Iraida Vargas Arenas

Exposición de motivos

Charla presentada en la REUNION SOBRE CULTURA VENEZOLANA, CASA DEL ARTISTA CARACAS, mayo de 2002

Queridos y estimados compatriotas

Antes que nada quiero agradecer a los organizadores de este evento por haberme designado como presentadora ante Uds.de los motivos de esta convocatoria. Especial reconocimiento, en este sentido, debo hacer a Diego Silva y a Cecilia Todd, presidenta de la Casa del Artista.

Nos han convocado para tratar de dialogar y lograr consenso en no poca cosa: La Cultura Venezolana. Y lo han hecho no por capricho, sino porque ciertamente la relación Estado –Cultura-Sociedad total, como todos sabemos, no marcha bien, nada bien. Ello no es privilegio de la sociedad venezolana, sino más bien un rasgo distintivo de todos los Estados americanos.

Sin pretender abrumarlos con un diagnóstico sobre la realidad cultural nacional, pues Uds. la viven día a día, creemos necesario que para lograr el diálogo y sobre todo el consenso es necesario presentar de manera sistemática, aunque no exhaustiva y con ánimo de estimular el debate, los que ha nuestro juicio constituyen algunos de los problemas más acuciantes. En tal sentido, abordaremos los siguientes temas:

  1. El protagonismo en la cultura vs. la cultura de los protagonistas

  2. La cultura venezolana, en cualquiera de sus manifestaciones, ha tendido y tiende a ser identificada no con sus creadores, sino con sus gestores y, al mismo tiempo, pareciera que existiera un número finito y muy limitado de quiénes pueden hacerse cargo de tal función. Se trate de la IV o de la V República, nos encontraremos siempre con los mismos individuos ocupando o navegando entre los diferentes espacios destinados a la gestión cultural. Ello no sería grave si tales personas hubiesen logrado implementar una gestión cultural realmente alternativa, revolucionaria y transformadora. Por el contrario, hasta ahora, no sólo siguen existiendo los olvidados y los excluidos de siempre, sino que también la llamada "gestión de la cultura" ha sido ineficiente por decir lo menos, para colaborar y apoyar en la creación de una política de desarrollo sustentable de la sociedad venezolana. Todo lo anterior configura un cuadro a todas luces contario a una práctica democrática. Voces y sentimientos, capacidades y logros de cientos de venezolanos y venezolanas se han visto obnubilados por la concepción burocrática de la cultura sostenida y defendida por los "gestores de siempre".

  3. Las investigaciones culturales

Otro de los problemas crónicos en la gestión y promoción cultural nacional lo constituye el "olvido oficial" de los resultados de las investigaciones científicas sobre las diversas dimensiones de la sociedad venezolana. Los aportes al conocimiento sobre la realidad nacional que tales trabajos han ofrecido y siguen haciéndolo han sido sistemáticamente segregados, no han sido tomados en cuenta, ni lo son en la actualidad, a la hora de implementar políticas culturales. Pareciera como si el Estado venezolano ignorara o considerara vacuos tales trabajos, como si el conocimiento sobre la realidad de la cultura nacional fuese un problema simple, sólo de carácter gerencial, desligado de los problemas estructurales, pasados y presentes, que han acuciado y acucian a Venezuela como país.

Esta situación, como es dable colegir, incide negativamente en la gesta de políticas culturales estatales destinadas a resolver problemas reales de la sociedad como un todo y no de sectores y grupos.

    3. Dimensión política de la cultura y dimensión cultural de la política

Todo proyecto político de país posee una dimensión cultural. Esa dimensión se expresa en la diversidad de estilos de vida y de formas socioeconómicas que integran una sociedad nacional, producto de la variabilidad de procesos sociohistóricos que han confluido y confluyen en la consolidación de las sociedades nacionales. Cada uno de esos estilos de vida y formas socioeconómicas representan a su vez tantas otras propuestas, proyectos de vida, de acción social y política alternativos. Ignorar esta realidad es letal para cualquier programa de trasnformación política que pretenda tener éxito. De esta manera, cualquier política que disocie ambas esferas de la vida social no sólo constituye un error, sino que conlleva a cometer errores por muy buenas que sean las intenciones de quienes definen e implementan tal proyecto político. La cultura, las manifestaciones culturales, la manera de realizar la Política con mayúsculas, así como también las medidas diseñadas para erradicar la pobreza y sus secuelas de ignorancia, miseria y desempleo, deben ser comprendidas dentro de la lucha que existe entre las distintas clases sociales. Esa lucha entre clases no es aséptica culturalmente; se expresa culturalmente, depende de la cultura, supone una manera de hacer cultura, pues cada clase social no solamente hace y crea cultura, sino que al hacerla, simultáneamente, cree que su manera es la única posible, la única legítima.

Los recientes eventos trágicos que hemos vivido en Venezuela en la primera quincena del mes de abril permiten ilustrar lo que planteamos. Oficialismo y oposición se apropiaron de manera diferencial de diversos símbolos culturales, como forma de congregar en torno a sus respectivos proyectos políticos la población venezolana. Los símbolos patrios, por ejemplo, fueron usados a conveniencia: los oficialistas manejaron los propios, los venezolanos, reivindicando lo que hemos denominado en algunos de nuestros trabajos "el rescate del panteón de fundadores de la nacionalidad venezolana", como forma de legitimar su proyecto y aglutinar a los individuos gracias a los procesos de identificación social e histórica. La oposición, por su parte, contestó tales usos propugnando "que la oficialidad no es dueña de Venezuela", por lo cual los símbolos patrios fueron usados por ellos con otro discurso, para defender su propio proyecto político. De paso, también fueron usados por la opisición símbolos patrios foráneos, como se colige del uso de banderas de EEUU en las manifestaciones. Dentro de esa dicotomía se subsumen, sin embargo, diferentes proyectos culturales algunos de los cuales son concurrentes en sus fines, pero están separados en su acción por la retórica presentista y oportunista que exhiben algunos de sus dirigentes.

    4. La Trivialización de la llamada "cultura popular"

Cualquier persona en Venezuela, hoy día, a menos que sea un especialista en la materia, identifica cultura popular con "Espectáculo Folklórico", con "Fiestas Patronales y populares", religiosas o laicas o con "Artistas Naives".

Sin negar que las aludidas son expresiones de la así llamada "cultura popular, al privilegiar lo excepcional sobre lo cotidiano, la definición anterior sobre la cultura popular deja de lado las expresiones singulares, más sentidas y propias, que una comunidad tiene de crear su cultura, de expresar su cultura. Esta visión por demás idealizada de la cultura popular deja de lado, asimismo, otras muchas expresiones culturales que no tienen nada que ver con lo que la llamada "sociedad occidental" considera como cultura.

Las formas cotidianas de resistencia cultural, las formas culturales que adopta una clase social determinada, como repuesta a la impotencia que siente ante la hegemonía que, en diversos planos de la vida social ejerce la dominante, la estereotipación que una clase hace de la otra y la lucha cultural contra tal estereotipación, todas ellas forman parte también de la "cultura popular".

Estereotipar a la clase media y a la burguesía venezolana como " Sociedad civil" y a las clases menos favorecidas económica y socialmente como "turba", consituye una expresión cultural de la lucha política entre clases. Por otra parte, esto no tiene nada de novedoso. Ya en los siglos XVI, XVII y XVIII los colonizadores peninsulares y sus descendientes criollos generaron el estereotipo "ciudadano": ciudadano era un calificativo reservado para el rico, el dueño de solares, el que podía pagar impuestos, aunque los evadiera. No ciudadano, era el que correspondía a la masa, los "incultos", la mayoría de la población de la naciente Venezuela. Las políticas económicas, sociales y culturales de la Venezuela de entonces se rigieron por esos estereotipos. La estereotipación siempre ha sido un recurso cultural empleado por los agentes sociales en la dinámica sociopolítica.

Pero los estereotipos no son solamente etiquetas sociales. Ellos califican conductas y propician conductas, las cuales son también estereotipadas. Si la "turba" protesta, su actuación debe corresponder con saboteos, delincuencia, robos. Si lo hace la "sociedad civil" , debe corresponder con las nociones de búsqueda de legitimidad, del orden, del beneficio social. Dentro de este orden de ideas, la dictadura de los medios, los paros y otros recursos políticos similares son vistos como los instrumentos que emplea la "sociedad civil" para lograr los objetivos anteriormente señalados, de los cuales ella y sólo ella es garante. Si lo hace la "turba", se trata de "actitudes irracionales de los monos"., quienes, supuestamente, no saben lo que quieren y son violentos por naturaleza.

Las nociones de violencia y pacifismo, de nuevo usadas para generar esteretipos culturales en la práctica social y política, son empleadas en la lucha entre clases: violencia en los medios de comunicación es libertad de expresión; violencia en las calles por parte de la "turba" ¡es violencia pura y simple¡. Robo en las altas esferas gubernamentales, oficiales, de la banca y similares, no es robo, es corrupción, por lo cual se la trata con lenidad. Robo por parte de los miembros de la "turba" es castigado con el horror de las cárceles venezolanas.

Podríamos seguir hasta el infinito dando ejemplos sobre la dimensión cultural de la lucha de clases, pero esperamos que los anteriores motiven la discusión que estamos seguros devendrá posteriormente.

    5. El Estado venezolano y una concepción de la cultura acorde con el proceso de cambio actual

  1. Planteamientos filosóficos.

  2. Es impostergable que las políticas culturales venezolanas partan de una conceptualización de la cultura diferente a la que manejan hasta ahora los organismos oficiales. Definir a la cultura como "las capacidades creativas de los seres humanos", la vacía de todo contenido. Tal definición no difiere para nada de la vieja propuesta positivista de que "cultura es todo lo que hace el hombre". No hay ser humano que no sea creador. Es como si dijésemos que todo ser humano tiene un cerebro.

    La creación cultural opera independientemente de las políticas; por lo tanto, éstas deben estar destinadas a estimular la creación, a orientarla, a fortalecerla frente la industria cultural alienante y, finalmente, a usarla mediante mecanismos educativos, en la toma de conciencia ciudadana para lograr el proyecto de país que el Estado y la sociedad como un todo posean y propugnen.

    En la Primera Reunión Interamericana de Ministros y Responsables de Políticas Culturales, convocada recientemente por la OEA en Cartagena, Colombia, dichos responsables clamaban por una cultura que fuese el motor del desarrollo social y económico en las naciones. Sin embargo, cómo lograr este objetivo cuando la misma OEA, de su escaso presupuesto solo dedica un 2% a la cultura y el resto de los países americanos mucho menos de 1% de sus respectivos presupuestos nacionales: una acción cultura menesterosa que no logra encontrar su destino dentro de dolorosos procesos de crisis social. Es necesario adoptar un nuevo perfil de política, donde se reconozca la dimensión cultural de la crisis social, incluir la dimensión cultural en los programas de desarrollo sustentable. Para ello sería necesario –en el caso venezolano- crear un ente cultural que actúe como un Ministerio de Coordinación en las políticas sectoriales del gabinete y no como un simple apéndice del Ministerio de Educación.

  3. Las políticas Culturales.

  4. La gestión de la cultura no se debe confundir con la cultura como gestión, que es lo que ha imperado hasta ahora. Se debe entender que una buena o mala gestión cultural dependen necesariamente de la noción que se tenga sobre la cultura y que ésta debe estar en concordancia con el proyecto político que se trate. Tal concepción debe provenir del conocimiento sobre la realidad cultural que generan las investigaciones sociales. Por ello, los gestores, aunque sean creadores no necesariamente logran buenos resultados si parten de una concepción de la realidad basada solamente en su propias visiones subjetivas y sus intereses personales. Por otro lado, las concepciones filosóficas, las nociones y los decretos no bastan, pues es la gente, en última instancia, quien realiza las cosas. Debe haber, entonces, concordancia entre lo que la gente es y quiere como colectivo y los decretos; tal concordancia se logra con el trabajo educativo en todos sus niveles. De no hacerse así, las políticas culturales continuarán como hasta ahora: ineficientes para satisfacer la demanda social de los colectivos, y el disfrute de la cultura seguirá estando reservado a pequeños grupos elitistas.

  5. El llamado Sector Cultura.

  6. Consecuente con la infortunada visión de la cultura como gestión, existe el llamado "sector cultura", creación de la IV República, como si la cultura fuese propiedad de un sector y no de todo un colectivo. Por otro lado, consecuente con lo anterior, el Estado venezolano creó y mantiene una alienante política de subsidios, la cual somete a ese sector a la dependencia de un presupuesto, cada vez más exiguo. Ello ha propiciado el "Cuanto hay pà eso", lo cual, a su vez, ha condicionado la existencia de una actitud pedigüeña que niega la creación y propicia la corrupción y el amiguismo.

    ¿Qué hacer con este sector? En el llamado sector cultura existe una extraordinaria capacidad creativa subutilizada. Sacar a esos creadores de su aislamiento y poner sus talentos y capacidades al servicio de la sociedad venezolana, podría ser la base de una política transformadora. La literatura y las artes plásticas representan una manera de ver, entender y expresar la realidad que debería ser enseñada a los colectivos; la música, de igual manera, sea la música coral o los ensembles de música popular o académica, ambas contribuyen a estimular también formas de organización social colectiva, solidarias y disciplinadas para el logro de objetivos comunes. Como vemos, la movilización de las capacidades creativas de los colectivos sociales puede contribuir no solamente a mejorar las individualidades, sino  potenciar también sus capacidades de asociarse para la obtención de una meta.

    En igual sentido, la práctica del deporte debe ser asimismo una forma de educar, de estimular actitudes y valores asertivos hacia la emulación, hacia la calidad de la formación física y mental de la persona, de la vida en común, de la autoestima.

  7. Cultura Popular.

  8. La IV República separó artificial e intencionadamente la llamada "cultura culta" de la llamada "cultura popular"; esta última como expresión fallida de las Bellas Artes. La Cultura Popular es vista de una manera reduccionista, que la limita a un "rezago de tradiciones", donde no tienen cabida las expresiones cotidianas contemporáneas, sean musicales, culinarias, ademanes, lenguaje, comportamientos, etc.

    ¿Qué hacer? La cultura popular, la cultura en general, es también una preparación para la vida en colectivo. Conocer y aprender las diferentes dimensiones de la vida social, prepararse para incluirse en la vida mediante el desarrollo de todas las formas de creatividad: sociales, económicas, científicas, técnicas, laborales, ecológicas, higiénicas, deportivas, es una actividad cultural necesaria para elevar y potenciar la calidad de la existencia de las personas y de los colectivos sociales.

  9. La Cultura y la Educación.

Para lograr que lo cultural se convierta en un producto plenamente social, que pueda ser producido y consumido por todos los individuos es necesario: 

1.- formar en las universidades y centros de capacitación una generación de animadores culturales que entiendan y compartan el proyecto de país que se quiere lograr, quienes trabajen con las alcaldías en los barrios y en las comunidades rurales, así como con las diferentes organizaciones de la sociedad venezolana, como estimuladores para que sean las propias comunidades las que se encarguen de gestionar su propia cultura. 
2.- Crear museos de nuevo tipo, cuya principal tarea sería la de educar a la población en las diversas temáticas que conforman la vida de la sociedad, lo que podría tardar años en ser incluido en los programas de enseñanza formal. Los objetivos de tales museos (de comunidad, escolares, entre otros) son fundamentalmente promover la movilización cultural de las comunidades, fomentar la autoestima y la solidaridad como colectivo social y aupar las destrezas creativas de ese colectivo.
  1. Una Ley de Cultura, para ser verdadera y socialmente útil, debe fundamentarse en los objetivos que constituyen el base del desarrollo sustentable de la sociedad, normando los procedimientos y procesos que facilitan y concretan su realización.

  2. Ocio y tiempo libre. ¿Qué hacer para solventar el problema del ocio y tiempo libre de las mayorías?. El Estado no ha abordado nunca el problema que significa educar a la población para disfrutar su tiempo de ocio de manera positiva y proactiva. El Estado venezolano ha abandonado el logro de los objetivos sociales en este sector a la industria cultural, particularmente a la televisión comercial. En consecuencia, vemos como el "huésped alienante" se limita a la presentación de enlatados que desnaturalizan la autopercepción que debe tener la persona sobre su propia historia, su propia sociedad, su propia cultura, alimentando a través de las telenovelas la idea que no hay solución colectiva para resolver los problemas de la existencia, que para triunfar en la vida sólo existe una solución individual, fundamentada en la suerte, la malicia y el egoísmo. Como sabemos, no tenemos una política de museos de historia, antropología, arte o tecnología acorde con los objetivos del cambio social que necesita urgentemente la sociedad venezolana; no se propicia tampoco el hábito de la lectura (política de publicaciones coherente con el nuevo tipo de ciudadano que interesa formar), ni la producción de cortometrajes y películas que orienten la autopercepción de nuestra cultura y nuestra sociedad, que nos ayuden a comprender nuestra singularidad dentro de la sociedad global; tampoco se ha tomado posición ni realizado correctivos alternativos a la cultura como espectáculo (vulgarización de la cultura dentro del marco de la industria cultural).

  3. La comunicación y la cultura.

  4. Uno de los objetivos cardinales de la política cultural debe ser el establecimiento de una normativa que regule la dictadura mediática. Las personas y los colectivos tienen el derecho a estar bien informados. La libertad de expresión y de información es uno de los derechos humanos esenciales de todos los ciudadanos, no solamente de las empresas de comunicación social. La terrible situación que acaba de vivir y sigue viviendo el pueblo venezolano debe alertarnos sobre lo que significa el uso abusivo, sesgado de la información para fomentar la angustia y el odio, resultando en el estress, la desesperación que siente la persona al verse acorralada cual conejillo de indias en una maraña orquestada de supuestas noticias, informaciones e impulsos subliminales que sólo le presentan el aspecto más negativo y sórdido de la vida cotidiana. El manejo acertado de la comunicación, como expresión cultural de una sociedad, es vital para cualquier Estado. La nación venezolana necesita que el Estado tenga una emisora de televisión técnicamente moderna, que dé cabida a todas las expresiones de la cultura y de la creatividad, particularmente las venezolanas, comunicándole al público nacional y extranjero nuestra visión del mundo. La experiencia de la BBC, Radio Francia Internacional y más recientemente Al Jazeera nos muestra cómo es posible y necesario insertarse en el mercado mundial de la comunicación con una expresión propia. Por otro lado, debe propiciarse el fortalecimiento de las televisoras y emisoras radiales comunitarias que reflejen y reproduzcan la vida cotidiana pública y privada de los colectivos regionales y sirvan de medio de expresión de su cultura particular, como alternativas a la televisión comercial.

  5. El Patrimonio Histórico.

En relación a esto sólo podemos decir que al Estado venezolano no le ha interesado ni antes ni ahora el patrimonio histórico, no obstante ser ésta una de las dimensiones estratégicamente más importantes de cualquier política cultural. Ello, creemos, refleja la internalización en la mente de los gobernantes de varios estereotipos negativos que ha propiciado la educación:

  1. El pasado no tiene nada que ver con el presente, salvo recordarnos el atraso.

  2. No hay nada que conservar del pasado ya que nuestos antepasados, desde los aborígenes, pasando por los esclavos africanos hasta los españoles todos fueron "incapaces" de crear algo valioso.

  3. Nuestro logros del pasado son ridículos y hasta "pavosos", excepto los objetos arqueológicos vistos como expresiones artísticas.

A pesar de que contamos con un Instituto del Patrimonio Nacional, ahogado con uno de los presupuestos más bajos otorgados al "sector cultura", no existe una política de Estado definida sobre el patrimonio histórico, por lo cual en los planes y objetivos del Instituto sólo impera la opinión individual del arquitecto de turno que lo dirige. Los bienes culturales patrimoniales que nos legaron las generaciones precedentes ni se investigan ni se conservan, excepto espasmódicamente. 

J) ¿Cómo organizar la práctica cultural?

En América Latina, excepto Venezuela, la práctica cultural está estructurada en torno a una institución, generalmente un ministerio, organizado en institutos que planifican la producción y difusión de conocimientos en las diferentes dimensiones de la cultura nacional: a) La Historia y la Antropología. b) Las culturas y sociedades aborígenes. c) Las culturas y tradiciones populares.d) Las Bellas Artes. e) La Ciencia y la Tecnología. Deberíamos aprender de esas experiencias que rescatan y potencian las posibilidades creadoras y creativas de los pueblos, y no limitarnos a una ley que sólo se ocupa de la organización burocrática de la cultura.

K) El texto anterior no agota la temática de la cultura venezolana. En el tiempo que generosamente nos han concedido los organizadores de este evento, sólo podemos exponer, breve y superficialmente, algunas de sus aristas más resaltantes. Será tarea de los otros compañeros participantes, ahondar más profundamente en la compleja trama de la cultura venezolana.

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