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Queridos
y estimados compatriotas
Antes
que nada quiero agradecer a los organizadores de este evento por haberme
designado como presentadora ante Uds.de los motivos de esta convocatoria.
Especial reconocimiento, en este sentido, debo hacer a Diego Silva y a Cecilia
Todd, presidenta de la Casa del Artista.
Nos
han convocado para tratar de dialogar y lograr consenso en no poca cosa: La
Cultura Venezolana. Y lo han hecho no por capricho, sino porque ciertamente la
relación Estado –Cultura-Sociedad total, como todos sabemos, no marcha bien,
nada bien. Ello no es privilegio de la sociedad venezolana, sino más bien un
rasgo distintivo de todos los Estados americanos.
Sin
pretender abrumarlos con un diagnóstico sobre la realidad cultural nacional,
pues Uds. la viven día a día, creemos necesario que para lograr el diálogo y
sobre todo el consenso es necesario presentar de manera sistemática, aunque no
exhaustiva y con ánimo de estimular el debate, los que ha nuestro juicio
constituyen algunos de los problemas más acuciantes. En tal sentido,
abordaremos los siguientes temas:
-
El
protagonismo en la cultura vs. la cultura de los protagonistas
La
cultura venezolana, en cualquiera de sus manifestaciones, ha tendido y tiende
a ser identificada no con sus creadores, sino con sus gestores y, al mismo
tiempo, pareciera que existiera un número finito y muy limitado de quiénes
pueden hacerse cargo de tal función. Se trate de la IV o de la V República,
nos encontraremos siempre con los mismos individuos ocupando o navegando entre
los diferentes espacios destinados a la gestión cultural. Ello no sería
grave si tales personas hubiesen logrado implementar una gestión cultural
realmente alternativa, revolucionaria y transformadora. Por el contrario,
hasta ahora, no sólo siguen existiendo los olvidados y los excluidos de
siempre, sino que también la llamada "gestión de la cultura" ha
sido ineficiente por decir lo menos, para colaborar y apoyar en la creación
de una política de desarrollo sustentable de la sociedad venezolana. Todo lo
anterior configura un cuadro a todas luces contario a una práctica democrática.
Voces y sentimientos, capacidades y logros de cientos de venezolanos y
venezolanas se han visto obnubilados por la concepción burocrática de la
cultura sostenida y defendida por los "gestores de siempre".
-
Las
investigaciones culturales
Otro
de los problemas crónicos en la gestión y promoción cultural nacional lo
constituye el "olvido oficial" de los resultados de las
investigaciones científicas sobre las diversas dimensiones de la sociedad
venezolana. Los aportes al conocimiento sobre la realidad nacional que tales
trabajos han ofrecido y siguen haciéndolo han sido sistemáticamente
segregados, no han sido tomados en cuenta, ni lo son en la actualidad, a la
hora de implementar políticas culturales. Pareciera como si el Estado
venezolano ignorara o considerara vacuos tales trabajos, como si el
conocimiento sobre la realidad de la cultura nacional fuese un problema
simple, sólo de carácter gerencial, desligado de los problemas
estructurales, pasados y presentes, que han acuciado y acucian a Venezuela
como país.
Esta
situación, como es dable colegir, incide negativamente en la gesta de políticas
culturales estatales destinadas a resolver problemas reales de la sociedad
como un todo y no de sectores y grupos.
3. Dimensión política de la cultura
y dimensión cultural de la política
Todo
proyecto político de país posee una dimensión cultural. Esa dimensión se
expresa en la diversidad de estilos de vida y de formas socioeconómicas que
integran una sociedad nacional, producto de la variabilidad de procesos
sociohistóricos que han confluido y confluyen en la consolidación de las
sociedades nacionales. Cada uno de esos estilos de vida y formas socioeconómicas
representan a su vez tantas otras propuestas, proyectos de vida, de acción
social y política alternativos. Ignorar esta realidad es letal para cualquier
programa de trasnformación política que pretenda tener éxito. De esta
manera, cualquier política que disocie ambas esferas de la vida social no sólo
constituye un error, sino que conlleva a cometer errores por muy buenas que
sean las intenciones de quienes definen e implementan tal proyecto político.
La cultura, las manifestaciones culturales, la manera de realizar la Política
con mayúsculas, así como también las medidas diseñadas para erradicar la
pobreza y sus secuelas de ignorancia, miseria y desempleo, deben ser
comprendidas dentro de la lucha que existe entre las distintas clases
sociales. Esa lucha entre clases no es aséptica culturalmente; se
expresa culturalmente, depende de la cultura, supone una manera de
hacer cultura, pues cada clase social no solamente hace y crea cultura, sino
que al hacerla, simultáneamente, cree que su manera es la única posible, la
única legítima.
Los
recientes eventos trágicos que hemos vivido en Venezuela en la primera
quincena del mes de abril permiten ilustrar lo que planteamos. Oficialismo y
oposición se apropiaron de manera diferencial de diversos símbolos
culturales, como forma de congregar en torno a sus respectivos proyectos políticos
la población venezolana. Los símbolos patrios, por ejemplo, fueron usados a
conveniencia: los oficialistas manejaron los propios, los venezolanos,
reivindicando lo que hemos denominado en algunos de nuestros trabajos "el
rescate del panteón de fundadores de la nacionalidad venezolana", como
forma de legitimar su proyecto y aglutinar a los individuos gracias a los
procesos de identificación social e histórica. La oposición, por su parte,
contestó tales usos propugnando "que la oficialidad no es dueña de
Venezuela", por lo cual los símbolos patrios fueron usados por ellos con
otro discurso, para defender su propio proyecto político. De paso, también
fueron usados por la opisición símbolos patrios foráneos, como se colige
del uso de banderas de EEUU en las manifestaciones. Dentro de esa dicotomía
se subsumen, sin embargo, diferentes proyectos culturales algunos de los
cuales son concurrentes en sus fines, pero están separados en su acción por
la retórica presentista y oportunista que exhiben algunos de sus dirigentes.
4. La Trivialización de la llamada
"cultura popular"
Cualquier
persona en Venezuela, hoy día, a menos que sea un especialista en la materia,
identifica cultura popular con "Espectáculo Folklórico", con
"Fiestas Patronales y populares", religiosas o laicas o con
"Artistas Naives".
Sin
negar que las aludidas son expresiones de la así llamada "cultura
popular, al privilegiar lo excepcional sobre lo cotidiano, la definición
anterior sobre la cultura popular deja de lado las expresiones singulares, más
sentidas y propias, que una comunidad tiene de crear su cultura, de expresar
su cultura. Esta visión por demás idealizada de la cultura popular deja de
lado, asimismo, otras muchas expresiones culturales que
no tienen nada que ver con lo que la llamada "sociedad occidental"
considera como cultura.
Las
formas cotidianas de resistencia cultural, las formas culturales que adopta
una clase social determinada, como repuesta a la impotencia que siente ante la
hegemonía que, en diversos planos de la vida social ejerce la dominante, la
estereotipación que una clase hace de la otra y la lucha cultural contra tal
estereotipación, todas ellas forman parte también de la "cultura
popular".
Estereotipar
a la clase media y a la burguesía venezolana como " Sociedad civil"
y a las clases menos favorecidas económica y socialmente como
"turba", consituye una expresión cultural de la lucha política
entre clases. Por otra parte, esto no tiene nada de novedoso. Ya en los siglos
XVI, XVII y XVIII los colonizadores peninsulares y sus descendientes criollos
generaron el estereotipo "ciudadano": ciudadano era un calificativo
reservado para el rico, el dueño de solares, el que podía pagar impuestos,
aunque los evadiera. No ciudadano, era el que correspondía a la masa, los
"incultos", la mayoría de la población de la naciente Venezuela.
Las políticas económicas, sociales y culturales de la Venezuela de entonces
se rigieron por esos estereotipos. La estereotipación siempre ha sido un
recurso cultural empleado por los agentes sociales en la dinámica sociopolítica.
Pero
los estereotipos no son solamente etiquetas sociales. Ellos califican
conductas y propician conductas, las cuales son también estereotipadas. Si la
"turba" protesta, su actuación debe corresponder con saboteos,
delincuencia, robos. Si lo hace la "sociedad civil" , debe
corresponder con las nociones de búsqueda de legitimidad, del orden, del
beneficio social. Dentro de este orden de ideas, la dictadura de los medios,
los paros y otros recursos políticos similares son vistos como los
instrumentos que emplea la "sociedad civil" para lograr los
objetivos anteriormente señalados, de los cuales ella y sólo ella es
garante. Si lo hace la "turba", se trata de "actitudes
irracionales de los monos"., quienes, supuestamente, no saben lo que
quieren y son violentos por naturaleza.
Las
nociones de violencia y pacifismo, de nuevo usadas para generar esteretipos
culturales en la práctica social y política, son empleadas en la lucha entre
clases: violencia en los medios de comunicación es libertad de expresión;
violencia en las calles por parte de la "turba" ¡es violencia pura
y simple¡. Robo en las altas esferas gubernamentales, oficiales, de la banca
y similares, no es robo, es corrupción, por lo cual se la trata con lenidad.
Robo por parte de los miembros de la "turba" es castigado con el
horror de las cárceles venezolanas.
Podríamos
seguir hasta el infinito dando ejemplos sobre la dimensión cultural de la
lucha de clases, pero esperamos que los anteriores motiven la discusión que
estamos seguros devendrá posteriormente.
5. El Estado venezolano y una concepción de la cultura acorde con el proceso de
cambio actual
-
Planteamientos
filosóficos.
Es
impostergable que las políticas culturales venezolanas partan de una
conceptualización de la cultura diferente a la que manejan hasta ahora los
organismos oficiales. Definir a la cultura como "las capacidades
creativas de los seres humanos", la vacía de todo contenido. Tal
definición no difiere para nada de la vieja propuesta positivista de que
"cultura es todo lo que hace el hombre". No hay ser humano que no
sea creador. Es como si dijésemos que todo ser humano tiene un cerebro.
La
creación cultural opera independientemente de las políticas; por lo tanto,
éstas deben estar destinadas a estimular la creación, a orientarla, a
fortalecerla frente la industria cultural alienante y, finalmente, a usarla
mediante mecanismos educativos, en la toma de conciencia ciudadana para lograr
el proyecto de país que el Estado y la sociedad como un todo posean y
propugnen.
En
la Primera Reunión Interamericana de Ministros y Responsables de Políticas
Culturales, convocada recientemente por la OEA en Cartagena, Colombia, dichos
responsables clamaban por una cultura que fuese el motor del desarrollo social
y económico en las naciones. Sin embargo, cómo lograr este objetivo cuando
la misma OEA, de su escaso presupuesto solo dedica un 2% a la cultura y el
resto de los países americanos mucho menos de 1% de sus respectivos
presupuestos nacionales: una acción cultura menesterosa que no logra
encontrar su destino dentro de dolorosos procesos de crisis social. Es
necesario adoptar un nuevo perfil de política, donde se reconozca la dimensión
cultural de la crisis social, incluir la dimensión cultural en los programas
de desarrollo sustentable. Para ello sería necesario –en el caso
venezolano- crear un ente cultural que actúe como un Ministerio de Coordinación
en las políticas sectoriales del gabinete y no como un simple apéndice del
Ministerio de Educación.
-
Las
políticas Culturales.
La
gestión de la cultura no se debe confundir con la cultura como gestión,
que es lo que ha imperado hasta ahora. Se debe entender que una buena o mala
gestión cultural dependen necesariamente de la noción que se tenga sobre la
cultura y que ésta debe estar en concordancia con el proyecto político que
se trate. Tal concepción debe provenir del conocimiento sobre la realidad
cultural que generan las investigaciones sociales. Por ello, los gestores,
aunque sean creadores no necesariamente logran buenos resultados si parten de
una concepción de la realidad basada solamente en su propias visiones
subjetivas y sus intereses personales. Por otro lado, las concepciones filosóficas,
las nociones y los decretos no bastan, pues es la gente, en última instancia,
quien realiza las cosas. Debe haber, entonces, concordancia entre lo que la
gente es y quiere como colectivo y los decretos; tal concordancia se logra con
el trabajo educativo en todos sus niveles. De no hacerse así, las políticas
culturales continuarán como hasta ahora: ineficientes para satisfacer la
demanda social de los colectivos, y el disfrute de la cultura seguirá estando
reservado a pequeños grupos elitistas.
-
El
llamado Sector Cultura.
Consecuente
con la infortunada visión de la cultura como gestión, existe el llamado
"sector cultura", creación de la IV República, como si la cultura
fuese propiedad de un sector y no de todo un colectivo. Por otro lado,
consecuente con lo anterior, el Estado venezolano creó y mantiene una
alienante política de subsidios, la cual somete a ese sector a la dependencia
de un presupuesto, cada vez más exiguo. Ello ha propiciado el "Cuanto
hay pà eso", lo cual, a su vez, ha condicionado la existencia de una
actitud pedigüeña que niega la creación y propicia la corrupción y el
amiguismo.
¿Qué
hacer con este sector? En el llamado sector cultura existe una
extraordinaria capacidad creativa subutilizada. Sacar a esos creadores de su
aislamiento y poner sus talentos y capacidades al servicio de la sociedad
venezolana, podría ser la base de una política transformadora. La literatura
y las artes plásticas representan una manera de ver, entender y expresar la
realidad que debería ser enseñada a los colectivos; la música, de igual
manera, sea la música coral o los ensembles de música popular o académica,
ambas contribuyen a estimular también formas de organización social
colectiva, solidarias y disciplinadas para el logro de objetivos comunes. Como
vemos, la movilización de las capacidades creativas de los colectivos
sociales puede contribuir no solamente a mejorar las individualidades, sino
potenciar también sus capacidades de asociarse para la obtención de una
meta.
En
igual sentido, la práctica del deporte debe ser asimismo una forma de educar,
de estimular actitudes y valores asertivos hacia la emulación, hacia la
calidad de la formación física y mental de la persona, de la vida en común,
de la autoestima.
-
Cultura
Popular.
La
IV República separó artificial e intencionadamente la llamada "cultura
culta" de la llamada "cultura popular"; esta última como
expresión fallida de las Bellas Artes. La Cultura Popular es vista de una
manera reduccionista, que la limita a un "rezago de tradiciones",
donde no tienen cabida las expresiones cotidianas contemporáneas, sean
musicales, culinarias, ademanes, lenguaje, comportamientos, etc.
¿Qué
hacer? La cultura popular, la cultura en general, es también una
preparación para la vida en colectivo. Conocer y aprender las diferentes
dimensiones de la vida social, prepararse para incluirse en la vida mediante
el desarrollo de todas las formas de creatividad: sociales, económicas, científicas,
técnicas, laborales, ecológicas, higiénicas, deportivas, es una actividad
cultural necesaria para elevar y potenciar la calidad de la existencia de las
personas y de los colectivos sociales.
-
La
Cultura y la Educación.
Para
lograr que lo cultural se convierta en un producto plenamente social, que
pueda ser producido y consumido por todos los individuos es necesario:
- 1.-
formar en las universidades y centros de capacitación una generación
de animadores culturales que entiendan y compartan el proyecto de país
que se quiere lograr, quienes trabajen con las alcaldías en los
barrios y en las comunidades rurales, así como con las diferentes
organizaciones de la sociedad venezolana, como estimuladores
para que sean las propias comunidades las que se encarguen de
gestionar su propia cultura.
- 2.-
Crear museos de nuevo tipo, cuya principal tarea sería la de educar a
la población en las diversas temáticas que conforman la vida de la
sociedad, lo que podría tardar años en ser incluido en los programas
de enseñanza formal. Los objetivos de tales museos (de comunidad,
escolares, entre otros) son fundamentalmente promover la movilización
cultural de las comunidades, fomentar la autoestima y la solidaridad
como colectivo social y aupar las destrezas creativas de ese
colectivo.
-
Una
Ley de Cultura, para ser verdadera y
socialmente útil, debe fundamentarse en los objetivos que constituyen el
base del desarrollo sustentable de la sociedad, normando los procedimientos
y procesos que facilitan y concretan su realización.
-
Ocio
y tiempo libre. ¿Qué hacer para
solventar el problema del ocio y tiempo libre de las mayorías?. El Estado
no ha abordado nunca el problema que significa educar a la población para
disfrutar su tiempo de ocio de manera positiva y proactiva. El Estado
venezolano ha abandonado el logro de los objetivos sociales en este sector a
la industria cultural, particularmente a la televisión comercial. En
consecuencia, vemos como el "huésped alienante" se limita a la
presentación de enlatados que desnaturalizan la autopercepción que debe
tener la persona sobre su propia historia, su propia sociedad, su propia
cultura, alimentando a través de las telenovelas la idea que no hay solución
colectiva para resolver los problemas de la existencia, que para triunfar en
la vida sólo existe una solución individual, fundamentada en la suerte, la
malicia y el egoísmo. Como sabemos, no tenemos una política de museos de
historia, antropología, arte o tecnología acorde con los objetivos del
cambio social que necesita urgentemente la sociedad venezolana; no se
propicia tampoco el hábito de la lectura (política de publicaciones
coherente con el nuevo tipo de ciudadano que interesa formar), ni la
producción de cortometrajes y películas que orienten la autopercepción de
nuestra cultura y nuestra sociedad, que nos ayuden a comprender nuestra
singularidad dentro de la sociedad global; tampoco se ha tomado posición ni
realizado correctivos alternativos a la cultura como espectáculo
(vulgarización de la cultura dentro del marco de la industria cultural).
-
La
comunicación y la cultura.
Uno
de los objetivos cardinales de la política cultural debe ser el
establecimiento de una normativa que regule la dictadura mediática. Las
personas y los colectivos tienen el derecho a estar bien informados. La
libertad de expresión y de información es uno de los derechos humanos
esenciales de todos los ciudadanos, no solamente de las empresas de comunicación
social. La terrible situación que acaba de vivir y sigue viviendo el pueblo
venezolano debe alertarnos sobre lo que significa el uso abusivo, sesgado de
la información para fomentar la angustia y el odio, resultando en el estress,
la desesperación que siente la persona al verse acorralada cual conejillo de
indias en una maraña orquestada de supuestas noticias, informaciones e
impulsos subliminales que sólo le presentan el aspecto más negativo y sórdido
de la vida cotidiana. El manejo acertado de la comunicación, como expresión
cultural de una sociedad, es vital para cualquier Estado. La nación
venezolana necesita que el Estado tenga una emisora de televisión técnicamente
moderna, que dé cabida a todas las expresiones de la cultura y de la
creatividad, particularmente las venezolanas, comunicándole al público
nacional y extranjero nuestra visión del mundo. La experiencia de la BBC,
Radio Francia Internacional y más recientemente Al Jazeera nos muestra cómo
es posible y necesario insertarse en el mercado mundial de la comunicación
con una expresión propia. Por otro lado, debe propiciarse el fortalecimiento
de las televisoras y emisoras radiales comunitarias que reflejen y reproduzcan
la vida cotidiana pública y privada de los colectivos regionales y sirvan de
medio de expresión de su cultura particular, como alternativas a la televisión
comercial.
-
El
Patrimonio Histórico.
En
relación a esto sólo podemos decir que al Estado venezolano no le ha
interesado ni antes ni ahora el patrimonio histórico, no obstante ser ésta
una de las dimensiones estratégicamente más importantes de cualquier política
cultural. Ello, creemos, refleja la internalización en la mente de los
gobernantes de varios estereotipos negativos que ha propiciado la educación:
-
El
pasado no tiene nada que ver con el presente, salvo recordarnos el atraso.
-
No
hay nada que conservar del pasado ya que nuestos antepasados, desde los
aborígenes, pasando por los esclavos africanos hasta los españoles todos
fueron "incapaces" de crear algo valioso.
-
Nuestro
logros del pasado son ridículos y hasta "pavosos", excepto los
objetos arqueológicos vistos como expresiones artísticas.
A
pesar de que contamos con un Instituto del Patrimonio Nacional, ahogado con
uno de los presupuestos más bajos otorgados al "sector cultura", no
existe una política de Estado definida sobre el patrimonio histórico, por lo
cual en los planes y objetivos del Instituto sólo impera la opinión
individual del arquitecto de turno que lo dirige. Los bienes culturales
patrimoniales que nos legaron las generaciones precedentes ni se investigan ni
se conservan, excepto espasmódicamente.
J)
¿Cómo organizar la práctica cultural?
En
América Latina, excepto Venezuela, la práctica cultural está estructurada
en torno a una institución, generalmente un ministerio, organizado en
institutos que planifican la producción y difusión de conocimientos en las
diferentes dimensiones de la cultura nacional: a) La Historia y la Antropología.
b) Las culturas y sociedades aborígenes. c) Las culturas y tradiciones
populares.d) Las Bellas Artes. e) La Ciencia y la Tecnología. Deberíamos
aprender de esas experiencias que rescatan y potencian las posibilidades
creadoras y creativas de los pueblos, y no limitarnos a una ley que sólo se
ocupa de la organización burocrática de la cultura.
K)
El texto anterior no agota la temática de la cultura venezolana. En el tiempo
que generosamente nos han concedido los organizadores de este evento, sólo
podemos exponer, breve y superficialmente, algunas de sus aristas más
resaltantes. Será tarea de los otros compañeros participantes, ahondar más
profundamente en la compleja trama de la cultura venezolana.
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