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I.
C.: Hablemos sobre tu trabajo en el tema de Cultura y Poder.
D. M.: Ese es un proyecto que se llama Prácticas intelectuales
latinoamericanas en cultura y poder; comenzó como una iniciativa personal
hace unos cinco años, pero hoy hay trabajando en él unas treinta personas. En
algún momento fue asignado por el grupo de trabajo de CLACSO, antes se llamaba
cultura y transformaciones sociales y el poder de la globalización. Los
conceptos claves de este proyecto son el de prácticas intelectuales y el de
cultura y poder y por otro lado el adjetivo de latinoamericanos.
Con la idea de prácticas intelectuales lo que estamos tratando es criticar y
poner en cuestión el sentido común establecido en la visión hegemónica de
intelectualidad, que equipara digamos la idea de intelectual a la idea o de académico
o de columnista de periódico. Además es una idea de intelectual que tiene
mucho que ver con la hegemonía de la institución académica, pero también con
la hegemonía de la imprenta y de la industria editorial.
Creo que la idea de prácticas intelectuales permite poner de relieve otro tipo
de prácticas que no se dan sólo en la academia o que no son simplemente opinar
en la prensa; son muchas y muy variadas las prácticas intelectuales en el ámbito
de cultura y poder la importancia que podemos observar hoy en América Latina,
también en el resto del mundo, pero esto pues lo hemos limitado a América
Latina, esto no es una exclusividad nuestra.
Prácticas intelectuales se desarrollan en el seno de los movimientos sociales,
muy claramente en el movimiento feminista, en el movimiento indígena, en el
movimiento afro, pero también en las artes y también en, las industrias
culturales, aunque esa palabra no me gusta, donde hay un trabajo reflexivo, un
trabajo de conceptualización, un propósito de intervención de gestos y de
elementos conceptuales y unas dinámicas de cambio social.
Por eso nos interesa impulsar la reflexión sobre la idea de prácticas
intelectuales, pensando a los intelectuales no sólo como gente con formación
universitaria sino gente que desarrolle un trabajo donde hay una reflexión y
una interpretación analítica para intervenir, como estamos acotando en este
caso, en el campo de cultura y poder.
Este campo de cultura y poder lo entendemos en un sentido muy amplio: las
diversas formas para articular la visión cultural de lo político o de lo
relativo al poder, a las prácticas de poder; la acotación de latinoamericanas,
no es por pensar digamos que esto es una suerte de fenómeno latinoamericano,
por alguna suerte de atributo telúrico nuestro, sino porque las prácticas
intelectuales responden a los contextos institucionales y sociales en que se
desarrollan.
I. C.: ¿Por qué no te gusta hablar de industrias culturales?
D. M.: No me gusta hablar de industrias culturales porque esto haría
creer que algunas industrias son culturales y otras no, y típicamente, como el
termino industrias culturales se utiliza, serian culturales la industria
editorial, por lo que ella produce, la industria de la televisión, depende de
quién esté hablando, la industria del cine, la industria de la publicidad, en
algunos casos, pero las demás no serían culturales, y yo me pregunto si la
industria del vestido y la moda, la industria del maquillaje, la industria del
juguete, son menos culturales que la industria editorial; nos guste o no nos
guste la industria armamentista también es una industria cultural. Si, cuando
los antropólogos estudiamos otros pueblos, resulta que el maquillaje y el
vestido forman parte de la cultura de los pueblos por qué el maquillaje y el
vestido no forman parte de la cultura de las sociedades contemporáneas.
Todas las industrias tienen matrices culturales que no sólo tienen que ver con
su sistema de productos y de tecnologías sino que también inciden en las
formas de representación que tenemos las personas.
La idea de industria cultural surge en el famoso texto La industria cultural de
Adorno y Horkheimer; ese texto no es sino una reflexión critica, pesimista y
romántica, sobre cómo las artes de elite habían perdido lugar frente a la
entrada de la radio o el cine y los magazines con fotografías. Después, la
idea se amplia y se hace plural: de industria a industrias pero mantiene
inconscientemente para sus usuarios esa marca de fábrica.
I. C.: ¿Sobre qué bases crees que se construye la cultura latinoamericana?,
si la hay.
D. M.: Es una pregunta problemática porque yo no diría que hay la
cultura latinoamericana; en realidad,creo que no hay la cultura. Lo
problemático es visualizar la idea de cultura como objeto o como cosa. Qué es
o deja de ser una cultura es objeto de disputa entre los interlocutores o entre
los participantes en ese agregado social respecto del cual estamos hablando de
una cultura y esto podemos observarlo no sólo en las sociedades nacionales que
parecerían vivir la maldición de que no tienen una pureza étnica. En
cualquier sociedad étnica claramente definida nosotros vemos que hay disputas
acerca de lo que es o deja de ser la cultura del grupo; en mi trabajo de campo
yo he visto en el caso de los Wayúu, que creo que reciben el mismo nombre en el
lado colombiano de la Península de la Guajira que en el lado Venezolano; yo
pude ver que hay disputas de sentido que, en ultima instancia, pueden
organizarse en algunos casos generacionalmente en otros casos en termino de género,
en otros casos simplemente en términos de status o de clan, respecto de que es
o no en la cultura wayúu la discusion acerca de cómo debe narrarse o cantarse
un relato típico wayuu, un cantado típico wayuu, o hasta donde se pueden
incorporar o no ciertos elementos de una u otra cultura en la vida de los Wayúu.
Ya es problemático hablar de cultura como una cosa, creo que en realidad me
parece mejor hablar de representaciones de cultura. Desde una perspectiva
simbólico - social y asumiendo que existe un agregado llamado América Latina,
que es un agregado que también es objeto de disputa, uno podría diferenciar
ciertos elementos simbólicos sociales importantes; podría distinguir ciertos
elementos particulares de estos grandes agregados de población, pero es muy
problemático porque, ¿cómo puede uno hablar de una cultura latinoamericana si
no reconoce diversidad hacia el interior?
La idea de una cultura latinoamericana creo que es una construcción de
Estado y en algunos casos de intelectuales ligados a la construcción de los
estados de Latinoamérica, que pasaron por alto esta diversidad étnica; pero
también, ¿cómo hablar de esa cultura latinoamericana omitiendo las
importantes diferencias que hay , de status o clase social? ¿es la misma
cultura latinoamericana la de los desplazados colombianos y la de las élites
económicas de los distintos países?
I. C.: ¿Cómo ves a América Latina en el actual contexto mundial?
D. M.: Si referimos la pregunta solamente a sociedades que están dentro
de las fronteras de los estados, que es a lo que convencionalmente llamamos América
Latina, pues es necesario diferenciar entre la situación de México,
fuertemente vinculada a tratado de libre comercio; los países centroamericanos,
y nuestra conflictiva y bien querida Sudamérica, donde tenemos por supuesto
diversidades importantes, pero creo compartimos los malos tiempos. Tenemos países
continentales como Brasil y pequeños países como Ecuador; países con economías
fuertemente ligadas a la minería o a la agricultura y otros mas
industrializados, y países atravesados por dramas como el del narcotráfico y
la violencia, como Colombia y países que viven en una suerte de aparente calma
como Uruguay.
Un problema que todos estos países comparten, independientemente de las
diferencias, es la situación problemática de sus economías dentro del
contexto económico actual: una relación fuertemente subordinada a la economía
mundial, con poca capacidad de negociación, por responsabilidad exclusivamente
nuestra o de nuestros gobernantes; pero a nuestros gobernantes, al menos últimamente,
los elegimos nosotros; no hay dictaduras militares en estos momentos, todos han
sido elegidos y lo que ellos hacen es responsabilidad nuestra en este sentido.
No hemos sido capaces de protagonizar ningún tipo de integración seria, ni
siquiera en lo económico; las dos iniciativas mas importantes en este momento,
con muchas limitaciones y llenas de problemas, son la Comunidad Andina de
Naciones y MERCOSUR, pero ni siquiera somos capaces de armar o establecer una
verdadera integración suramericana, ni siquiera a nivel colombo-venezolano.
No tenemos, en los ámbitos intelectuales que compartimos, grupos de trabajo
conjuntos; no hay niveles de intercambio entre nuestras universidades públicas
o privadas, comparables a los niveles de intercambio que esas universidades
sostienen con universidades de Europa y de Estados Unidos y esto es
responsabilidad nuestra, no es responsabilidad ni del imperialismo, ni de la
globalización, ni de Cristóbal Colón, y tenemos que tomar iniciativas en ese
sentido.
Esto tiene que ver precisamente con lo que está ocurriendo en estos tiempos de
globalización, yo creo que unirse no sólo bueno, es imprescindible, porque
como se dan ciertos aspectos de estos procesos de globalización contemporáneos,
en la constitución de cuotas regionales y nuestra capacidad de negociación
como países individuales, con esos bloques regionales, es muy escasa. Si, por
el contrario, podemos hacerlo como bloque regional, en lo económico y en lo político
particularmente, o en lo cultural entendido en el sentido clásico convencional
de la palabra, pues nuestra capacidad de negociación sería mucho más fuerte.
I. C.: Según lo que dices, ¿sería importante una consolidación de
nuestros estados nacionales o eso ya es un problema superado?
D. M.: Yo no sé bien que seria una consolidación de nuestros estados
nacionales; podría pensar en el fortalecimiento de los estados como aparatos de
control de poblaciones dentro de territorios determinados. Esto es una función
un poco “mala”, por lo de control, pero al mismo tiempo supone que el estado
debe no sólo controlar a esos grupos de población humana sino brindarles un
conjunto de servicios, desde servicios politicos, como ayudar a que la vida
dentro de los límites de ese territorio esté garantizada. Ahí hay una función
básica de los estados que de ninguna manera están cumpliendo, y van a seguir
sin cumplir en la medida en que son crecientemente limitados, no solo por las
políticas económicas sino por las ideologías políticas que llevan al
debilitamiento del estado. No estoy proponiendo que tenemos que tener unos
estados fuertes; necesitamos tener unos estados serios, que asuman su
responsabilidad pero al mismo tiempo que tengan los recursos para cumplirlas.
Pero no sólo a la seguridad personal nuestra que no está garantizada como
individuos en ninguna sociedad latinoamericana; tampoco el estado está
garantizando salud, o sea aquí cuando se esta hablando de estados fuertes se
esta hablando en un sentido distinto en el que yo estoy diciendo, tampoco se
esta garantizando educación.
Deben garantizar como mínimo seguridad personal, educación, salud, la
posibilidad de que los seres humanos desarrollen unas vidas medianamente dignas,
a partir de lo cual precisamente podamos empeñar nuestro esfuerzo no en
defendernos de la muerte en las esquinas o de la muerte por enfermedad o de la
muerte que en ultima instancia responde a grandes diferencias sociales que
tienen que ver con las importantísimas fallas de nuestros sistemas educativos,
que no le ofrecen ni siquiera educación a amplísimos sectores de población,
sino que pudiéramos dedicar nuestras miras realmente a un esfuerzo creativo; a
construir esas capacidades de negociación en este mundo completamente
globalizado en el que nos toca movernos. En los estados europeos y en el estado
de Estados Unidos aunque no sea el paraíso, están garantizando salud, educación
y seguridad personal a sus poblaciones, en una medida en la cual nuestros
estados no lo están haciendo; nuevamente, esto no es culpa de los estados, es
responsabilidad nuestra como ciudadanos, somos nosotros quienes debemos dar las
vías para construir esto, o sea, somos demasiado tolerantes con la corrupción,
con la ineficacia y con la improductividad; elegimos reiteradamente a
gobernantes y a representantes de partidos políticos que históricamente no han
cumplido. En el caso de Venezuela hemos re-elegido a dos presidentes altamente
inconvenientes por su pasado; los argentinos re-eligieron a Menem y, sin
embargo, parecen todos muy descontentos.
Creo que hay una responsabilidad ciudadana, creo que la reflexión debe
encararse hacia nosotros en este punto de vista. A mí me gustaría que con
proyectos, de una manera sumamente modesta, como el de Prácticas
intelectuales en cultura y poder, o en otros proyectos La iniciativa de
comunicación, los intelectuales pudiéramos jugar a construir sociedades más
fuertes, más sostenibles social y políticamente; estados más creativos y con
mayor capacidad de desenvolverse en el mundo contemporáneo. Yo creo que estamos
perdiendo muchísima capacidad para desenvolvernos en este mundo.
Creo que quienes pueden llevar adelante, en condiciones privilegiadas, una
integración son los estados, o los distintos aparatos de estado, los gobiernos;
las iniciativas desde abajo, como las que uno puede tomar desde un proyecto, son
posibles, son deseables, y debemos trabajar en ellas pero sin apoyo de los
estados estas son difíciles, y al mismo tiempo los estados por si solos podrían
hacer mucho más de lo que hacen; es precisamente porque no hemos ni siquiera
resuelto nuestra vida interna, que no somos capaces de resolver nuestra vida
integrada.
I. C.: ¿Cuál piensas que debe ser el papel de la comunicación, en ese
fortalecimiento de la sociedad?
D. M.: Yo diría que todo, porque el papel de la comunicación no es el
papel de los profesionales; podemos observar en la vida humana cómo los seres
humanos, sus grupos, sus organizaciones y sus instituciones se comunican entre sí.
Lo que tendríamos que construir son modos de comunicación y creo que tenemos
que construirlos precisamente entendiendo que modos de comunicación no son
medios de comunicación. Los medios de comunicación son agentes, un tipo de
agentes particulares que promueven ciertos modos de comunicación pero hay muchísimos
otros.
Hay un montón de escalas en las que podemos trabajar: el conocimiento mutuo de
experiencias comunicacionales exitosas, desde las que se dan a través de los
medios hasta las que se dan a nivel de organizaciones comunitarias; exitosas, en
relación a las metas u objetivos de las organizaciones en cuestión, porque las
maneras de medir el logro, pues son relativas a los objetivos de las
organizaciones. La manera de construir esta suerte de integración, de la que
hablábamos, cuando uno sale del terreno económico pues es comunicacional
efectivamente y además la única manera de construir es comunicándonos.
I. C.: ¿Cómo visualizas a Colombia y Venezuela dentro de tres años?
D. M.: Yo estoy muy preocupado por ambos países; tenemos presentes muy
problemáticos; el punto no es Álvaro Uribe y Chávez; por lo menos en el caso
de Venezuela no es simplemente Chávez, es Chávez y el chavismo, por un lado, y
el anti-chavismo por el otro; es la altísima dolarización ideológica de la
sociedad.
Mucha gente ha dicho que Chávez ha polarizado el país; el país ha estado
polarizado siempre; lo que Chávez ha hecho ha sido ponerle nombre a esa
polarización y fomentarla. Lo que ha pasado también es que Venezuela está
curiosamente viviendo en la época de la guerra fría, es un raro privilegio
nuestro, cuando todo el mundo habla particularmente desde el tratado de desarme
que firmaron en estos días estados unidos y la Unión Soviética del fin de la
guerra fria, nosotros estamos viviendo en plena guerra fría. Chávez está
utilizando un vocabulario que era, en algún sentido, propio de la izquierda de
los sesenta, y el anti-chavismo está utilizando el vocabulario de los cubanos
que pasaron a ser denominados gusanos una vez que dejaron cuba y empezaron con
su vociferante crítica al régimen castrista; creo que el intento de golpe o el
golpe fallido que hubo en Venezuela el 11 de abril puso esto en evidencia de una
manera muy particular, una de las primeras medidas del gobierno provisional de
Carmona, que no duró nada, fue detener un buque petrolero venezolano llegando a
cuba y mandarlo a regresarse. Chávez gasta a veces más tiempo en hablar bien
de Fidel Castro que en hablar de problemas concretos nuestros y Carmona en medio
de todo un golpe detiene un embarque de petróleo a Cuba como si esto fuera algo
tan importante.
Venezuela tiene un problema interno, suficientemente preocupante por la
polarización ideológica como para siquiera en este momento, yo poder imaginar
el futuro de Venezuela de aquí a tres años; me da muchísimo miedo creo que
nosotros estamos marchando de manera acelerada hacia mayores niveles de
enfrentamiento interno que podrían derivar en una guerra civil, una palabra que
en Venezuela está circulando demasiado como si guerra civil no significara muchísimos
y muchísimos muertos y muchísima y muchísima sangre. Mientras Estados Unidos
y Rusia firman el tratado de desarme, en estos países lo que se esta firmando
son declaraciones de guerra. Probablemente entre los países con peor
perspectiva en América Latina en este momento están Colombia y Venezuela; no
puedo ser, como me gustaría, medianamente optimista, podría ponerme a hablar
de que uno conoce muchas iniciativas desde distintos sectores de la sociedad que
son muy valiosas etcétera, pero lo que en este momento se nos impone es una
necesidad de no-guerra y creo que lo más valioso, lo más importante es darse
cuenta de ello y tratar de encontrar maneras de desmontar esos escenarios de
guerra, pero no tengo ninguna propuesta ni medianamente valida , me siento
particularmente preocupado, particularmente impotente en este momento para
contribuir a eso, me preocupa...
Para ampliar esta información:
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Programa
Globalización, Cultura y Transformaciones Sociales.
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En La Iniciativa de Comunicación desde 06/07/2002
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