagamos de ella. 

Cambia en muy poco tiempo y todos conservamos recuerdos que parecen lejanos, pero que si al caso vamos, no han pasado sino unos cuantos años desde que esos hechos ocurrieron. Cualquiera puede comprobar cómo la morfología de la ciudad ha sido modificada. Hemos visto levantarse edificios donde antes había montañas, también edificios que ya no están o que fueron sustituidos por otros nuevos, más densos y mucho más altos.  Espacios públicos que disfrutábamos de diferente manera a la que ahora los recorremos, si es que realmente lo hacemos. 

En realidad, esta ciudad muta y se narra para nosotros que la vivimos, disfrutamos y  también, por supuesto, la padecemos. Todos somos capaces de reconstruir la historia de Caracas  y contarla a nuestro modo, muchas historias que se entrelazan o contradicen, pero todas posiblemente ciertas. En esta ocasión les invito a que me acompañen en la reconstrucción de la memoria pública de esta ciudad. 

Memoria que desde sus inicios ha pasado de boca en boca, de vivencia en vivencia. La primera que ilustra precisamente esto es la de la fundación, dicen, porque no existe documento que lo avale que Caracas fue fundada por Diego de Lozada el 24 de junio de 1567 y nombrada Santiago de León de Caracas con la idea de honrar al patrono de España.  Hoy día es capital de la República, aunque no siempre fue así. La vulnerabilidad de Coro por su cercanía al mar, a los piratas y los constantes ataques  ocasiona que esta primera ciudad en tierra firme, pierda su condición de  capital cediendo a la entonces plácida y protegida Caracas, la Capitanía General de la provincia.  Todo el valle se encontraba cubierto de una especie vegetal conocida como pira, que los indígenas llamaban caraca, de allí, se dice, proviene el nombre de Caracas. O tal vez de la tribu Caraca que ocupaba el valle, en realidad no hay una certeza de esto. 

No deja de ser curioso que la fecha fundacional sea casi 70 años después de la de Cumaná, podríamos decir que Cumaná es abuela de Caracas, en términos de edad claro, pero es que al parecer los indios Caracas eran fuertes y se negaban a perder este valle fresco, de agradable clima, que posee esa luz particular muy brillante en las mañanas y cobriza al final de la tarde, donde siempre circula el viento limpiando el ambiente. Donde, por sobre toda la paleta de colores, predomina el verde de la vegetación, la recorren varios ríos y se impone el “majestuoso” el cerro El Ávila. 

Todos buscamos ver El Ávila. Es común encontrar en los clasificados dominicales “Se vende apartamento con espectacular vista al Ávila”, y es que no es solo una cuestión fetichista de contemplación con el cerro, es que al tener una vista frontal de éste garantizamos también una muy buena ventilación e iluminación, por lo que evitamos enfrentarnos a los implacables rayos que al este y oeste perturban el amanecer o calientan al atardecer los espacios. 

Al ser una ciudad fundada por los españoles, está caracterizada por un crecimiento original cuadriculado en torno a una plaza mayor, crecimiento que sigue las formaciones naturales del valle, escala en las laderas de los cerros y que al encontrarse con los ríos fue cediendo a la imponente topografía, tomando formas más irregulares y orgánicas.  

En realidad la cuadrícula de Caracas no es de manzanas exactas, la plaza mayor es de menor tamaño que las restantes y estas dimensiones condicionan  las cuadras adyacentes. El avance de la ciudad se produjo gracias a los procesos de conurbación, unión de polos en desarrollo, de los asentamientos y poblados cercanos. Caracas al ser capitanía general y no virreinato, careció en la época de la colonia de presupuesto para grandes edificaciones, como sí lo fueron los casos: Bogotá, Lima, Quito y Santiago, que cuentan con grandes catedrales y preciosos palacios que sirvieron como casas reales en el nuevo mundo. 

La imagen colonial de Caracas no cambió, sino hasta 1890 cuando las ideas progresistas de Antonio Guzmán Blanco dieron fruto y embellecieron la ciudad. Caracas se llenó de estatuarias conmemorativas que buscaban una exaltación de la nacionalidad  a través de representaciones que pretendían honrar a los héroes de la patria, al orgullo de la nacionalidad, a los constructores de una nación, a la mitología y a las leyendas y al país hecho de distintas razas y geografías, así como  afianzar los valores patrióticos.  En 1877, por decreto y dentro del programa de parque públicos se cambia el nombre de Plaza Mayor por el de Plaza Bolívar, se instala la primera estatua ecuestre del Libertador al centro, lo cual marca precedente y fija esta tipología como obligatoria en todas las ciudades del país. 

Caracas es a comienzos de la era industrial, una ciudad rezagada del progreso de las grandes urbes latinoamericanas, es por esto que el ilustre americano emprende la tarea de darle a esta ciudad un vuelco a la modernidad, planea la exposición de 1883 y contrata la construcción del Teatro Municipal (1881), El Capitolio (1877), El Palacio Federal Legislativo (1872) y la remodelación de la fachada del Palacio de las Academias (1875), a imagen y semejanza de las más significativas obras de arquitectura europeas,  creando la ilusión de Caracas como un diminuto Paris pero de un solo piso, convirtiéndola tal y como describe Arturo Almandoz, en una ciudad con salones pero sin palacios.   

Al construirse el Teatro Municipal se genera frente a éste, un espacio público de encuentro, en los terrenos que hoy ocupa la Plaza Caracas, una suerte de admiración romántica de la nueva y gran edificación cultural. Algo similar sucede con el Palacio Legislativo, el Palacio de las Academias y sus espacios adyacentes: que se convierten en el Paseo Guzmán Blanco (1878) con estatua ecuestre del Ilustre Americano incluida, es el primer boulevard, lugar de encuentro y espacio de contemplación, al que se acudía tanto a admirar los avances en la arquitectura que la civilización habría traído, como a ver y ser visto, constituyéndose entonces como el primer espacio vitrina de la floreciente sociedad caraqueña.  Dentro de este programa urbanizador se reformula también el recorrido del calvario creando el Paseo del Calvario (1875) serie de sucesivos jardines, caminatas, esculturas de varias personalidades y  espacios de contemplación de la naturaleza y de la ciudad, en el que se le construye por orden del “civilizador” una capilla de orden neogótico muy afrancesada y una estatua de su persona, que el buen humor venezolano tuvo a bien bautizar como “El Manganzón”. De esta manera se cambiaría definitivamente la imagen colonial de una Caracas hasta ahora de casas de bahareque y techos rojos, por una naciente modernidad. 

Esta misma sociedad que salía a verse perfectamente trajeada y que encontró en estos nuevos espacios públicos lugar de expresión del manual de urbanidad de Carreño, necesitó expandir y ubicar sus viviendas en lugares más tranquilos y alejados del centro. Atravesando el río por el Puente de Hierro, se levanta el asentamiento hoy conocido como Urbanización El Paraíso. En 1905 se convoca por parte del Ministerio de obras públicas a un concurso para la elaboración de la pieza que va a conmemorar el centenario de la Batalla de Carabobo de 1811, el ganador es Eloy Palacios quien elabora una escultura que consiste en una columna neogótica custodiada por cóndores, que soporta en su parte superior, la figura en bronce de la Patria: una india de torneada figura que lleva sus manos alzadas: la derecha con laureles y en la otra una antorcha símbolo de la libertad.  Esta estatua es colocada en la rotonda de entrada al hipódromo por lo que es de mirada obligada a los asistentes dominicales que llenan las tribunas en búsqueda de esparcimiento: los hombres con sus miradas acuciosas y las mujeres de sus brazos, evadiendo con sus sombrillas y bajo sombreros la pecaminosa imagen de La India del Paraíso.  De ese mismo período y del mismo autor es la estatua ecuestre que decora la Plaza Páez, inaugurada el 24 de julio de 1903 por el gobierno de Cipriano Castro "en nombre de la gratitud nacional" y corresponde a una conmemoración en bronce de El prócer José Antonio Páez.  

El Cementerio General del Sur representó el primer avance de la ciudad sobre territorios anteriormente agrícolas, fue inaugurado, clausurado y vuelto a inaugurar en un período menor a cinco años, en el se edificaron capillas, esculturas, mausoleos, criptas y panteones de alto valor estético. Estas obras han sufrido a lo largo de muchos años las agresiones del hampa común y los ladrones de tumbas, que han deteriorado de manera irreversible piezas importantes de nuestra arquitectura funeraria.  

Hasta este momento la vida social y cultural del caraqueño estuvo mediada por los espectáculos públicos en el hipódromo, las visitas al teatro, ópera o eventos en las edificaciones culturales, los té de salón y las obligaciones dominicales a las iglesias, que se esparcían a lo ancho del valle al igual que la ocupación de la ciudad. 

Con la llegada al poder de Juan Vicente Gómez, se dedicaron los fondos públicos a obras de infraestructura: vías, trenes, puentes y túneles a lo largo del territorio nacional, cambió la sede de la capital de la república y de varios de los ministerios a la ciudad de Maracay, esto mantuvo a Caracas en un estado de semiparalización en cuanto a construcción de nuevas edificaciones se refiere, sin embargo, se realizaron trabajos para la incorporación a la red eléctrica, se direccionaron las aguas servidas a los ríos cercanos (he aquí los orígenes de la contaminación del Guaire, El Valle y otros ríos o quebradas que atravesaban la ciudad) y se activó el tranvía como sistema de transporte público.  

Sin embargo, y bajo la dirección del ingeniero Alejandro Chantaing, se construyeron varias edificaciones importantes para la reunión o esparcimiento del caraqueño. En 1905 se inaugura el Teatro Nacional con intención de acentuar su origen y propósito nacionalista para que los artistas y exponentes criollos tuvieran su propio lugar de exhibición, y en 1919 se inaugura el Foro del Nuevo Circo, espacio para la fiesta taurina que llenó sus tribunas por muchos años. Y que afortunadamente hemos reconstruido. 

Antes de terminar el primer decenio del nuevo siglo arribaron los primeros automóviles a la ciudad, sin embargo el proceso fue lento. Solo la nueva burguesía poseía autos, siempre con choferes importados que permanecían hasta que se demostraran las destrezas al volante del nuevo propietario. Fue uno de estos primeros automóviles, conducido por un novato chofer, el que al tropezar hizo caer en la esquina de Amadores en La Pastora al Dr. José Gregorio Hernández y darle el golpe memorable que le quitara la vida. Sin embargo, ya en 1930 apareció el primer flechado y con él los incipientes símbolos de congestión.  Frente a la Plaza Bolívar los choferes de vehículos y los de carrozas se disputaban por los espacios de aparcamiento.  

Frente al Teatro Municipal y la Plaza San Pablo empieza en 1927 a construirse el Hotel Majestic que con sus 8 pisos le quita la primacía de la altura a la torre de la Catedral y se erige como la edificación más alta de la ciudad. Lugar de eventos sociales y residencia eventual de las personalidades que arribaban la ciudad. En una de sus visitas se asomó  Carlos Gardel a admirar, desde lo alto, la apacible Caracas 

La ciudad empieza  a expandirse en todas las direcciones, las haciendas se subdividen en urbanizaciones y el modo de vida en la ciudad cambia. En 1928 comienzan a aparecer nuevos desarrollos en las periferias como La Florida  a la que los lugareños no querían mudarse por su lejanía del centro. Una adecuada estrategia inmobiliaria por parte de sus promotores que consistió en rentar las viviendas a los extranjeros y sus familiares, la hicieron más llamativa. Las haciendas de las cercanías (Blandín, Mosquera entre otras) fueron parceladas por  los grandes urbanizadores quienes deciden el tamaño de las parcelas y las vías adyacentes, los terrenos son ahora más pequeños y ofrecen un nuevo modo de vida para la ciudad que empieza a vislumbrarse y a crecer aleatoriamente. Los terrenos se ocupan con casas de diversos de estilos: neogóticas, modernas, neocoloniales, de catálogo, estilo americano según el gusto y criterio de cada propietario, pero en su mayoría casas con  jardín, retiradas de la calle dando la nueva imagen de una ciudad verde. Vivir en estas nuevas urbanizaciones era como vivir en medio del campo pero cercano a la ciudad. Al mismo tiempo que esto sucede en las periferias del este, el inicio del  funcionamiento del Banco Obrero en 1928, contribuye a la construcción de casas para obreros de ingresos medios y bajos, en la zona de San Agustín del sur. La actividad de éste se vio paralizada por varios años hasta 1936. 

El espacio urbano por excelencia para las revueltas estudiantiles de la generación del 28, se presenta como la conexión con el este, especie de articulación en la que confluyen el límite de la ciudad tradicional y la expansión suburbana. Parque Carabobo es en 1934 enaltecido con esculturas de Francisco Narváez consolidándolo como un nuevo espacio de esparcimiento y reunión de la ciudad. 

En 1933 la ciudad siente la necesidad de modernizarse y lo hace a través de un decreto en el que se propone la intervención del casco central y su redensificación. Esta intervención permite la refracción de las cuadras adyacentes a la Plaza Bolívar, para la construcción de la Gobernación de Caracas y  se contrata a un grupo francés para que presente propuestas en cuanto a la solución del casco central,  en 1936 dan con un proyecto que plantea el ensanche de la calle generando un eje principal, una serie de edificaciones gubernamentales y espacios públicos a sendos lados que rematan con una pirámide en la que se resguardarán los restos del Libertador, este Plan es rechazado y del cual sólo se respeta el trazado vial, la implantación y ensanche de la Av. Bolívar, demoliendo varias edificaciones de carácter patrimonial entre ellas el Hotel Majestic.  

El Parque Los Caobos en 1934 es el extremo de la ciudad y se convierte en el camino de enlace entre la ciudad histórica y la expansión del este. Todos deben pasar por lo frondoso de su calle principal para ir a las periferias.  Este portal vegetal de la ciudad en transformación, se ve reforzado a partir de 1936 por la construcción de dos edificaciones culturales: el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias, ambos de carácter neoclásico con características espaciales diferentes pero que conforman una unidad visual y generan a su alrededor un vacío entre llenos que luego será la Plaza de los museos. Cualquiera que alguna vez haya ido a un espectáculo sabe que ahora esta es la zona cultural por excelencia de la ciudad, donde además de estos museos se encuentran el Ateneo de Caracas, el Museo de Bellas Artes, La casa del Artista, el Museo de Arte contemporáneo, el Museo de los Niños, el Teatro Teresa Carreño y es también el centro multireligioso de la ciudad ya que hay Mezquita, sinagogas, una capilla católica y el centro Maronita. La construcción de estas obras y la consolidación de la zona cultural son de principios de los ochenta y alguna que otra de los lejanos noventa. 

En ese momento es decir, 1936 empieza a modelarse la ciudad moderna, tal como hoy la conocemos, en los propios umbrales del movimiento moderno a  nivel mundial. La ciudad en crecimiento representa la oportunidad, el laboratorio y el escenario idóneo político, económico y social está dado. Económicamente hablamos de un país con altos niveles de ingresos por la explotación petrolera, en lo político vivíamos un proceso de cambios y de  restructuraciones y la sociedad se encontraba ávida de progreso. 

La reurbanización del Silencio se logró a partir de 1944. Con esta intervención se demolieron edificaciones de carácter informal, con grandes problemas sanitarios, sociales y económicos, para dar cabida a un desarrollo novedoso de carácter moderno que combinaba el  uso residencial con el de comercio, en edificaciones armónicas y diseñadas acorde al clima tropical, amplias galerías que vitrificaban y sanearon el espacio público.  

A principios de 1940 ya la expansión de la ciudad era un hecho, se presentó una nueva oportunidad de vivir en la tranquilidad del campo pero cerca de la ciudad esta fue la Urbanización Altamira promovida por Luis Roche en los terrenos de la Hacienda El Paraíso,  se construyó en 1945 una plaza pública para que sirviera de atractivo a la nueva urbanización. La Plaza Altamira posteriormente cambió su nombre a Plaza Francia luego de un convenio entre las ciudades de Caracas y París para tener una Plaza Francia en Caracas y una Plaza Venezuela en París. Nos regalaron el Obelisco que para la fecha llegó a ser el elemento más alto de la ciudad. Este espacio público es ahora uno de los lugares de reunión y encuentro del caraqueño, ya que en su subsuelo existe un amplio estacionamiento 24 horas y una de las estaciones más concurridas del Metro de Caracas.

El Centro Simón Bolívar en 1949, viene a rematar en el sentido oeste la avenida Bolívar reforzando y colocando en su eje sendas edificaciones,  construidas en el período de Cipriano Domínguez. Dos torres de gran escala se alzan sobre pilotes dejando la ciudad pasar bajo ellos en planta baja libre, al mejor ejemplo moderno, se generaban espacios abiertos de gran monumentalidad y funcionalidad, creando un nuevo escenario cívico, la Plaza Caracas. Un ejemplo emblemático de arquitectura moderna para la ciudad, en el que se respeta y enaltece a sus vecinos inmediatos, se da respuesta a las diversas problemáticas del espacio urbano,  y corresponde según texto de William Niño a los "cinco puntos" de Le Corbusier, la planta libre, los pilotes, los corredores profundos y verticales, sus estacionamientos y teatrales escalinatas, sus detalles en bronce, las rampas, los brise-soléis, las terrazas-jardín, el desplazamiento vertical, su plaza aérea, la espléndida terraza pública, sus bandejas mirador, el sentido albertiano de la arquitectura, la especialidad potencialmente interminable del cubismo, la situación ambigua y compuesta, las calles memorables y las secuencias de puntos estabilizadores, dan cuerpo a un discurso manifiesto de arquitectura a partir del cual aprendimos entrañablemente la lectura y la seductora belleza de la contemporaneidad”. 

A razón de la inminente expansión,  se contrata a la misma empresa francesa que  años atrás hizo el Plan Rotival y ejecuta el Plan Vial de 1951. El mismo comprende el ensanche de varias de las más importantes y transitadas avenidas: Fuerzas Armadas,  Sucre,  San Martín,   Urdaneta y la Francisco de Miranda. Se construyen también las autopista del este y  la Caracas La Guaira. Con estas nuevas arterias viales la ciudad pasa a ser más activa en su crecimiento lo cual no quiere decir que sea más efectiva, simplemente fue más fácil llegar cada vez más lejos. 

Dentro de este proceso de expansión surgieron edificaciones emblemáticas de cada uno de los polos de desarrollo que la vialidad fue abriendo tales como: El Hotel Tamanaco (1953) de Gustavo Guinand en la Urbanización Las Mercedes promovida por Gustavo San Román; la Fuente Monumental de Plaza Venezuela (1952),  de Luís Maragall , considerada el centro geográfico de la ciudad por muchos años y que serviría de nodo urbano o articulación del Plan vial entre Los Caobos y la Gran Avenida de Sabana Grande; La urbanización de las Colinas del Sur por parte de Inocente Palacios a partir de 1953, dieron otra perspectiva de crecimiento a la ciudad, atravesando el río, atreviéndose a terracear montañas y a zigzaguear en calles para llegar a pequeñas cumbres de excelente vista sobre el valle, en esta nueva urbanización se implantaron edificaciones como El Club Táchira (1953) de Fruto Vivas y la  Concha Acústica (1954) de Julio Volante símbolo de la creciente actividad cultural. 

También es de esta época de grandes intervenciones El Helicoide (1955) de  Jorge Romero, Dirk Bornhorst y Peter Neuberger, diseñado como centro comercial que serviría de modelo futurista de desarrollo, al incorporar en su interior el tránsito vehicular como esencia de la edificación. Ya todos sabemos la suerte que la caída de la dictadura y la discontinuidad reinante en nuestros gobiernos le dio a este ambicioso proyecto moderno. 

En uno de los extremos de desarrollo de la ciudad se erige en 1957 El Hipódromo La Rinconada de  A. Frohelich, una edificación que no deja de, como dice Federico Vegas en su libro “La ciudad sin lengua aguarme la boca”, observarla vacía es realmente impresionante y es una de las mayores cosas debo agradecerle a mis curiosos amigos de la universidad. La envergadura de sus cubiertas y lo magnánimo de las tribunas hacen para los amantes del diseño, mayor espectáculo que las corridas de caballos.  Igual a veces me pregunto como sería la reacción que tuvieron los apostadores y hasta los caballos del Hipódromo del Paraíso de principios de siglo al llegar a este nuevo aposento.  Aunque a una sociedad acostumbrada a la vivencia de grandes inauguraciones, este fabuloso lugar sería solo el cobijo de otro evento social. 

Con la intención de dar servicios turísticos a la creciente ciudad, se levanta como símbolo sobre el admirado Ávila, el Hotel Humbodlt (1956) diseñado por Tomas José Sanabria, alberga estupendos y novedosos espacios, tanto su construcción como su puesta en funcionamiento son muestras de un invencible empeño. Acompañado de sendos teleféricos a cada lado de la montaña establece un puente entre el mar y la ciudad. Sabemos que estuvo  mucho tiempo cerrado, fue recuperado y ahora a pesar de que no funciona como hotel, alberga ocasionalmente en sus amplios espacios de lobby: fiestas y reuniones gremiales como la que tengo fortuna de asistir cada año en conmemoración al día del arquitecto.  

Esta ciudad que se ganó a los sabores de la vida moderna, es la que espera pacientemente la transformación a partir de 1946 y hasta 1956 de la Hacienda Ibarra en la Universidad Central de Venezuela, la misma se ganará por mérito propio ser el exponente de la integración de las artes, y es ejemplo vívido del mayor desarrollo del movimiento moderno en Latinoamérica. De la cual se han escrito muchas páginas, y dado innumerables conferencias. 

Es también importante por su intención social la Urbanización 2 de Diciembre inaugurada en 1957, que luego de la caída de la dictadura pasó a llamarse 23 de Enero. Una reurbanización cuyo norte era que la sustitución de ranchos por apartamentos, cambiara el modo de pensar y de vida de sus habitantes, un conjunto de grandes bloques de edificios de vivienda se implantaron sobre la topografía. Lastimosamente sus áreas de esparcimiento y adyacencias volvieron nuevamente a cubrirse de viviendas informales, convirtiendo este proyecto en uno de los desaciertos de la modernidad. Ya sabemos las consecuencias sociales que estas equivocaciones nos traen. 

El Paseo los Próceres construido como parte al sistema de La Nacionalidad en 1957, le dío a Luis Malausena la oportunidad de mostrarse como arquitecto, urbanista y diseñador. Es un gran eje conector entre la Universidad Central de Venezuela y la Academia Militar como instituciones universitarias de gran importancia. Fue creada con la intención de dar monumentalidad y presencia urbana en la ciudad a la Institución Militar de Venezuela. Cualquiera de nosotros ha podido comprobar que es un conjunto de casi 2 Km de largo que posee postes, banquetas, fuentes, jardines, esculturas, monolitos repartidas axialmente en el recorrido. Este es uno de esos espacios públicos que gracias a algunos consecuentes no hemos abandonado del todo, a pesar que ya no pasan caravanas en carnaval, sigue siendo un lugar de entrenamiento de deportistas, un paseo dominical y un espacio de grandes concentraciones . Tal vez con un poco más de cariño vuelva a recuperar su esplendor y monumentalidad originaria. 

La bonanza petrolera de esos años cincuenta no sólo dio al gobierno la posibilidad de realizar construcciones, las grandes empresas o las que fueron creciendo,  empezaron a colmar a la ciudad de edificaciones institucionales y sedes de las corporaciones. Una época de desarrollo inmobiliario inédito en el país. Esto sumado al arribo a tierra de patria de arquitectos formados en el exterior. Entre 1951 y 1959 se construyeron muchas edificaciones de alto valor arquitectónico y variadas tendencias, siempre buscando ejemplificar lo actual, desde una postura Clásica-moderna, entre ellas podemos nombrar: La sede de la petrolera Móbil (1955), el Centro Comercial Cada de las Mercedes 1956 ambas de Don Hacht, el Edificio Easo (1951) de Gustavo Guinand, el Edificio Cars (1950), hoy Toyota de Dupuy. La Sede de la Electricidad de Caracas (1953) de Diego Carbonel y Tomas Sanabria. El edificio El Municipal (1951) de Martín Vegas y José Miguel Galia marca las bases de la arquitectura de estos años, lo conforman una torre de oficinas sobre volúmenes bajos de comercio. La Torre Polar (1954) en la que se presenta la idea de la edificación autosuficiente y se combinan oficinas, terrazas, miradores, comercio, áreas privadas, cine y estacionamiento. El Banco Metropolitano (1955) y  la edificación de Angloven  ambas de Vegas y Galia y que hacen alarde de la obsesión moderna. El segundo con su particular volumetría parece casi una escenografía, fue un reto constructivo por la levedad que requería el techo, aún me divierte imaginar que se puede caminar cual hombre araña sobre la curvatura de su fachada.   

Existen muchas más obras que me limitaré a enumerar algunas más a fin de no excedernos con la nuestra inevitable de la tradición de la arquitectura moderna como lo son: El Banco Unión (1953), el edificio Gran Avenida (1954), El Centro Profesional del Este (1959) y  El Edificio Tabaré, y la espectacular Villa Planchart del arquitecto italiano Gio Ponti, obra maestra de la arquitectura moderna. 

La época de la Postguerra trajo a Venezuela y a Caracas particularmente  una importante cantidad de inmigrantes y con esto mano de obra que empezó a construir edificios de vivienda multifamiliar en las urbanizaciones emergentes; de Bello Monte, San Bernardino, Chacaíto, la Avenida Presidente Medina conocida como Avenida Victoria, La Candelaria, La Carlota, todas ellas edificaciones de un estilo inédito en el predomina el uso del mármol, granito, pórticos, cornisas y hierro forjado. Así mismo, esta ciudad que se fue llenando de inmigrantes también se fue llenando de excelentes, tarantines y fuentes de soda que luego de algunos años se convirtieran en restaurantes que han hecho que las comidas española, italiana y portuguesa tengan sus espacios consolidados en la distribución de la amplia gastronomía que la ciudad ofrece. Acaso alguno de nosotros no ha disfrutado de una exquisita Paella Valenciana, un espeso Caldo gallego, una Fabada o una pasta casera con salsa Nápoles de la nonna. Esto me hace recordar del edificio de la Casa Italia que se manifiesta con su  forma única, de mucha belleza en el paisaje de La Candelaria, con la gran escalinata de acceso, y esmerados cerramientos de herrería. 

Entre los años 1950 y 1957 aparecieron las salas de cine, convirtiendo, “la ida al cine”, una de las aficiones de moda del caraqueño. Estábamos viendo casi al estreno mundial (será que algún día esto podrá ser cierto) las películas del floreciente arte cinematográfico. Las personas se trajeaban con sus mejores pintas y conseguían en las salas sus lugares de preferencia para tomar asiento. Estas salas fueron la Junín, Imperial, Broadway, Castellana, Metropolitano, Palace, las Palmas, el Conde, Radio City, París y el Teatro del este. Todas repartidas de manera bastante uniforme en la ciudad. Algunas de ellas aún existen pero ya no son salas de cines públicos, las que ahora recuerdo que permanecen: la de la Campiña y el Mini Teatro del este se han convertido en centros de ayuda religiosa. Y es que con la llegada de las multisalas y la amplia oferta de cartelera el rito de la ida al cine se ha convertido en un hecho meramente comercial. 

Al aumentar la población de la ciudad y con ella la construcción de edificaciones, los planificadores encontraron que en Caracas teníamos un índice deficitario de áreas verdes, que lastimosamente mantenemos, por lo que por decreto en 1958 se propuso el Plan General de Parques para el Área Metropolitana que incluyó el Parque del Este y la refracción o consolidación de otros parques como los que ahora contamos: el Parque del Oeste Jóvito Villalba, el Parque zoológico el Pinar, el Zoológico de Caricuao, el Parque los Chorros, la remodelación del Parque Los Caobos, el Parque el Calvario, El de las Cuevas del Indio y algunas Plazas como la Plaza Bicentenaria.  De cualquier manera, estas áreas verdes no son suficientes para nuestras necesidades de esparcimiento definitivamente: Queremos más parques. 

En 1958 se empieza la construcción del Parque del Este pero no es hasta 1964 cuando se concluye.  Es un diseño integral realizado por el paisajista brasilero Roberto Burle Marx y su oficina Burle Marx y Arquitectos Asociados C.A. con la colaboración del arquitecto venezolano Fernando Tábora y corresponde a una de las obras maestras de la arquitectura paisajista. Es el primero en su tipo ya que está diseñado específicamente para el trópico, para mostrar su fauna y flora. Está compuesto por tres zonas una de patios y jardines amurallados que albergan al jardín Xerofítico,  otra zona más boscosa con caminerías y lagunas para mostrar también las espacies acuáticas, y el área despejada de grama que rodea al lago. Entre su infraestructura de servicios están: fuentes de soda, el serpentario y el Planetario Humboldt que cuenta con el único Proyector Planetario Zeiss en funcionamiento del mundo. Así mismo posee un circuito de caminerías y recorridos, convirtiéndose en sitio de preferencia de los atletas, incluso los de alto rendimiento, quienes han planteado diversas rutas especializadas en beneficio del entrenamiento que requieren para cada competencia y a las que han bautizado de acuerdo a su creador. El parque del Este es el lugar de esparcimiento natural de preferencia del caraqueño, basta con pasar un domingo para encontrarlo colmado de niños, jóvenes, adultos y  adultos mayores que hacen uso y disfrute de sus instalaciones, se llega a encontrar tan lleno que todos esperamos con ansias la incorporación y ejecución del Parque Verde en La Carlota, para que también las bandadas de guacamayas y periquitos, que a todos nos alegran con su vuelo bajo el tráfico de la autopista, tengan otro lugar donde peregrinar. 

El 29 de julio de 1967 Caracas vivió el sacudón del suelo que marcaría profundamente la memoria del caraqueño y que lastimosamente tuvo tanto pérdidas humanas como materiales. Las edificaciones que se vieron mayormente afectadas fueron las residenciales de entre 10 y 14 piso ubicadas en Altamira y Los Palos Grandes. Esto nos dio un miedo a las alturas que demasiado pronto superaríamos. El legado de esta catástrofe fue que se crearon normas más exigentes para las edificaciones y esto mermó durante algunos años, la actividad de la construcción. Otra de las cosas que aún late en la memoria del caraqueño es el temor ante las oleadas de calor premonitorias, solo deseamos que nunca más suceda. 

Ante el amenazador crecimiento de la ciudad las comisiones de Planificación Urbana  crearon varios planes que jamás fueron sancionados y otros pocos que sí. Uno de los que, afortunadamente, tuvo acogida y continuidad fue el del Metro de Caracas que empezó a proyectarse en 1968 desde la Oficina Ministerial de Transporte. 

La ciudad de Caracas ha crecido mucho, por lo que es necesaria la construcción de obras de carácter público y la declaración de una zona protectora que pretende evitar la invasión de nuevas áreas verdes. Se construyen autopistas, viaductos y distribuidores que conectarán de modo más efectivo las diversas zonas de expansión de la ciudad. Aparece la autopista La Araña- Caricuao; la Avenida Boyacá, por todos conocida como Cota Mil; el segundo piso de la autopista del Este; la avenida Libertador, que es la única que entierra canales de velocidad dentro de la ciudad y que se implantó sin miramientos en la zona norte entre Maripérez y Chacao. A su paso se demolieron edificios, casas y se inhabilitaron calles que se convirtieron en zonas ciegas; la avenida inter comunal de El Valle; la autopista Prados del Este-Baruta- La Trinidad; y los distribuidores Baralt, el Pulpo, la Araña y el Ciempiés. A pesar que en está época sí se construían obras viales las mismas eran insuficientes para el crecimiento del parque automotor. Ahora padecemos de manera invivible la ausencia de nuevas vías, o de otro sistema efectivo de transporte masivo. Se hace de vital importancia la toma de consciencia de parte de las autoridades de crear nuevos medios de transporte. 

 El crecimiento se da en todas  las direcciones  llenando los cinco vertientes del valle; En el sur-oeste aparece la urbanización de Caricuao, para completar los nombres indígenas bajo los cuales son llamados nuestras urbanizaciones (Chacao, Caurimare); la inter comunal de El Valle vio como en su recorrido se levantaban barriadas y urbanizaciones de grupos de medios y bajos ingresos.  

La migración interna del campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida, pobló las periferias con viviendas improvisadas que se fueron constituyendo en zonas marginadas de servicios, de seguridad y de infraestructura. La república concretera de Venezuela y las campañas electorales, que regalaban insumos de construcción, consolidaron estos asentamientos informales elevando la categoría de improvisación a consolidación de zonas populares o barrios,  representando el principal problema y reto de todos los gobiernos posteriores: Cómo solucionar el problema del cinturón de marginalidad que se presenta y llena nuestras montañas de las periferias. 

El problema de la vivienda continúa siendo tema de interés público, y en la búsqueda de posibles soluciones el Banco Obrero promovió urbanizaciones para la clase media en Prados del Este y el Cafetal y desarrollos para menores ingresos en Caricuao, La Trinidad, El Valle y Coche. El sector privado a través de los préstamos hipotecarios hicieron lo propio en la construcción de soluciones habitacionales multifamiliares, dando como resultado edificios de gran valor arquitectónico como El Farallón y El Centinella, y conjuntos de viviendas en El Marquéz , las Residencias Sans Souci en Chacaito grupo de edificios que rodean una reserva forestal y de fauna de carácter privado y El Parque Anauco.  

La reurbanización de El Conde  fue llevada a cabo por el Centro Simón Bolívar, su resultado fue la construcción de un conjunto residencial de alta densidad y elevadas pretensiones. Es un proyecto que demoró catorce años en construirse (entre 1970 y 1984) y que representaba un nuevo modo de vivir. Incluía 6 bloques de vivienda, 2 grandes torres oficinas, servicios, centro comercial, guarderías, tiendas, restaurantes, museos en un sólo lugar. El Conjunto residencial de Parque Central fue la solución planteada  a una necesidad, pero que realmente no llegó, a mi juicio, a resolver enteramente un problema, lo que sí debemos agradecerles es el desarrollo de nuevas tecnologías constructivas, ya que fueron hasta el 2003 las torres de concreto armado más altas de Latinoamérica. Lastimosamente todos recordamos que en 2004, una de las torres principales, la torre Este, sufrió un devastador incendio que acabó con más de un tercio de la edificación. Las reparaciones comenzaron inmediatamente pero aún no han sido concluidas, seguimos observando las grúas en el lento proceso de reconstrucción. 

La inauguración del Metro de Caracas en su tramo Propatria - Chacaíto en 1983, fue uno de los eventos más deseados por la creciente sociedad caraqueña, “la gran solución para Caracas”, que nos comunicaba subterráneamente en el sentido este-oeste. Nos sorprendimos al percibir tanta tecnología; las escaleras mecánicas y los trenes ultra modernos; estaciones imponentes que incorporaron obras de arte en los espacios públicos nos sorprendieron. Con la incursión del Metro nació también un efecto civilizatorio que nos duró más o menos 10 años, pero que ahora hemos perdido,  podemos recordar el cambio de actitud y conducta de los usuarios al entrar al sistema de transporte, los cuales ante el temor de ser observados y reprendidos públicamente por los parlantes, respetaban las señales, la línea amarilla y lo mas importante unos a otros. Ojalá pronto volvamos a ser, en toda Caracas, esos ciudadanos Metro que tanta falta le hacemos a nuestra ciudad y a los demás. 

Otro de los beneficios que el Metro trajo consigo, fue la transformación de la calle Real de Sabana Grande en el Boulevard de Sabana Grande, un lugar creado para el esparcimiento de los peatones, un boulevard lleno de tiendas y cafés. Lugar de reunión de poetas, artistas y bohemios. Nuevo espacio para las caravanas y reinas de carnaval, para los locales nocturnos y la fiesta. El lema en “Sabana Grande siempre es de día” aludía a que podríamos permanecer hasta altas horas de la noche o primeras de la madrugada disfrutando de esa zona de la ciudad. Sabana Grande se me baila al ritmo de salsa brava, a atrevimiento y desenfado, a alegría y jolgorio. Ahora es un espacio recuperado para la ciudad, ya que durante algo así como siete años fue territorio tomado por la economía informal, el primer día que volví a caminar el boulevard libre de buhoneros entendí: que el flujo peatonal allí es muy alto, que hay personas caminando a diferentes velocidades según sus compromisos, y que los buhoneros suelen ubicarse en los lugares donde más personas transitan a cuenta de “lo que no se exhibe no se vende” buscando encantar las miradas de los transeúntes. Puedo decir que todos coincidimos en que el primer paso para acabar con la economía informal, lejos de ser trasladarlos a mercados donde su encantamiento al transeúnte es mas difícil, es simplemente no comprarles. 

Si bien el Metro de Caracas ha construido y continúa haciendo nuevas líneas, parece que estas van a menos velocidad que las necesidades de transporte urbano. A penas se inauguraron la línea 4 y la conexión del tren a Charallave ya están igualmente colapsadas.  

Como portal y referencia de la Gran Avenida y luego del boulevard de Sabana Grande estuvo desde 1974 la Torre la Previsora, de forma piramidal y con el primer estacionamiento mecánico de la ciudad, posee en su parte superior el  famoso reloj Patek Phillip que es el temporizador y que lleva segundo a segundo, la hora exacta. Creo que todos al pasar cerca de este edificio y tener oportunidad de observarlo, constatamos que nuestros relojes tengan la hora correcta en relación a la que se ve a lo alto de la torre y que es  coincidente con la que escuchamos al oír el tomo en el 113. 

Para generar complemento recreacional a la se construyeron, también en la época de los setenta, instalaciones deportivas como el Club Italo, en Los Campitos y el Poliedro de Caracas (1974) para grandes eventos y conciertos, en las adyacencias del Hipódromo de la Rinconada, con un aforo de 20.000 personas de pie y con una estructura de domo geodésico diseñado por Jimmy Alcolk es el espacio para espectáculos de preferencia. La experiencia de ir a un concierto allí no deja de ser emocionante, que lo digan los que acaban de asistir a NIN.  

Para los juegos Panamericanos de 1983 se actualizó la infraestructura deportiva con el Brígido Iriarte, el Parque Naciones Unidad en los terrenos del hipódromo del Paraíso y se hicieron mejoras en el estacionamiento de los Estadios de la Ciudad Universitaria. En el  ámbito deportivo la ciudad cuenta con alguna  infraestructura que,  a pesar de no ser la más amplia, colabora con los espacios destinados a la recreación como es el Parque Miranda. 

Una de las zonas que podemos nombrar que está muy diferenciada y ya consolidada es el distrito médico en la Urbanización San Bernardino. Sin embargo con los cambios en la normativa sanitaria mundial se recomendaba la construcción de centros de atención primaria y especializada a lo largo de toda la ciudad, por lo que se levantan la Policlínica Las Mercedes, la Maternidad Leopoldo Aguerrevere, el Centro Médico Docente La Trinidad, la Clínica Caurimare, La Clínica Santa Sofía y los Hospitales Perez Carreño y General del este Domingo Luciani. 

Durante el final de los setenta y principio de los ochenta se construyeron muchas edificaciones destinada a oficinas, se consolidó la avenida Urdaneta como el centro financiero ya que las sedes de los principales bancos se erigieron en está zona de la ciudad, también la zona de Plaza Venezuela y Chuao  se consolidaron como distritos empresariales. Los edificios que avalan esta apreciación son los siguientes: El Banco Central de Venezuela, La Fundación La Salle La Colina, El Centro Nacional de Comunicaciones CANTV, El Banco Nacional de Descuento, La Torre Phelps, la Torre Capriles, El Banco Caracas, Seguros Orinoco,  El Universal, La Torre Lincon, el Ministerio de Educación, La Torre Europa, El Instituto Nacional de Canalizaciones, el edificio de la IBM, La Torre América, La Torre ABA, El Cubo Negro, el Multicentro Empresarial del Este, La Electricidad de Caracas, Parque Cristal y el Banco Unión entre otros. 

En los noventa llegaron los centros comerciales, estos empezaron a sustituir los espacios de recreación. Grandes moles cerradas, que viven dentro de sí mismas, contentivas de variadas actividades: comerciales, gastronómicas, recreacionales y sobre todo seguras desplazaron a los parques y las plazas dentro de la preferencia del espacio de esparcimiento. La comodidad de estacionamiento, la seguridad y el hecho de que todos los miembros, de distintas edades, de una familia pudieran divertirse en un mismo lugar, colaboraron en que el vitrineo y el paseo por el centro comercial sea, desde ese momento, la actividad de fin de semana de los caraqueños. 

Hoy día existe una explosión inmobiliaria de carácter colosal, esta vez no de edificios empresariales, o institucionales, mucho menos de espacios recreacionales o de esparcimiento, es una densificación de la construcción de viviendas. Aprovechando la oportunidad de créditos, los grandes inversionistas han usado la escusa del déficit de viviendas para colmar de edificios lo que antes eran zonas verdes y montañas. En lo que conocemos como el Solar del Hatillo, por solo nombrar una de estas nuevas urbanizaciones, están construyéndose en la actualidad no menos de 15 conjuntos residenciales, si bien es cierto que todos necesitamos viviendas es fácil imaginar lo que será el tráfico de las arterias viales que a estas zonas llegan, ya que se dan permisos para la construcción de edificios pero ni se llega a pensar en la construcción de nuevas vías o transporte público. 

La ciudad se vuelve a sentir un valle plácido cuando ocurre el éxodo vacacional, es fácil comprobar como cambia la densidad de vehículos con el inicio a clases. O mejor aún lo divina que es Caracas en la Semana Mayor cuando en cuestión de 15 minutos es posible recorrer toda la autopista desde el Valle a la Urbina. Parece que a la ciudad le sobran, para su óptimo funcionamiento, tres millones de personas, cuando en realidad es que nos faltan servicios para al menos diez millones más de los que actualmente la habitamos. Es que con el lema de “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra” todos, a pesar de esas cosas que nos molestan de la ciudad, queremos vivir aquí.  Tal vez como herencia de los indios Caracas, nos negamos a perder el valle. Los sentimientos que Caracas despierta son, como dijo Rafael Arraiz Lucca, “un amor desmedido y un odio injustificable”. 

Me pregunto porqué en un momento dejamos de construir espacios para la ciudad y el disfrute ciudadano, parece que en el afán de crecimiento y expansión dejamos a un lado lo público. Renunciamos a nuestros derechos urbanos, abandonamos la calle y dejamos todo dentro del ámbito de lo mío, de lo reservado, de la propiedad privada. Pasamos de ser una sociedad amable con los otros, desprendida y generosa a ser seres egoístas a los que sólo le importa el bienestar particular, en el momento que volvamos a pensar en el otro, el todos nosotros volverá a ser prioridad,  la palabra ciudadanía y el respeto ciudadano dejará de sernos una extrañeza.

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