Mirta Alejandra Antonelli

Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

mantones@tutopia.com y mantonel@goedel.ffyh.unc.edu.ar

La intervención del intelectual como axiomática

Publicado en: Antonelli, Mirta (2002) "La intervención del intelectual como axiomática". En: Daniel Mato (coord.): Estudios y Otras Prácticas Intelectuales Latinoamericanas en Cultura y Pode. Caracas: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y CEAP, FACES, Universidad Central de Venezuela. pp:49-58.

Para empezar

Esta última versión de mi contribución al proyecto al que nos ha convocado Mato, tiene un inefable privilegio: el de su travesía. Gestado en Córdoba, balbuceado en Birmingham, —bastardeando la lengua del anfitrión y la mía propia de visitante —, y, finalmente, permeable, a las voces —no monocordes —, del conjunto de colaboradores presentes en la intensa y reveladora reunión de Caracas.

Pero no sólo este itinerario ha sido su coordenada. Hoy escribo desde el estremecimiento de la represión de las Madres de Plaza de Mayo y los muertos de la "democracia", en el sangriento acto de la pesadilla neoliberal del Estado argentino, cuyas imágenes le mostraban al mundo, el 20 de diciembre del 2001, el —¿epílogo?— de las corruptas e impunes "democracia delegativa" del delarruismo y la precedente doble presidencia decisionista, personalista y neocorporativista del menemismo, –ambas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). No habría que poner demasiado reparo en conjeturar que hay algo más que un orden compositivo en el hecho de que el primer capítulo del libro del FMI para la Argentina haya contenido "las recomendaciones sobre las transformaciones educativas", eufemismo prescriptivo desde el cual saldría la nueva ley que regiría en los 90 a la academia, la Ley de Educación Superior, como proyecto del oficialismo1.

Esa ley desplazó a los archivos a la Ley Universitaria precedente,surgida de la revulsión estudiantil de la Reforma Universitaria de Córdoba, en 1918, que migró a varios países latinoamericanos; y abultaría el endeudamiento del Estado por los empréstitos internacionales que requería su implementación,  además de garantizar a los acreedores, bajo la gran coartada de la deuda externa, el control de los regímenes de acumulación de la propiedad intelectual del país deudor. No habría que poner demasiado reparo, tampoco, en conjeturar que hay mucho más que una contemporaneidad entre "el claustro de los claustros", según el modelo del Norte que ha impuesto la ley ventriloquiada por el Estado y los "expertos" en educación que la diseñaron, y la mutación de este "Sur al Sur", en los 90, como lo señalan Ochoa Gauthier y Mato en este mismo volumen. Es cierto, no todos los intelectuales universitarios sirvieron irrestrictamente a la hegemonía neoliberal; hemos conocido en estos años el in-silio, esa condición de desterrados internos que nos volvía inaudibles/invisibles para las condiciones de aceptabilidad y plausibilidad que delimitaba la triple alianza hegemónica entre academia,política y medios. Años de micro-físicas específicas en el aula, la calle, las asambleas, las redes de trabajo multisectoriales que no cotizaron en la grilla académica de consagración. Por, o a pesar de eso, la universidad argentina y sus intelectuales — docentes de universidades públicas e investigadores —, tendremos que indagar y explicitar cuáles han sido, por acción, omisión o cooptación, las responsabilidades en este proceso. No es poco movilizador el que hoy debamos reescribir los marcos analíticos que puedan dar cuenta de los procesos en curso. Nos hemos quedado sin una parte de "la biblioteca", antes digna de ser citada. Nos es preciso construir otros dispositivos, si es que decidimos no encarnar el nuevo exilio; sin descuidar que la hegemonía siempre buscará suturarse de nuevo, aunque a veces adopte, para ello, nombres familiares —como los de Brunner—, ya presentado por cierto periodismo argentino como el "referente" del "modelo universitario latinoamericano". Hablar de insilio, entre otras cosas, supone que fue posible, para ciertos sectores o grupos,construir un dispositivo político de lectura del presente no solo como malestar, sino como posición ética desde la cual actuar. Escudarse en la "insuficiente distancia temporal" para ejercer la crítica y actuar las prácticas, ha sido y es un argumento falaz que, llevado a sus últimas consecuencias, nos condenaría a dedicarnos a la etnohistoria, renunciando a la pregunta acechante de Foucault: "¿Qué está pasando ahora?¿Qué nos está pasando?¿Qué es este mundo, esta época, este preciso momento en el que estamos viviendo?.

Desde El Ojo Mocho, revista de Crítica Cultural, cuyo nombre mismo debe leerse en clave de ácida ironía respecto de Punto de Vista, dirigida por Sarlo, ambas editadas en Buenos Aires, un editorial del año 94, (1994, n º 5, 3-7), planteaba sin concesiones, un diagnóstico alarmante: las Ciencias Sociales estaban conformando un estrato de docentes disciplinados y disciplinadores; investigadores empiristas cuyos datos sólo aguardaban la ratificación de lo obvio, —a cambio de subsidios y capital simbólico,mediante el credencialismo del sistema cuantitativo de producción —;y expertos integrados buscando amparo "bajo el abrasador sol menemista", en nombre de los "servicios" de la universidad a la sociedad; según la lógica economicista y mercantil de la academia-factoría. El diagnóstico era explícitamente de carácter político: no se trataba de una queja nostálgica, y menos aún de una reivindicación corporativa de científicos sociales deseosos de poder "protagonizar debates académicos más atractivos"; sino de un problema político de máxima envergadura,el de revertir la sustracción de decisiones políticas generales del ámbito crítico del espacio público,por la ampliación de espacios de confrontación y elaboración de proyectos alternativos. Los editorialistas formulaban así un enunciado-consigna, frente a la sentencia hegemónica de la retórica del "fin de la historia" de los 90, en sus distintas variantes (Antonelli,2000c). La consigna era una axiomática:es preciso que haya posibilidades de pensar el cambio; núcleo duro e irrenunciable de la dimensión política de las teorías no domesticadas por esa retórica y herederas de un legado para el cual las apuestas entre saber/poder han sido modos de intervenir fuera de la academia. El espacio de productividad que supone la intervención es un borde, una zona de riesgo, una intersección atravesada por fuerzas, disímiles, asimétricas, ante las cuales es preciso decidir el para qué/para quiénes de la práctica.

Complejo modo de llegar al punto de partida de la primera versión de mi trabajo:las figuras de los intelectuales, y la pregunta respecto al para qué de sus prácticas. Es que, como ya lo decía Barthes, la insistencia significa. En efecto,he insistido en recorrer las producciones de Jelín, García Canclini y Mato en tanto dispositivos ético-políticos que pueden ser leídos como diferentes modos de definir la intervención del intelectual y sus prácticas en específicos contextos de relevancia.  En sus proyectos analizo cómo construyen espacios de confrontación, negociación, deliberación,para disputar la sustracción de esos espacios que las hegemonías deniegan; interrogándose acerca de la emergencia de sujetos y contenidos de derechos. Considero aquí las construcciones de nuevos escenarios de/para la interlocución, siendo ésta última condición de posibilidad para que actores excluidos alcancen la condición de sujetos con eficacia simbólica, cuya palabra produzca efectos públicos y cuyas acciones adquieran eficiencia política (cf.Virginia Vargas en este mismo volumen). Este trabajo no busca ser prescriptivo; el lector tenderá más —y otros —puentes, marcará más —y otras —, distancias entre los proyectos. Tampoco suscribe a una "poética de autor". Dos razones explican el que haya mantenido la organización interna de mi escritura:el reconocimiento, en mi posición de analista, de los campos de efectos que estos intelectuales han abierto, tanto en sus numerosas contribuciones y publicaciones, como la productividad que han generado y sostenido en programas y redes de trabajo; y el no querer borrar las huellas de sus condiciones institucionales y "rituales" de producción, esto es, mostrar en Birmingham que los estudios sobre cultura y poder en América Latina no responden a "paradigmas" o modelos de realización. Sostengo que en sus especificidades, es reconocible, sin embargo, un principio axiomático: es necesario que el futuro acontezca. Si para la deconstrucción, ste enunciado es indecidible, para la intervención intelectual tal enunciado es indeconstruible por decisión ética.

"Es preciso que haya el derecho a tener derechos", tal es el axioma que sostiene Jelín a propósito de las relaciones entre derechos humanos, ciudadanía y sociedad en las experiencias postdictatoriales del Cono Sur. "Es necesario reinventar la política"; consigna de García Canclini, en torno a identidades, Estado, capital y mercado, en los no isomórficos procesos de "globalización" en América Latina. "Es necesario que los que así se encuentran,negados del derecho primordial a la palabra, reconquisten ese derecho", axioma de Paulo Freire que Mato asume como heredero, respecto de las producciones de representaciones identitarias étnicas y raciales y sus políticas, en el contexto de América Latina y el Caribe en dinámicas de interconexión.

Escenarios post-dictatoriales. Cómo interpelar la democracia sin abjurar, no obstante, de ella

La producción de Jelín muestra la particular relevancia de este interrogante para los sujetos de las prácticas de investigación en la región, y en Argentina en particular, puesto que se admite, en los estudios comparativos, que la dictadura militar argentina se distingue por la envergadura, la naturaleza y los alcances de la violencia del Estado en modalidades inéditas de represión ilegal, y por la ruptura de la cadena de mandos, la impunidad y la corrupción (Acuña y Smulovitz, 1996:25-52). Su producción se enfrenta también con las narrativas del Estado, desde el campo de experiencia dictatorial, en el que la cesación de todo marco de derecho concretiza, históricamente, el ejercicio paroxístico del militarismo del que hablara Benjamin. Heredera del Estado delictual, por lo tanto, del crimen, la democracia argentina se abre con la investigación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP)2 y el Juicio a las juntas militares, en tanto acontecimiento inaugural, es decir, como régimen de verdad y dimensión ética. Pero es también la progresiva cancelación de tales efectos jurídicos —con el correlativo vaciamiento semántico y axiológico del esquema crimen/castigo que promovería —, la que media entre las Leyes de Obediencia Debida (mayo de 1987), y Punto Final (enero de 1989), hasta el decreto presidencial del Indulto, con el que se abre la primera presidencia de Menem (octubre de 1989). Entre el acto jurídico fundador de comunidad política y ética, y el gesto instituyente del olvido decretado en el nuevo escenario de la cultura política del «perdón», la producción y las prácticas de Jelín tienen el desafío de pensar, también, la violencia del capital y el mercado, en un arco que se inicia, al menos como programa explícito, en el modelo liberal de las políticas económicas instauradas por la dictadura (Gómez,1986), y que se implantaría definitivamente en Argentina, en una de las versiones más acabadas de la transformación del Estado minimalista, durante la primera presidencia de Menem (Borón et al.,1995;Antonelli,2000)3 . En ambos "momentos", con el respaldo de los Estados Unidos, llamado "consenso de Washington" en los 90. Desde allí indaga acerca de las representaciones de justicia y derechos que posibilitan el accionar de movimientos, organizaciones y sectores "subalternos" y le restituye al Estado su responsabilidad y su transformación en la construcción democrática. Jelín ratifica la herencia de Arendt, el derecho a tener derechos, como axioma "indeconstructible" y condensador contextualizado de sentidos. En el libro que Ansaldi compila tras un seminario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), celebrado en Buenos Aires en noviembre de 1983, ya Lechner evocaba a Arendt, reflexionando sobre el destino de los apátridas y también, de buena parte de los exiliados:

[…]. El hombre es privado de sus derechos humanos cuando se le priva de su derecho a tener derechos, esto es, cuando se le priva de aquella relación por la cual recién acceden a lo público sus opiniones y adquieren eficiencia sus acciones (la pertenencia a un orden político) (Lechner,1986:94-95).

La convocatoria al seminario de CLACSO se realizaba días después de las elecciones democráticas en Argentina,las primeras en diez años. Y a diez años de la acción solidaria de CLACSO con los científicos sociales perseguidos por razones "ideológicas", desde los golpes en Chile y Uruguay, (Ansaldi,1986:14-16).  De una manera emblemática, el seminario de CLACSO muestra el modo en que la indagación relacional entre derechos humanos, sociedad civil y estado, es resignificada en/por el contexto de relevancia que involucra a los intelectuales latinoamericanos respecto de las dictaduras, campo y perspectiva que reintroduce la dimensión ética del problema y las formas de intervención, es decir, la dimensión estratégica, es decir, la ética en la política,operando como "criterio de crítica frente a todo orden institucionalizado" (Lechner, op.cit.:99).

Si la emergencia y las definiciones constituyentes de los "derechos humanos" pueden ser datadas e historizadas, en sus diferentes modulaciones y alcances, (Lechner), la historia de los derechos humanos en América Latina tiene además una especificidad, en buena medida establecida como "periodización" ante el corte institucional y el desgarro y mutilación del tejido social producido durante las dictaduras de los 70. Según Jelín,América Latina, hasta esa década, había producido una ampliación de los derechos concernientes a la ciudadanía social,proceso que sufrirá el trágico anacronismo de las dictaduras, instalando en las transiciones democráticas, la ineludible tarea de garantizar la democracia formal. El activismo en torno a los derechos humanos y civiles es inédito, tanto como lo fuera la magnitud de la represión.

De allí que en los desarrollos de las ciencias sociales, la producción de los 80 estuviera fuertemente dirigida a prestar atención a los procesos de democratización de las instituciones. Y recién en los 90, el énfasis estará colocado en los procesos a nivel societal (Jelín,1996). Pero es también en esta década cuando la búsqueda de la expansión de la ciudadanía trascendiendo la esfera formalmente política, se entrama a las políticas económicas de la liberalización en el marco de las transformaciones del estado en sus versiones más crudamente minimalistas, en estrategias de vacancia y de retiro de los bienes comunes. De modo que en el actual escenario de lo que se trata es de los "desafíos teóricos de relacionar los derechos humanos con la democracia y la ciudadanía, por una parte, y con los mercados y el capitalismo por otra" (Jelín,1996:19). La noción de ciudadanía resonaba como réplica crítica al "decisionismo" del estilo menemista:

[…] desde una perspectiva analítica el concepto de ciudadanía hace referencia a una práctica conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quiénes podrían decir qué en el proceso de definir cuáles son los problemas comunes y cómo serán abordados (Gunsteren,1978:116) (itálicas mías, M.A.).

La ausencia de fundamentos, la contingencia de valores alternativos, lejos de producir una no acción, interpelan a la constitución de un espacio de debate ético-político en el que, desde el reconocimiento de lo contingente,se acuerde la necesidad de intervenir tanto a nivel de la (provisional)definición misma de democracia como para definir las posibilidades y posiciones de intervención del intelectual:

Tampoco es menor en orden a la problemática referida a la ampliación de la base social de la democracia:

[…] para la práctica de la lucha contra las discriminaciones y las opresiones:el contenido de las reivindicaciones,las prioridades políticas, los ámbitos de lucha pueden variar, siempre y cuando se reafirme el derecho a tener derechos y el derecho al debate público del contenido de normas y de leyes" (Jelín,1996:118).

Sin entrar en consideraciones acerca de las actuales polémicas en torno a diferentes posturas éticas y sus derivas políticas, interesa aquí señalar que, en la perspectiva de Jelín, el campo de las prácticas de intervención conciernen al debate acerca de la definición misma del ciudadano,en procura de dislocar la demarcación entre los incluidos/excluidos de esa categoría,y también acerca de los contenidos de la ciudadanía, es decir, los derechos del ciudadano "incluido".

Ahora bien, Jelín parte del reconocimiento de un desfase constitutivo entre:la formalidad de la ley y la realidad de su aplicación, entre la formalidad de la ley y la conciencia y las prácticas de los derechos; entre legislación y diferentes niveles de discriminación (no isomorfismo), y entre implementación de políticas y superación de las situaciones reales. Es en este hiato donde radica la posibilidad misma de distintos modos de intervención en la especificidad de los contextos y del estado de los conflictos en ellos. Esta intervención es doble: la que define las prácticas del investigador y las que se procuran inteligir en los actores sociales. Esta cuestión es la que orienta su interrogante acerca de cómo se construyen los sujetos de derecho en sus prácticas, representaciones y sistemas institucionales, desde una perspectiva de la formación del sujeto basada en el aprendizaje de las expectativas recíprocas en los vínculos con los otros, en la relación especular entre responsabilidades y derechos mutuos. De igual modo, en lo relativo a los condicionantes contextuales y situacionales, estos tienen dos niveles:el nivel de delimitación del objeto de investigación y la integración de redes y diálogos entre investigadores insertos en esos disímiles contextos y situaciones. Tal es el caso del Proyecto Memoria4 , del cual Jelín es coordinadora académica. Pero también es central, en las nuevas formas de construcción de una cultura democrática,como espacio de cruce entre los actores sociales, incluidos los intelectuales, las nuevas formas de afirmación y gestión ciudadana. De lo que se trata, entonces, es de pensar la reconstrucción del accionar colectivo en el espacio público, campo de alta densidad de sentidos en torno a representaciones de justicia y derechos. En particular, ese accionar se establece en relación con el Estado como garante y sostén de un sistema de relaciones sociales, en el contexto de la transición. En ella, las representaciones en torno al poder judicial como autoridad legítima se consolidan en concomitancia con el juicio a los excomandantes, para operarse luego un desplazamiento hacia la neutralización5 de su potencialidad en el marco de las sucesivas leyes que irían cancelando sus efectos jurídicos. El problema es más complejo cuando de los sectores populares se trata. Así como en relación con la violación de los derechos humanos por las dictaduras,la solidaridad y la responsabilidad son más claramente interpretables, incluso en su exigencia de justicia al Estado y en la legitimidad que un tercero instituye frente a los reclamos (Jelin y Hershberg,1996) cuando de la "justicia en la cotidianeidad popular" se trata, "la naturalización" de la desigualdad plantea interrogantes de otra índole. Los que conciernen a la dimensión política organizacional en la promoción y ampliación de de prácticas ciudadanas y la construcción de espacios públicos legítimos para la expresión de sus demandas de derechos. En este cómo fisurar la hegemonía naturalizadora de la desigualdad se abre ese "campo etnográfico" no balizado del investigador, que problematiza su intervención desde una perspectiva cultural de la democracia focalizada en las percepciones y prácticas de los actores sociales en la vida cotidiana.

Macroescenarios para pensar de nuevo lopúblico.

Sin pretender reducir la producción de García Canclini a los desarrollos que siguen,creo que es posible advertir, en el arco que trazan sus publicaciones entre mediados y fines de los 90, el devenir de una persistente preocupación por repensar la noción de una nueva ciudadanía, y sus condiciones de posibilidad en América Latina, en el actual escenario de integración regional, descentralización de mercados, y transnacionalización asimétrica. Ese arco, a mi juicio, puede seguirse en la deriva que lo lleva, de un enfático interés teórico-político por el consumo al énfasis por las nociones de trabajo y producción,reconceptualizando las condiciones imaginario-simbólicas de producción de lo real social, en la sostenida afirmación de la multi e interculturalidad. Este desplazamiento cristaliza en una agenda que reformula la intervención política y encuentra otro modo de reponer la cuestión de la ciudadanía cultural como constituyente de la ciudadanía política,haciendo de las políticas culturales la dinámica de articulación y el factor decisorio en la re-constitución del espacio público (García Canclini,1999a,1999b). El desplazamiento enfático al que referimos recoloca a las industrias culturales en el escenario de los bienes públicos, por lo tanto, en el dominio del debate político que involucra a los Estados y no sólo al "mercado". En este cambio relativo a la clave interpretativa y a las hipótesis que se tienen acerca de los funcionamientos simbólicos, creo que es destacable la productividad que le aportan, para pensar las industrias culturales en términos de impactos de/sobre los imaginarios, teorías del sentido y reflexiones políticas sobre la discursividad. En particular, para interrogar la hegemonía discursiva de la "globalización", desmontando sus funcionamientos para incidir en ellos, pero también para buscar nuevos registros de escritura que posibiliten la producción de conocimiento para demostrar que es posible pensar de otro modo a como lo hace la hegemonía discursiva. De lo autobiográfico, presente hace tiempo en esta modalidad de la investigación como ensayo, hay un paso más decidido a la autoficción, como una práctica que permite narrar la interculturalidad (García Canclini,1999:29-39).

García Canclini ha venido pensando la exclusión y la marginación sin hacer de los actores sociales voces "apropiables" en nombre de las cuales hablar y distanciándose críticamente de representaciones utópicas revolucionarias que hacen de los márgenes el reservorio de "la lucha". En Consumidores y ciudadanos6 explicita la dimensión polémica que remite al debate entre las distintas posiciones que delimitaban —¿Aún lo hacen?—, las tensiones entre el campo académico del "Norte" y los latinoamericanos que hacen "estudios culturales" en América Latina. A propósito de los "subalternos", "los colonizados", "los obreros", "los campesinos" "¿Puede esperarse una renovación radical de estas reivindicaciones de actores excluidos o periféricos?", se preguntaba García Canclini (1995:13). El desafío,  para el autor, era pensar, fuera de todo fundamentalismo, cómo narrar la crisis de la multiculturalidad en las tendencias homogenizadoras de las grandes ciudades y en procesos comunicacionales, negándose a designar, a ponerle nombre a los "otros". Esta negativa a la "imposición de un nombre era,a la vez, una clara justificación del trabajo empírico. Para entender esos lugares y esos conflictos, los estudios culturales, como proyecto y no como prescripción/programática, ven en los "datos" un modo de "indagar bajo qué condiciones (reales) lo real puede dejar de ser la repetición de la desigualdad y la discriminación" (García Canclini,1995:15). Quizás con mayor claridad a partir de sus producciones de (1996), exhorta a reabrir el debate sobre la modernidad, desarrollado ya en Culturas híbridas (1990). La modernización sería, aún, una matriz de intelección y posición político-intelectual, para diagnosticar y pronosticar acerca de los escenarios y procesos de exclusión en América Latina, planteando la problemática de las identidades fuera de la reductora dicotomía entre, por un lado,las posturas "esencialistas", y por otro, las celebratorias o condenatorias posturas "mercantilistas" que conceptualizan el mercado como único regulador social y como mero homogeneizador cultural.

Si la heterogenidad multicultural y multitemporal, como rasgo especificador de estos escenarios, es la resultante, no sólo de las diversidades (étnicas y regionales) sino de las desigualdades, la actual situación de regresión y dependencia puede ser interrogada desde los cuatro procesos que comprende —y permiten comprender —  la modernidad:renovación, emancipación, democratización y expansión, en las actuales condiciones estructurales de la globalización. Una nueva conceptualización de las relaciones entre desigualdades/hibridaciones requiere del análisis de la descentralización —asimétrica — de los mercados globalizados, cuyas especificidades no pueden ser reducidas a las variables explicativas del "colonialismo" o "imperialismo", de las industrias culturales y comunicacionales (no sólo como agentes económicos sino posibilitadores de intercambios multi e interculturales), y de la reconfiguración del Estado, no de su cancelación.

La noción de ciudadanía cultural, será central en la posibilidad de pensar una estrategia política con al menos dos alcances en cuanto a los derechos concernidos: a) la ampliación de la figura del legado iluminista expandida ahora a los derechos a la vivienda, a la salud, a la educación, y b) la resemantización del consumo de los bienes simbólicos en tanto "foros donde se desarrollan redes de intercambio de información y aprendizaje de la ciudadanía " (García Canclini,1995: 19-20). La noción de "consumo" es desarrollada en otras colaboraciones de este volumen. En mi exposición sólo enfatizaré que esta resemantización sólo puede vincularse con la de ciudadanía si se realiza por fuera de las concepciones sociológicas "de lo irracional", de la mera racionalidad económica,de las sociologías basadas en las teorías de la manipulación socio-discursivas, especialmente las que hacen del consumo el lugar de la condena a la "reproducción" de la estratificación y segregación social. En este punto, que ya he tratado en otro lugar (Antonelli,1994), hay una explícita distancia de García Canclini con respecto al modo en que Bourdieu conceptualiza y analiza los aspectos simbólicos y estéticos del consumo (Bourdieu,1988). La racionalidad segregatoria del miserabilismo al que "condena la reproducción simbólica,debe ser puesta en discusión desde la racionalidad integrativa y comunicativa de una sociedad" (García Canclini,1995:45). Sobre esta cuestión,quisiera hacer tres observaciones:la primera es que aún sociólogos muy próximos a las teorizaciones de Bourdieu, como Grignon y Passeron (1991), buscaron repensar estos aspectos fuera de la "condena" a la que parecía confinar Bourdieu, extrapolando la noción de "estilo" a la racionalidad del consumo no reductible al verticalismo y "fatalismo" de la reproducción imitativa; la segunda, ligada a la anterior, es que García Canclini, dentro del marco en el que Bourdieu pensaba las relaciones de poder, no hubiera podido sustentar, entonces, la resemantización del consumo, ni,luego, su posterior noción de trabajo/productividad. Finalmente, quisiera llamar la atención sobre el estatuto —precario y problemático — de los datos. Nadie podría negar la dura investigación empírica de Bourdieu y su copiosa producción y sistematización. La cuestión es desde dónde y cómo se construyen los datos, —a pesar de los "protocolos" consensuados —, y qué se lee "a través de ellos".

Su llamado a "resemantizar" el consumo se planteaba en el contexto de la "euforia" globalizadora, en esa "nueva escena sociocultural" (García Canclini,1995:40) en la que se asiste a una:

[…] concentración de las instancias de decisión en elites tecnológico-económicas y genera un nuevo régimen de exclusión de las mayorías:[...] la distribución global de los bienes y de la información permite que en el consumo los países centrales y los periféricos se acerquen. Somos subdesarrollados en la producción endógena para la producción de los medios electrónicos pero no en el consumo (García Canclini,1995:41-42) (itálicas mías, M.A.).

A pesar de asignarle al consumo un valor cognitivo y político, en tanto ejercicio de estrategias de acción; y de reconocerle a los estudios de consumo el "mostrar"  que las diferencias culturales pesisten en los hábitos de consumo y, en tal sentido, configuran "comunidades interpretativas", hay, sin embargo, un "malestar político" en este momento teórico de García Canclini: éste se advierte, a mi juicio ,en la cautela crítica frente a ciertas conceptualizaciones de "sociedad civil" deudoras de una miope y eufórica matriz individualista neoliberal; en relación con las políticas privatizadoras de los Estados latinoamericanos en los 80 (en Argentina en los 90) en el marco de la racionalidad económica del capitalismo transnacional; y, por último, en la potencialidad de la noción de ciudadanía trans o supranacional articulada en el consumo como fuerza emergente en los procesos culturales y en las transformaciones sociopolíticas. En este caso, porque el emergente, sólo restituía un protagonismo diferido en las políticas exclusorias en, al menos, dos niveles:la exclusión en las instancias de producción/distribución de bienes y la indeseada complicidad en la que incurrirían teorizaciones que no involucraran a los estados en la reconfiguración de lo público. Este malestar, casi a modo de bisagra en la dimensión política de su producción intelectual, puede observarse en sus conferencias de 1996, en Buenos Aires, en el escenario de una Argentina transida por la transformación neoliberal del Estado. García Canclini denunciaba entonces las contradicciones del capitalismo y la complicidad política en la condensadora frase de Martínez de Hoz:"la gente no es viable" (García Canclini,1999:63). Argumentaba que, si el marxismo había pensado que los ciudadanos se transformaban y organizaban en la producción, en el nuevo escenario, ese lugar lo ocupaba el consumo: "Lo malo es consumir poco" (García Canclini,1999:56). Pero, a la vez que ratificaba el proceso de modernización ligado al consumo de bienes y mensajes culturales,con profusos estudios y datos,mostraba la retracción, la asimetría entre la débil producción "propia" (entrecomillado que cauciona respecto a su alcance regional, asimétrico en su misma integración), y la "exógena", asimetría que, en términos culturales, se traduce en la baja representación de las culturas nacionales o latinoamericana y la fortísima presencia de Estados Unidos, y la concentración tecnológica y reorganización (monopólica)de los mercados "que subordina los circuitos nacionales a sistemas globales" (García Canclini,1999:38).

En una lectura contrastiva con las últimas producciones (García Canclini,1999 ;García Canclini y Moneta 1999) es ese malestar político que dejaba planteada la multidisciplina del consumo el que se puede leer ahora como una de las condiciones teóricas del actual énfasis puesto en la producción (García Canclini y Moneta,1999: 9-19,33-56). Si las industrias culturales atraviesan la vida cotidiana, inciden en la organización socio-política, y revisten una innegable importancia económica,entonces,deben ser objeto de políticas culturales. El desafío es que para debatirlas y diseñarlas hay que re-pensar el Estado, en sus nuevas configuraciones geopolíticas y en los procesos de integración, así como los nuevos modos de construcción de una esfera pública que regule el mercado, cuyo carácter "errático" ha quedado expuesto en la retracción y vacancia de los Estados minimalistas. La "fuerza emergente" es ahora una cuestión política, es la fuerza del trabajo en la producción de la industria cultural. En esa productividad, los intelectuales aparecen como puntos de pasaje y operadores de proyectos regionales como parte de programas político-económicos; de redefinición de las políticas culturales, involucramiento de los Estados, y programas de investigaciones, relevamientos de datos, configuración y recuperación de archivos, etc., que las posibiliten. Esta fuerza política articulada a la producción repondría un proyecto político heredero del marxismo, en el sentido de apropiación de un discurso de la modernidad que es, a la vez, condición de posibilidad e imposibilidad para pensar el nuevo escenario de las desigualdades. Y repone de otro modo la construcción del espacio público, en una modulación de escalas que concierne una mutación estructural:lo macropúblico de los procesos de globalización e integración regionales. Esto implica:trascender la dimensión del Estado-Nación, sin suprimirla sino dislocándola, (García Canclini,1999d:39); reconceptualizar los lugares y circuitos en los que se produce lo público y la redefinición del rol de los Estados como árbitros del mercado y reguladores de los "contenidos" y de las instancias de producción, circulación y consumo de bienes culturales, fuera del intervencionismo y el paternalismo,pero pensando también desde —y para intervenir en — , las persistentes y nuevas asimetrías y desigualdades que la hegemonía reproduce. La restitución del arbitraje estatal replica, estratégicamente, aquello que la lógica del capital exige:la libre circulación. El rasgo radicalmente democrático reside ahora en la ampliación de productores y circuitos de difusión. Si en el comienzo del "arco" que delimité para abordar fragmentos de la producción de este autor, el consumo era una categoría para pensar la democratización, en el límite con que (provisionalmente) lo cierro, García Canclini ha repensado el consumo interrogándose acerca de su formación. Si la asimetría de mercados y la abstención de los estados en las industrias culturales ha sido una doble alianza formadora de gusto, el consumo es ahora el lugar para interrogar y discutir la intervención deseable en el mercado, repensando el proyecto de la modernidad en el nuevo escenario, desde una explícita exhortación que es,a la vez, una axiomática: "Es preciso reinventar la política" (García Canclini,1999b:124).

Microescenas,performances discursivas. O de la práctica de intervención como "etnografía de la hegemonía"

En el contexto de un polémico debate epistemológico, teórico y político,que,a mi juicio, es una de las condiciones de producción de su libro, en Crítica de la modernidad, globalización y construcción de identidades (1995), Mato delimita su posición en esa tríada a partir de: la deconstrucción de todo relato fundador,lo que lo llevará a exhibir las condiciones de producción de su propia práctica teórica; y la recusación de todo esencialismo u ontología relativa a las identidades, subrayando las complicidades que posturas fundamentalistas han establecido,como legitimadoras, de políticas exclusorio/discriminatorias,en relación con las cuales la antropología ha desempeñado un claro colaboracionismo (cf.también Mato,1997a;1997b;2000). Contra toda conceptualización fijista, Mato rearticula lo identitario en el marco de las teorizaciones acerca de los procesos sociales de construcción de identidades, restituyéndoles un carácter histórico, material, móvil, en tanto arena de luchas y escenario de conflictos asimétricos. La metáfora foucaultiana de la microfísica es una perspectiva analítica basada en el valor del detalle, a nivel micro y macro, intentando:

[…] identificar agentes y mecanismos concretos que intervienen en los procesos de construcción de las identidades y otras representaciones sociales, particularmente étnicas y raciales, analizando sus modos de operación y orientaciones ideológicas, y el examen de interconexiones entre niveles local, regional, nacional y global […] (Mato,1995:129)

Su microfísica vuelve visible las condiciones de la interconexión,positividad a la que Mato interroga en torno a las representaciones,especialmente las identitarias étnicas y raciales, en tiempos de globalización. La construcción social de la "realidad social" concierne procesos materiales, históricos y por lo tanto dinámicos y políticamente significativos. Es en este campo de reflexión que Mato opera una radical desnaturalización de las representaciones identitarias que han legitimado las desigualdades, discriminaciones y marginaciones.

En las imágenes, esas puntas del iceberg, se visibilizan los modos en que se gestionan dichas representaciones, los impactos y efectos que producen entre agentes de diversos niveles y posiciones, dinámicas en las que se pone en juego y se despliegan las representaciones identitarias resultantes de procesos que entran en juegos de rechazo, aceptación, negociación, etc., y producen efectos prácticos y políticos que atraviesan las agendas y los programas de acción dotando al presente de sentido histórico a la vez que sustentan el imaginario del futuro como proyecto. Mato enfatiza de manera particular el presente de las dinámicas, como asimismo la apertura futura a transformaciones en curso, énfasis que se traduciría en el "detallismo" con el que observa las instancias de circulación de las representaciones,y no sólo su producción y efectos. Quizás porque es en la circulación donde la red de distancias entre producción y efectos exhibe las asimetrías, las desigualdades de capital material y simbólico, poder instituyente y legitimador, de los actores y sus escenarios.

Desde ella se visibilizan los procesos de construcción de un léxico-vocabulario estratégico que habilita a los propios actores en tanto interlocutores y negociadores en espacios políticamente decisorios, a partir de jugar las condiciones de aceptabilidad que posibilitan que sus  discursos entren en el espacio de gestión, es decir, en contextos políticamente significativos. Por otra parte, esta política basada en las condiciones de aceptabilidad de la actuación no sólo descoloca al intelectual como representante —"portavoz" de los excluidos, segregados discriminados,etc.—, sino que condiciona a la vez la posición de los agentes con el poder y la capacidad de decisión en y de la negociación, ya que los recoloca como escuchas y respondientes ante un léxico compartido, respecto del cual se juegan sus semantizaciones, valores, y programas de acción.

La microfísica restituye la dinámica de las prácticas sociales de actores concretos, entramados en redes de interconexión y, en tal sentido, los actores involucrados, aún los estados,dejan de ser conceptualizados como meros puntos de pasaje de los flujos anónimos; son instancias de responsabilidad e injerencia,mirada que recorre toda la producción de Mato. Es significativo el modo en que el Estado es desplazado en esta microfísica; el régimen de mirada desde los márgenes/marginados, hace de éstos los actores de la escena,mientras que el Estado aparece tangencial pero fuertemente eslabonado a las alianzas que "explican" la exclusión. Mato ha dejado de interrogar al Estado sin absolverlo (Mato,1997:177).

Mato argumenta con énfasis la necesidad de revertir la herencia colonial en antropología y en los llamados "estudios de áreas", al menos, por las siguientes razones: dichos conocimientos han producido sistemas de representaciones, valores y creencias respecto del "otro", desde las sociedades occidentales "desarrolladas"; tales sistemas han posibilitado las legitimaciones exclusorias de los Estados respecto a diversos segmentos poblacionales; legitiman aún hoy la desigualdad social y económica y la discriminación cultural en políticas culturales de los estados, e informan a los agentes globales y también alternativos y sus agendas (Mato,1997:173 y ss.). Mato denuncia los efectos de los estudios del "otro" en la producción y reproducción de la hegemonía y sus exclusiones. Es en este dominio que interpela, también, a una crítica radical de la noción de "subalterno" en su dimensión ético-política; por las consecuencias que conlleva la reificación de la conceptualización de los excluidos; y por las implicaciones de "estudiarlo" y "producir conocimiento " de/sobre tal construcción.

El entrecomillado del término "subalterno" es una caución y a la vez una estrategia de Mato, para jugar las condiciones de "aceptabilidad" de su performance en el contexto del debate con el Latin American Subaltern Studies Group, en la conferencia "Cross-genealogies and subaltern knowledges", realizada en Duke Universtity, octubre de 1998:

Me siento insatisfecho con el uso de la expresión "subalterno", porque me parece que tiende a reificar la condición social que nombra. A mi modo de ver, tal término puede reforzar la idea de que los grupos sociales con los que estamos vinculados en nuestra investigación son,actualmente, grupos "subalternos", o subordinados, de gente. Esta reificación corre el riesgo de debilitar las capacidades políticas de estos grupos sociales para construir sus propios proyectos socio-políticos. […] en este momento no tengo una categoría alternativa para proponer. Es por esta crítica y limitación que en este trabajo uso la palabra "subalterno" entre comillas (Mato,2000)( Mi traducción, M.A.).

La interpelación respecto a para quiénes y para qué fines sería políticamente productivo es sólo una aparente interrogación, pues en ella subyace la aseveración de que tales construcciones y conocimientos lo son para las actuales articulaciones hegemónicas de poder (Mato,2000). Como reverso, hay un campo de experiencia en América Latina que desde esta política del saber se ha definido por la intervención, donde la producción de conocimiento es condición de la intervención sociopolítica (Mato 1997). El proyecto de Mato se inscribe en dicho campo —retomando la práctica de una herencia y la herencia de una práctica —, en las actuales condiciones de interconexión.

Se trataría de una relevante inversión: hacer visibles las dinámicas de los poderes desde y para las resistencias. A mi juicio, es precisamente esta inversión la que vuelve políticamente significativa la microfísica en tanto metáfora para pensar las relaciones hegemónicas de poder como multiformes:

Se puede reemplazar el estudio del Otro (por ejemplo,"el subalterno" por el estudio con ese Otro) Si tal ambicioso proyecto no es posible para algunos de nosotros, se puede al menos cambiar el estudio del subalterno por el de las prácticas de los agentes globales, como el Banco Mundial o la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo, y las articulaciones de poder que los conectan con agentes hegemónicos domésticos/locales. Este importante desplazamiento de foco puede producir conocimiento que ayude a los grupos sociales concernidos a aprender sobre las articulaciones global-local de poder, las prácticas de agentes hegemónicos y domésticos, y cómo estas prácticas pueden impactar en sus vidas (Mato,2000) (mi traducción, M.A.).

Este desplazamiento concierne una praxis que procura, a la vez, un trabajo dialogístico con los excluidos, en la herencia freireana. Creo que este mismo desplazamiento puede ser extrapolado, por analogía, para entender de qué manera Mato interviene en las actuales relaciones hegemónicas que atraviesan y formatean la división del trabajo intelectual trasnacional. En tal sentido, entre las "microfísicas de (inter)locución" del pueblo Emberá y la (nuestra) de los intelectuales "subalternos" —invisibilizados/ventriloquiados o reificados —, hay una analogía estructural de la cual, el campo de efectos que ha ido abriendo el proceso mismo de producción de este volumen, —sus disímiles y asimétricos escenarios,"rituales", oficiantes, lenguajes –, podría ser ilustrativa.

Se puede figurar al culturalista como un broker (mediador), (cf.Yúdice,2001), pero la "mediación", ¿Tiene el mismo sentido y valor cuando se actúa desde espacios hegemónicos que cuando se lo hace desde espacios "subalternos"? Para preservar el matiz diferencial que supongo en esos asimétricos escenarios, y desde el español, decido llamar "medianero" a este que estudia "etnográficamente" a los agentes globales y sus articulaciones transnacionales entre global/local, para informar a los agentes locales que, desde posiciones asimétricas y desiguales, intervienen en las (inter)locuciones. Esta denominación, creo, conlleva una significación más estrictamente ligada al espacio de acción/lugar de enunciación del intelectual que interviene en/desde su localización, y la axiomática en la que se legitima.

En la (postulada)analogía, el intelectual intervencionista es un "medianero etnógrafo" que se desplaza, no sin dificultades,entre ambos escenarios, el de los agentes hegemónicos, y el de los excluidos, destinatarios de una información políticamente relevante para sus luchas y negociaciones. Se comprende que, por lo mismo, buena parte de la experiencia vital de su dialogismo, esté llamada al silencio estratégico.

Comentario final

Sin pretensión de conclusividad,considero que el análisis precedente permite conceptualizar el contexto de relevancia como dispositivo interpelante, de producción y de posibilidad, que orientan la búsqueda del para qué de la práctica. Este dispositivo tiene anclaje tanto en un lugar de enunciación como en un espacio de acción, en el que "América Latina" refiere, al menos, a: 1) un espacio de prácticas epistemológico-teóricas, con una tradición intelectual, aún no sistematizada pero no por ello inoperante, en la cual las relaciones entre saber y poder han sido constitutivas de las luchas fuera de la academia; 2) un contexto ético-político de interpretación y asignación de sentidos a un conjunto de conceptos políticamente relevantes, en relación con las particularidades cuanti y cualitativas de los procesos exclusorios inflingidos a grupos, comunidades y poblaciones; procesos que, tanto desde un punto de vista histórico-estructural como legal e institucional, han sido configurados desde la experiencia de las diversas formas y momentos de colonialidad en los que no han cesado de rearticularse las relaciones entre culturas e identidades en condiciones de discriminación y desigualdad; 3) un campo de experiencias socio-políticas trans-subjetivas entramadas a las narraciones y funciones de los estados de nuestros países respecto de diferentes poderes exclusorios, y actualmente atravesados por, y co-implicados en, la asimétrica "globalización" del capitalismo transnacional y la hegemonía discursiva (triple alianza académico-político-mediática) neoliberal.

Las distintas formas de violencia que llamamos "exclusión" remiten a escenarios de fuerzas cuyas especificidades cobran valor y sentido, a la vez, como proceso y situación, diacronía en la sincronía; pues América Latina no es una "entidad" ni tampoco una "homogeneidad". La metáfora dramática sólo se vuelve pertinente desde representaciones de los excluidos en tanto actores capaces de acción; respecto de los cuales los intelectuales que interrogan las variables que articulan cultura y poder se interrogan, a la vez, las posibilidades de gestionar a favor de dichas fuerzas. En todo caso, estos campos de fuerzas contextualmente referidos parecen, metafóricamente, delinear las figuras de los intelectuales como puntos de pasaje,operadores y vectores de fuerzas. Si, entre otras cosas, la hegemonía concierne una naturalización de la apropiación/expropiación, — por diferentes modos,medios y estrategias —, del repertorio mismo de lo pensable, lo imaginable, o deseable y lo decible, esto es, una confiscación cristalizadora de la dimensión imaginario-simbólica de las prácticas, incluidas las de los intelectuales, entonces,ante este "hurto de significación"7 , la intervención puede imaginarse como una "práctica de corsarios".

Del citado editorial de El Ojo Mocho, en relación con la intervención de los intelectuales, me he reservado un axioma final: "es necesario reivindicar la digna capacidad de estremecerse". Sino ante los excluidos, ante la obscenidad de la hegemonía.

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Notas

1. Los planteos que expongo en este texto han sido elaborados y discutidos en distintos momentos y ámbitos.Una primera formulación surgió en el marco del seminario ofrecido por Mato en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Su re-escritura dio lugar a la ponencia "Social Justice as a key word.Three approaches: E.Jelín, N.García Canclini, D.Mato", presentada en la sesión Current Studies on Culture and Power in Latin America (or what our English Speakers Colleagues would call Latin American Cultural Studies ), organizada por Daniel Mato, en el marco de la 3rd Crossroads in Cultural Studies Conference, Birmingham,Reino Unido, junio 22 al 26. (2000):Agradezco muy especialmente a Néstor García Canclini y a Daniel Mato sus pertinentes observaciones sobre esa versión. Una reformulación complejizada de ese texto,"Nuevos escenarios/nuevas interlocuciones. Para repensar las exclusiones. Elizabeth Jelín, Néstor García Canclini, Daniel Mato", en prensa en Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados, 2001, n º 14, fue enriquecida por las devoluciones de los colaboradores de este volumen, en la reunión de Caracas. En particular, agradezco los interesantes aportes de Catherine Walsh, Virginia Vargas, Laura Maccioni, Ana Ochoa Gauthier y George Yúdice.

2. La CONADEP es creada en diciembre de 1983 por decreto presidencial 87/83. En el decreto 158 del mismo año el Poder Ejecutivo ordena someter a juicio sumario a las juntas militares. Las actuaciones de dicha comisión, con los testimonios de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, tortura y desaparición, sería editado como libro por la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA) en 1984. Cf. El Informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de personas NUNCA MAS.

3. Nun señala que durante los cuatro años iniciales de la presidencia Menem —los de las privatizacione— se promulgaron 250 decretos de "necesidad y urgencia", no previstos en la Constitución,mientras que en los 120 años de historia institucional precedente sólo hubo 23. A la vez, la redistribución excluyente de la propiedad es la de mayor magnitud en los últimos 150 años de la Argentina.

4. El Programa Memoria, del cual Elizabeth Jelín es coordinadora académica, integra varias líneas o proyectos: red de formación de recursos humanos en investigaciones relativas a memorias traumáticas en los procesos de construcción democrática en el Cono Sur y su proyectualidad para el entramado de redes con otros países de otros continentes,el intercambio con investigadores de distintas filiaciones institucionales, la creación y formación en curso de la Biblioteca Memoria, que periódicamente difunde un boletín con los últimos aportes acompañados por recensiones bibliográficas. Pero además Jelín viene participando de comisiones intersectoriales de debates tendientes a la institucionalización de espacios de memoria. "Conceptos teóricos de Memoria desde diversas ópticas que contribuyan a definir el propósito del Museo". En: Organización Institucional y Contenidos del Futuro Museo de la Memoria (Autores Varios). Buenos Aires. Colección Memoria Abierta (2000).

5. Dicha neutralización opera "productivamente" en la cristalización del "imaginario del desamparo", anudada a la impunidad y la corrupción, la pérdida de legitimidad de las instituciones políticas, jurídicas, a la vez que promoverá nuevas formas de gestionar los reclamos. (Antonelli,2000b).

6. García Canclini,Néstor (1995): Consumidores y ciudadanos.Conflictos multiculturales de la globalización. México: Grijalbo. Esta edición incluye la "Introducción a la edición en inglés. El diálogo Norte-Sur en los estudios culturales", 11-21. Todas nuestras referencias remiten a esta edición.

7. Cito aquí una condensadora frase de Laura Maccioni, expresada con total relevancia en la reunión del Grupo de Trabajo en Cultura y Poder de CLACSO, en Caracas, a propósito de la diferencia de "temporalidades" entre la "academia y la política".

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