Ronny Valásquez

ronnyvelasquez@cantv.net

Desarrollo ampliación y críticas de la acción cultural en Venezuela

Charla presentada en la sesión "La investigación en el arte contemporáneo: diagnóstico y planteamientos", del Foro El rol de las artes  y de los artistas en nuestra sociedad actual, presentado en la Sala C, Fundación Celarg, Caracas, 27 de marzo de 2007

Para dar respuesta a estas variadas interrogantes es necesario en primer lugar afirmar que si existe en la actualidad un serio proyecto de investigación en el campo de las artes y de la cultura. Luego, se debe pasar a conducir diversas observaciones puntillosas que permitan hacer algunas críticas y reorientaciones sobre el quehacer de lo que se entiende como investigación en el campo de las artes en nuestro país. En este sentido, seríamos poco respetuosos si dijésemos que sólo hasta ahora se lleva a cabo UN PROYECTO DE INVESTIGACIÓN EN EL CAMPO DE LAS ARTES. Los esfuerzos se han realizado desde hace algunos años, pero, es importante destacar que, lo que ha cambiado es el punto de vista, en el proceso que es comúnmente llamado de intensa actividad revolucionaria en la cultura y dado que también se entiende que el “pueblo es la cultura” aunque pueda parecer un eufemismo, o una ironía, es indispensable asumir que si bien como proyecto generalizante no se produce o no se aplica de manera totalmente eficiente es porque no hay un armónico convencimiento de lo que significa la investigación seria del arte y la cultura. Existen actualmente, diversos acercamientos al estudio de las artes en particular y asimismo, al estudio de la cultura en la cual se involucran las diversas áreas que conforman los campos de las artes y la cultura, al nivel de institutos, centros de cultura, academias, fundaciones, universidades, etc.

En este sentido se hace necesario destacar que se debe reafirmar la formación intelectual y moral del pueblo para que vaya construyendo su propia identidad cultural que involucre a la vez, lo nacional. Al respecto, hay algunos críticos  que, en una primera aproximación abordan la cultura como “problema”  la cual se asume desde una perspectiva general y globalizadora que incluye, tanto la problematización de la noción sustantiva de cultura como asunto de orden ético y político y de esta manera afirman que “lejos de garantizar necesarios procesos de democratización, reafirman relaciones desiguales de poder dentro de la estructura social venezolana y destacan que son políticas de construcción de identidades, de memoria y olvido, relaciones entre etnicidad y poder y las asumen como nuevas formas de racismo”, (Documento inédito sobre la Cultura y las Artes en la coyuntura venezolana,  2007).

Esta posición no destaca el papel que desempeña la cultura y la educación en la sociedad, a partir del análisis de la esencia del ser venezolano, es más bien, una posición superflua que desdice mucho de la auténtica venezolanidad. En este sentido, a estos analistas les parece excesivo la evaluación antropológica del concepto de cultura ya que afirman que hay “relaciones desiguales de poder que sólo conducen  a la formación de ciudadanos no aptos para la paz, ni para la profundización de la democracia”. Con esta apreciación se estima así, que analizar la cultura dentro del proceso actual que vive Venezuela es comprenderla dentro de visiones “arcaicas y cánones decimonónicos”, es decir, que pertenece a una visión romántica del Siglo IXX. Nada más mezquino que una visión sesgada como esta, que además, critica y afirma que es un enfoque de “anacrónica vigencia” dentro de la vida social y política venezolana. También se afirma que la noción constitucional de la venezolanidad y el nuevo modelo de territorio, según la visión actual, involucran un desplazamiento que va de la raza a la nacionalidad, es decir, de la supuesta “pureza racial” a un nuevo supuesto que es el de la identidad cultural auténtica, que por supuesto, es negada bajo estas visiones.

Recomiendan, este grupo de pensadores, que se hace impostergable la formulación de políticas orientadas hacia la visivilidad de los sujetos sociales como ciudadanos y no como portadores de signos raciales. Esto, es indudable que niega de por sí, la diversidad cultural, y da por entendido que no somos un país que posee indígenas o negros en su conformación social. Esta posición, además de ser inconsistente, propone un enfoque racista desde todo punto de vista. Para concluir la introducción de este trabajo “reflexivo” sobre la cultura y las artes en la Venezuela del Siglo XXI, dicen lo siguiente:

“Como universitarios estamos comprometidos con la construcción de la paz y la tolerancia, la autonomía y la democracia. Se hace imperativo desafiar  la artificialidad de las fronteras ideológicas que, hoy más que nunca, profundizan las diferencias entre conocimiento y cultura. Fundamento de prácticas hegemónicas recientes que promueven las relaciones desiguales de poder, antes que los procesos de democratización que requiere la nación (pagina 3 del documento inédito pero repartido para su lectura y próxima publicación)”.

Como vemos, es una posición cargada de odio y sólo deja entrever, un enfoque netamente político y anacrónico, más que una apreciación ubicada en el ámbito de la cultura o de las artes.

En este sentido, la pregunta de que si existe un serio proyecto de investigación en el campo de las artes y de la cultura, como puede demostrase, yo afirmo que si existe, pero las interpretaciones que se hacen de estas actividades son sesgadas y tales posiciones, van adquiriendo una especie de categoría de análisis entre los intelectuales y académicos y de esta manera, se niega la acción que se realiza en este momento sobre la investigación, valoración, apreciación y difusión del  arte y la cultura. Entendemos que el cambio de conceptos paradigmáticos anquilosados, cuesta cambiarlos, ayer, casualmente, una estudiante mía en la UCV, me comentó de forma muy espontánea y hasta diría yo, inocente que a ella no le parece que el pueblo esté utilizando el Teatro Teresa Carreño porque el pueblo no entiende de eso, que “ellos entienden de estadio y de lugares públicos a dónde se pueda  llevar la botellita de anís”. Hay también quienes se asombran porque ahora, la Estancia, hermoso espacio para las artes y la cultura, en la nueva PDVSA, es de uso público y no privado como fue siempre en la época de la vieja PDVSA. Es evidente que esta valoración, es común en seres humanos que son parte de nuestra cultura y sociedad, y es indudable que, no es tan fácil, aceptar el cambio. Así, en el mismo documento que estamos comentado, se afirma algo similar:

“Salta a la vista, y basta asomarse a las ofertas de la cartelera cultural, el hecho contundente de que el gobierno actual tiene una acción cultural concreta, pero ésta se encuentra desprovista de una legislación sobre el ámbito de la producción simbólica, pues desde el 2003 no tenemos más que un proyecto de ley que aún no ha sido sancionado. En este marco, el sector cultura se entiende como espectáculo, delineado bajo el paradigma de la democratización cultural entendida como un problema de acceso a (entradas gratuitas a los eventos, distribución masiva de obras literarias, etc.). Esta práctica termina por fungir como cortina de humo de un proceso mucho más  radical, orientado a la transformación del imaginario colectivo hacia un proyecto no sometido a discusión, diluidos en otros ámbitos de la política nacional. En este sentido, la cultura estaría siendo tomada como un eje estratégico, pero en su más amplio sentido antropológico, no como ámbito de la producción simbólica, conectando todas las áreas de la política nacional. Esto es lo que, efectivamente, vemos delineado en el decreto habilitante, y que alarma cuando se piensa en la pretendida reforma moral que incluye como área de legislación. La especificidad de la producción simbólica de orden “estético-artístico” (de nuestro particular interés) y la realidad de sus hacedores y actores permanecen como un ámbito periférico de la acción cultural, expresado en una política presupuestaria de proyectos, al menos en algunos ámbitos del quehacer artístico. Sólo económicamente sustentables las artes como proyectos específicos, estas declinan en un servicio de entretenimiento, goce y disfrute en condiciones que privan a los individuos que las practican de la posibilidad de desarrollar caminos autónomos de creación y, a aquellos que los disfrutan, de establecer caminos de reflexión”- (A.Imaginario, Escuela de Artes, UCV).

Si bien, esta posición de la colega Imaginario es inteligente, conduce a los malos pensadores a entender que estamos faltos de una política cultural en Venezuela y que sólo se atiende a lo que comúnmente se ha dado en llamar a lo largo de la historia cultural, “darle al pueblo pan y circo”. Como si la cultura fuera manifestación del espectáculo, planteamiento que nosotros, desde el punto de vista antropológico, desechamos desde todos los ángulos.

Esta posición sobre la teoría acerca de la función revolucionaria de la cultura no es que yo la pretenda y la certifique como si fuera completamente nueva. No, a lo largo de la historia, siempre han existido pensadores, intelectuales y académicos que lo han pensado. Esta posición siempre ha existido en mentes de avanzada que han establecido una relación intrínseca entre cultura y política. De esta manera, la cultura, es y debe ser un factor que incide, de manera directa en la cualidad de la vida y en el perfeccionamiento de la conciencia, ya que, es, desde todo punto de vista, una actividad que está conectada a la creatividad, pero también a la  práctica política de los ciudadanos de un pueblo. En este sentido, podríamos citar a Karl Marx, a Antonio Gramsci, y a Frederick Engels, sólo por mencionar a unos pocos pero grandes en pensamiento. Gramsci por ejemplo afirmaba que para establecer de manera fehaciente la transformación de la realidad era menester conectar la labor educativa y la producción cultural con la incansable  actividad  política. En este sentido, es un eufemismo y a la vez, de una gran inexactitud tratar de deslindar, en la actualidad,  de forma tan tajante, la cultura y la política. Inclusive el artista que requiere de un reconocimiento estatal para que su obra sirva a los efectos sociales debe estar abierto ante esta posibilidad porque cada obra de arte se convierte en una manifestación de sentido simbólico que conlleva intrínsecos los valores de la sociedad de la cual somos parte.  Si la obra no es sentida de esa forma intensa, no pasará de ser, una obra más, y es posible que sólo forme parte de una colección privada dentro de la cual no establece un diálogo social, sino, sólo con su creador, aspecto que, dentro de la subjetividad, también es comprensible, pero esta subjetividad, estimamos que debe ser compartida, porque, todo cambio que revoluciona, en el más lato sentido  del término, necesita a la vez, de un cambio de conciencia. Esta conciencia debe surgir entre el pueblo, desde su propio yo, y dentro del nosotros. Esta conciencia es la que hace que el pueblo logre una transformación endógena en su propia forma de ser, de actuar, de pensar y de sentirse, aspectos que son importantes para la verdadera transformación de la sociedad de la cual somos parte. Entendido así el arte, aplicamos aquel pensamiento filosófico griego que dice, “lo verdadero y lo bueno convergen”, es decir, lo real de la vida, no tiene porque no pertenecer a la estética de la sociedad de la cual somos parte. A su vez,  Umberto Eco, también dice: “El arte no es absoluto, sino una forma de actividad que entra en relación dialéctica con otras actividades, otros intereses, otros valores”. Eco, U, La definición de arte: lo que hoy llamamos arte… 1990).

Está claro entonces que no puede existir arte y cultura sin poseer un compromiso social, porque a la larga,  todos los seres humanos somos parte de una sociedad y  en última instancia, también somos fragmentos de un gran equilibrio, biológico y cultural y el arte y la cultura, también forman parte de esta totalidad si aplicamos una visión holística en nuestros análisis e interpretación. Lo que si debe estar claro es que la teoría que interpreta a  la cultura y a las artes, debe ser elaborada por intelectuales comprometidos, pero estos intelectuales deben ser sinceros en sus análisis para no tergiversar la realidad que vivimos aunque no estén de acuerdo con la política que se desenvuelve en el período que escriben. El mismo texto que comentamos sobre las investigaciones sobre el arte y la cultura, está cargado de desvalorizaciones sólo porque se trata de la acción cultural que se desarrolla dentro de las políticas del Gobierno de la actualidad. Por ejemplo, las Leyes Habilitantes que han sido aprobadas en febrero de 2007, han dado lugar a múltiples interpretaciones mal intencionadas de sus intérpretes intelectuales que orientan sus posiciones a que el Gobierno “de turno”, o que la “política cultural del Régimen”, etc, sólo apunta con sus posiciones habilitantes a la formación castrocomunista que dan sentido al llamado Socialismo del Siglo XXI, que ellos lo entienden como,  “instaurar en nuestra sociedad un cambio de mentalidad con una vocación de servicio, para emular el culto a la personalidad de un tirano que defiende la posición de un régimen castrocomunista y militarista”. (Extractos sacados de diversas partes del documento comentado)   Estas posiciones, es indudable, están cargadas de odio y de visiones desvirtuadas y no contribuyen, por supuesto a la construcción de una mirada seria y serena, sobre la actividad cultural que vivimos hoy en el país. Antes bien, nuestros intelectuales destilan ese odio a través de sus contribuciones periodísticas y fomentan más rencor y antipatía entre sus lectores, citemos por ejemplo a un colega, intelectual destacado por sus Contribuciones culturales en la época de la Cuarta República, pero enfrentado hoy a los avances culturales de esta revolución:  

“…Obviamente, el inminente cierre de RCTV es otro claro ejemplo de cómo se ejerce esa hegemonía desde Miraflores. Este caso, como apunta Oscar Lucien (EN, 27.1.07) debe considerarse "desde el contexto de la defensa de la libertad de expresión, del derecho a la información, la defensa de la autonomía universitaria, de la lucha contra la discriminación".

En el mismo artículo, Lucien afirma:

"el Estado ha sido incapaz de garantizar el ordenamiento del espacio público para una verdadera democratización de las comunicaciones en Venezuela y de ofrecer una oferta programática de calidad que marque pauta para una sana competencia (...) los venezolanos hemos sido sometidos a una singular dictadura mediática de doble efecto: por un lado, la confiscación de todos los medios radioeléctricos del Estado sometidos al exclusivo beneficio del culto a la personalidad del teniente coronel; por otro, un marcado cerco a la libertad de expresión". (Citado en el mismo documento que comentamos).

Vemos así que, se involucra el cierre de RCTV, a la problemática  cultural y se ha dicho en medios universitarios, que, el canal RCTV, es un canal cultural, y así se ha defendido de manera pública. Esta posición, indudable, no se ajusta a la verdad, pero, en realidad, aquí no hay censura como se afirma, para este tipo de afirmaciones, que agregan además, que en “Venezuela hay persecuciones a periodistas  y también cesuras a presentaciones en  cine, teatro, y diversas otras manifestaciones artísticas”. Situaciones que, podemos negar de plano porque no existe de manera real este comportamiento en la política cultural que hoy tenemos.

Veamos por ejemplo, las diversas acciones del gobierno que se han realizado para que continúe la actividad cultural y artística en el país:  

Tras la creación del Ministerio de la Cultura el 10 de febrero de 2005, se da inicio a un proceso de cambios profundos dentro de algunas instituciones adscritas al naciente Despacho, a fin de refundar el sector cultural del país.

Es así como se crea una nueva institucionalidad que busca hacer del Ministerio de la Cultura un ente del Estado en donde la elevación de la conciencia y la capacidad creadora sean su norte.

La creación de ocho plataformas es el resultado de los cambios emprendidos. Tales plataformas agrupan las distintas áreas del sector cultural, y tendrán como atribución dirigir, hacer seguimiento y orientar, a través de las instituciones que las conforman, los lineamientos y políticas trazadas respecto al sector cultura.

Además, las plataformas tienen como función, administrar el Plan de Financiamiento Cultural, papel que venía cumpliendo hasta ahora el Consejo Nacional de la Cultura, CONAC, el cual, cumplió ya una función en el campo de la cultura, hoy, se ve al CONAC, con otra visión y otras responsabilidades. 

Las ocho plataformas concebidas por el órgano rector de la cultura son:

1. Cine y Audiovisual

2. Política Editorial

3. CONAC

4. Patrimonio

5. Red de Bibliotecas

6. Artes Escénicas y Musicales

7. Artes de la Imagen y el Espacio

8. Misión Cultura.

Al respecto, y en aras del tiempo, sólo brevemente comentaremos algunas:

Plataforma Política Editorial

Fue creada con el fin de agrupar las instituciones del Ministerio de la Cultura orientadas al área editorial: producción, promoción literaria, impresión, distribución y librerías.

A través de de esta plataforma se dirige, hace seguimiento y se orientan las políticas trazadas por el Ministerio de la Cultura en el área editorial, las cuales están dirigidas a la defensa de los derechos de autor y derechos  intelectuales, la promoción de la lectura, el desarrollo, crecimiento y mejoramiento de la producción editorial y gráfica nacional.

Es los últimos meses, el Ministerio de la Cultura, a través de varias de las instituciones que conforman esta plataforma, ha editado 27 millones de libros de distribución gratuita, de autores venezolanos y extranjeros.

En el 2005, en el marco de la conmemoración de los 400 años de la primera edición de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, se editó y distribuyó gratuitamente un millón de ejemplares de dicha obra en todas las plazas Bolívar y en diversas escuelas, parques y eventos realizados en el  país.

Esta plataforma, coordinada por Ramón Medero, la conforman las siguientes instituciones:

Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro.

Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, CELARG (Director, el conocido intelectual, Roberto Hernández Montoya, quien se acompaña de ilustres intelectuales y se realizan investigaciones en el área de la cultura como las que dirige, el Profesor Manuel Carrero. 

Fundación Librerías del Sur

Fundación Biblioteca Ayacucho

Fundación Distribuidora Venezolana del Libro

Fundación Editorial El Perro y La Rana

Monte Ávila Editores Latinoamericana  C.A.

Fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, entre otras.

IAEM - Instituto de las Artes Escénicas y Musicales

El Instituto de las Artes Escénicas y Musicales (IAEM), es  un ente adscrito al Ministerio de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, es el organismo encargado de trazar y ejecutar las políticas del Estado venezolano en materia de danza, música, teatro y circo, entre otras manifestaciones culturales.

El IAEM se propone la conformación y consolidación de una plataforma institucional de alcance nacional, que diseñe y ejecute políticas y estrategias para la expresión, creación, investigación, difusión y resguardo de las artes escénicas y musicales en Venezuela. Al mismo tiempo, contribuye con el desarrollo de políticas para favorecer la inclusión y la participación protagónica y comprometida  del pueblo venezolano.

El instituto tiene como misión garantizar a toda la población el disfrute y la creación de los bienes y servicios culturales en las artes escénicas y musicales, a través de los procesos de formación y construcción de saberes, producción, promoción y difusión, investigación y documentación.

La institución tiene como visión ser el organismo que traza, coordina, promueve y ejecuta las políticas y estrategias del Estado, en las artes escénicas y musicales, para garantizar al pueblo venezolano el acceso al disfrute y la creación en la danza, la música, el teatro y el circo, y que contribuya sustancialmente con la elevación de la calidad de vida de todos los venezolanos y venezolanas que están dedicados a estas artes.

El IAEM fue creado mediante el Decreto 3.745 del ministro de la Cultura, ya en manos del arquitecto Francisco Sesto Novás. Fue publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela el 8 de julio de 2005. Desde entonces ha sido presidido por la licenciada Silvia Díaz Alvarado, quien anteriormente se desempeñaba como la Presidenta del Consejo Nacional de la Cultura (Conac).

El IAEM nace como consecuencia de la refundación de la institucionalidad cultural impulsada por el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías. No olvidemos que el Conac se creó en 1975, como un organismo adscrito a la Presidencia de la República y, desde 1977, al Ministerio de la Secretaría de la Presidencia. En 1999, el Conac pasó a depender del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Se crea entonces el Despacho del Viceministro de Cultura, que comienza a diseñar la políticas culturales que debía ejecutar el Conac. En 2004 se crea en el Gabinete Nacional, la posición de Ministro de Estado para la Cultura, que pasa a supervisar la acción del Conac, por todos conocida.

Es en el 2005, como ya dijimos  que se crea el Ministerio de la Cultura y se sustituye la acción del Conac por las ocho “plataformas” culturales ya mencionadas: Artes Escénicas y Musicales; Artes de la Imagen y del Espacio; la de Política Editorial; la de Cine y Audiovisual; la del Patrimonio; la del Conac; que sigue existiendo, pero como plataforma, la de la Red de Bibliotecas y la Misión Cultura.

El IAEM es el ente encargado de coordinar la Plataforma de las Artes Escénicas y Musicales del Ministerio de la Cultura. En esa plataforma se agrupan los siguientes entes adscritos al ministerio: la Fundación Teatro Teresa Carreño, la Fundación Poliedro de Caracas, la Fundación Casa del Artista, la Fundación Vicente Emilio Sojo, la Compañía Nacional de Danza, la Compañía Nacional de Teatro, la Orquesta Filarmónica (Compañía Nacional de Música), el Instituto Universitario de Danza, el Instituto Universitario de Teatro y el Instituto Universitario de Música.

CNAC – Centro Nacional Autónomo de Cinematografía

El CNAC, como sabemos, no es nuevo, fue creado por el Estado venezolano según disposiciones de la Ley de la Cinematografía Nacional del año 1993 e inició sus actividades el 1° de agosto de 1994, sustituyendo al Fondo de Fomento Cinematográfico (FONCINE).

El instituto surge de la necesidad de contar con un organismo gubernamental, con personalidad jurídica y patrimonio propio, encargado de gerenciar la actividad cinematográfica, formular políticas e instrumentar acciones dirigidas a estimular, regular y desarrollar la industria audiovisual en Venezuela.

De esta forma, el CNAC se convirtió en el máximo ente oficial responsable de la actividad cinematográfica nacional y su función es promoverla y respaldarla a lo largo de su cadena de vida: creación, producción, promoción, divulgación, distribución y exhibición.

MISIÓN: Estimular la consolidación y desarrollo sustentable de la industria audiovisual venezolana, para alcanzar una producción continua de calidad competitiva, tomando en cuenta su preservación, el enriquecimiento de la expresión artística y cultural, así como la defensa de los derechos del espectador.

VISIÓN: Ser el ente rector de políticas cinematográficas y responsable de impulsar el desarrollo y fortalecimiento de la industria audiovisual venezolana, con base a los principios de participación y responsabilidad, contando para ello, con una organización moderna, eficiente y exitosa.

Objetivo General

Desarrollar, fomentar, difundir y proteger la cinematografía nacional y obras cinematográficas, entendidas éstas como mensaje visual o audiovisual, fijadas a cualquier soporte con posibilidad de ser exhibida por medios masivos.

Objetivos Específicos 

Promover el mejoramiento profesional de los creadores de obras cinematográficas, así como el desarrollo de la industria cinematográfica nacional.

  • Garantizar la libre circulación de obras cinematográficas.

  • Contribuir con la producción, distribución, exhibición y difusión de obras cinematográficas nacionales.

  • Dinamizar la industria cinematográfica.

  • Garantizar la conservación del patrimonio cinematográfico nacional y extranjero como patrimonio de la humanidad.

Pero, como ya hemos afirmado, surge algo que ha traído muchos comentarios adversos y criticados de manera pública y denunciada con terribles  actos de corrupción por la oposición, por supuesto, como es la

Fundación Villa del cine

Uno de los proyectos estratégicos de mayor importancia que realiza el Ministerio de la Cultura, es la villa del cine, con ella  busca estimular, desarrollar y consolidar la industria cinematográfica nacional con el fin de favorecer el acercamiento del pueblo a sus valores e  idiosincrasia.

La ciudadela estará construida en Guarenas en un terreno de 40.000 metros cuadrados. Este espacio será destinado a la producción y postproducción para el cine y la televisión.

Se propone hacer producciones nacionales e internacionales con diferentes equipos tecnológicos, los servicios serán ofrecidos a cineastas, productores nacionales e independientes internacionales.

Claro, estas propuestas han sido interpretadas por investigadores, colegas, intelectuales, vemos por ejemplo en siguiente artículo:

EL CNAC Y LA VILLA DEL CINE

El medio cinematográfico nacional ha mostrado algo de actividad en semanas recientes gracias a los cuestionamientos del cineasta Franco de Peña, los cuales generaron una polémica de escaso nivel entre éste y los funcionarios gubernamentales del área. En dicha polémica, los funcionarios (Sesto, Almarza y Lossada, entre otros) dieron a conocer datos que, de otra manera, difícilmente estarían a disposición del público. Aprovechémoslos para formular algunas interrogantes. En 2006, a pesar de sus altas recaudaciones, el CNAC otorgó apenas 8 millardos al financiamiento de la producción. La Villa del Cine anuncia para 2007 un presupuesto de 28 millardos para la misma actividad. El CNAC, Instituto Autónomo creado por Ley, debe responder a los contribuyentes y a los cineastas con: 1) cuentas claras sobre la ejecución del presupuesto; 2) evaluación, basada en la calidad y llevada a cabo por un comité de representantes de distintos sectores, de los proyectos de los cineastas. La Villa del Cine, en cambio, es una fundación creada por decreto y, si bien el Ministro anunció inicialmente que prestaría “servicios para cualquiera que haga cine en Venezuela”, ahora, según el mismo Sesto, es una productora que “produce lo que a sus autoridades les parece que es adecuado en este momento”. La Villa, entonces, funciona cual empresa hollywoodense, pues reniega de sus obligaciones con los contribuyentes y los cineastas y produce sólo lo que su directiva, una cúpula designada por el Ministro, decide en función de los intereses de su propietario, el gobierno. ¿Seguirá languideciendo la función financiadora del CNAC y se concentrará la producción en la Villa? Es lo más probable, pues mientras el CNAC puede financiar proyectos ajenos a la ideología chavista, la línea de la Villa es la del gobierno: relectura revolucionaria de los héroes de la patria (Miranda y Zamora), coproducciones con Cuba, historias de justicieros populares contemporáneos, exaltaciones documentales de la revolución chavista, ideas argumentales de funcionarios interesados en la creación artística (La clase, del Ministro Sesto)… Llama la atención la existencia, en la Villa, de una Unidad de Proyectos destinada a “colaborar con los guionistas” para darles “una mirada crítica externa” al acto creativo. Tal unidad podría ser una respuesta al mito ampliamente difundido de que el problema del cine venezolano son los malos guiones. Pero podría tratarse de una instancia de censura previa, en la que se ajusten los guiones a las veleidosas y confusas directrices ideológicas de la revolución. De ser así, no quedarían dudas sobre el papel de la Villa como punta de lanza de la Plataforma del Cine. (Artículo citado en el documento comentado, de la colega María Gabriela Colmenares, publicado en el Diario  Últimas Noticias el 15 de febrero de 2007)

Vemos entonces, como se interpretan las acciones aunque sean a favor de los cineastas, actores, productores, etc, sólo por ser de oposición.

Fundación Vicente Emilio Sojo - Instituto de Musicología

Creada en 1978 como Instituto Latinoamericano de Investigaciones y Estudios Musicales Vicente Emilio Sojo (Ilves), para honrar la memoria del insigne maestro fundador, en las primeras décadas del siglo XX, de la escuela nacionalista de composición, conocida también como Escuela de Santa Capilla.

Es financiada por el gobierno venezolano a través del Ministerio de la Cultura. El presente nombre se adopta en 1986.

Misión: Garantizar el conocimiento y difusión de la memoria musical venezolana, latinoamericana y del Caribe, a través de la investigación y de publicaciones dirigidas a especialistas y público en general.


Visión: Ser una organización reconocida internacionalmente por la calidad de sus trabajos de investigación y difusión, a través de informes y publicaciones sobre música venezolana, latinoamericana y del Caribe.

Objetivos:
Registrar la memoria musical de Venezuela. Realizar investigaciones y brindar asesorías en áreas relacionadas con la música de tradición escrita. Difundir la música en la región a través de publicaciones, grabaciones, o programas de radio y TV. Organizar talleres, seminarios, conferencias o eventos ligados a la actividad musical venezolana. Suscribir convenios institucionales.

Este instituto sigue existiendo con su mismo nombre, y función, pero sus actividades, ahora son más comprometidas con el pueblo  y no es sólo propio de algunas personalidades del quehacer musical.

CENAL - Centro Nacional del Libro 

El Centro Nacional del Libro (CENAL) es un instituto autónomo adscrito al Ministerio de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

Su misión es dotar al país de una institución rectora de la promoción de los libros y la lectura.

Sus objetivos institucionales son fomentar el desarrollo del Sistema Nacional del Libro en Venezuela; democratizar, descentralizar y masificar el acceso a los libros y a la lectura; asesorar, proteger y promover a los autores nacionales; formar recursos humanos para la producción de libros, y asesorar al Gobierno Bolivariano en la formulación de políticas públicas. También subsidian, proyectos editoriales y de investigación de temas dedicados al fomento de las artes y las letras en todo el territorio nacional.

Dirección de Promoción del Libro y del Autor (Actividades):
Premio Nacional del Libro de Venezuela

Festival Mundial de Poesía
Encuentro Internacional del Libro Alternativo
Feria Internacional del Libro de Venezuela
Agencia Literaria Venezolana
Convenios de Cooperación Cultural
Calendario de Ferias Nacionales

Calendario de Ferias Internacionales

Dirección de Investigación e Información:
Agencia Venezolana del ISBN
Estudio sobre Comportamiento Lector
Observatorio del Libro
Atlas del Libro en Venezuela
, Etc.  

Misión Cultura  La Misión Cultura es una fundación adscrita al Ministerio de la Cultura, la cual representa una estrategia para consolidar la identidad nacional. Se enmarca en el proceso de descentralización, democratización y masificación de la cultura venezolana, dirigida a la búsqueda del equilibrio territorial, la atención a toda la población y a proporcionar alternativas educativas y laborales a amplios sectores de la población. Esta misión contribuye a la construcción de una sociedad democrática y participativa, sin exclusión social, con una visión cultural que refuerza la identidad nacional y libera al ciudadano del coloniaje ideológico, para hacerlo sujeto de su propio desarrollo, sustentado en la diversidad etnia y pluricultural. La Misión Cultura es una iniciativa del estado Venezolano y del Gobierno Bolivariano que tiene por objeto potenciar la sinergia institucional para incentivar la participación comunitaria, garantizar el acceso masivo a la cultura, proporcionar la divulgación y creación de las manifestaciones culturales de los sectores populares y comunitarios, estableciendo la construcción participativa de los patrones de valoración de lo cultural. Todo esto establece un sistema innovador de protección y preservación del patrimonio cultural y la identidad nacional. El Gobierno Bolivariano ha dedicado sus mejores esfuerzos a fortalecer la cultura y hacer realidad el ejercicio de ésta como derecho humano para lo cual ha sido indispensable rescatar la iniciativa del Estado como garante de oportunidades culturales de calidad para todos, tal como lo señala el artículo 99 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, que refiere:

Art. 99. Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará, procurando las condiciones, instrumentos legales, medio y presupuestos necesarios… El Estado garantizará la protección y preservación, enriquecimiento, conservación y restauración del patrimonio cultural, tangible e intangible, y la memoria de la Nación…

En la Misión Cultura se conjuga una visión de justicia social, con carácter estratégico para el desarrollo humano integral, la soberanía nacional, la construcción de conciencia y la memoria histórica de la nación, con la finalidad de lograr la construcción de una sociedad democrática y participativa, para lo cual es necesario la inclusión de todos y todas en la generación, transformación, difusión y aprovechamiento creativo de la cultura.

Misión: Mediante la Misión Cultura el Estado Venezolano y la Revolución Bolivariana garantizan la libertad en la creación cultural a través del fomento del derecho a la inversión, producción y divulgación de la obra creativa; el respeto a la interculturalidad y la previsión de las condiciones, instrumentos legales y medios necesarios para enriquecer, proteger y preservar la cultura popular y comunitaria, el patrimonio cultural tangible e intangible y la memoria histórica de la Nación.

Visión: La Misión Cultura vislumbra un panorama situacional de la cultura en el que se conjugan los saberes y las manifestaciones culturales del pueblo con las formas tradicionalmente reconocidas como cultura, con la finalidad que abrir y acrecentar los límites de la apreciación de nuestro patrimonio y valorar la historia personal y colectiva de nuestra nación.

Objetivo General

Como alcance inmediato, la Misión Cultura se empeña en consolidar la creación de una estructura operativa de lo cultural en el seno del pueblo con la finalidad de potenciar la identidad nacional.

Objetivos Específicos

1. Detectar, conocer y registrar adecuadamente, todas aquellas manifestaciones culturales que sean características de cada lugar y tengan significación para sus pobladores.

2. Elaborar un registro exhaustivo del patrimonio cultural, con énfasis en los valores de cada región y comunidad, y difundirlo a través de publicaciones, libros, discos compactos y programas audiovisuales con miras en su utilidad como instrumento de planificación nacional.

3. Fomentar la creación, la formación y la capacitación de los activadores y activadoras culturales con la finalidad de asumir la responsabilidad de contribuir al desarrollo cultural que mejore y haga sostenible la calidad de vida de las comunidades donde ellos habitan, además de buscar y promover el talento creador de sus habitantes.

4. Conformar una red de organizaciones culturales para la acción conjunta integrada y articulada.

5. Potenciar la conformación de grupos culturales y la dotación de infraestructuras físicas y tecnológicas que coadyuven en la protección del patrimonio cultural, la organización social y el establecimiento de políticas culturales.

6. Impulsar la cultura popular y comunitaria como medio para la generación de empleo, turismo, de bienes y mejoras de vida.

Con respecto a lo anterior, y según el documento que comentamos, veamos sus observaciones:

“Una de las mayores tentaciones al plantearse la cultura y, especialmente, el problema de la identidad como asunto del Estado, es la inmediata necesidad de “delimitar” los alcances y valores asociados a la primera (cultura) y “nombrar” aquello que define a la segunda (identidad). En nuestro contexto actual, el debate sobre la cultura y la identidad se hace particularmente pertinente. Podemos situarnos en dos momentos diferentes del mismo, representados en dos documentos, sobre los que trataremos de reflexionar para comprender las transformaciones que hoy se anuncian al país: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) y el decreto de la Ley Habilitante para el Ejecutivo nacional (2007). Entre ambos documentos, un conjunto de medidas y acontecimientos de la vida nacional cobran importancia para la discusión sobre la cultura y la identidad, a los que nos iremos remitiendo tan sólo tangencialmente.

En relación con la constitución de 1961 y los planes de la República que ésta inspiró, fueron importantes las transformaciones sobre el ámbito de la cultura y la identidad en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999). Un cambio sustancial estriba en la  reivindicación de lo cultural en un capítulo completo del texto fundacional, y no  como un pequeño apartado. Este hecho anuncia, al menos teóricamente, un cambio epistémico digno de atender: supone la valoración de lo cultural (ámbito de la producción simbólica) como eje estratégico en el diseño de la nación. Igualmente, la identidad alcanza rango constitucional. Sin embargo, ésta se hace una con el concepto de cultura y, en consecuencia, jerarquiza las relaciones de las prácticas políticas que se derivan: 

Artículo 100. Las culturas populares constitutivas de la venezolanidad gozan de atención especial, reconociéndose y respetándose la interculturalidad bajo el principio de igualdad de las culturas. Etc.

 

Es claro que existe preeminencia de la cultura popular sobre otras “culturas” que se mueven dentro de la nación. Según el texto constitucional, la cultura popular es reconocida como forjadora de la identidad nacional (venezolanidad). Pero ¿quién define qué es la venezolanidad? ¿A qué alude exactamente la expresión “culturas populares”? ¿Deriva esta expresión del concepto de clase socioeconómica o se delimita a la cultura tradicional? Si las culturas populares se refieren como representativas del ser nacional, debe entenderse que sólo pueden serlo frente a otras que no lo son. Dado el escenario de exclusión social que precede a la instauración de la “V República”, es claro que la constitución bolivariana pretendió atender simbólicamente lo antes silenciado. Sin embargo, en este artículo se proyecta tangencialmente un discurso taxonómico, maniqueo y, por tanto, susceptible de volverse excluyente si no se problematiza en su concreción práctica.

 

Ciertamente es importante que el Estado se ocupe de fomentar las expresiones de las clases populares en la construcción de una identidad nacional, estrategia conocida en la construcción de la hegemonía en los estados nacionales. Sin embargo, podría resultar un excluyente comprender lo “popular” sólo únicamente bajo criterios tradicionalistas, fundados en “arquetipos” que ofrecen una visión “cosificada” de la identidad, cuyo conservadurismo se hace estratégico al dejar por fuera lo inconveniente desde la perspectiva del poder. Según el Artículo 99. Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará... El Estado garantizará la protección y preservación, enriquecimiento, conservación y restauración del patrimonio cultural, tangible e intangible, y la memoria histórica de la Nación. Etc.

 

Comprendemos que los valores de la cultura son un derecho de los individuos, ahora, ¿qué significa decir “bien irrenunciable”?  O dicho de otro modo, ¿cuáles valores de qué cultura se constituyen en un bien irrenunciable del pueblo venezolano –dado que las culturas populares son las constitutivas del ser nacional– y cómo quedan en esto los procesos de transformación cultural que inciden necesariamente en los valores de la sociedad? Si partimos del hecho de que los valores culturales se encuentran hermanados a las realidades contextuales específicas de las sociedades, ¿la pretensión de cambiar nuestros sistemas político y económico desde la superestructura, apuntando a la formación de un “nuevo hombre” no contradice este artículo? ¿No es la cultura democrática un bien irrenunciable de la nación, concepto que hoy se desplaza por el de Socialismo del Siglo XXI? Esta pretensión es claramente apreciable en la redacción de la Ley Habilitante de 2007, aunque nada explícito expone sobre el carácter de ese nuevo sistema y el “hombre” que lo hace posible.

 

De acuerdo con el artículo 99 de la constitución, no faltaría en la política del Estado la intención de proteger el patrimonio cultural, histórico y ecológico para garantizar su permanencia en el tiempo, así como la protección de la memoria histórica de la nación, pero ¿puede el Estado o el gobierno que lo representa reservarse el derecho de alterarla, cómo de hecho hemos visto suceder con los símbolos patrios, así como con los nombres del espacio (infraestructura) y hasta de las instituciones públicas (en reingeniería permanente)? ¿No interfiere esto en la misma definición de identidad implícita en la Constitución Bolivariana?

III

Nombrar lo estrictamente nacional conduce a fosilizarlo; legislarlo es hacer de la diversidad y del dinamismo cultural un crimen. La definición “jurídica” de la identidad nos lleva a un problema fundamental: los conflictos emanados de las inclusiones y las exclusiones. De allí que la identidad se perfile también como un problema de poder simbólico, pues en ella intervienen la cosmogonía de los grupos sociales, sus valores compartidos, sus expectativas, patrones y tradiciones. Esto pone en evidencia que su exposición en los documentos del Estado no pueden reducirse a una enumeración o caracterización de ciertos rasgos, ni tampoco de la “clases representativas”, sino que debe aludir a la construcción permanente de esa identidad, comprendiéndola como un proceso abierto y transversal en la sociedad”. (Páginas 13 y 14 del documento citado)

No cabe duda que las interpretaciones de estos dos artículos fundamentales de nuestra Constitución, están interpretados, según posiciones de la no comprensión de la alteridad y de las diferencias sociales que siempre han dividido a la sociedad venezolana desde la época colonial.  

La Fundación Centro Nacional de la Fotografía de Venezuela- FUNDACENAFV, fue creada bajo el nombre de Centro de Fotografía en el año 1996 como una unidad adscrita a la Dirección General Sectorial de Cine, Fotografía y Video del CONAC. Fue creada como Fundación según resolución N° 036 del Consejo Nacional de la Cultura de fecha 20/12/2001 y está adscrita al Ministerio de la Cultura, según Decreto Nº 3.745 publicado en Gaceta Oficial Nº 38.224 del 8 de julio de 2005.

Misión Es una Institución del Estado destinada al desarrollo de políticas de educación, promoción y difusión de la fotografía a nivel nacional.

Visión Ser una institución de referencia y de participación activa en el desarrollo del hecho fotográfico nacional, de autores y hacedores, como en el estudio y la conservación de la fotografía en su dimensión patrimonial, artística, documental e internacional.

Objetivos

Impulsar el desarrollo de la obra y el hecho fotográfico.

Promover la investigación y la educación en torno a la fotografía venezolana.

Apoyar las expresiones de la fotografía tanto lo documental, como en lo artístico y lo tecnológico. 

Editar y producir publicaciones fotográficas que contribuyan a su promoción y difusión.

Conservar y preservar los materiales fotográficos para fines históricos y de investigación.

Fomentar una conciencia colectiva en el que hacer fotográfico como patrimonio de la nación.

Proyectar internacionalmente el que hacer fotográfico venezolano.

Amazonia Films

¿Por qué Amazonia Films? Porque creemos que la ciudadanía de nuestro país tiene derecho a escoger las imágenes y las historias que desea ver a partir de un abanico de opciones mucho más amplio y variado. Es por eso que Amazonia Films procura ofrecer a los espectadores un cine alternativo, que se distingue por su aporte artístico y cultural.

La Distribuidora propone diversificar la oferta cinematográfica y audiovisual como una política de Estado, para introducir nuevas variables en la dinámica de oferta y demanda en el consumo cultural audiovisual en las ventanas de cine, televisión y video casero.

Tener la oportunidad de programar y visualizar durante todo el año películas de distinta procedencia geográfica, de género y público es un privilegio del que no goza la mayor parte de la población mundial, donde la proporción de exhibición de cine hollywoodense ronda, y en muchos casos sobrepasa, el 90%, sólo con honrosas excepciones.

La autonomía cultural y la libertad de elección no es sólo una preocupación nacional expresada en la carta magna venezolana en su artículo 99, donde enfatiza que: “Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará, procurando las condiciones, instrumentos legales, medios y presupuestos necesarios (…)”. Sino que también es un principio fundamental contemplado en el numeral 1 del artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el cual destaca que: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Y es hacia estos nobles propósitos que Amazonia Films enfila todos sus esfuerzos.

Cada vez que una persona tiene la libertad de elegir las obras audiovisuales que desea visionar, en un contexto donde los valores temáticos, estéticos y técnicos vayan más allá del mero entretenimiento, para disfrutar del significado artístico del cine, de su capacidad como agente socializador y de formación de opinión, se avanza considerablemente en la formación de espectadores con un criterio más elevado y sólido. Y ciertamente, necesitamos espectadores críticos que estimulen el desarrollo de nuestro cine.

Por esta razón, la labor de la Distribuidora no es aislada, sino que se inserta dentro de las políticas del Ministerio de la Cultura, a través de la Plataforma Cine y Audiovisual. Su labor en el ámbito nacional es apoyada por la Fundación Cinemateca Nacional, a través de su red de cinematecas regionales y salas comunitarias, a la par que ésta institución preserva el patrimonio audiovisual venezolano y de grandes obras de la cinematografía universal. Por otra parte, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, CNAC, fomenta la producción a través de financiamientos y la Villa del Cine como productora del Estado realiza largometrajes, documentales, cortometrajes y series de televisión. A estos ejes de producción, distribución y exhibición próximamente se unirá el de la formación, una vez que, se cree la Escuela Bolivariana de Cine y Televisión, completando así el sistema que permitirá, como nunca antes, el desarrollo y fortalecimiento del Cine Nacional. 

Visión Ser el distribuidor de obras audiovisuales de alto interés artístico y cultural que fomente la diversidad y calidad de la oferta fílmica disponible en Venezuela y facilite su acceso y disfrute al pueblo venezolano, así como distribuir mundialmente las películas y materiales audiovisuales nacionales. 

Misión Promover y distribuir el cine de alto interés artístico que fomente la multiculturalidad y provenga de naciones cuyas producciones hayan sido poco difundidas en Venezuela, así como asegurar la distribución de obras audiovisuales venezolanas a nivel mundial.  

Como vemos, estamos avanzando en este campo, pero los críticos opuestos a las labores culturales del gobierno, no lo ven ni con buenos ojos, ni con esperanza,  simplemente, tratan de destruir estas posibilidades.  

El Instituto Universitario de Danza (IUDANZA) es una institución de Educación Superior creada según Decreto Presidencial No. 1.405, el 18 de julio de 1996. Actualmente es un ente adscrito al Ministerio de la Cultura a través del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales (IAEM). Esta Institución tiene el objetivo de preparar, en las áreas de docencia e interpretación, el recurso humano profesional que la danza escénica requiere; formando profesionales universitarios artísticos, creativos, participativos, comprometidos con vocación y sensibilidad social, capaces de diseñar, ejecutar y evaluar propuestas innovadoras en las diferentes áreas de la danza; propugnando la evolución de las artes como medio esencial para la optimización y calidad de vida de la sociedad.

Misión Formar al más alto nivel académico y artístico los recursos humanos que requiere la danza escénica, apoyados por un calificado equipo docente de reconocida calidad y diversidad profesional, con el fin de desarrollar procesos de formación, investigación, creación, producción, animación, extensión y difusión, que permitan la proyección de esta disciplina como manifestación estética de relevante presencia en el medio cultural nacional e internacional. 

Visión Ser la institución de formación académica universitaria en danza más importante de América Latina, producto de su perfil amplio, ecléctico e integral; apoyada en la reconocida calidad y profesionalismo del cuerpo docente que la integra, con el propósito de hacer del arte del movimiento en todas sus manifestaciones escénicas una actividad profesional, que contribuya al enriquecimiento cultural de la sociedad venezolana; exaltando sus más altos valores como expresión artística del género humano.

Objetivos

Brindar  al alumno los conocimientos teóricos, técnicos y artísticos propios de la danza como especialidad.

Aplicar el uso creativo de esos conocimientos en función del desarrollo de la danza.

Fomentar un estado de conciencia sobre el papel de la danza en el desarrollo del hombre, individual y colectivamente.

Formar un intérprete suficientemente desarrollado desde el punto de vista intelectual, y altamente capacitado en el desempeño artístico y técnico; relacionado con lo esencial de la danza como manifestación de las artes escénicas.

Formar un docente intelectual, técnico, artístico y científicamente capacitado para transmitir al alumno conocimientos relacionados con los procesos creativos de la danza escénica, sus técnicas, estilos, métodos y tendencias.

Plataforma Patrimonio

Tiene el fin de dirigir, hacer seguimiento y orientar las políticas estratégicas respecto al conocimiento, el enriquecimiento, la preservación, conservación, restauración y puesta en uso del patrimonio cultural tangible e intangible de la nación. Agrupa a las instituciones que tienen como objetivo salvaguardar las manifestaciones culturales propias de cada una de las regiones del país y darles difusión nacional e internacional: Instituto del Patrimonio Cultural, IPC y el Centro de Diversidad Cultural (conocido hasta hace poco tiempo como Fundación de Etnomusicología y Folklore, Fundef).

La plataforma del Patrimonio esta es coordinada por el arquitecto José Manuel Rodríguez, actual presidente del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC).

CENTRO DE DIVERSIDAD CULTURAL

La labor iniciada en 1946 por el Servicio de Investigación Folklórica del Ministerio de Educación Nacional, constituida por un grupo de valiosos investigadores entre los cuales destacaron: Juan Liscano, Miguel Cardona, Rafael Olivares Figueroa, Juan Pablo Sojo, Luís Felipe Ramón y Rivera e Isabel Aretz, entre otros; fue continuada por el Instituto Nacional de Folklore, INAF (1971), el Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore, Inidef (1971) y el Museo Nacional de Folklore (1972), que se fusionaron por primera vez en el año 1986 en lo que se denominó el Centro para el Estudio de las Culturas Populares y Tradicionales, Ccpyt (1986). En 1990 se constituye Fundef, labor de Isabel Aretz. Este organismo  continuó  la labor de las instituciones que la precedieron. El Centro de Diversidad Cultural es el reflejo de un complejo proceso en el cual se han confrontado criterios metodológicos y conceptuales, se han puesto a prueba diversos proyectos y orientaciones en el área docente y de extensión y se ha editado un importante número de publicaciones y producciones discográficas y audiovisuales. Su función es recopilar, estudiar, y difundir el vasto y rico acervo de la cultura popular tradicional venezolana en forma sistemática, logrando reunir testimonios sonoros y visuales, documentos y colecciones materiales, que hoy constituyen no sólo el patrimonio de una institución, sino incunables tesoros de la memoria cultural del país, a la cual pertenecimos diversos investigadores de Venezuela, de América Latina y Europa.  En este sentido, yo mismo, fui  parte de esta institución como investigador y como constructor de su valiosa colección.

A esta institución igual que yo, perteneció José Peñín, ahora profesor de la Escuela de Artes de la UCV, quien siempre ha tenido una posición adversa a todo lo que ha hecho el gobierno del Presidente Chávez, y es también, otro de los contribuyentes al documento que comentamos, he aquí, algunas de sus reflexiones en razón de la cultura y de las artes:

VENEZUELA: UN MAR DE CONTRADICCIONES.

DEMOCRACIA VERSUS SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

La situación actual de Venezuela luce contradictoria ante propios y extraños.

Primero fue el Proyecto, la Revolución y se batía hasta el hastío el libro azul de la Constitución Nacional aprobada en el año 1999, como el sostén legal. Sin embargo, la palabra revolución no aparece ni una sola vez en la carta magna. Una primera gran mentira. Nadie explicaba qué era eso de revolución, pero lo que sí sucedió en la práctica fue, que el modelo cubano era el que inspiraba ese proceso. Muy pronto aparecieron los convenios (secretos) donde no sólo se iba una buena tajada del petróleo venezolano hacia la isla (no se sabe cuanto exactamente) sino que Venezuela se inundó de cubanos desde los “médicos” de barrio adentro, hasta agentes e instructores en los cuarteles. Dicen que son ellos los grandes estrategas de la revolución. 

Ahora ya casi no se habla de Proyecto y apareció en la cabeza locuaz, la expresión “Socialismo del Siglo XXI”. Se ha vendido como una creación criolla, pero no, tiene un origen de alto linaje, parece que salió de la Francia, la abuela de todas las revoluciones. No se sabe como se come ese “Socialismo del Siglo XXI”, pero al menos para la interpretación criolla es simplemente un sinónimo de Comunismo, palabra que todavía no han lanzado porque está demasiado desacreditada y asusta hasta al más guapo. 

En estos ocho años de “robolución” han ido con la paciencia de Job a su objetivo final golpeando arteramente la iniciativa privada. De unas 12.000 grandes empresas venezolanas, apenas queda un parque de 4.000. Las invasiones a edificios y fincas son ya innumerables. O el Instituto de Tierras le busca la vuelta o mandan grupos de invasores y después no hay a quien recurrir, porque la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo etc., solamente sirven para los intereses políticos del régimen. Son, con la justicia, herramientas eficaces para la persecución política. Muchos venezolanos están en el exilio, en la cárcel o escapados asustados por venganza política. 

Miles de vallas adornan las carreteras y ciudades venezolanas con la imagen del presidente de la república, solo o acompañado de gobernadores o alcaldes con el mensaje “con Chavez gobierna el pueblo”. Pero resulta, que no es que el pueblo gobierne, es que nadie en el gobierno ni opina ni da un  paso sin antes saber cual es la opinión del Presidente de la República. La verdad es que Hugo Rafael Chavez Frías gobierna solo. Él tiene la única voz de mando. Ni los ministros, ni los diputados, ni los partidos que lo apoyan se atreven a dar un paso sin su consentimiento. Pura publicidad. Por cierto, otra de las características del Comunismo. Un gran cascarón vacío. 

Otro mensaje publicitario groseramente difundido es que “ahora Venezuela es de todos”. Sin embargo, pocos gobiernos han sido tan sectarios como éste. Es más, manejan unas famosas listas (será una de las manchas más feas que tendrán que lavar y pagar ante la justicia una vez que esto llegue a cambiar) de Tascón (un diputado) o Maisanta, violadoras de los más fundamentales Derechos Humanos. Cientos de empleados públicos fueron expulsados de sus trabajos si llegaron a firmar pidiendo el referendum revocatorio al Presidente de la República o apoyaron el paro petrolero, un recurso contemplado en la legislación venezolana. Por esta causa fueron expulsados sin contemplación de Petróleos de Venezuela veinte mil empleados…. (Página 28 del documento comentado). Más adelante, el profesor Peñín, enfila otras baterías terribles:

“En el mes de febrero, una Ley Habilitante le ha dado al Presidente de la República el poder de legislar prácticamente sobre lo que quiera durante dieciocho meses. La Asamblea Nacional, por cierto, toda “roja rojita”, sin un triste diputado siquiera de la oposición, se suicida. Algo incomprensible en una mediana República”. 

Toda la contribución del Prof. Peñín es un desembarazo de sus propias contradicciones porque si bien se está hablando de cultura y de arte, él simplemente se limita a criticar cualquier cosa, con palabras inclusive muy ofensivas no sólo al Presidente de la República, sino también  a la misma Nación venezolana, cuando la llama “Mediana República” y cuando se refiere a Argentina dice que, indudablemente, el Presidente, aunque no lo nombra, afirma que por alguna conveniencia petrolera, al Presidente Chávez, el Presidente de la nación Argentina, “sencillamente se lo está chuleando”.

Conclusiones 

No es fácil concluir un trabajo como este, y no lo es porque no estamos hablando de un pasado, todo lo que está aquí comentado está en plena ebullición,  es vida, es parte del dinamismo diario en que vivimos en este momento los venezolanos que realmente sentimos y amamos al pueblo. A pesar de la adversidad hay muchos que estamos comprometidos con nuestras  profesiones y con nuestros compromisos, somos seres sensibles y además, ejercemos un papel público  y no velado. Considero que no tememos  a la amenaza que hace el Prof. Peñín cuando afirma:  

“…manejan unas famosas listas (será una de las manchas más feas que tendrán que lavar y pagar ante la justicia una vez que esto llegue a cambiar) de Tascón (un diputado) o Maisanta, violadoras de los más fundamentales Derechos Humanos… José Peñín,  Documento comentado, p. 28).

Si, es difícil aceptar un cambio de ideología social cuando siempre se ha vivido dentro del imperativo mecanismo del sistema capitalista. Esta posición, cuando se es inflexible, no se puede superar. Se es a veces no sólo pseudo intelectual, se es falso para entender la realidad que se vive y no hay compromiso con la sociedad que estudiamos, la misma que nos da los elementos para ser intelectuales, que a veces llegamos a ser orgánicos y a veces, solo mercenarios de la cultura. Como de cualquier otra profesión. Todas las profesiones pueden ser buenas o malas, todas, la diferencia está en el sentimiento que se le ponga a la profesión y al compromiso que se adquiera con la sociedad en la cual se labora. Los que somos miembros de la Facultad de Humanidades  y Educación tanto como los que somos de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, así como todas las demás Facultades de las Universidades, estamos preparados para trabajar con seres humanos, miembros de un planeta en el cual vivimos todos, por supuesto, la visión que se tenga del otro, está de acuerdo con la conciencia que uno adquiera en el ejercicio y práctica de la profesión que elegimos y si es un profesional de compromiso, hasta el geógrafo que trabaja con piedras, tiene  respeto, aprecio y valoración  por ellas. Y así mismo el biólogo que trabaja con microorganismos.  Hasta los chamanes que trabajan en la captura de espíritus del mal, tienen respeto por ellos, dialogan con ellos, realizan convencimientos con ellos, pero no los destruyen de forma definitiva porque son necesarios en el ejercicio de su profesión chamánica, además entienden que son eternos, por eso son espíritus.  Lamentablemente en nuestra profesión, algunos que trabajaos  con cultura, sólo nos servimos de quienes realmente sienten, aprecian, valoran y representan la cultura, y los que la investigamos, la sistematizamos, hacemos nuestros libros, negociamos con los resultados y no adquirimos ese compromiso que se requiere en esa nueva visión que plantea el socialismo del Siglo XXI, aspecto que sobre el cual, muchos intelectuales, académicos y profesores de diversas disciplinas, o no quieren entender o no se quieren comprometer, porque ese es el sentido que tiene el principio de regresar al pueblo su cultura. Actualmente, también en las universidades nuestras, tanto profesores como estudiantes, quieren evitar a toda costa la Ley de Servicio Comunitario del estudiante de educación superior, acción que lo dignifica como futuro profesional comprometido con su pueblo. Y basta ya de la dominación cultural de la oligarquía, y de entender que sólo una parte de la sociedad es que pueden visitar teatros y museos. Basta ya.

No olvidemos que “cultura” abarca toda creación humana, artística e ideológica, pero también las habilidades y capacidades técnicas de sus cultores, sea estos indígenas, negros de Barlovento, mestizos, inmigrantes, etc. Cultura es la totalidad de las acciones de los hombres,  de las mujeres, de los niños, y de todos los miembros de una sociedad. Son también las ideas, las tradiciones las creencias, los afectos, los recuerdos, los amores, los aspectos históricos, los hechos de la vida cotidiana, etc, que forman el marco ideológico de una sociedad, por esto, es realmente importante. Así que, la cultura, conforma el componente ideológico que es indispensable en todo  proyecto de emancipación y de liberación  definitiva. Consideramos que, el investigador de la cultura que no lo entienda así, no está ejerciendo el verdadero papel que debe cumplir un intelectual orgánico y un académico integral.

Debo concluir afirmando que la cultura es organización mental, es disciplina, es creación que está inserta en el yo interior y que conforma parte de nuestra personalidad y sólo a través de ella es que se conquista una conciencia superior con la cual se llega a comprender el verdadero valor de la historia que cada pueblo tiene y que uno, de forma personal posee. Si se nos borra la historia, no tendremos asidero, y esto ha ocurrido lamentablemente con muchos venezolanos que desgraciadamente han vendido su conciencia y ahora, en esta coyuntura que vivimos, afirman que sería mejor que nos manejara el imperio y así, de una vez y para siempre olvidarnos realmente de lo ricos y poderosos que somos desde el punto  de vista cultural.

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