Douglas García R.

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Museu Urbanitas. Ciudad privada, Arte público

La ciudad es un coloso mestizo donde se reproducen los sin límites conceptuales de la cultura contemporánea: una cara de la ciudad se hace grande a la modernización socio–arquitectónica mientra la otra cara le da paso al margen, la tradición y a la discontinuidad, en ambos casos, se negocian roles, identidades y relaciones de poder, producto de la acción, la interacción y la competición entre los diferentes agentes que la habitan. Allí se encuentran espacios públicos indiferentes a todos… Espacios que rompen el entramado domestico y afectivo de sus habitantes y que será nuestra topografía urbana, esa que es señalada en mapa para turista ansioso por ver cosas, por lo que a menudo nos encontramos atrincherados en una forma de indiferencia para con esos espacios producidos por la expansión de una ciudad que surge como si no existiera ningún tipo de apego entre ella y nosotros, por no ser nuestra y porque las ciudades estas están dirigida como si fuera una entidad empresarial impulsada más por los beneficios que se obtengan de ellas que en proporcionar condiciones adecuadas para sus ciudadanos.  

Las estructuras de nuestras ciudades en gran medida rompen con nuestro status de ciudadanos, sólo para colocarnos como simple numeral de habitantes, es decir, somos parte de un gentío que observan con perplejidad como el casco antiguo y los barrios periféricos, carentes de infraestructuras urbana utilitarias o de interés, están sitiados por la utopia modernista, que no es otra cosa que la puesta al día de un anacronismo incapaz de sustituir los orígenes, lo legitimo y en definitiva nos lleva a una modernidad que da sitio a los no lugares.  

Debo decir que bastante raro que los ciudadanos participen en las decisiones políticas que establecen cambios en el mobiliario urbano, por lo que es probable que esta patente de corso sirva para acabar con un barrio catalogado como bien de interés cultural porque la ciudad requiere una autopista, una avenida o necesita un Centro Comercial. Por lo cual, una de las patologías más comunes de nuestras aceras es la contradicción, esa que nos hace seres ajenos e indolentes ante nuestra propia ciudad, seres que alimentan el anhelo por ser parte de otra ciudad más avanzada y en otro idioma, mientras los ciudadanos de esas ciudades aspiran a ciudades más humanas. También camina sobre esas aceras la desigualdad, pero esta obedece más bien al hecho socio - económico… por que bien sabemos que mientras más desarrollado económicamente se encuentre un municipio y más bienestar social este posea, más obras públicas o Arte Público será ejecutado en el mismo… quizás, porque los impuestos nos acredita a recibir este tipo de regalitos corporativo. 

Tradicionalmente, el espacio público ha sido el ámbito de la expresión cultural, política y social. Y si bien las políticas contemporáneas buscan desactivar las posibilidades de articular y gerenciar discursos sociales y comunitarios de estos espacios para implementar los suyo, es bien cierto, que la calle sigue y seguirá siendo el terreno privilegiado para el debate público y la participación colectiva, sobretodo, para la clase media que tantas reivindicaciones a encontrado en ellas. De igual forma, la reactivación del espacio público se opone a la coacción política contemporánea, sustentada en una elaborada tecnología de la privacidad, que induce el abandono de las áreas urbanas hacia sitios supuestamente más seguros e indudablemente más vigilados, desactivando las posibilidades de construcción y manifestación personal y social de los ciudadanos… “Y nos preguntamos; es el monumento o el Arte Público un síntoma o un símbolo de calidad de vida”,.. No lo sé, sólo puedo decir que allí también se encuentra el proceso de creación e intervención del Arte Público que representa un devenir más que una evolución de esos espacios que surgen en las ciudades como una aspiración, o quizás, como una angustia. Creo que para llegar a ese dulce estado de bienestar o la calidad de vida, a través de la implantación de una obra…  esta primero debería ser sometida al filtro de la identidad...

Pero para comenzar estas divagaciones, primero debemos definir cual es la relación entre el Arte Público y la ciudad. 

Vivimos en ciudades privadas, donde conviven reacciones diferentes a un mismo problema, lo que hace de esta un perfecto mosaico de encuentros y desencuentros y es en ese mismo momento que la ciudad se hace continente, los espacios públicos pequeñas republicas y el ciudadano el contenido.  

Tenemos que tener en cuenta que acto creador de los artistas públicos pasa a ser algo como una participación comunitaria de una nueva infraestructura social que va ser identificada por una ciudadanía. Es entonces que la afirmación; el arte se expresa en términos de manipulación, subjetivismo y simulación (Kuspit) recala y obtiene su sentido,.. ¿Pero cómo generamos ese dialogo social?.  

Ubicados en esta percepción vemos a la ciudad dividida en distintas sociedades que crean y recrean sus propios ídolos perfectamente indiferentes a la formación de otros estratos, es por lo que siempre el Arte Público considera la ciudad como un espectro multilateral, es decir, una ciudad mixta en tentaciones futuristas, regresivas pero no siempre originarias. 

En nuestro culto a lo nuevo (a lo novedoso), se crean espacios públicos que pretenden ser de todos, pero que en poco o nada nos identifican, porque por lo general estos son puestas en escenas divorciadas de nuestras ecología personal y nuestro espacios habitual, a esto incluso podemos incluir a los museos, porque cuando se entienda que los museos no son paliativo ante la falta de alternativas educacionales y que tampoco nos desarrollan culturalmente ni económicamente, y hasta que esto no se entienda, estas nobles edificaciones no dejarán de estar en crisis. Comparativamente, a menudo nos tropezamos con proyectos urbanísticos que han negado nuestra participación por ser copia de otro modelo que pretende hacernos creer que funciona en todos lados; por lo que el sentimiento de pertenencia desaparece en todos los contextos ciudadanos, es allí donde el también encontramos al Arte Público buscando su protagonismo como una nueva vanguardia y no como un servicio público en contra del desarraigo. El Arte Público es un acto socializador visto desde las artes, incluso visto desde la arquitectura, pero los monumentos no cumplen con este acto socializador a pesar que estos forman parte de nuestra vida urbana. Por lo que sin temor a equivocarme podría decir que el Arte Público es la intención germinal de un dialogo entre el ecosistema urbano y el creativo, buscando si acaso, salvar ese sentimiento de pertenencia que tiende a desaparecer en todo nuestros contextos ciudadano. Es entonces cuando nos hacemos una nueva pregunta; ¿habrá una posible reconciliación entre el ciudadano y esos espacios?... en todo caso seguimos perdiendo territorio en las ciudades modernamente deformadas por la inmediatez de un pensamiento que habla del futuro. Incluso, podemos escuchar desde la arquitectura que el Arte Público es un legado en un espacio y un tiempo, pero también lo entendemos como aquello que nos es impuesto en un espacio y un tiempo, si no, sólo basta con remontarnos al barroco que fue la receta que impero en nuestros años coloniales.  

Las ciudades tienen muchos despropósitos, ejemplos de ello, se radicado en las humildes barriadas, que por su baja renta han sido tomadas por artistas y esta bohemia han sido secundadas por galerías emergentes, por tiendas de colección, consecuentemente los tradicionales bares del barrio pasan a ser cafés de exquisita decoración, las fieles bodeguitas pasan a ser ultramarinos, los solidarios tarantines pasan a ser pequeños y especializados restaurante gourmet y pronto surgen élitescos club de copas… ¡y es cuando decimos que el barrio vuelve a la vida!, es cuando la intervención artística en contraposición de la intervención conservacionista degenera en una cuestionable especulación inmobiliaria, que es cuando los bienes inmuebles se revalorizan a favor de las propiedades y los propietarios, a la vez que el nivel de vida con impuestos incluidos se dispara apuntando directamente a las cabezas de los habitantes originarios e incluso a los mismo artistas que hicieron rico culturalmente a ese barrio,.. Y esto a pasado por ejemplo en Greenwich village, Chuecas, Borne y en Tirana. Y esto demuestra que el arte definitivamente para bien o para mal es un agente social que influye en los espacios públicos. 

Bien sabemos que el futurismo es la primera formula estética moderna que unió a las masas urbanas (Marinetti, París 1909), pero más allá de su tentativa, por su monumentalidad el futurismo fue traducido como signo de poder. Lamentablemente, aun, hoy en día se sigue construyendo coliseos romanos para demostrar poder y grandeza (los centros comerciales son el monumentalismo a favor del poder económico).  

Debemos estar atentos al hecho de que nuestra mirada se ha privatizado, al igual que la ciudad, como un acto reflejo a la perdida de un terreno tanto común como semejante, por ende el arte también se ha privatizado en los espacios públicos: de la sencilla contemplación placentera este pasó a la compleja justificación de la grandilocuencia edificada carente de nuestra aprobación y de sensibilidad. En definitiva, debemos preguntarnos cuál es la responsabilidad del artista ante los proyectos o políticas urbanísticas que se impone en las ciudades… en tanto el artista sea un ciudadano. 

Las vanguardias marcan en la historia del arte un punto de inflexión, a partir del cual resulta imposible imaginar una transformación en los códigos de producción del sentido que no vaya acompañada de una transformación en las estructuras de producción de bienes materiales. Por lo que no sirve de nada liberar el arte del museo si en la calle reina el mismo estupor que en las iglesias, pero a su vez, de que le sirve a una artista aspirar a formar parte de la colección de un museo que tiene como objetivo la producción del sujeto universal, colectivo, la producción misma de lo público, y de la propia "condición humana", si ahora mismo los museos sólo gestiona patrimonio y no cultura al estar estos vacío de la concurrencia del público expectante. Lo que hace de esto algo mucho más complejo de lo que pensamos... Sin que esto sea un ataque a los museo, debo decir que este fracasa también como dispositivo garante de un acceso público y no restringido al patrimonio del valor estético porque se convierte en un simple aparato efectivo para instrumentación del interés comunicativo de la política–cultural o las políticas de cultural y se hace participe de la experimentación culturalmente dirigida.  

Cierto es; “Que la calle y los espacios urbanos imponen un nuevo sistema de relaciones que la galería y los museos hacen imposible, no sólo cambia el marco locativo sino, también, el comportamiento de los espectadores y la índole de las obras. La relación que propone la calle impone una revisión de los esquemas y planteamientos estéticos y sociales", como lo afirmaría Clemente Padín en “Arte en las calles”. 

Theodor Adorno diría que “el arte de las vanguardias debe servir para indicarnos que el mundo no es perfecto”. De aquí podemos partir que el Arte Público es uno de los nuevos conceptos ficticio que acoge las artes en este nuevo siglo que nos enseñará a entender los espacios, y el artistas público un ente urbano que se apresura a darle nombre a los espacios que perdieron su identidad.  

Hoy hablamos del Arte Público como una obra de tránsito fuera de las paredes de un museo ausente de discurso social y edificado en la retórica del control absoluto de todo aquello que la historia del arte ha filtrado, creando un espacio diferente para confrontar ideas y aspiraciones. El Arte Público, en tanto arte, es siempre la presunción de una interpretación o la interpretación de una hipótesis de márgenes apreciativos y perceptivos que se pluralizan en los espacios urbanos, un arte que se presenta como un ámbito indeterminado en su focalización e multideterminado en sus causas. El Arte Público es el arte que ocurre en el espacio público de manera independiente y sin control estandarizado, cuyos resultados físicos se abandonan a su suerte para que formen parte del entorno o quizás, esto sólo se trate de una idea cercana a la deriva situacionista, pero debemos tener claro el hecho que todo arte es público, porque todo arte busca una interacción y un intercambio. Pero cuando hablamos de espacio público y arte sin control, hablamos sobre todo de Graffiti, Postgraffiti, intervención urbana y activismo creativo. Sin embargo actuar en la calle sin permiso es por definición ilegal e invasivo, de modo que nos movemos en un terreno delicado donde volvemos a lo gerencialmente privado de nuestras ciudades.  

El graffiti es un ejemplo de ello, por lo cual de los grafittis podemos repetir algo que escribió Juan Antonio Ramírez; este dice…“Que los grafittis son los mensajes no institucionales', emitidos de espaldas al poder económico, político o cultural. Frente a la riqueza y sofisticación de que pueden hacer gala escritores y artistas oficiales, el grafitero sólo puede oponer una urgencia no profesional, su anhelo incontenible de comunicación. En este sentido revelan bien la cara oculta del sistema apareciendo entre nosotros como una contrafigura del establishment”. Por lo que queda entendido que el graffiti es reivindicación civil, pero es que el graffiti en esto momentos reproduce motivos de inspiración capitalista como la replicación, se ha hecho de carácter serial, busca la competencia por el espacio visible y la búsqueda de la preeminencia del estilo propio. Entonces más allá o teniendo en cuenta Harring podríamos decir que el graffiti continúa siendo un innegable arrebato salvaje de inspiración profana que en definitiva puede arruinar las fachadas de algunas instituciones, una arremetida de la ansiedad de un emisor anónimo,.. Por lo que no nos resulta extraño ver esos trazos multicolores al lado de una marca de una multinacional que revela la intención de acceder a un reconocimiento de autoría quizá traducible al espíritu mercantil. Y nos preguntamos una vez más, dónde esta la rebeldía si los graffitis de Banksy ahora son anunciado en la guía turística de la ciudad de Londres, y más aun son una especie de preciados monumento que hasta hay pujas en Christie´s por ellos, sin decir, que las publicidades contratan a grafiteros para anunciar sus productos a través de este medio. Desde este punto de vista, podríamos creer que la experiencia artística independiente es otras formas de domesticación del arte urbano, como festivales y eventos que a veces se convierten en una simple muestra de muralismo. Y que esta libertad de hacer, es ahora un experimento de vandalismo esponsorizado cuya ética  da muchos lugares a las dudas. 

A su vez las nuevas tecnologías ha creado una generación de dispositivos independientes de distribución del conocimiento artístico desde espacio alternativos, también se han involucrado notablemente a esto de lo público, lo social, lo urbano y la web independiente.  Nuevos dispositivos entre lo que se encuentran el video arte, el arte sonoro y por supuesto el Net art que desde la plataforma del Internet experimenta y se proyecta con lo más globalizado de lo público.  

El Arte Público es un proyecto de las Bellas Artes, que conjuga expresión, comunicación e información, artistas y colectivos de trabajo que intiman e interpelan al transeúnte con imágenes enigmáticas, textos provocadores o propuestas participativas, transformando el entorno urbano en un nuevo ámbito para la reflexión estética, política o social. Es algo definitivamente moderno en su concepción debido que el concepto de arte en los espacios público se maneja desde hace 50 años atrás, pero a la vez es contemporáneo en su proyección porque este involucra a todas las tendencias artísticas que se han desarrollado desde aquel entonces hasta ahora. Pero la prácticas del arte en términos de participación y cómo todo ello se ha construido en el espacio público es un debate que fue planteado a finales de los 80 en Nueva York por el Group Material, sin embargo, no podemos perder de vista la intenciones de la “Antropofagia” brasilera unas décadas antes al desarrollar y llevar a la calle diversas vanguardias plásticas, literarias y musicales con claros motivos políticos, sociales pero ante todo cultural.  

Arte Público es un proyecto que condena al monumento pero que podría estar condenado a ser un monumento a la no intención por la apatía ideológica que muchos le otorgan, cuya verdadera paradoja estaría determinada por el hecho de ser algo concreto, existir realmente o ser un espacios construidos a medida por muchos artistas público. Es por ello que el objeto fundamental de Arte Público es desmitificar el concepto de creatividad y busca como principal intención convertir al artista público en un activista y en nuevo ciudadano,.. Y este tiene un compromiso con la realidad y debe dirigirse a las necesidades habituales de los ciudadanos y no conformarse con satisfacer los caprichos estéticos de una ciudad privada.  

Si queremos que el arte forme parte de una ciudad que esta dividida social y políticamente, esta debe tener sentido dentro de los parámetros endógenos, a la vez que legitime la libertad del individuo como ciudadano y que participe de su discurso un segmentos amplios de la sociedad, es necesario que todos los implicado en las artes, promueva y/o promocionen su compromiso localmente desde un ámbito más global que es el activismo cultural desde su moral ciudadana que es la que tiene que darle sentido a lo no resuelto entre lo público y lo privado…  

Deseo finalizar citando Suzanne Lacy, según la artista, la experiencia pública se ha manipulado al servicio de la publicidad y la política, por ejemplo, donde los productos y lo políticos se vinculan al deseo y a los valores. La experiencia privada ha perdido su autenticidad en el ámbito público y quizás el arte, al menos simbólicamente, puede devolverla. En su opinión, la empatía es un servicio que los artistas todavía pueden ofrecer al mundo. 

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