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Luisa Arias Melo |
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Signos de violencia e intolerancia Ponencia presentada en el Seminario internacional Equidad de género en acción, Cine-foro de la película Boys don’t cry (Los chicos no lloran), 1999, Dirección: Kimberly Peirce, EE.UU. Fundación Celarg, 27 de noviembre de 2008 |
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La película Boys don’t cry (Los muchachos no lloran) de Kimberly Peirce, está basada en la verdadera historia de Teena Brandon, quien fue brutalmente asesinada en 1993 junto con un par de amigas. Las razones fueron que Brandon era una joven mujer que se estaba preparando para efectuarse un cambio de sexo y estuvo viviendo bajo la identidad de un hombre (Brandon Teena). Su directora, Kimberly Pierce, en 1994 inicia una investigación para su tesis de grado en la Escuela de Cine de la Universidad de Columbia y se encuentra con la historia de una joven de Nebraska, Teena Brandon. Esta película nos muestra un ejemplo aterrador y doloroso a la vez de los signos de intolerancia instalados en la cultura, y el uso del sexo como un arma para humillar, para vengarse y hasta como una reprimenda. Lo que muestra la película, siendo un hecho real nos conduce a interrogarnos:
La red de rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas o actividades que a través de la cultura, diferencian a los hombres de las mujeres[1], es decir; lo que llamamos las construcciones de género, que atraviesan todas las relaciones entre los seres humanos nos muestra lo masculino como totalmente opuesto a lo femenino. En esta separación hemos aprendido que la sexualidad masculina es un impulso irrefrenable y como lo vemos en la película, el sexo es utilizado como arma de venganza. Una de las expresiones más cruentas, de la violencia a la que pueda someterse una persona es la violación, es un ejercicio de poder donde el arma para agredir, someter y humillar es el sexo. Violencia e intolerancia son signos de nuestra cultura entiendo que la intolerancia: “Tiene por consecuencia la discriminación dirigida hacia grupos o personas (que puede llegar a la segregación o a la agresión) por el hecho de que éstos piensen, actúen o simplemente sean de manera diferente. Las múltiples manifestaciones de este fenómeno poseen en común la elevación como valor supremo de la propia identidad, ya sea étnica, sexualidad, ideológica o religiosa, desde la cual se justifica el ejercicio de la marginación hacia el otro diferente. El intolerante considera que ser diferentes equivale a no ser iguales en cuanto a derecho[2]. Teena, tuvo un atrevimiento que no podía perdonársele en un mundo machista marcado por la intolerancia y la supremacía masculina, pagó con su vida el delito más grande que podía cometer una mujer. “hacerse pasar por hombre”. Asumió conductas propias de los hombres, según lo construido culturalmente como patrones de masculinidad, la “reprimenda” según el patrón machista tenía que ser violenta y se hizo nada más y nada menos que con la violación. Los violadores de Teena encontraron en su acto violento una manera de salvar el “honor” masculino herido. Honor este, que recibe tutela jurídica en muchas legislaciones penales como la nuestra. Los violadores de Teena, celebran su hazaña, “han salvado su honor” transgredido. Otra faceta de la película nos muestra, la revictimización que se hace de quien denuncia un delito de violación. Teena como cualquier mujer que denuncia haber sido violada es sometida a un interrogatorio sin ninguna pertinencia, se valora más la vida personal de la víctima que el delito en si, ella como cualquier víctima de violación niega lo que le ha sucedido, no puede explicarlo, es demasiado doloroso. Siempre se cree que la víctima es provocadora del ataque, se duda de su palabra, pues la violación está llena de falsas creencia y mitos que de cierta manera la justifican, por eso la mayoría de estos delitos no se denuncian y quedan impunes. Para finalizar, es oportuno mirar un poco las reflexiones que sobre la película se han hecho:
Mirar estos hechos narrados en la película, tomados de la vida real, nos escalofría y llega un punto que cuesta creer que esto pueda ocurrir, que el ser humano llegue a cometer actos tan atroces como estos, necesariamente nos invita urgentemente a mirarnos, y abrirnos a las posibilidades de construir otros vínculos humanos marcados por la tolerancia, la solidaridad y el respeto mutuo. |